domingo, 18 de noviembre de 2012

¿Por qué Dios permite...?

¿Por qué Dios permite que haya tiroteos al azar, accidentes fatales y otras cosas horribles?

Puesto que creemos que Dios es el autor de este planeta y que es soberano sobre él, es inevitable que nos preguntemos dónde está cuando suceden estas cosas horribles.

Creo que la Biblia responde a eso una y otra vez desde diferentes ángulos y en diferentes formas. Hallamos nuestra primera respuesta, por su puesto, en el libro de Génesis, en el cual se nos relata la caída de la humanidad. La respuesta inmediata de Dios a la transgresión de la raza humana contra su gobierno y su autoridad fue maldecir a la tierra y a la vida humana. La muerte y el sufrimiento entraron en el mundo como resultado directo del pecado. Vemos la manifestación concreta de esto en el reino natural, en donde las espinas se hicieron parte del jardín y la vida humana se caracteriza por el sudor de la frente y el dolor que acompaña incluso el nacimiento de un bebé. Esto ilustra el hecho de que el mundo en que vivimos es un lugar lleno de dolor y de tragedia.

Sin embargo, no debemos concluir que hay una correlación exacta en esta vida entre el sufrimiento y la culpa de la gente sobre la cual cae la tragedia. Si no hubiera pecado en el mundo, no habría sufrimiento. No habría accidentes fatales ni tiroteos. Puesto que el pecado está presente en el mundo, el sufrimiento también lo está, pero no se trata de que, si usted tiene cinco kilos de culpa, tendrá cinco kilos de sufrimiento. Es la percepción que el libro de Job intenta disipar, al igual que la respuesta de Jesús frente a la pregunta acerca del hombre que había nacido ciego (Juan 9:1-11).

Por otro lado, la Biblia aclara que Dios permite que ocurran estas cosas, y en cierto sentido ordena que sucedan, como parte de la situación presente que se encuentra bajo juicio. Él no ha retirado la muerte de este mundo. Sea que se trate de lo que llamamos una muerte prematura o una muerte violenta, la muerte es parte de la naturaleza de las cosas. La única promesa es que llegará un día en que el sufrimiento cesará por completo.

Los discípulos interrogaron a Jesús con respecto a situaciones similares, por ejemplo, la sangre de los galileos mezclada en los sacrificios de Pilatos, o las dieciocho personas que murieron cuando se derrumbó un templo. Los discípulos preguntaron como podía suceder esto. La respuesta de Jesús fue casi severa. Dijo: "Ustedes también perecerán a menos que se arrepientan", llevando otra vez la cuestión al hecho de que la maldad moral hace viable que Dios permita que ocurran esta clase de cosas espantosas en un mundo caído.


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