lunes, 30 de diciembre de 2013

El desarrollo del potencial (parte 2 de 4)

Desarrollar el potencial
La clave para desarrollar el potencial no está en el desarrollo de programas, sino en habilitar a la gente—los líderes y miembros del ministerio asociado. Ayudar a la gente a aprender y a generar cambios que afecten a su ministerio es la parte esencial—y la más difícil—de las alianzas para el desarrollo.
Es la parte esencial porque libera la energía y la creatividad de la gente. Es la más difícil porque la gente debe hacerse cargo de su propio desarrollo. El de afuera puede ayudar, pero es el obrero local quien debe realizar el trabajo. Esto requiere un estilo interactivo y negociador. El de afuera ya no puede indicar el modo de hacer las cosas, sino que puede solamente ayudar al obrero local a descubrirlo.
Ya sea que trabajemos con individuos o con organizaciones, desarrollar el potencial implica ser comprensivos con la gente en su propio aprendizaje y crecimiento. El propósito no es imponer cambios, sino facilitar el proceso y realzar las habilidades de la gente para que ésta implemente sus propias soluciones. Fomentar el florecimiento de las capacidades de autodesarrollo es fundamental para el desarrollo del potencial.
Como mínimo, las capacidades de autodesarrollo implican que uno sea capaz de:
Articular necesidades, definir problemas y visualizar metas;
Buscar nuevos comportamientos, capacidades y tecnologías, y
Ponerlos a prueba.
Permitirle a la gente realizar este proceso es la piedra fundamental de la construcción y el desarrollo del potencial. Hacer esto requiere que sirvamos de facilitadores, guías del proceso y suministradores de recursos. Requiere que apoyemos a las personas para que hagan las cosas por sí mismas.
A continuación encontramos seis cosas que usted debería tener en cuenta para desarrollar el potencial de manera exitosa:
1. Desde el principio, los líderes del ministerio asociado deben estar plenamente involucrados en un proceso de discusión, investigación y análisis de las necesidades percibidas.
2. Todo el proceso debe ser visto como una experiencia de aprendizaje para la identificación de problemas, propuesta de soluciones propias e implementación de las mismas.
3. Los facilitadores deben tener un gran respeto hacia las aptitudes de sus socios.
4. Cada una de las partes debe verse a sí misma como participante de un diálogo entre pares. Todos deben permanecer abiertos y dispuestos a aprender unos de otros.
5. Los facilitadores deben ser capaces de acercarse lo suficiente a sus socios para entender sus situaciones y sus puntos de vista.
6. El éxito se mide por la creciente capacidad del ministerio de impulsar el potencial creativo y los recursos inherentes.


viernes, 27 de diciembre de 2013

Se multiplican las tareas (parte 2 de 2)

3. La formación de nuevos líderes
Delegar significa poner la carga sobre otro. En Hechos 6:3 leemos: “… a quienes encarguemos este trabajo”; en 2 Corintios 5:19: “… nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (ver también 1 Tesalonisences 2:12; 1 Timoteo 1:18; Timoteo 2:2).
Poner la carga sobre otro es morir a esa carga; es dejar en otras manos lo que antes manejábamos nosotros. Esa muerte nuestra es difícil de afrontar. Nos parece fácil decidir si conservamos el liderazgo sobre ese tema y al fin de cuentas los nuevos líderes siguen nuestros lineamientos; pero es mucho más difícil si encargar es poner la carga sobre otro para que la lleve según lo sienta en el Señor. La decisión se hace tanto más difícil cuanto más observamos lo siguiente:
Primero: Generalmente ningún líder asume su función pensando en delegar, sino en trabajar con lo que tiene hasta el fin. Solamente leyendo la Escritura como lo hemos hecho aquí aprendemos el estilo de Dios.
Segundo: Una de las razones por las cuales el líder no delega es porque se siente artífice de algún proyecto, y cree que nadie lo puede continuar como él. Posiblemente así pensó Moisés cuando él solo atendía a dos millones de personas.
Tercero: Otro problema es que a nosotros los mayores nos cuesta tener confianza en los jóvenes; sin pensar qué edad teníamos nosotros cuando asumimos tal o cual responsabilidad. El temor a “perder el control” es tan grande, que algunos somos capaces de perder los objetivos para conservar los detalles.
Cuarto: El valor que asignamos a “sentirnos al frente” es una recompensa muy elevada para abandonarla. El saber que otro hermano sea consultado o tenga la decisión sobre temas que antes manejábamos, a nosotros nos hace mucho mal.
Lo grave de estos cuatro puntos es que cuando pensamos así estamos corriendo el riesgo de salirnos de debajo del señorío de Cristo para ponernos debajo del nuestro. Y entonces sí que estamos frente a un drama: tenerlo todo, plan, estructura, hermanos, etcétera, pero el Señor ausente. Algo parecido a la iglesia de Efeso en Apocalipsis 2:1–7.
LA DELEGACION COMO PARTE DEL MINISTERIO

1. Delegamos cuando ponemos una carga sobre otros hombres y morimos frente a esa responsabilidad.
2. Delegamos en el momento que comenzamos a preparar a otros líderes.
3. Delegamos cuando estamos dispuestos a aceptar otra metodología.
4. Delegamos cuando el rebaño reconoce que otro líder está haciendo parte de nuestra labor.


4. Los problemas en la delegación
Por lo que hemos estudiado hasta aquí, descubrimos que la vida del rebaño es esencial para la formación de todos; incluyendo el desarrollo de los dones que deben caracterizar a un líder. Cuando el rebaño de por sí provee instrucción mutua de todo tipo, tanto formal como informal, y ayuda para integrar al nuevo líder, sabe resolver sus carencias y problemas más íntimos.
Teniendo en cuenta este antecedente, comprendemos mejor por qué Pablo buscó a su primer colaborador entre las iglesias que él mismo había plantado en la Galacia (Hechos 16:1). Fue una norma que guió sus pasos desde el primer momento, para evitar que “solitarios”, sin compromiso y sin vínculos profundos con las iglesias locales, pudieran enseñar temas de sujeción y comunión que ellos mismos no habían practicado.
Si tomaramos como modelo el modo en que Pablo preparó a Timoteo teniendo como base su arraigo a sus iglesias locales, podríamos detectar las siguientes:
1. Observación: Cuando llegó a Listra e Iconio, ya sabía que la misión a la cual había sido llamado era extensa en tiempo y territorio, y que, luego de la experiencia con Juan Marcos, necesitaba un ministro con buena base eclesial. Vio a Timoteo, y supo de su buena formación en las Escrituras (2 Timoteo 1:5), y aun cuando le faltaba la imagen de padre que él mismo tendría que suplir (1 Corintios 4:17), lo vio responsable en sus labores y formador de la comunión que las iglesias veían con gran beneplácito (Hechos 16:2).
2. Capacitación: Timoteo era un joven dócil y gustoso de aprender. Vio a Pablo como un padre que le podía instruir y ampliar la visión para la extensión del evangelio. “Pablo quiso que fuera con él” y Timoteo se sometió a un liderazgo de avanzada. Lo circuncidó, para enseñarle a tener flexibilidad con las personas con que debía relacionarse (Hechos 16:3). Quizás Pablo mismo le explicó que anteriormente se había opuesto a la circunsición de Tito, porque los que la procuraban pensaban que formaba parte de la salvación (Gálatas 2:3). Timoteo comenzó su capacitación asimilando estas dos lecciones: sujeción y flexibilidad.
3. Entrenamiento: Se acostumbró a ver iglesias que crecían y a ver las prioridades: a) “confirmadas en la fe” (vida exterior), y b) “aumentaban en número cada día” (crecimiento exterior). Pablo le ayudaba a ver la conveniencia de la unidad en la diversidad, tal como se había conversado y concordado en Jerusalén (Hechos 16:4), y que así como él estaba sujeto a Pablo, ambos lo debían estar al Espíritu Santo (Hechos 16:6–7).
La visita a Europa fue una especie de prueba de fuego para él, así como ir a Panfilia había sido para Juan Marcos (Hechos 13:13). Pablo comenzó por formar un equipo de por lo menos cuatro personas (Pablo, Silas, Lucas y Timoteo) con quienes Timoteo tenía que aprender a trabajar, obedecer y seguir planes que no había diseñado.
Navegaron a Filipos, y dieron vueltas algunos días hasta reunirse con unas mujeres. En ese encuentro se convirtió Lidia, y Timoteo aprendió a llevar almas al Señor en otra cultura y con otro idioma. Luego se encontró con la oposición y el encarcelamiento de los líderes Pablo y Silas. Se quedó con Lucas, posiblemente apaciguando el susto de los hermanos en casa de Lidia (v. 15).
Aunque joven, ya sabía: a) trabajar junto a otros líderes, b) tener paciencia hasta ver la voluntad del Señor, c) como se conducía un alma a Cristo, d) qué hacer frente a la oposición y encarcelamiento de una parte del equipo.
4. Experimentación: Timoteo entró luego en otra etapa de su ministerio. Tuvo que dejar a Pablo, unirse a Silas y quedarse un tiempo en Macedonia (Hechos 17:14), para reencontrarse luego con él en Atenas (dato no registrado en Hechos) (1 Tesalonicenses 3:1). Salir luego solo nuevamente para Macedonia (Tesalónica) en una misión muy delicada. Nada menos que confirmar, exhortar y tranquilizar a la iglesia en tribulación (1 Tesalonicenses 3:1–8).
En el ínterin, Silas estuvo en otra misión, y ambos se unieron para encontrar en Corinto a Pablo (Hechos 18:5), que estaba “entregado por entero a la predicación de la palabra”. No conocemos exactamente cuáles fueron los pasos que siguieron de aquí en adelante; pero Timoteo podría haber acompañado a Pablo hasta Efeso y desde allí realizar dos misiones en Corinto (1 Corintios 4:17 y 16; 10–11), de las que podríamos extraer las siguientes lecciones:
a) “hijo amado y fiel en el Señor”—la calidad del líder formado.
b) “el cual les recordará mi proceder en Cristo”—la sujeción al líder anciano.
c) “de la manera en que enseño en todas partes”—el patrón de conducta conocida.
d) “él hace la obra del Señor, así como yo”—la identificación en el ministerio.
5. Liderazgo: Desde la primera encarcelación de Pablo hasta el fin de sus días, fue la última etapa en el ministerio de Timoteo. Estuvo en la cárcel de Roma, juntamente con Lucas y otros valiosos líderes (Colosences 4:7–14). Aprendió de ellos y compartió con ellos. Timoteo había comprendido el valor de trabajar en equipo, y estaba preparado para iniciar otro trabajo en Macedonia (Filipos) (Filipenses 2:19–24).
Pablo, por otra parte, se sentía abrumado por las noticias del Asia Menor, y la infiltración pagana que sufrían algunas iglesias, especialmente Efeso y Colosas. Así que, luego de unos dos años en Roma y ya en libertad, navegó con Timoteo a Efeso, y allí lo dejó (1 Timoteo 1:3).
A esta iglesia, quizás la más importante, Pablo había dedicado unos veintisiete meses de trabajo, enseñanza y preparación de líderes. Desde la cárcel les había enviado una carta señalando la lucha del cristiano contra los poderes satánicos (Efesios 6:12), y ahora que los veía avalanzarse sobre los santos. Les dejaba a Timoteo con la misión más delicada en la historia de su “hijo” (1 Timoteo 1:18) a quien había preparado bien durante más de veinte años.
Pablo le delegó autoridad para disponer o mandar (1:3–4); para enseñar la relación con las autoridades, la sujeción masculina y femenina al Señor, el reconocimiento de líderes, la conducta en la iglesia, y las operaciones de los espíritus engañadores (6:4); para exhortar a los ancianos, las jóvenes y las viudas (5:1–16), etcétera.
Le confió una labor árdua y muy engorrosa, y le advirtió que debía cuidar de sí mismo, y ser ejemplo en todo, huyendo de las tentaciones y siguiendo la justicia (6:11). Le ordenó que peleara la buena batalla, que guardara el mandamiento y que evitara conversaciones profanas y sin sentido.
Timoteo enfrentó situaciones muy difíciles, que parecerían haberlo desanimado un poco; pero Pablo que lo apoyaba desde su cárcel de muerte le envió una segunda carta en la que lo exhortó y sostuvo, recordándole que “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7); y lo instó a que siguiera cuidando el buen depósito que había en él, para que pudiera practicar con felicidad el ministerio que había recibido.
FORMACION DE NUEVOS LIDERES

1. Buscar y preparar a hombres fieles e idóneos para enseñar a otros.
2. Tomar en cuenta el modo en que se conducen en fe y carácter.
3. Encargarles labores cada vez más delicadas y observar sus éxitos para corregir sus errores.
4. Entregarles misiones importantes al conocer bien su manera de ser y la forma de encarar los problemas y las soluciones; no antes.




jueves, 26 de diciembre de 2013

¿Debo o no cambiar de iglesia? (parte 1 de 2)

Después de haber considerado el material presentado en este libro, usted puede llegar a la conclusión de que la iglesia donde se congrega cuenta con varias marcas de una secta. Surge entonces una pregunta lógica: ¿Debo o no cambiar de iglesia? Antes de intentar una contestación, es imperioso establecer un principio bíblico: El Nuevo Testamento enseña lealtad a la iglesia local.
Un abogado cristiano guatemalteco, preocupado por la salud de la iglesia, me dijo que actualmente existe una iglesia «ambulante» que va de congregación en congregación como un picaflor. Un grupo se ofende en una iglesia y busca otra. Otro grupo anda de un lugar a otro en una búsqueda desesperada para encontrar «la bendición». Otros cambian de acuerdo a qué grupo tiene algo novedoso. Sin embargo, los escritores del Nuevo Testamento ni una sola vez nos animan a cambiar de iglesia sino a servir, ayudar, exhortar, someterse y solucionar problemas si los hubiera. Cuando «los de Cloé» (1 Corintios 1:12) acudieron a Pablo con una lista de problemas en la iglesia de Corinto, el consejo del apóstol no fue que salieran de la congregación o formaran su propio grupo sino que les dio indicaciones sobre cómo resolver los problemas y vivir más conforme a la voluntad de Dios.
Fidelidad a los líderes
Le ruego que abra su Biblia en Hebreos 13:7–17. Este pasaje no tiene igual en cuanto a su enseñanza sobre lealtad a los líderes de la iglesia donde uno se congrega.
Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe… Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes ha de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.
(7, 17)
El escritor de Hebreos nos enseña cinco principios sobre lealtad a los líderes de la iglesia local.
1. Recordar a los líderes (v.7). En el griego original la palabra aquí traducida «acordaos» significa «contemplar intensivamente». Nos está pidiendo que apartemos tiempo para meditar sobre quienes nos predicaron el evangelio.
En el caso de los hebreos, la Palabra del Señor llegó de una sola fuente para todos. Sin embargo, en una iglesia típica de nuestro continente casi todos fuimos ministrados por diferentes personas. Por consiguiente, antes de continuar apartemos un momento para considerar a quienes se sacrificaron para ministrarnos la Palabra de Dios. Pudo haber sido un evangelista itinerante, un pastor, un maestro de la escuela dominical o un amigo.
Cuando yo era joven, un hombre llamado David abrió su corazón y su hogar para que entráramos un grupo de desordenados. Nos habló del evangelio, nos aguantó, nos enseñó amar la Palabra, nos discipuló. Como resultado de su ministerio, dos de esos muchachos hoy son pastores; dos son esposas de pastores; otro es profesor en un seminario; yo ministro con el equipo de Luis Palau; otra mujer tiene un ministerio en una misión; otra es fiel al Señor en su iglesia local a pesar de la traición de su esposo.
Pero por otro lado, ¿qué hago si descubro que la persona que me llevó el evangelio no terminó bien su carrera o no anda bien con Cristo? En realidad es lo que sucedió con nuestro mentor espiritual. Cuarenta años después de su labor con nosotros, hoy David está divorciado, distanciado de sus hijos y casado de nuevo. Después de no haberlo visto por más de treinta años, nos encontramos y fue posible para nosotros ministrarle a él.
Al margen de lo que haya pasado, siempre será posible honrarlos; y aunque sea por vía negativa, podemos aprender de las vidas de quienes se sacrificaron para darnos el evangelio.
2. Imitar la fe de los líderes (v.7). De la raíz de la palabra «imitar» en el griego surgen las palabras mímica y mimo. El segundo principio es imitar la fe de los líderes pero no los errores que hayan cometido. Pablo explica: «Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo» (1 Corintios 11:1).
3. Obedecer a los líderes (v.17). En este versículo de Hebreos 13 no encontramos la palabra más usual para hablar de «obedecer» (que sí encontramos en Romanos 13:1). En su lugar hay una palabra rica en significación que da la idea de «ser persuadido». El escritor, entonces, no habla de obediencia ciega a los líderes sino obediencia con discernimiento («no os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas» v. 9). Connota examinar la vida de líder, los mensajes que enseña y la doctrina del grupo, y una vez persuadido de que pertenece a la verdad, obedecer. Obediencia ciega es lo que caracteriza a las sectas. El escritor puritano John Owen explicó que la obediencia ciega «ha sido la ruina de las almas de los hombres».
4. Someterse a los líderes (v.17). Éste es el único lugar en el Nuevo Testamento donde se encuentra la palabra que aquí se traduce «someterse». El término era común en el griego secular para expresar la idea de sujetarse a las autoridades.
Un claro reconocimiento de la autoridad que Dios le ha dado al liderazgo de la iglesia es esencial para que haya harmonía y unidad en la congregación. En contraposición al Antiguo Testamento donde Dios reinó de una forma más directa, en la iglesia neotestamentaria Él ha optado por reinar por medio de sus líderes (presbíteros, pastores, ancianos, obispos o como se llamen). En realidad, cuando nos sometemos a los líderes nos estamos sometiendo a Dios. Sin embargo, en algunos casos los mismos líderes se han abusado de los privilegios correspondientes al liderazgo, por eso la necesidad de este libro.
5. Por qué sujetarse. El autor de Hebreos habla sin rodeos cuando instruye: Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta (RV); Procuren hacerles el trabajo agradable y no penoso, pues lo contrario no sería de ningún provecho para ustedes (13:17 VP) 
Hay cuatro motivos por los cuales debemos sujetarnos a nuestros pastores:
a) Porque ellos tienen que rendir cuentas a Dios por la vida espiritual de la grey. Note que ellos «velan por vuestras almas». Velar da la idea de estar atento, despierto, sin dormir. ¿Por qué velan?
Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad[énfasis agregado], acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.»
Hechos 20:28–31
b) Para que su trabajo sea alegre y agradable. No existe mayor gozo para un pastor que ver a sus feligreses creciendo en la fe. «No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad» (3 Jn. 4). «Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados» (Fil. 4:1).
c) Para que su labor no sea penosa ni sea una carga. La palabra griega que la VP traduce «penoso» da la idea de una carga, un gemir internamente. ¿Cuándo el pastorado se convierte en una carga? Cuando la congregación se vuelve indiferente, se opone a los pastores o entra en actitudes divisivas.

d) Para que su ministerio tenga provecho. La frase «sin provecho» viene del mundo comercial. El provecho del ministerio de los pastores está íntimamente vinculado con la actitud de sujeción de los congregantes. Su labor (enseñar, orar, velar, aconsejar, tomar decisiones, supervisar) no resultará provechosa si la congregación se queja y no se sujeta con alegría.


miércoles, 25 de diciembre de 2013

Significado de la Navidad

(Lucas 2:14)
INTRODUCCIÓN: la Navidad celebra no sólo el nacimiento del Niño de Belén, sino también el nacimiento del espíritu de buena voluntad entre los hombres. «Paz en la Tierra» es el don del mismo Salvador recién nacido. «Buena voluntad entre los hombres» es el resultado de la buena complacencia de Dios para con los hombres.
1. La Navidad, entonces, atestigua no sólo la encarnación de una Persona, sino la encarnación de una idea también: la Persona da a la Tierra una clara concepción de Dios. La idea viene a ser la expresión de la actitud de Dios hacia los hombres. El nacimiento del Hijo de Dios en el mundo fue también el nacimiento de la idea de la paternidad de Dios a los hombres.

2. La Navidad trae un recordatorio anual de Dios, tan íntimo como el hogar, y tan trascendente como los Cielos: desde aquella hora en Belén, hasta esta hora los hombres han andado y vivido en una intimidad espiritual con ese Santo Espíritu por el cual Cristo vino a tomar forma humana. Al mismo tiempo, los hombres han quedado sobrecogidos de una temerosa admiración en la presencia del mismo Dios santo. Belén trajo al mundo el cumplimiento de aquellas antiguas y gloriosas promesas incorporadas en el nombre «Emmanuel», «Dios con nosotros». Cuando los ángeles cantaron su primer canto de gozo en la Navidad a los oídos atentos de los hombres, cuyos corazones fueron levantados por el coro celestial, ellos trajeron por primera vez la expresión clara de la realidad de que Dios está no sólo arriba de nosotros y más allá de nosotros y sobre nosotros, sino que él está con nosotros. Quizás el sueño más santo del hombre y el propósito más alto y santo de Dios se encuentran en el hecho tan definitivamente declarado en la Escritura: «Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo» (2 Co. 6:16; Lv. 26:12).

3. Sin el Niño de Belén y la idea que Dios trajo al mundo por medio de Él, todos los hombres de todas las razas y todos los tiempos hubieran vivido en medio de un universo incomprensible y terrible. A lo mejor la fe hubiera sido una clase de fatalismo que resistiría a las fuerzas que nosotros no podríamos cambiar ni escapar. Cada nube tempestuosa era grande y espantosa. Cada temblor de tierra o volcán era el furor de un poder invisible y hostil. Principados y potestades, fuerzas de malas personalidades estaban en todas partes en el pleamar del pensamiento humano, mientras Dios estaba muy lejos, invisible, intangible, inaudito, temible a causa de su distancia, terrible a causa de su poder, y desconocido en medio del misticismo y misterio de las limitaciones y supersticiones humanas.

4. Pero Cristo nació en Belén, y los ángeles cantaron su canto a los pastores que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado. Así que, con el nacimiento del Niño y el canto de los ángeles, vino dentro de los corazones de los hombres el estímulo de una esperanza eterna, la inspiración de todas las visiones celestiales, la sinfonía de toda vida con la divina, y la consecuente y asistente fuerza para cada lucha junto con la recompensa por todos sus trabajos». Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Ro. 8:31). Si yo puedo andar por las variables escenas y experiencias de la vida con la confianza y seguridad de que Dios habiendo tomado la forma de hombre y habitando entre los hombres, y habiendo sido tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado—es ahora poderoso para ser un fiel y simpatizante Sumo Sacerdote, y que no es un Dios que esté tan lejos que no pueda simpatizar con nuestros padecimientos, yo no debo temer al mundo. Si mis ojos una vez han visto la luz que Dios ha hecho brillar en el rostro de Jesucristo, ya no debo nunca jamás temer a las tinieblas que tantas veces obscurecen mi senda. Ya una vez seguro de que él vino y que ahora cumple su promesa, «He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo», ningún alma jamás estará realmente solitaria.

5. Por lo tanto, la Navidad es más que una permanente realidad completada: es una perpetua realidad proyectada desde la eternidad, y es una realidad perenne que puede entrar en toda experiencia. Dios está con nosotros.

6. La idea de la Navidad no es menos sobrenatural que el mismo nacimiento virginal: el canto de los ángeles es tan celestial como la residencia de los ángeles. El agitar de sus alas y el sonido de sus voces se unen en melodías para traer a la Tierra un canto antifonal del Cielo. Por medio del Niño de Belén el tiempo se convierte en gloriosa eternidad. La Navidad invierte la filosofía de la vida de «obtener» en «dar». Convierte la carga de la vida en alas de fe y esperanza. La Navidad transforma la vida, de tinieblas, en una vida resplandeciente.

7. La Navidad marca un momento cuando en la Tierra el hombre entró en compañerismo con el gran Compañero: es el gran día de la humanidad, floreciendo en una fragante flor de santidad y amor para disipar el pecado.
CONCLUSIÓN: todo esto debe llevar algún significado para cada uno de nosotros. No podemos medir la Navidad por los árboles que han sido adornados, ni por lo concurrido de las fiestas, ni por los coros que se han cantado en la madrugada, o por el intercambio de felicitaciones y obsequios. La Navidad puede ser, y en verdad deberá ser nuestro tesoro o nuestra tragedia. Mal interpretada, ella será para ti sólo un sueño de placer que se desvanece. Bien comprendida, ella vendrá a ser para ti el oloroso ungüento que llena la casa de tu vida con la fragancia de una fe permanente en Uno que siempre está presente con nosotros: «Dios en nosotros», el Salvador, Redentor y Señor. Porque el corazón de la Navidad es Cristo y Cristo ha nacido para ser nuestro Salvador. Mientras los ángeles cantaban, los magos del oriente adoraban y daban sus dones. Podrás cantar con los ángeles y adorar con los magos del oriente sí, como) pecador, recibes a tu Salvador, Cristo Jesús, el Señor. ¿No quieres hacerlo hoy mismo? En respuesta a su Don de dones, el amor de Dios que excede a todo conocimiento, obrando una transformación por medio de la expiación efectuada por Cristo en la cruz del Calvario, ¿no deseas dar a él tu amor, tu vida, en una gozosa y completa rendición para hacer su voluntad? Y desde ahora y para siempre la paz de Dios será derramada en tu corazón, y serás contado entre aquellos hombres de buena voluntad en los cuales Dios se complace.

«Pero el ángel les dijo. No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, era la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor». «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la Tierra paz, buena voluntad para con los hombres!» (Lc. 2:10, 11, 14).

lunes, 23 de diciembre de 2013

El desarrollo del potencial (parte 1 de 4)

En una alianza de desarrollo, el factor decisivo es encontrar el equilibrio entre lo que usted puede hacer por un ministerio y lo que ellos deberían hacer por sí mismos. El problema es saber cuándo involucrarse y cuándo alejarse, cuándo ser comprensivo y cuándo ser desafiante. He aquí la tensión entre cubrir las necesidades y desarrollar el potencial interno y la autosuficiencia.
Cubrir las necesidades
Suplir las necesidades no es igual que facilitar el desarrollo. En realidad, puede tratarse de una manera indisciplinada de dar. «Los actos de caridad pueden ser peligrosos», escribe Juan Perkins, «porque es posible que los dadores se sientan bien a partir de actos que logran realmente muy poco, o que incluso crean dependencia. Superar una actitud de caridad es una tarea difícil porque requiere que los dadores exijan de sí mismos más que buena voluntad.»1 El primer desafío al cubrir necesidades es «separar el qué y el cómo de nuestra acción de nuestra necesidad de sentirnos bien con nosotros mismos»2.
En el mejor de los casos, la necesidad es un concepto relativo. La definición de necesidad depende primeramente de aquellos que se comprometen a mitigar la necesidad. Esto representa un problema por al menos cuatro razones.
Las personas con valores diferentes, y especialmente aquellas que tienen perspectivas culturales diferentes, advertirán distintas necesidades. La persona que observa la necesidad y la persona que experimenta la necesidad pueden diferir en sus ideas de lo que es una necesidad. Consecuentemente, la tarea de identificar y definir las necesidades no es un proceso sencillo sino una tarea conjunta en la cual todos las partes se encuentran plenamente comprometidas.
Las necesidades no son singulares o únicas, sino difusas e interrelacionadas. Por ejemplo, una escuela de América Central se dio cuenta de que llegado un cierto punto ya no podría crecer sin instalaciones más amplias. Esto significaba un aumento en los costos de funcionamiento, lo que a su vez requeriría de un crecimiento considerable en el financiamiento local. Pero la escuela estaba aliada íntimamente con una iglesia local, por lo cual no se hicieron pedidos de financiamiento a un público cristiano más amplio. La institución procuró ser autónoma ante la iglesia local. De modo que la necesidad percibida fue en realidad parte de un conjunto de necesidades.
Las necesidades no pueden entenderse aisladas de su contexto. Comprender a la gente y su entorno es fundamental. La mejor manera de entender las necesidades es trabajar codo a codo con la gente. Al descubrir junto con su socio las necesidades de la gente y al hacer propias sus necesidades, usted puede comenzar a facilitar un cambio real y duradero.
Las necesidades son dinámicas. Debido a que las organizaciones están en un estado de cambio casi perpetuo, en poco tiempo las necesidades que suscitaron una intervención externa pueden no ser más de la misma magnitud. Esta razón sola es suficiente para procurar mantener una relación abierta y fluida que permita que las expectativas evolucionen bajo circunstancias cambiantes.
Una cosa es entender una necesidad, pero es otra totalmente distinta responder a la misma. Como mínimo, para aliviar necesidades hace falta lo siguiente:
Antes de buscar soluciones es importante comprender la magnitud de la brecha existente entre la situación actual y el resultado o condición final que la gente espera ver o crear. Un análisis de la brecha le ayudará a establecer si la misma existe realmente y luego describir qué se necesita para cubrirla.
Debe haber un proceso de traducción de las necesidades a programas administrativos. No es fácil planificar e implementar intervenciones en su propia organización. La alianza de desarrollo implica hacer este proceso junto a su socio.
Debe haber recursos suficientes. La implementación eficiente se reduce a la capacidad de reasignar recursos existentes o de incorporar otros nuevos. El impacto de tales recursos será más perdurable cuanto más autóctonos sean.
Si usted ayuda a la gente a definir sus propias necesidades, buscar soluciones y utilizar sus propios recursos, entonces habrá comenzado el proceso de desarrollo del potencial.



viernes, 20 de diciembre de 2013

Se multiplican las tareas (parte 1 de 2)

Al cumplir con la voluntad de Dios en el ministerio, también observamos cómo crece el rebaño, y cómo con las dificultades que notamos en el capítulo anterior aumentan también las demandas; especialmente relacionadas con la atención de las nuevas esferas de labor que surgen. Entre éstas están la evangelización, los encuentros en las casas, el estado espiritual de los nuevos creyentes, la consejería, la obra social, y todo lo inherente a las necesidades juveniles.
La preparación de líderes para la atención del cúmulo de labores pone a prueba nuestras prioridades y si hemos crecido para enfrentar el desafío o estamos en la situación de antes. Uno de nuestros conflictos es conocer la capacidad de cada uno de nuestros allegados y los dones que hayan evidenciado, para que tomen más responsabilidad.
1. La mente abierta a la delegación
El caso de Moisés es útil para ilustrar lo que decimos. Leemos en Exodo 18:14–24 que Jetro su suegro le dijo: “¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?… No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti, no podrás hacerlo tú solo … . Enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer. Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta, y de diez. Ellos juzgarán al pueblo todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño”.
Aunque Moisés tenía entre su pueblo todos los hombres que necesitaba, y se habían desarrollado para las distintas funciones del peregrinaje, no los usaba porque no tenía bien definido su propio rol. La guía del pueblo era de responsabilidad divina (Exodo 13:21; Deuteronomio 32:12) y era obligación de Moisés mantener una buena relación entre ellos y Dios (Exodo 3:18–22). Pero él creía que al multiplicarse los problemas también el debía sumar más horas a los trabajos; no cuidando las prioridades, en el principio de mantener el contacto con Dios. Jetro, le ayudó para observar cuál era su verdadera labor y cuáles las de otras personas de la congregación.
Le planteó, primeramente, tres razones por las cuales tenía que delegar:
Primero: que su salud se quebrantaría.
Segundo: que el pueblo esperaba demasiado tiempo para encontrar soluciones a sus problemas.
Tercero: que todo tendía a derrumbarse. (Exodo 18:3, 23).
Pero no le mostró solamente los defectos, sino también un sistema para poner prioridades a los temas y, por ende, a las funciones; lo que a su vez reclamaba la búsqueda de la persona ideal para cada ocupación. Además, le indicó cómo buscar esas personas:
Primero: Enséñales a ellos las ordenanzas y las leyes.
Segundo: Muéstrales el camino por donde deben mirar.
Tercero: Lo que han de hacer.
Pensando ordenadamente en el trabajo y su futuro, y teniendo en cuenta la calidad de la vida espiritual del pueblo, Jetro también le dio las pautas para elegir a los líderes:
Primero: “Escoge tú entre todo el pueblo”; es decir, su responsabilidad para elegir sin preferencias, observando el desarrollo habido en todos.
Segundo: “Varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad que aborrezcan la avaricia”, es decir, personas íntegramente sanas, sujetas al Señor y sin compromisos temporales, que tuvieran sensibilidad a la santidad de Dios.
Tercero: “Pónlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez”; es decir, varones que supieran el significado de trabajar bajo autoridad y que no tuvieran pretensiones o apetitos personales de ubicación. Que estuvieran sujetos a autoridad para que pudieran enseñar sujeción.
Moisés comprendió que el Señor estaba detrás de estas palabras (v. 23) sabía que venían de la persona que por cuarenta años le había ayudado a formar su carácter de pastor: “e hizo todo lo que dijo” (v. 24).
Hasta aquí, él mismo había demorado el avance de la justicia entre el pueblo, pero ahora todos habían ganado, y se habían formado las bases para practicar la delegación de autoridad. La congregación aprendía que nadie es imprescindible y todos necesarios. Pero para poder asumir esta nueva esfera de labor, Moisés tuvo que cambiar de mentalidad; primero, para escuchar los consejos, y estar dispuesto a abandonar lo que hacía; después para cumplir su verdadero rol y permitir que otros también lo hicieron. El administrador pierde habitualmente la visión que viene de Dios; porque esto de: “Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los asuntos a Dios” (v. 19) demanda tiempo a solas con él, que es imposible dedicar con el activismo de estar de la mañana a la noche resolviendo “cositas”. La prioridad para Moisés era “estar delante de Dios”, antes que delante del pueblo. La labor cansadora de los detalles consumió el tiempo que tenía que dedicar a Dios y todo se hubiera derrumbado.
Una vez que las labores se distribuyeron, podía tener hermosas conversaciones con los nuevos líderes, a quienes tanto bien hacían los contactos con el ungido del Señor.
Bien se ha dicho que es mejor preparar a diez para trabajar, que estar preparado para hacer el trabajo de diez.
2. Algunas nociones importantes sobre la delegación
Cuando un líder logra que las cosas que tiene entre manos se hagan por medio de otro, está llegando a la cúspide de su liderazgo. Descubrirá, entonces, que las mejores lecciones sobre delegación están en las mismas Escrituras. No todos los casos son iguales, ni las decisiones parten de circunstancias análogas; pero al estudiar algunas de ellas, podremos encontrar puntos básicos similares:
Moisés tuvo que delegar más de una vez
(Exodo 18:13–26; Números 27:18–23)
Josué delegó en Eleazar y otros
(Números 34:16; Josué 14:1)
Elías delegó en Eliseo
(2 Reyes 2:11–13)
Esdras delegó en doce sacerdotes
(Esdras 8:24–30)
Los apóstoles en los diáconos
(Hechos 6:1–6)
Pablo en los ancianos de las iglesias
(Hechos 14:23)
Pablo en Timoteo
(1 Timoteo 1:3; 6:13–14)
Pablo en Tito
(Tito 1:5)
Al estudiar estos casos diríamos que la delegación es una actividad espiritual realizada con cuidado, donde la autoridad de Dios es preeminente, y dónde no hay emergencia, ni cambio repentino en las prioridades del líder. Es válida la norma de 1 Timoteo 5:22: “No impongas con ligereza las manos a ninguno”.
Al estudiar estos casos también nos es más fácil descubrir un procedimiento para delegar:
Primero: La búsqueda y detección de “hombres fieles” (2 Timoteo 2:2). Un modo de agilizar el discernimiento en esta ocupación es ser humilde y reconocer que no todo lo que hacemos es nuestro; que otros nos han ayudado en nuestra formación, y que también es justo que hayamos ayudado a que otros se formen. Es utilizar la capacidad de obispo (griego epíscopos) cuando miramos y observamos a nuestro alrededor la presencia de “hombres fieles” (comp. Hechos 6:3).
Segundo: Una vez detectadas las personas con las cualidades bíblicas exigidas, les enseñamos a presidir, y les damos la oportunidad para que demuestran su fidelidad. Corregimos con ética cristiana (Romanos 12:10) los posibles errores y les mostramos el camino más adecuado para que puedan formar “hombres idóneos” (2 Timoteo 2:2) a quienes delegar posteriormente.

Tercero: Si nos hubiésemos equivocado en las personas elegidas, debemos explicarlo con claridad, y con toda la verdad, para proceder a la rectificación. Si por el contrario, como es de esperar, funcionan bien, tendremos que dedicar tiempo con ellos para ensanchar la visión de la misión de la iglesia.



jueves, 19 de diciembre de 2013

¿Es una secta…? – La iglesia

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.
(1 Pedro 2:9–10)
A continuación se incluyen preguntas sobre la iglesia en sí para poder discernir si ésta va por el buen camino:
1. ¿Mantiene la congregación comunión con otras iglesias, o existe el sentir de que «somos los únicos con la verdad»? La secta cree ser única poseedora de la verdad, por lo tanto no se junta con otras iglesias. Durante un tiempo, Benjamín, un miembro de nuestra congregación, mantuvo un diálogo con dos compañeros de trabajo que eran miembros de una semisecta. Debatían cuál es la iglesia verdadera. Benjamín insistía en que Jesús es el camino, la verdad, y la vida (Juan 14:6), y que hay un sinnúmero de iglesias fieles a esta verdad central. En cambio, los amigos alegaban que sólo la iglesia de ellos predicaba la verdad, e invitaron a Benjamín a que asistiera a su grupo para observar. Benjamín, sin ningún problema respondió que sí, poniendo como única condición que después ellos asistieran a nuestra congregación. Sus dos amigos se miraron con temor en los ojos.
—No podemos —fue su respuesta—. Nuestra pastora no permite que asistamos a las reuniones de otros grupos.
¿Por qué no se les permitía a estos jóvenes gozar de la comunión de otras iglesias? Por algunas de las mismas razones que, a veces, iglesias evangélicas no desean que sus congregantes visiten otras iglesias: a) Para no perderlos; b) por la sospecha de que encontrarán «algo» de su agrado que nosotros no tenemos o no hacemos; c) para que no se contaminen.
Sin embargo, en el caso de las sectas, éstas temen perder control sobre las vidas de los feligreses si ellos observan la libertad en Cristo que gozan los verdaderos discípulos de Cristo.
Nunca olvidaré cómo gritó de alegría un joven, ex líder del grupo juvenil de una secta, cuando recibió al Salvador. Abrió la ventana y exclamó en voz alta: «¡Soy libre, soy libre, soy libre!»
Una de las grandes bendiciones que disfrutamos como cristianos es la unidad en Cristo y el poder declarar a un mundo perdido que «somos uno en Cristo» (Sal. 133; Gá. 3:28). No es buena señal cuando a los integrantes de un grupo se los priva de gozar de esta gran bendición.
2. ¿Se pide lealtad a Jesucristo, o al grupo y al líder? Un objetivo de la secta es que el individuo deje sus opiniones personales y en su lugar asuma las opiniones de los líderes. El razonamiento es que los líderes son más sabios que nosotros en temas espirituales y sus criterios están dados para nuestro bien. Durante el retiro al que asistieron Joel y Cristina con sus amigos, hubo oportunidad de dar testimonio. Puesto que esa iglesia enseña un sistema de obras humanas, no es de sorprenderse que la gente diera gloria a la iglesia, a su grupo de discipulado y al líder del grupo de discipulado, pero poca gloria a Dios. Para ellos es importante ser fiel a la congregación local y a los pastores.1 Sin embargo, cuando las exigencias están por encima de la Biblia y toman el lugar de Jesucristo, la resultante obediencia no es lealtad a Jesucristo sino un abuso por parte de los líderes. El fiel predicador de una iglesia verdadera enseña la Biblia y pide lealtad a Jesucristo (2Timoteo 4:1–4), y promueve el crecimiento en la vida de todos en la congregación (Efesios 4:11–16).
3. Para estar en plena comunión, ¿debe uno conformarse a una lista de reglamentos humanos? Toda iglesia verdadera cuenta con ciertas normas para ser miembro en plena comunión (por ejemplo, ser verdadero cristiano, bautizarse, haber asistido a una clase de membresía). Pero la secta (o el grupo que está convirtiéndose en secta) va más allá de los requisitos normales y establece cierto legalismo para mantenerse fiel a Dios.2 El legalismo apela al ego pero nunca desarrolla discernimiento. El legalismo quita la responsabilidad al individuo y la pone en manos de una persona o un grupo de personas que dirige la iglesia (y como ya mencionamos, pocas veces los líderes obedecen su propia lista de reglas —Gálatas 6:13). El legalismo condena a la persona a una vida de inmadurez espiritual (en el mejor de los casos) y cierra la puerta del cielo (en el peor de los casos). Es posible ser sincero, ser religioso, obedecer mandamientos, vivir una vida severa y, sin embargo, no entrar en el reino de Dios.
Francisco y Ana se convirtieron a Cristo en nuestra iglesia. Empezaron a crecer en la fe hasta que se les cruzó gente de una secta. A esto se sumó una riña con otro miembro de la congregación, y terminaron yéndose a dicha secta. Meses después cuando volvimos a verlos, notamos soberbia y celo por sus nuevas creencias, que entre otras doctrinas especifica que para ser aceptado por Dios uno debe ser vegetariano. Hay cierta «gloria» (gloria pasajera) en las obras de la carne (2 Corintios 3:7). Sin embargo, Cristo vino para redimirnos de «obras muertas» (Hebreos 9:14) y darnos una gloria permanente que es Cristo en el corazón, algo que nunca terminará (2 Corintios 3:17–18).
No pensemos que el legalismo es sólo un problema de nuestro tiempo. Los fariseos sufrían del mismo mal en el primer siglo de esta era. Usando el legalismo como trasfondo, Jesús dice: «Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 5:20). Es posible contrastar el legalismo (personificado por la vida de los fariseos) con la justicia que Cristo produce.
J U S T I C I A

Fariseos

Cristo

1. Externa

1. Interna

2. Apariencia

2. Del corazón

3. Fabricada

3. Genuina

4. De la carne

4. Del Espíritu

5. Impresionar al hombre u obtener el favor de Dios

5. Agradar a Dios y servir al hombre

6. Resultado: orgullo

6. Resultado: humildad


4. El grupo en cuestión, ¿enseña la gracia y la misericordia de Dios hacia los pecadores? Al llegar a un grupo con características sectarias, es común que el aspirante descubra no un Dios de gracia y misericordia sino un dios que demanda activismo para probar que somos siervos dignos. La persona no encuentra gracia sino obras externas sin una realidad interna. No halla luz y vida sino autoridad humana y una carga de culpa insoportable. En contraste, Jesús afirma: «…mi yugo es fácil, y ligera mi carga» (Mateo 11:30). El apóstol Pablo, un sectario convertido al evangelio de la gracia, ofrece una apta descripción de los sectarios: «…tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita» (2Timoteo 3:5).
5. ¿Tiene prioridad la iglesia por sobre la familia? Abundan ejemplos de sectas que declaran que el miembro ya forma parte de otra familia (la congregación), y por lo tanto no es necesario obedecer ni honrar a su familia carnal. Tanta es la lealtad que exigen, que a veces los mismos familiares no saben dónde se halla la persona. Mientras escribía este libro, se hizo pública la triste noticia del suicidio masivo de treinta y nueve miembros de una secta en California. Entre la cantidad de historias escritas acerca del grupo, estaba la de una familia que durante dos años estuvo buscando a su hija. No habían recibido de ella ni siquiera una nota.
Nuestro propósito al escribir este libro es hablar sobre las marcas que revelan que un grupo está en terreno peligroso, al borde de convertirse en secta. A continuación relato algo que ocurrió en una semisecta cuyo fundador se ha divorciado dos veces debido a que sus «esposas no fueron útiles en el ministerio». Una joven pareja que sólo hacía un año que asistía a esta semisecta, siguiendo el consejo del líder, no invitó a sus padres inconversos a su boda a fin de no contaminar la ceremonia matrimonial. Por supuesto los padres quedaron decepcionados y ya no quieren saber nada del «cristianismo».
El proceso de privar a alguien de la compañía de amigos y familiares que no pertenecen al grupo, muchas veces está más implícito que explícito en las enseñanzas del grupo. Por ejemplo, es común escuchar «…no hables con tus padres sobre lo que pasa en el grupo porque no van a entender». Para la secta, cualquier persona que no adhiere al grupo es un inconverso, un pagano o un no-cristiano.
Por otra parte, la Biblia promueve la obediencia de los hijos a los padres (Colosenses 3:20; Efesios 6:1), indica la necesidad de honrarlos (Efesios 6:2), y de proveer para ellos cuando tengan edad avanzada (1 Timoteo 5:8, 16) aunque sean inconversos. Si hay distanciamiento entre los miembros de una familia, que sea por la cruz de Cristo e iniciado por quienes rechazan el verdadero evangelio (Mateo 10:34–38; Lucas 12:51–53).
6. ¿Se administra el dinero con honestidad e integridad? En un caso que los medios de comunicación hicieron famoso, los miembros de una secta fueron obligados a entregar todas sus pertenencias al cuidado del grupo y a permitir que los líderes administraran el dinero. En la secta típica existe una nube oscura y densa sobre el manejo del dinero.
Tiene que haber integridad en la administración del dinero en la iglesia y en grupos paraeclesiásticos. El pastor que hoy quiera mantener un testimonio transparente, debe mantenerse totalmente ajeno al manejo del dinero. Conviene que reciba un sostén fijo y ¡absolutamente nada más! La administración debe estar a cargo de otros cristianos santos y los libros de contabilidad deben permanecer abiertos a la inspección. En una secta esto sucede muy pocas veces.
7. ¿Requiere el grupo que un miembro esté «cubierto», «discipulado» o «pastoreado» a tal grado que deba rendir cuentas ante el pastor o el discipulador de todas sus acciones, incluyendo las que no están específicamente delineadas en la Biblia? Cada gran error comienza con una verdad. En nuestras iglesias existe falta de discipulado. Sin embargo, la secta o semisecta lleva esto al extremo de controlar y manipular la vida de los feligreses. Ha habido casos donde los grupos de discipulado forman una pirámide o cadena de mando que coloca al pastor principal en la cumbre. El modelo que los grupos imitan no es Jesucristo, a pesar de que afirmen que sí; el modelo es este pastor, ungido, apóstol o líder.
Conozco el caso de una mujer que recibió la profecía de que cierta joven debía casarse con cierto muchacho en la congregación. La chica, no queriendo desobedecer «la voz de Dios», trató de empezar a conocer al joven mencionado en la profecía. Para su horror, descubrió que asistía a los cultos por las lindas muchachas y no era un verdadero cristiano. Poco tiempo transcurrió hasta que él salió de la iglesia por cuenta propia. La joven me explicó que no había hecho nada pero no olvidó el incidente. Meses más tarde ocurrió de nuevo: hubo otra profecía de que ella debía casarse con otro muchacho, que esta vez por lo menos era creyente. La joven me confesó: —Es un buen chico, pero no era para mí, y yo estaba confundida.
Ella acudió al director de su grupo de discipulado pues debía rendirle cuentas de sus acciones y recibir aprobación para tomar decisiones. El líder del grupo le advirtió que era necesario obedecer la profecía. Ella objetó y apeló al pastor principal. Como resultado, la disciplinaron por «rebeldía». La tarea de la iglesia es hacer discípulos de Cristo enseñando principios bíblicos a fin de que los fieles aprendan tomar decisiones agradables a Dios. En el día del juicio el discipulador no estará presente para ayudar a la persona a rendir cuentas ante Dios.

Frustrada, la joven de esta historia dejó la iglesia y, gracias a Dios, encontró una buena congregación donde conoció a un excelente muchacho y se casó. La iglesia que ella abandonó no es propiamente una secta, pero abusar de los miembros bajo el rótulo de «discipulado» constituye una señal peligrosa.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Catábasis

Esta figura, que significa «bajada», es la opuesta a la anábasis y se usa para enfatizar humillación, degradación, pesar, etc. Ejemplos:
Is. 40:31. «pero los que esperan a Yahweh tendrán nuevo vigor,
levantarán el vuelo como las águilas;
correrán y no se cansarán;
caminarán y no se fatigarán».
La figura catábasis sirve aquí para indicar, literalmente, la disminución del peligro a medida que se acerca uno al propio país y al propio hogar; pero, espiritualmente, es la descripción del progresivo crecimiento en gracia: Al principio, el creyente vuela; conforme va aumentando su experiencia, corre; y al final de su carrera, anda. como Pablo que, al principio, decía «y pienso que en nada he sido inferior a los más eminentes apóstoles» (2 Co. 11:5; 12:11). Más tarde, escribe «A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos» (Ef. 3:8); mientras que, al final de su vida, se llama a sí mismo ¡el primero en la fila de los pecadores!. (1 Ti. 1:15).
Jer. 9:1. «Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llorase día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!» (v. arriba).
Lam. 4:1–2. «¡Cómo se ha ennegrecido el oro!
¡Cómo el buen oro ha perdido su brillo!
Las piedras del santuario están esparcidas por
las encrucijadas de todas las calles.
Los hijos de Sión, preciados y estimados más
que el oro puro,
¡Cómo son tenidos por vasijas de barro, obra de
manos de alfarero!»
Ez. 22:18. «Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escorias; todos ellos son
bronce
y estaño
y hierro
y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron.»
Dan. 2. La figura catábasis es aquí notoria en los cuatro sucesivos imperios, mostrando un progresivo deterioro: oro, plata, bronce, hierro y barro. Este deterioro progresivo se muestra no sólo en la pérdida de valor, sino también de peso específico: El oro tiene un peso específico de 19.3; la plata, de 10.51; el bronce, de 8:5; el hierro, de 7:6; y el barro, de 1.9. ¡Bajando desde 19.3 hasta 1:9!
Am. 9:2–3. «Aunque traten de forzar la entrada del Seol, de allá los sacará mi mano;
y aunque suban hasta el cielo, de allá los haré descender.
Si se esconden en la cumbre del Carmel, allí los buscaré y los agarraré;
y aunque se escondan de delante de mí en lo profundo del mar, allí mandaré a la serpiente y los morderá.»
De esta manera tan expresiva se muestra la imposibilidad de escapar de los juicios de Dios.
Fil. 2:6–8. «el cual, siendo en forma de Dios,
1. No considerá el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
2. sino que se despojó a sí mismo,
3. tomando forma de siervo,
4. hecho semejante a los hombres;
5. y hallado en su porte exterior como hombre, se humilló a sí mismo
6. al hacerse obediente hasta la muerte,
7. y muerte de cruz».
Estos siete escalones de humillación del Salvador son seguidos, en los vv. 9–11, de otros siete escalones de exaltación.
En cuanto al vocablo giego harpagmós, que significa «algo a lo que uno se aferra con violencia, por miedo a perderlo». Tenemos aquí un marcado contraste entre el Primer Adán y el Postrero. El diablo prometió a nuestros primeros padres que «serían como Dios», y ellos quisieron aferrarse a ser iguales a Dios desobedeciendo a Dios. En cambio, el Postrer Adán, no sucumbió a la tentación, sino que se humilló a sí mismo, siendo Dios y, al hacerse obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, fue exaltado a la suprema posición, pues Dios «le otorgó el nombre (lit. no: «un nombre») que está sobre todo nombre».
Probablemente, hay aquí también una referencia a Jn. 6:15. Nuestro Señor era perfectamente consciente de haber nacido «Rey» (Mt. 2:2). También Herodes y todo Jerusalén lo sabían. De ahí, la explicable alarma. Pero el Señor sabía también que el César tenía, por algún tiempo, autorización divina para gobernar sobre Israel, a causa de los pecados del pueblo y para que se cumpliesen sus misteriosos designios. Por consiguiente, no estaba dispuesto a servir los intereses políticos de aquellos que no querían creer en lo que él era, tanto en su naturaleza divina y Sus derechos como en su naturaleza humana y la sumisión de su voluntad al plan salvífico de Dios.

Nótese también el uso del verbo griego hegeísthai = considerar, ponerse a pensar. Adán y Eva, ante la tentación de la serpiente, llegaron a considerar que lo que el diablo les sugería era algo a lo que había que aferrarse. Eva, por lo menos, parece ser que llegó a esa conclusión. De Adán, en cambio, se nos dice expresamente que «no fue engañado» (1 Ti. 2:14), lo cual aumentó, al parecer, su culpabilidad. Pero ninguna «serpiente astuta» (v. 2 Co. 11:3) pudo engañar, ni por un momento (nótese, en Fil. 2:6, el aoristo hegésato) al «Postrer Adán», al «Señor de los cielos», y hacer que considerase el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, siendo así que era realmente Dios: el Hijo de Dios, tan verdaderamente como que era también el Hijo del Hombre. De ahí que podemos traducir el v. 6 de la manera siguiente: «Quien, estando en posesión (gr. hypárkhon) de la forma de Dios, nunca consideró que el ser igual a Dios fuese una usurpación.» Ser lo que uno es no es usurpación. El que ha nacido noble, principe o rey, es precisamente el que puede descender del pedestal sin perder la dignidad.