jueves, 8 de noviembre de 2012

Espíritu, alma y cuerpo



Nota que cada parte de nuestro SER cumple funciones bien específicas:

• El cuerpo nos relaciona con su entorno a través de los cinco sentidos:
      La vista
      El oído
      El olfato
      El gusto
      El tacto

• El alma nos relaciona con otros por medio de:
      La mente [pensamientos]
      El corazón [sentimientos]
      La voluntad [decisiones]

• El espíritu nos relaciona con Dios por:
      La intuición
      La consciencia
      La comunión


En primer lugar, el cuerpo es la parte a la que le damos mayor importancia. De hecho, aunque no estemos conscientes de ello, a menudo exponemos nuestra vida a los diferentes tipos de sensaciones. Por ejemplo:

• LA VISTA.
La capacidad de ver y mirar la cercanía de tus manos o la lejanía de las estrellas; lo pequeño de una hormiga o lo grande de un elefante; lo alto de una montaña o lo profundo del mar; la claridad del día o la oscuridad de la noche.

• EL OÍDO.
La capacidad de oír y escuchar el dulce canto de un ave o el estridente sonido de las chicharras; la ternura de un bebé cuando se ríe o el estruendo de una explosión; la suavidad de un violín o la distorsión de una guitarra eléctrica.

• EL OLFATO.
La capacidad de oler el rico aroma de un café por la mañana o el penetrante olor del detergente de ropa; el exquisito olor de un platillo en el restaurante o el desagradable olor de los desperdicios en la basura; el sofisticado olor del perfume o el fétido olor de un animal muerto.

• EL GUSTO.
La capacidad de saborear una dulce patilla o el agrio vinagre; el amargo cacao o el ácido limón; los exóticos sabores de las especias o los tradicionales sabores como el queso o la carne.

• EL TACTO.
La capacitad de tocar la tierna piel de un bebe o la trabajada piel de un anciano; la escurridiza arena o la sólida piedra; la firmeza de un abrazo o el roce de una caricia.


En segundo lugar, el alma es la parte que define nuestra personalidad. En esencia, somos personas porque podemos pensar, sentir y decidir.

• LA MENTE
La capacidad de pensar en el pasado o el presente, lo puro o lo impuro; de razonar entre lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso; de imaginar la realidad o la fantasía, creativamente o con paradigmas; de soñar que sí se puede o de que todo es utopía.

• EL CORAZÓN
La capacidad de sentir la paz que la confianza genera o el temor que la desconfianza conlleva; la seguridad que proviene de la esperanza o la inseguridad que sobreviene de la desesperanza; la alegría que el ánimo produce o la tristeza que el desánimo va tejiendo.

• LA VOLUNTAD
La capacidad de decidir si quieres algo o no lo quieres, si lo tomas o lo dejas, si lo haces o no lo haces.


En tercer lugar, el espíritu es la parte de nuestro SER más descuidada y hasta desconocida por muchos, a pesar de que ocupa el primer lugar en la directriz de influencia (ver gráfico 2).

• LA INTUICIÓN
La capacidad innata que tenemos de comprender las cosas sin necesidad de razonamiento. De manera que, sin que nadie nos lo haya enseñado o sin haberlo leído nunca, nos inquietamos con la existencia de un “Ser superior”. Basta con ver la inmensidad del universo en una noche despejada y llena de estrellas o lo maravilloso que es ver día tras día un atardecer en el firmamento sin que se repita nunca el mismo cuadro, para pensar que alguien fue el artista de esa obra, tal como lo declara el libro del Génesis 1:1.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Cuando por alguna razón meditamos en nuestro cuerpo y nos damos cuenta de lo impresionante que es, lo complejo de sus funciones y la perfección de su diseño, pensamos nuevamente en un gran artífice, tal como lo reconoce el Rey David en el Salmo 139:15-16.

“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré porque formidables y maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”.

• LA CONCIENCIA
La capacidad que tenemos de comprender nuestra naturaleza, nuestros actos y reflexiones, y las evaluaciones y juicios que hacemos de las cosas. Es como un tipo de código ético y moral, que basado en la información y las enseñanzas que recibimos durante las diferentes etapas y experiencias de la vida, nos permite decidir si algo es bueno o malo. El sabio Salomón escribió en Proverbios 14:12 acerca de lo diferente que es la manera en que nosotros y Dios percibimos las cosas.

“Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”.

También en el libro de 1 Samuel 16:7 se nos muestra que muchas veces la forma en que Dios ve las cosas es muy diferente a como las vemos nosotros.

“Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”.

• LA COMUNIÓN
La capacidad que tenemos de relacionarnos en forma personal, y de manera sincera y voluntaria con Dios. De hecho, Dios está interesado según Proverbios 23:26 en establecer una relación con nosotros.

“Dame hijo mío tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”.

1 comentario:

Lourdes vanessa dijo...

tremendo... me encantó sobre todo la parte en donde DIos quiere relacionarse con nosotros... somos seres perceptibles sensoriales y sociales... pero ese lado espiritual que muchas veces se muere de hambre pues no se alimenta debidamente o no conoce su alimento es lo que termina por desarrollar al ser humano, pues no es solo alimento... es su base de valores, en como ser, el como proceder.-. el simple hecho de irte a la cama tranquilo y con la inquietud de que te despiertas pues Dios así lo quiso es solo una pequeña muestra de su gran amor... ¡gracias señor!