miércoles, 14 de diciembre de 2016

La caída - Génesis 3


El dominio sobre esta Tierra dado por Dios a Adán y Eva, inmediatamente fue desafiado por la serpiente en el jardín del edén. A través de la historia de la Iglesia, la serpiente ha sido identificada como Satanás, o por lo menos como una bestia poseída por Satanás. Los escritores del Nuevo Testamento se referían a Satanás como el tentador (ver Mateo 4:3; 1 Tesalonicenses 3:5). La serpiente antigua que desvía al mundo entero está claramente identificada por Juan como el diablo o Satanás (ver apocalipsis 12:9).

Satanás inmediatamente cuestionó la palabra de Dios: "¿Conque Dios os ha dicho: no comáis de todo árbol del huerto?" (Génesis 3:1). Leemos la respuesta de Eva: "Y la mujer respondió a la serpiente: del fruto de los árboles del huerto podemos comer, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: no comeréis de él, ni le tocareis, para que no muráis" (vv 2-3). Observen que Eva agregó las palabras "Ni le tocaréis". "No moriréis -dijo la serpiente a la mujer-, sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal" (vv 4-5).

Tener conocimiento del bien y del mal significa ser el origen o determinar lo que es bueno y malo, y qué es verdad o mentira. Por lo tanto, cuando Adán y Eva eligieron comer la fruta prohibida, estaban en realidad diciendo: "Rechazamos a Dios como Aquel que determina lo que es bueno o malo. Nosotros mismos determinaremos que es bueno". De una manera distorsionada Satanás decía lo correcto. Adán y Eva actuaban como dioses cuando eligieron creer que era su prerrogativa determinar qué era correcto y qué no. Le siguieron el juego al diablo, quien es el engañador y padre de mentiras.

Todo pecado es la consecuencia inevitable de la rebelión hacia Dios, y cada tentación es un intento para que vivamos nuestras vidas independientemente de Dios. Adán y Eva pecaron y murieron espiritualmente. Sus almas no estaban más en unión con Dios, y fueron expulsados del Jardín del Edén (ver el v. 23). Dado que ya no podían comer más del árbol de la vida (ver el v. 22), la muerte física también sería consecuencia del pecado.

Hubo dos consecuencias inmediatas de la caída. Primero, Adán y Eva perdieron su derecho a gobernar; permitieron a Satanás transformarse en el rebelde poseedor de la autoridad, el dios de este mundo (ver Juan 16:11; 2 Corintios 4:4). Segundo, cada descendiente de Adán y Eva nacería físicamente vivo, pero espiritualmente muerto (ver Efesios 2:1). No tendrían ni la presencia de Dios en sus vidas, ni el conocimiento de sus caminos.

Satanás pensó que había torcido los planes de Dios, pero el Señor respondió con la primera mención del Evangelio al maldecir a la serpiente y prometer que un futuro descendiente de Eva la aplastaría: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Génesis 3:15). El diablo iba a dañar a la gente del pacto de Dios, pero la semilla de la mujer iba a darle el golpe fatal aplastando la cabeza de la serpiente, una promesa cumplida en la victoria de Cristo sobre Satanás.

"Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida" (Romanos 5:18).

Pensamiento del día: ¿Alguna vez se ha sentido separado de Dios?


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