sábado, 29 de septiembre de 2012

Esperanza


Virtud teologal que en la Biblia a veces expresa la simple expectación de un bien o de un mal futuro, pero más característicamente se identifica con la FE y la obediencia enmarcadas en una escatología netamente cristiana.

Para los escritores del Antiguo Testamento, Dios es la esperanza de Israel (Jeremías 14:8). Confían en Él (Jeremías 17:7), descansan pasivamente en Él (Salmo 42:5) o anticipan activamente la bendición divina (Salmo 62:5). La religión del Antiguo Testamento es la de la esperanza, cuya garantía es el PACTO de Yahveh (Nehemías 1:5), confirmado por sus gloriosos actos a favor de su pueblo. La esperanza anima la posesión de Canaán (Génesis 15:7; Éxodo 3:8, 17) y una vez lograda esta se espera siempre la protección de Yahveh (Esdras 9:9). Hasta en medio de la transgresión del pueblo o del juicio divino, hay esperanza para el REMANENTE fiel.

En el pensamiento del Antiguo Testamento, la esperanza no aparece solo en la necesidad. Está siempre presente por su afirmación en el pacto. Abarca las situaciones más desesperantes y los proyectos nacionales más audaces (Isaías 2:2, 4; Miqueas 4:1–4). Es símbolo de vida. Por tanto, solo los vivos tienen esperanza, pues contemplan a Dios y le reconocen. No así los muertos (Job 6:11; 7:6; Eclesiastés 9:4; Lamentaciones 3:4–9). El justo tiene plena esperanza y esta se convertirá en alegría (Proverbios 10:28).

En el Nuevo Testamento, Cristo es la esperanza del cristiano (1 Timoteo 1:1). Aunque en los Sinópticos no aparece una doctrina expresa de la esperanza, hay constante exhortación a ella. El mensaje de Jesús es uno de esperanza (Mateo 4:17; Marcos 1:15; Lucas 4:43). En Romanos (8:24, por ejemplo), Pablo presenta la esperanza como una expectación confiada y paciente de lo que no se ve ( Hebreos 11:1). La esperanza del cristiano tiene por objeto poseer los bienes del reino de Dios que, al igual que este, son presentes y futuros (Romanos 8:17, 24; 2 Corintios 4:17; Efesios 2:12; 1 Tesalonicenses 4:13). Juan también afirma que la vida eterna es una posesión presente, pero se perfecciona en el futuro (Juan 5:28).

Si por una parte es pecado desear ser como Dios, por otra también lo es la falta de esperanza y la resignación. La epístola a los Hebreos exhorta contra la apostasía de la esperanza en medio de la tribulación. Los enunciados de la esperanza de los últimos días se basan en las posibilidades de Dios. La esperanza cristiana, por tanto, provoca un pensamiento crítico sobre el pasado y el presente. Conoce la crisis y se aferra a la promesa divina. En el Nuevo Testamento, la esperanza de los hijos de Dios también es la esperanza de toda la creación (Romanos 8:19). 



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