miércoles, 19 de septiembre de 2012

Consciencia de su presencia


Atrévase a hacer los siguientes ejercicios espirituales:
  • Siéntese en silencio en una habitación tranquila, en un momento tranquilo del día.
  • Observe todo lo que hay en la habitación: los ruidos, el silencio, los crujidos, el viento en el exterior, la corriente de aire, la humedad, la temperatura, su propio cuerpo, los muebles, la luz, cada silla, los tejidos, la textura y el color, y piense en cómo lo hacen sentir todas estas cosas.
  • Considere todas las demás cosas que hay en la habitación que usted no puede ver: ondas de radio, de televisión, microondas, conversaciones por medio de celulares, transmisiones de la internet.
  • A continuación, hágase consciente de que el Espíritu Santo está en la habitación, en el mismo sentido en que Él siempre ha estado allí incluso cuando usted no piensa en Él.
  • Ore con la siguiente intención con tus propias palabras: "Jesús sé que estás aquí conmigo. Hazme consciente de tu presencia".
  • Siéntese en silencio poco antes del amanecer o el atardecer, y contemple el cielo.
  • Observe cómo el cielo dorado da paso a un nuevo día o a la oscuridad.
  • Siéntese tranquilamente junto a un riachuelo. Escuche el murmullo del agua y los ruidos que se hallan más allá... los pájaros, el viento en las hojas.
  • Observe un hormiguero.
  • Contemple un ave exótica.
  • Maravíllese ante el ritual de apareamiento de dos pájaros.
  • Mire una montaña y piense cuánto tardaría una persona en llevársela con una carretilla, o en escalarla.
  • Observe una gallina con sus polluelos.
Acordémonos que:
  • La contemplación de la creación visible revela la deidad del Dios invisible.
  • Cualquier libro, independientemente de su tema, comunica algo sobre su autor. Del mismo modo, la creación nos ofrece su propio mensaje de belleza y grandeza, y también comunica algo sobre su Creador.
  • Tanto si se centra en la belleza natural, como en la belleza hecha por el hombre o la belleza de la humanidad, que el resultado sea el mismo: impulsar a su mente a meditar en la grandeza y la bondad del santo Dios.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente reflexión.
Me encantó!

carolina v dijo...

Me gusta mucho esa reflexión.
En estos días leía precisamente ese pasaje del Salmo 19:1