domingo, 2 de diciembre de 2012

Jesucristo... ¿Dios y hombre?

¿Cómo puede una persona tener una naturaleza divina y humana al mismo tiempo, de la manera en que creemos que Jesús las tuvo?

Una de las grandes crisis del cristianismo evangélico actual es la falta de comprensión sobre la persona de Cristo. Casi siempre, cuando miro televisión cristiana, escucho cómo se niega en forma descarada, ignorante e inconsciente uno de los credos clásicos de la fe cristiana. Y desde luego, parte de la razón es que nos resulta muy difícil entender como una persona puede tener dos naturalezas. Usted me plantea la pregunta "¿Cómo?" No sé cómo; sé que Jesús es una persona con dos naturalezas. ¿Cómo puede suceder eso? Mucho antes de que existiera una naturaleza humana, hubo una segunda persona de la Trinidad. La segunda persona de la Trinidad, verdadero Dios de Dios verdadero, Dios mismo, fue capaz de adoptar para sí una naturaleza humana. Ningún ser humano podría invertir el proceso y adoptar para sí una naturaleza divina. No puedo agregar deidad a mi humanidad. No se trata de que Cristo haya cambiado su deidad "en" humanidad. Eso es lo que escucho todo el tiempo: que había un gran Dios eterno que repentinamente dejó de ser Dios y se convirtió en hombre. Eso no es lo que la Biblia enseña. La persona divina tomó sobre si una naturaleza humana. Es imposible entender el misterio de cómo sucedió esto, pero sí podemos pensar que Dios, con su poder, pueda agregarse una naturaleza humana y hacerlo de tal manera que se unan dos naturalezas en una misma persona.

El concilio más importante sobre esta cuestión en la historia de la Iglesia, cuya decisión ha permanecido por los siglos como el modelo de la ortodoxia cristiana, y es sostenida por luteranos, presbiterianos, metodistas, católicos romanos, bautistas -prácticamente todas las ramas de la cristiandad-, es el Concilio de Calcedonia. Se realizó en el año 451, y la Iglesia confesó su creencia acerca de Jesús en la siguiente forma: "Creemos que Jesús es verdaderamente hombre, verdaderamente Dios". Y luego prosiguieron estableciendo pautas acerca de cómo debemos pensar en la forma que estas dos naturalezas se relacionan entre sí. Dijeron que estas dos naturalezas están en perfecta unidad, sin mezcla, división, confusión ni separación. Cuando pensamos en la Encarnación, no confundimos las dos naturalezas creyendo que Jesús tenía una naturaleza humana deificada o una naturaleza divina humanizada. Podemos distinguirlas, pero no podemos separarlas porque existen en perfecta unidad.


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