jueves, 17 de octubre de 2013

Alianzas cristianas en los negocios


¿Qué es una alianza?

«Una alianza eficiente.»
Suena bien, pero ¿qué es lo que queremos decir realmente con alianza? Para asegurarnos de que todos tengamos la misma interpretación, comencemos con una definición: Una alianza es una relación complementaria motivada por un propósito común y sostenida por una disposición a aprender y a crecer juntos en obediencia a Dios.
Con esta definición en mente, veamos cómo se aplica este concepto en la práctica.
Un hermano como aquél
Un hombre salía de un negocio cuando vio a un joven dando vueltas alrededor de su auto nuevo. Sospechando del chico, le preguntó:
—¿Qué estás haciendo?
—Estoy estudiando este auto—respondió el chico.
—Sí, seguramente—pensó el hombre. De modo que comenzó a interrogar al chico.—¿Qué tipo de auto es este?—preguntó.
—Un Mercedes Benz modelo 1999.
—¿De qué color?
—Bordó metalizado.
Después de unas preguntas más, el hombre se dio cuenta de que el muchacho sabía de lo que estaba hablando, de modo que comenzaron a charlar. El chico le preguntó cuánto había pagado por el auto. El hombre le respondió:
—Nada. Tenía una necesidad y mi hermano me lo regaló.
—Ojalá … —comenzó a decir el chico.
—¿Tuvieras un hermano como ese?—interrumpió el hombre.
—No—dijo el chico—. Ojalá yo fuese un hermano como aquél.
Para los que estamos—o pretendamos estar—en alianza con otros ministerios, nuestra pasión movilizante debería ser llegar a ser «un hermano como aquél». Debemos esforzarnos por compartir nuestros recursos para complementarnos, a fin de ser capaces de ayudar a los siervos de Dios alrededor del mundo. De este modo, podremos construir juntos la iglesia de Jesucristo en las regiones menos cristianas del mundo.
La alianza verdadera puede resumirse en una palabra: hermandad. Si podemos lograr una hermandad genuina, podremos tener éxito en nuestras alianzas. Pero a pesar de que la hermandad es tanto una consecuencia de nuestra identidad en Cristo como una expresión del amor cristiano, la misma no se logra fácilmente. En la aldea global actual, tenemos que aprender a tratarnos unos a otros como verdaderos hermanos y hermanas mientras aprendemos asimismo a obedecer a Dios y a promover el evangelio. ¡Esta es verdaderamente una responsabilidad! Y por último, la hermandad nos lleva a hacernos preguntas muy prácticas sobre el hecho de compartir el poder, recursos y responsabilidades.
Aliarse es riesgoso
La historia del chico y el Mercedes Benz tipifica lo que todos deseamos poder hacer por nuestros hermanos y hermanas en los lugares difíciles del mundo. Si está en nuestro poder dar lo que nuestro hermano o hermana necesita, lo daremos felizmente por causa del evangelio. Pero la historia también desata algunas preguntas inquietantes.
¿Qué es lo que me hace creer que mi hermano necesita un Mercedes Benz? ¿Sé lo que necesita porque él me lo pidió? ¿O le regalo un Mercedes porque yo pienso que eso es lo que necesita? Supongamos que mi hermano gana el equivalente a $6.000 al año. ¿Cómo va a mantener un Mercedes de $60.000? Mi intención es ser generoso, pero mi generosidad se transforma en una carga para él.
Tener algo para compartir es maravilloso. Regalarle al hermano lo que necesita cuando lo necesita es aun mejor. Pero debido a que no siempre es evidente qué es lo que el otro necesita, dar puede ser un asunto peligroso.
Los que estamos aliados con ministerios que necesitan de nuestra ayuda, enfrentamos un peligro constante y sutil. No es principalmente la dependencia, aunque este es el riesgo por el cual se nos critica con más frecuencia. Tampoco es el paternalismo, aunque sí caemos en eso con más frecuencia que la que estamos dispuestos a admitir. No, es algo más difícil de tratar que cualquiera de estos dos riesgos.
La pregunta más desafiante
La pregunta más desafiante es la siguiente: ¿Hemos contribuido al autodesarrollo de las capacidades propias de nuestros socios? La manera más segura de evitar la dependencia es prestarle mucha atención al desarrollo. También es la mejor protección contra el paternalismo. Al enfocarnos en el desarrollo, estamos obligados a preguntarnos si nuestra participación hace a nuestros hermanos y hermanas más capaces para servir a Dios según sus dones y su llamado. ¿Estamos ayudándolos a desarrollar sus capacidades o estamos simplemente aliviando sus necesidades?
¿En qué consiste una buena alianza?
Las alianzas más duraderas son las complementarias. Una alianza complementaria es la asociación de dos o más cuerpos autónomos que han formado una relación de confianza y llevan a cabo expectativas acordadas. Realizan esto compartiendo dones y habilidades complementarias para alcanzar una meta en común. Una alianza complementaria es entonces una relación de interdependencia y de compromiso compartido.
Una alianza complementaria requiere de al menos tres condiciones previas:
En primer lugar, las organizaciones deben ser autónomas al aliarse. Antes de formar la alianza, cada ministerio debe tener su propio gobierno e identidad. La independencia es un requisito para la interdependencia. Considere, por ejemplo, las diferencias entre la relación de alianza de una entidad misionera encomendadora con una iglesia hija (producto de su labor) y la existente entre dos organizaciones independientes de antemano. La primera debe pasar primero por un proceso de separación y de independencia antes de que pueda avanzar hacia la interdependencia. Por otro lado, la segunda puede empezar a desarrollar una interdependencia.
En segundo lugar, debe haber compatibilidad en las creencias doctrinales fundamentales y en los valores del ministerio. En general, esta condición previa vela por sí misma. Pocas veces las personas de creencias teológicas significativamente diferentes establecen alianzas de carácter íntimo. Pero también debe haber una concordancia en las prioridades del ministerio. Si, por ejemplo, un socio enfatiza el ministerio holístico, esto debería ser más que un interés momentáneo para el otro socio. Si no lo es, pronto habrá un conflicto.
En tercer lugar, cada socio debe conocer y estar dispuesto a intercambiar recursos y fortalezas complementarios. A menos que cada uno de los socios tenga algún atributo que el otro necesita, no habrá nada que intercambiar. Las organizaciones se alían precisamente porque a cada una le falta algo que la otra puede ofrecerle. Las fortalezas de una organización compensan las debilidades de la otra, hecho que hace que los socios saquen mayor provecho de sus respectivas capacidades, recursos y oportunidades. Una alianza que no se traduzca en un beneficio significativo para cada socio no perdurará.


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