sábado, 3 de noviembre de 2012

Las preguntas son la respuesta


Los nazis llegaron, simplemente porque eran de descendencia judía, y asaltaron su hogar y le detuvieron a él y a toda su familia. No tardaron en ser conducidos como ganado, metidos en un tren y enviados al infame campo de la muerte de Auschwitz. Ni sus pesadillas más perturbadoras le habían preparado para ver a su familia asesinada ante sus propios ojos.

Un buen día, miró la pesadilla que le rodeaba y se enfrentó a una verdad insoslayable: si se quedaba allí, se hallaba destinado a morir. Tomó la decisión de escapar y tenía que hacerlo rápidamente. No sabía cómo, pero sabía que tenía que hacerlo. ¿Cómo podemos escapar de este lugar? preguntaba a los demás prisioneros. No seas estúpido, le decían, no hay forma de escapar de aquí. Limítate a orar para sobrevivir. Pero él no pudo aceptar esa respuesta.

Siguió preguntándose una y otra vez: ¿Qué puedo hacer? Tiene que haber una forma. ¿Cómo puedo salir de aquí?.

En la Biblia dice: “pedid y se os dará”. La insistencia y la intensidad de sus preguntas le llevaron a encontrar una respuesta cuando se percató de un olor nauseabundo. Allí cerca, observó un enorme montón de cuerpos que habían sido amontonados en un camión. Eran hombres, mujeres y niños a los que se les había quitado los empastes de oro, cualquier joya y hasta las ropas que vestían.

En lugar de preguntarse: ¿Cómo pueden los nazis ser tan despreciables? ¿Cómo puede Dios permitir algo tan maligno? ¿Por qué me sucede esto?, Stalislav Lec se hizo una pregunta diferente. Se preguntó: ¿Cómo puedo utilizar esto para escapar?. Y obtuvo la respuesta.

Al final del día, se ocultó detrás del camión. Se quitó las ropas y se metió desnudo entre el montón de cuerpos sin que nadie lo viera. Aparentó estar muerto y permaneció quieto, a pesar de que estuvo a punto de ser aplastado cuando el montón de cuerpos cayó sobre él. Olor fétido de carne corrompida y rígidos restos de muertos lo rodeaban. Esperó y esperó, confiado en que el camión emprendería su marcha tarde o temprano.

Finalmente, oyó el ruido del motor al ponerse en marcha, y experimentó un atisbo de esperanza. Al cabo de un rato, el camión descargó su cargamento, dejándolo caer sobre una fosa gigantesca. Lec permaneció allí hasta que cayó la noche. Cuando estuvo seguro de que no había nadie, salió de entre la montaña de cadáveres y recorrió desnudo sesenta kilómetros hasta la libertad.


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