domingo, 9 de septiembre de 2012

El perro y la liebre

Una liebre mordisqueaba plantas en un campo cuando notó a un cazador que nunca había visto patrullar el área, con su perro de caza.

"Ahora tendré que ser más astuta que dos predadores" pensó el animal, "y como ese perro es mucho más joven que yo, debe ser mucho más rápido también. Para contrarrestar la velocidad del perro, tendré que conocer al dedillo cada centímetro del terreno".

En cumplimiento de su propia iniciativa, la liebre salió a los campos a la hora de la cena, pues sabía que el cazador no estaría en las inmediaciones. estudió cada escondite, cada hoyo y cada recoveco por el cual podría escabullirse. Unos días más tarde, el perro avizoró a la liebre y se dio a la persecución. La liebre brincó por entre los arbustos y los matorrales y escapó con facilidad. Cansado y decepcionado, el perro volvió al lado del cazador. Un pastor de cabras que pasaba por el lugar y había visto toda la persecución, empezó a sermonear al perro. "Qué tremendo cazador resultaste ser! Deberías sentir vergüenza por dejar que una liebre mucho más pequeña y vieja te deje rezagado". "Hay algo que usted olvida", respondió el perro de caza, "yo corría motivado por mi cena, en cambio, la liebre corría por su vida".

Moraleja: La iniciativa es hija de la necesidad.


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