domingo, 2 de septiembre de 2012

¿Por qué Dios nos ama tanto?

Esa es una de las preguntas más difíciles de responder si la pensamos desde la perspectiva de Dios.

Henos aquí, criaturas suyas hechas a su imagen, con la responsabilidad de reflejar y manifestar su gloria y su justicia al mundo entero. Le hemos desobedecido incontables veces en todo lugar y de todas las formas posibles. Al actuar así, hemos tergiversado la manifestación de su carácter frente a todo el universo. La Biblia nos dice que la creación gime con dolores de parto esperando el día de la redención de la humanidad porque sufre a causa de nuestra injusticia (Romanos 8:22).

Cuando pensamos en cuán desobedientes y hostiles hemos sido con Dios, nos preguntamos qué podría  moverlo a amarnos tanto. En Romanos 5:7, cuando Pablo está sorprendido por el amor de Cristo que fue manifestado en su muerte, dice: "Casi nadie se ofrecería morir por una persona honrada, pero imaginen a uno que es perfecto dando su vida por aquellos que no son perfectos y orando aún por quienes le están dando muerte". Esa es la clase de amor que trasciende cualquier cosa que hayamos experimentado en este mundo. Supongo que lo único que puedo concluir es que la naturaleza de Dios es ser amante. Es parte de su carácter esencial y eterno.

El Nuevo Testamento dice que Dios es amor. Ese puede ser uno de los versículos peor interpretados de la Escritura. Aún recordamos cuando, hace algunos años, estaba de moda decir que "la felicidad es un tierno cachorro". Teníamos estas breves definiciones de lo que era la felicidad y lo mismo se aplicaba al amor: "El amor significa no tener jamás que pedir perdón", etc. A todos nos interesa mucho lo que encierra el acto de amar.

Cuando la Biblia dice que Dios es amor, dicha declaración no es lo que llamaríamos una afirmación analítica en la cual pudiéramos invertir el sujeto y el predicado para decir que, por lo tanto, el amor es Dios. Eso no es lo que la Biblia quiere decir. En lugar de eso, lo que la forma de expresión judía dice aquí es que Dios es tan amante y su amor es tan coherente, tan profundo, tan trascendente y una parte tan integral de su carácter que para expresarlo en la máxima forma posible, decimos que él es amor. Eso es, simplemente, decir que Dios es el máximo estándar del amor.

No hay comentarios: