martes, 20 de noviembre de 2012

El Evangelio - Filemón

La carta del apóstol Pablo a Filemón refleja su pasión por el Evangelio, y es un testimonio de lo que lo creen. Pablo había estado encarcelado en Roma por predicar el evangelio. Onésimo fue uno de los que recibieron esas buenas nuevas. Su vida fue transformada. Onésimo era inútil antes de que Pablo le anunciara el Evangelio. Pero luego se transformó en útil para Pablo y Filemón (Filemón 11). Antes había sido un esclavo, pero luego fue hermano en Cristo. Su identidad y carácter habían cambiado.

Pablo ora para que cada creyente anuncie estas buenas noticias de salvación en Cristo, y para que puedan comprender completamente todo lo que tienen en Él (verso 6). Para entender el Evangelio uno tiene que entender la condición de la humanidad caída, la cual Pablo resume en Efesios 2:1 que dice: "Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire..."

Para sobreponerse a las consecuencias de la caída, hay tres temas básicos que tuvieron que ser resueltos. Primero, el pecado que separa la humanidad de un Dios Santo tenía que ser reparado: "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús" (Romanos 3:23-24). Jesús murió por nuestros pecados, para que de esa manera nosotros fuéramos perdonados.

Segundo, no es suficiente que nuestros pecados sean perdonados si aún estamos espiritualmente muertos. Para salvar a una persona que ya está muerta, primero hay que curarla de la enfermedad que le causó la muerte. Por causa de la muerte de Cristo sobre la cruz, somos perdonados, y debido a la resurrección de Cristo tenemos vida eterna: "Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 6:23). Lo que Adán y Eva perdieron fue la vida espiritual, y Jesús vino para darnos vida (Juan 10:10). Como hijos de Dios, hemos recibido una herencia gloriosa en Cristo (Efesios 1:18) y nos hemos transformado en nuevas creaciones en Cristo (2 Corintios 5:17).

Pablo escribió: "Además os declaro, hermanos, el Evangelio que os he declarado... porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe" (1 Corintios 15:1, 13-14). Por causa de la resurrección tenemos nueva vida en Cristo, y vida eterna que no es algo que obtenemos cuando morimos físicamente. Recibimos vida eterna en el momento en que nacemos de nuevo: "El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida" (1 Juan 5:12). Jesús dijo: "Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Juan 11: 25). En otras palabras, aquellos que creen en Jesús continuarán viviendo espiritualmente aún cuando mueran físicamente.

Tercero: "Para esto apareció el hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo" (1 Juan 3:8). Jesús derrotó al diablo y lo dejó desarmado (Colosenses 2:15) y ya no estamos más sujetos a él porque cada creyente está ahora sentado con Cristo en los lugares celestiales (Efesios 2:6).

Pensamiento para el día:  ¿Cuál tiene mayor valor, su vida física o su vida espiritual?

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