miércoles, 30 de octubre de 2013

El Litote

Es una figura (del griego litotés = llaneza o sencillez) por la que alguien o algo es disminuido con el fin de poner en alto a otra persona u otra cosa. En esto se diferencia de la figura llamada tapéinosis, pues en esta última lo que se disminuye es con el fin de enfatizar su propia grandeza o importancia. En la litote, por tanto, nuestra atención se centra, no en la pequeñez de la cosa disminuida, sino en la grandeza de aquello con lo que es puesta en contraste.
Gn. 18:27. «Y Abraham replicó y dijo: He aquí que ahora he tomado sobre mí hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza.» Abraham se humilla aquí y, aludiendo a la creación del hombre del polvo de la tierra (Gn. 2:7), da a entender mucho más de lo que expresa, pues se pone en contraste con el Altísimo y Santísimo Dios al que se dirige. Dios mismo usa esta figura en 1 R. 16:2; Sal. 113:7, etc. Véase en Sinécdoque.
Nm. 13:33. «y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos». Ésta es una litote de incredulidad. Para ganar crédito ante el pueblo, exageran la talla de los anakim o gigantes de Canaán; y, para ello, tratan de empequeñecer su propia estatura. El lenguaje de la fe usa una figura muy diferente (comp. con 14:9, ya estudiado en las elipsis).
1 S. 24:14. «¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga?» Como si dijera: «Estás haciendo lo que es completamente indigno de un rey, al perseguir a alguien tan inocuo como un perro muerto (comp. con 1 S. 17:43; 2 S. 3:8; 9:8;16:9) y de tan poco valor como una pulga, que es menguada caza para un regio cazador» (1 S. 26:20).
Esd. 9:8. «Y ahora por un breve momento ha habido misericordia de parte de Yahweh nuestro Dios.» Para poner de relieve la grandeza de la gracia de Dios, Esdras habla de «un breve momento», no para compararlo con la gravedad de las transgresiones de ellos, la cual es expresada en los vv. 6 y 7, sino con la extensión temporal, tanto de los pecados como de los castigos sufridos desde los tiempos de Senaquerib. Véase Neh. 9:32 y Esd. 6:22, donde Ciro, «el rey de Babilonia» (v. 13), es llamado el rey de Asiria, después de absorber los reinos de Media, Persia y Asiria, con lo que el antiguo opresor ha llegado a ser, por la gracia de Dios, el amigo de Israel.
Sal. 22:6. «Mas yo soy gusano, y no hombre.» Aquí, como en los demás lugares, esta figura denota mucha mayor profundidad de humildad y de aflicción que lo que las palabras pueden expresar (v. Job 25:6; Is. 41:14). Cuanto mayor es la humillación, tanto mayor es el contraste con Su glorificación, pues el mismo que en el Salmo 22 es «gusano y no hombre» es «Yahweh mi pastor» en el Salmo 23, y «el Rey de la gloria» del Salmo 24. Así que, en estos tres salmos tenemos: En el 22, al «Buen Pastor» en su muerte (Jn. 10:11); en el 23, al «Gran Pastor» en su resurrección (He. 13:20); y en el 24, al «Supremo Pastor» en su gloria (1 P. 5:4 «arkhipoímenos»).
Is. 40:15. «He aquí que las naciones le son como la gota de agua en un cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que las islas le pesan como una mota.» Pero aun así fracasa el lenguaje en expresar la distancia abismal entre lo finito y el infinito. Por eso, el v. 17 añade: «Como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas como naderías y vaciedad.»
Mt. 15:26. «No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.» No sólo no está bien, sino que es una crueldad, el privar del alimento a los propios hijos. Véase también bajo la figura llamada hipocatástasis.
Mt. 18:14. «Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.» ¡No, no es su voluntad! Más aún, ¡es contrario a su voluntad! La voluntad de Dios incluye mucho más: Predestinación (Ef. 1:5); regeneración (Jn. 1:13; Stg. 1:18); liberación de la maldad del mundo (Gá. 1:4); santificación (1 Ts. 4:3; He. 10:10); preservación final, resurrección y vida eterna (Jn. 6:39–40).
Mt. 22:3. El original dice textualmente: «y no querían venir». Con esto se nos da a entender, no sólo que rehusaron venir, sino que lo hacían en virtud de un propósito determinado y constante de su corazón.
Lc. 17:9. «¿Acaso le da las gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.» Como diciendo: «Estoy seguro de que no le dará las gracias.» La concisión de la frase da a entender que ni siquiera merece detenerse en dar razones.
Ro. 10:19. «Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo» (lit. con un no-pueblo,—ouk éthnei—; se trata de pueblo gentil). Si se compara con 1 P. 2:10, se nota el contraste: «… los que en otro tiempo eráis no-pueblo» (gr. laós = el pueblo de Dios). Esta construcción reduce a «cero» la cosa a la que afecta (comp. con Am. 6:13: «os alegráis por lo que es nada»). Eso éramos nosotros los gentiles: «no-pueblo de Dios». Pero, por Su gracia, se forma «un pueblo» de entre todas las naciones (v. Hch. 15:14; Ap. 5:9; 7:9), el cual existirá eternamente.
1 Co. 15:9. «Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles.» dice esto a fin de engrandecer la gracia de Dios (v. 10). Mientras que, cuando defiende su ministerio, puede decir: «y pienso que en nada he sido inferior a los más eminentes apóstoles» (2 Co. 11:5. V. también 12:11–12).
Ef. 3:8. El griego dice textualmente: «A mí, que soy el más menor de todos los santos» (es decir, de todos los creyentes). Un año más tarde, Pablo dará muestras de su crecimiento espiritual al avanzar un paso más y afirmar: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero» (1 Ti. 1:15). ¡El primero en la fila de los pecadores! ¡El último en la fila de los santos! ¡Qué humildad tan extraordinaria!
Flm. 11. «el cual (Onésimo) en otro tiempo te fue inútil». Esto es, te causó perjuicio. Pablo usa el adjetivo «inútil», para que resalte mejor la siguiente «utilidad» de Onésimo, haciendo un juego de palabras con el nombre del esclavo de Filemón, ya que «Onésimo» significa «útil, provechoso, beneficioso».

He. 9:12–13. «sangre de machos cabríos … de becerros … de toros …». Aquí la figura litote sirve para rebajar la importancia de los sacrificios de la Ley, a fin de que resalte mejor el gran sacrificio del Calvario, al cual apuntaban aquéllos.


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