domingo, 25 de noviembre de 2012

En el Antiguo Testamento...

En el Antiguo Testamento, Dios juzgó a Israel y a otras naciones por medio de sucesos catastróficos. ¿Ocurre esto todavía?

¿Sigue Dios siendo Dios? ¿Sigue Dios siendo el Señor de la historia? Esta es la diferencia: cuando Dios usó una catástrofe como arma de juicio en el Antiguo Testamento, sabemos que su juicio estaba detrás del suceso catastrófico porque tenemos la ventaja de la revelación escrita diciéndonos que esto fue la mano de Dios en la historia. Mientras transcurre nuestra vida, y vemos a las naciones sufrir catástrofes, a la gente ser azotada por la calamidad, no sabemos exactamente cuál es la relación entre estas catástrofes y el juicio de Dios.

Permítanme hacer un paralelo bíblico aquí. En el capítulo 9 del Evangelio de Juan, los fariseos plantearon la siguiente pregunta acerca de un ciego de nacimiento: ¿nació ciego este hombre por ser pecador, porque sus padres eran pecadores? La respuesta de Jesús fue: por ninguno de los dos. Nació ciego por una razón completamente distinta. No sucedió como una expresión directa del juicio divino. Ese texto y todo el libro de Job deberían detenernos, cuando se trata de individuos, de dar por sentado que la tragedia, catástrofe o calamidad en la vida de una persona es un acto directo del juicio divino. Ahora bien, pudiera serlo. En la sagrada Escritura tenemos numerosos casos en los cuales Dios trae calamidad sobre la casa de una persona que ha desobedecido a Dios de una manera descarada. La Biblia dice que, si somos culpables, Dios puede postergar el juicio hasta más adelante o podemos experimentar su juicio temporal en forma inmediata. Nunca sabemos con certeza si la calamidad que experimentamos como individuos es un acto directo de juicio o no. Lo que es cierto en el caso de los individuos no es también en el de las naciones.

Recuerdo haber oído hace algunos años a Billy Graham decir en un sermón: "Si Dios no trae juicio sobre Estados Unidos, tendrá que disculparse con Sodoma y Gomorra". Recuerden, Jesús advirtió a las ciudades que oyeron su mensaje, Corazín y Betsaida, que el día del juicio sería más tolerable para Sodoma y Gomorra de lo que sería para ellas. Aunque ya no tenemos una interpretación profética del razonamiento de Dios al traer juicio, sabemos que ninguna nación está exenta del juicio de Dios.

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