viernes, 16 de diciembre de 2016

El pecado de Adán - Ezequiel 3:16-19

En el relato de la creación Eva fue engañada, pero Adán pecó. Él sabía lo qué hacía y eligió conscientemente desobedecer a Dios. "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Romanos 5:12). El claro mensaje de la Biblia es que "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23). El pecado lo separa de un Dios santo, y da como resultado la muerte espiritual, sin la vida de Dios como sostén; y también moriremos físicamente. Porque todos han pecado: "Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después el juicio" (Hebreos 9:27). 

Dios claramente había advertido a Adán cuáles serían las consecuencias si desobedecía (Génesis 2:15-17), pero igualmente desobedeció. Dios continuó advirtiendo a los descendientes caídos de Adán proveyendo guardianes espirituales. En los días del profeta Ezequiel, los atalayas estaban ubicados en las partes más altas de la ciudad para avisar o informar a los habitantes del peligro que se avecinaba. Del mismo modo, los profetas eran atalayas que volvían a traer la Palabra de Dios a las personas, y las amonestaban a no desobedecer la ley de Dios. El hecho de que Dios iba a considerar a cada persona responsable por su propio comportamiento, era una parte central del mensaje de los profetas.

Ezequiel era un atalaya a quien se le había dado la tarea de advertir a otros que la paga del pecado es la muerte. Si los hombres malvados morían en sus pecados sin una palabra de advertencia de Ezequiel, Dios iba a considerar el responsable de su sangre a Ezequiel. Pero si Ezequiel los amonestaba y ellos no se volvían de sus malos caminos, entonces su sangre estaría sobre sus propias manos.

Para poder entender la santidad, debemos entender el pecado. Pero es difícil comprender la verdadera naturaleza del pecado, por muchas razones. Primero, todos hemos pecado y vivimos en un medio ambiente condicionado por el pecado. No podemos comprender en su totalidad la diferencia entre vivir en pecado y vivir en justicia, porque nunca hemos experimentado la perfecta santidad. Segundo, nuestra sensibilidad acerca de lo que es pecaminoso fácilmente puede entorpecerse progresivamente por la tolerancia y la exposición al pecado. Tercero, ningún ser viviente aún ha experimentado el peso completo de la consecuencia del pecado. Si Adán hubiera podido saber cuáles serían las consecuencias, quizás no hubiera elegido pecar. Lo mismo es cierto para los descendientes de Adán, de allí la necesidad en el Antiguo Testamento de mensajes proféticos de parte de Dios, para advertirles y a molestarlos para que se volvieran de sus malos caminos.

La responsabilidad total por la presencia y consecuencia del pecado en el mundo cae sobre el hombre. El hombre pecó, por lo tanto, el hombre debe morir. La muerte en sí misma silencia todo intento de transferencia, aún parcial, de la culpa del hombre a Satanás, en quien el pecado se despertó y por quien el hombre fue tentado. El diablo no hizo pecar a Adán. Adán fue creado a la imagen de Dios, y tuvo la capacidad de elegir tal como todos tenemos.

Dios tiene libertad auténtica y Él no puede pecar. Adán y Eva fueron creados con una libertad que era moralmente calificada, y cuya continuidad dependía de abstenerse del pecado. La libertad para la humanidad es la capacidad de no pecar, y no debe ser entendida como la facultad moralmente incapaz de hacer una cosa o la otra. La libertad no descansa simplemente en la capacidad de elegir como si no estuviera relacionada con las consecuencias de la elección: "Todo lo que no proviene de la fe es pecado" (Romanos 14:23).

Adán y Eva perdieron su libertad y sus vidas por causa de las mentiras que creyeron y del pecado que cometieron voluntariamente. Afortunadamente, ni el pecado ni la muerte tienen la última palabra.

"Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados" (1 Corintios 15:22).

Pensamiento para el día: ¿Siente usted su nueva vida y libertad en Cristo?


No hay comentarios: