domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Obliga Dios a la gente a venir a Él? - Juan 6:44



Este pasaje, por cierto, es muy polémico. Jesús dice: "Nadie puede venir a mí a menos que me lo traiga el Padre". La disputa sobre este pasaje tiene que ver con el significado de la palabra traducida como "traer". ¿Qué significa? Hay eruditos bíblicos y cristianos que creen que significa incitar, buscar el favor de alguien o persuadir. Para ellos, entonces, lo que Jesús está diciendo es: "las personas, abandonadas a sí mismas, no van a tratar de encontrarme; debe añadirse algo a sus inclinaciones naturales antes de que se sientan motivadas a venir a mí". Jesús está diciendo que Dios debe hacer algo, y la traducción indica que debe atraerlos tal como las voces de sirena atrajeron a Ulises al mar. Trataron de incitarlo, persuadirlo y buscar que accediera a venir siendo tan atractivas como fuera posible al extender la invitación. Algunas personas tienen la firme opinión de que buscar el favor es exactamente lo opuesto a la obligación, y que Dios no obliga a las personas a venir a Jesús, sino que las persuade, las anima, trata de buscar que accedan y les muestra cuán atractivo es Jesús, de modo que ellas se inclinen por sí mismas a responderle.

Una vez sostuve un debate sobre este tema con un catedrático de estudios del Nuevo Testamento, experto en lenguajes bíblicos. Yo sostenía la postura de que Dios hace algo más que invitar, persuadir y buscar el favor. Creo que en este caso la palabra es muy fuerte, porque es la misma palabra usada en el libro de los Hechos cuando Pablo y Silas son arrastrados a la prisión. No se trata de que, desde adentro de las rejas, el carcelero tratara de hacer que Pablo y Silas accedieran, diciendo: "Vamos, muchachos, entren, por favor". Él los obligó a entrar en la cárcel. Creo que la palabra, en este caso, es fuerte, y le señalé eso al catedrático. Él, entonces, me sorprendió al citar el uso del mismo verbo en otra literatura griega que había encontrado, donde el verbo era usado para describir la actividad humana de sacar agua de un pozo. Y continuó diciendo: "Bueno, usted no obliga al agua a salir del pozo", luego de lo cual yo dije: "Pero debo decir que usted tampoco busca su favor. No se pone a la orilla del pozo diciendo: ¡Eh!, agua, agua, agua, esperando que el agua salte por su propio poder desde el fondo hasta su recipiente. Debe bajar el recipiente y tomar aquella agua".

Creo que la fuerza de ese verbo indica que estamos en una desesperada necesidad de la ayuda de Dios para venir a Cristo, y no vendremos a Cristo a menos que el Padre nos traiga hasta Él.


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