martes, 2 de octubre de 2012

La apologética está dirigida también a los creyentes




Algunas personas creen, sin embargo, que la apologética no se descubre hasta después de haber hecho profesión de fe. Un gran número de cristianos no llegaron a la fe como consecuencia de haber investigado la autoridad de la Biblia ni las evidencias de la resurrección, ni como respuesta a los argumentos filosóficos a favor de la existencia de Dios. Simplemente creyeron en respuesta a la proclamación del Evangelio. Si bien estas personas tienen razones para creer, se trata de razones profundamente personales que no suelen tener mucho sentido para el creyente. Conocen la verdad, pero no están preparados para contar o expresar esa verdad de un modo comprensible para aquellos que tienen interrogantes respecto de la fe. Es perfectamente posible creer que algo es verdad sin tener una comprensión cabal de esa verdad ni la capacidad de expresarla de modo claro y eficaz.

Los cristianos que tienen fe pero no saben dar razón de que ella a menudo se muestran inseguros y solo se sienten cómodos en compañía de otros cristianos. Ante cualquier cuestionamiento sobre la fe, la moral o la verdad, rápidamente adoptan una postura defensiva debido a que carecen de información para argumentar racionalmente sobre el cristianismo. En el extremo más negativo, esto puede originar posturas fuertemente defensivas o una fe beligerante, exactamente lo opuesto de la Gran Comisión que Jesús dio en Mateo 28:19-20. Los cristianos no estamos llamados a apartarnos del mundo y vivir en aislamiento, más bien somos enviados a formar parte de la cultura, a ser sal y luz.

La solución es que los creyentes se interesen por aprender sobre doctrina, historia de la fe, filosofía, lógica y otras disciplinas relacionadas con el cristianismo. Deben conocer los hechos, los argumentos y la teología y deben entender como relacionarlos de manera efectiva con la cultura. En síntesis: deben recurrir a la apologética cristiana.

Uno de los primeros cometidos de la apologética cristiana es informar. Muchas de las ideas o presupuestos más difundidos sobre el cristianismo pueden ser rebatidos con un mínimo de información. Esto se aplica incluso en el caso de personas con muy buen nivel de educación. C.S. Lewis siempre había creído que los evangelios eran una colección de mitos similares a los de Balder, Adonis o Baco. Sostuvo esa opinión hasta los 31 años de edad cuando leyó los evangelios por primera vez. Por ser un gran conocedor de los mitos y las leyendas de la literatura, Lewis supo reconocer que los textos de los evangelios no correspondían a ese género literario. Los evangelios eran sencillamente una crónica de hechos históricos relatados por testigos directos, y carecían de la elaboración artística de los mitos de la antigüedad.


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