domingo, 23 de septiembre de 2012

¿Por qué Dios permanece invisible?

Creo que no hay nada que haga más dificultoso vivir la vida cristiana que el hecho de que el Señor al cual servimos es invisible para nosotros. Usted conoce la expresión de nuestra cultura: "Ojos que no ven, corazón que no siente". Es sumamente difícil dedicar la vida a alguien o algo que no se puede ver. Generalmente oímos a la gente decir que cuando puedan verlo, saborearlo, tocarlo u olerlo, creerán y lo aceptarán, pero no antes. Este es uno de los problemas más difíciles de la vida cristiana: Dios es pocas veces percibido a través de nuestros sentidos físicos.

La otra cara de la moneda diría que una de las más grandes esperanzas que tiene la iglesia cristiana es la promesa de lo que en teología llamamos la visión beatífica, o la visión de Dios. Juan en su carta dice: "Queridos amigos, ya somos hijos de Dios, pero él todavía no nos ha mostrado lo que seremos cuando Cristo venga; pero sí sabemos que seremos como él, porque lo veremos tal como él es" (1 Juan 3:2). El latín allí quiere decir: "como él es en sí mismo". Es decir, en el cielo veremos lo que en este momento está totalmente oculto a nuestros ojos, concretamente, la sustancia y esencia misma de Dios, en toda su gloria, majestad y esplendor.

Muchas veces me he hecho preguntas sobre el texto que dice que seremos como él es porque lo veremos como él es. ¿La Biblia nos enseña que seremos totalmente limpios del pecado, totalmente glorificados? ¿Será una experiencia que eliminará del todo el pecado que hay en nosotros? ¿Esto sucederá porque tendremos una visión directa de la majestad de Dios? Si lo veo -si se vuelve visible para mi-, ¿Será este el factor purificador que quitará todo el pecado de mi vida, o que yo pueda verle será el resultado de que él me haya limpiado primero? Sospecho que se trata de lo último.

Las Escrituras nos dicen que "nadie verá a Dios y vivirá"; esto se debe a que Dios es santo, y nosotros no (ver Éxodo 33:20 y 1 Timoteo 6:15). Moisés, siendo tan justo como era, suplicó a Dios en el monte que le concediera una vista plena de la gloria de Dios. Sin embargo Dios sólo le permitió captar un vistazo de su espalda, y agregó: "no se verá mi rostro". Desde que Adán y Eva cayeron y fueron expulsados del jardín, Dios ha sido para los seres humanos invisible, pero no porque Dios sea intrínsecamente incapaz de ser visto. El problema no está en nuestros ojos, sino en nuestros corazones.

En el sermón del monte, Jesús prometió que un día un cierto grupo de personas vería a Dios. Dios bendice a los que lloran, porque serán consolados. Los que tienen hambre y sed serán saciados. Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios. Es porque no tenemos corazón puro que Dios permanece invisible, y le veremos sólo cuando seamos purificados.


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