domingo, 16 de septiembre de 2012

¿Qué percepción de Dios tiene el cristiano "corriente"?

No sé cuál es la percepción de Dios que tiene la mayoría del mundo cristiano. Sólo puedo inferirlo a partir del pequeño universo en el que vivo y por estar en contacto con diferentes grupos de personas.

Observo un concepto sobre Dios que está generalizado en la comunidad cristiana, en el cual Dios está en cierta forma reducido en comparación con el retrato bíblico que tenemos de Él. Se lo ve como una especie de abuelo celestial, benevolente en todo sentido, y cuya característica principal -y a veces único atributo- es el atributo del amor. Sabemos que la Biblia pone énfasis en el amor de Dios e incluso llega tan lejos como para decir que Dios es amor.

Sin embargo, creo que corremos el grave riesgo de despojar a Dios de la plenitud de su carácter según la manera en que lo revela la Escritura. Esto puede convertirse en una forma no tan sutil de idolatría. Por ejemplo, si opacamos la santidad de Dios, o la soberanía de Dios, o la ira de Dios, o la justicia de Dios, y, por así decirlo, elegimos aquellos atributos de Dios que nos gustan y negamos aquellos que nos asustan o nos hacen sentir incómodos, hemos cambiado la verdad de Dios por una mentira, y estamos adorando un dios que en realidad es un ídolo. Puede ser un ídolo sofisticado -no uno hecho de madera, piedra o metal-, pero aún así, el concepto de Dios que adoremos debe ser un concepto que esté de acuerdo con quién es Dios.

Tenemos alguna idea de quién es Jesús, y la renovación carismática ha dirigido mucha más atención al Espíritu Santo en los últimos años; pero ignoramos casi sistemáticamente a Dios el Padre. Se puede observar además, que muchos cristianos ignoran el Antiguo Testamento. La historia completa del Antiguo Testamento es principalmente la revelación de Dios el padre. Todo lo que leemos de Dios el hijo y Dios el espíritu Santo -tan resaltado en el Nuevo testamento- presupone el conocimiento de Dios el Padre que se nos da en el Antiguo Testamento. Creo que es una prioridad para la comunidad cristiana desarrollar una comprensión más elevada del carácter de Dios.


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