lunes, 19 de diciembre de 2016

Una vida sin sentido - Eclesiastés 1

Luego de que Adán y Eva perdieron su relación con Dios, a ellos y todos sus descendientes no les quedó otro recurso que tratar de satisfacer sus propias necesidades en un mundo caído. Aún cuando el plan de Dios para la redención estaba desplegándose lentamente, luchaban por encontrar propósito y significado en la vida sin una relación íntima con Dios.

Si fuera humanamente posible satisfacer adecuadamente las propias necesidades personales, Salomón hubiera tenido las mejores posibilidades. Como rey, durante el tiempo que Israel disfrutó de su mayor prominencia, podía hacer casi cualquier cosa que deseara. Había acumulado una riqueza personal inmensa y fuerza militar (1 Reyes 10:14-29). También tenía más sabiduría dada por Dios que cualquier otro mortal para interpretar todos sus descubrimientos y observaciones (1 Reyes 3:12). Y aún con todas estas riquezas y poder a su disposición, cuando Salomón buscó encontrar propósito y significado en su vida independientemente de Dios, solamente pudo resumir sus conclusiones en el libro de Eclesiastés escribiendo: "vanidad, vanidad, todo es vanidad" (Eclesiastés 1:2).

Al no tener ninguna relación con Dios, la humanidad del mismo modo ha tenido luchas con referencia a su identidad y propósito personal de estar aquí. Ser un hombre o una mujer puede describir la sexualidad de uno, pero no la identidad. Como resultado de la maldición, la mujer con dolor daría a luz niños, y los hombres trabajarían hasta tener sudor en su rostro (Génesis 3:16-19). En consecuencia, las mujeres han tratado históricamente de encontrar su identidad en su rol de madre, y los hombres lo han tratado de hacer en sus carreras. ¿Pero qué sucede si una mujer nunca se casa o no tiene la posibilidad de tener hijos? ¿Qué sucede si el hombre pierde su trabajo o la habilidad para trabajar? ¿Pierden esos hombres y mujeres su identidad básica en Cristo, o el propósito que Dios les dio para estar aquí?

El intento de ser nuestro propio "dios" ha llevado a las personas a mejorar su apariencia, esforzarse para tener los máximos logros y buscar el estatus social más alto como medio de autoverificación. Sin embargo, cualquiera sea el pináculo de autoidentidad que lleguemos a lograr, pronto se derrumba bajo la presión del rechazo hostil, la crítica, la autoevaluación, la culpa, el temor o la ansiedad. Algunos tal vez lleguen en algún momento a verse mejor, logren realizarse a un estándar más alto y alcancen un estatus social mayor. Todo lo que hemos logrado alcanzar o poseer por esfuerzo humano un día lo perderemos. Estamos incompletos sin Cristo, y nada de lo que podamos hacer por la vía de la autoayuda nos completará.

La persona natural siente que algo le falta, pero no logra llenar el vacío con el esfuerzo humano. Hay un ansia de estar completos y un profundo gemido interior como resultado de esa ausencia, pero no estamos solos en nuestro gemir. "Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora" (Romanos 8:22). Toda la creación fue afectada por la caída, y ansía el día de la redención.

"Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujeto en esperanza; porque también la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios" (Romanos 8:20-21).

Pensamiento para el día: ¿De qué manera su vida tomó nuevo significado desde que vino a Cristo?


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