martes, 29 de octubre de 2013

¿Prueban la evolución?

Los pequeños monstruos de las cuevas
Recientemente algunos científicos descubrieron un mundo de pequeñas criaturas nunca antes conocidos. Una cueva en Rumania fue abierta y reveló arañas vampiros, moscas sin alas, alacranes de agua que producen tubos para respirar bajo agua, y animalitos (sanguijuelas) que chupan lombrices enteras como chupar un espagueti. Los reporteros proclamaban el descubrimiento como evidencia para la evolución. ¿Lo es?
Las arañas vampiros son siempre arañas; las moscas sin alas son siempre moscas; los alacranes y sanguijuelas siempre son reconocibles como alacranes y sanguijuelas.
No, los pequeños monstruos de la cueva no prueban la evolución. Sólo prueban la «reproducción según su género y especie» - como lo dice Génesis.
Los científicos son dados a presentar cualquier forma de cambio como prueba de la evolución. Pero la evolución no es cualquier cambio; es el surgimiento de nuevas categorías de seres vivos. Las criaturas de la cueva no representan nuevas categorías. Son simplemente modificaciones de categorías existentes.
Los que creemos en la creación hecha por Dios aceptamos esta clase de modificaciones dentro de las especies. El mismo Dios que creó los animales «según su género y especie» también debe haberlo creado con la capacidad para adaptarse - si no, estos géneros no hubieran durado mucho tiempo.
Carlos Darwin comenzó mal con su teoría de la evolución hace más de un siglo cuando incluyó la adaptación como evidencia de la evolución. Fue un error cometido en reacción contra la posición del «creacionismo» (los que creen en la creación hecha por Dios según la Biblia). Muchos «creacionistas» en aquel entonces enseñaban que los seres vivos nunca cambiaban en nada. Para Darwin aún las adaptaciones pequeñas mostraban evidencia para la evolución.
Los creacionistas de aquel entonces también enseñaban que ninguna especie se había extinguido. Para Darwin la extinción de especies también contaba como evidencia para la evolución.
Los creacionistas enseñaban que los seres vivos fueron creados en el lugar geográfico en que se encuentran hoy. Las jirafas fueron creadas en el África, búfalos en Norteamérica, Llamas en Sudamérica. Por lo tanto, las migraciones de animales también contaban para Darwin como evidencia de la evolución.
Hoy, por supuesto, ninguno de estos factores afectan el debate sobre la evolución. Las teorías anteriores de los creacionistas dependían más de la filosofía griega, que enseñaba que las especies eran eternas. Pero los creacionistas de hoy somos guiados más por las escrituras.
Dios dice en el libro de Génesis que creó cada animal según su «género» - no creó todas las especies. Esta frase «según su género» sugiere que el límite entre géneros es definido por la reproducción: un «género» es un grupo que puede reproducirse entre sí.
“Adaptación” y “evolución” son cosas distintas
Toda la familia de gatos - desde gatos de casa hasta leopardos y tigres - forman una cadena que constituye un sólo «género». Lo mismo con los perros, desde las mascotas de casa hasta lobos y chacales.
Y podemos testificar de la gran diversidad que puede suceder dentro de los géneros creados. Los perros domesticados alcanzan desde el pequeño Chihuahua hasta el San Bernardo gigante - pero nunca dejan de ser más que perros.
Cuando Darwin hizo su viaje famoso a las islas Galápagos descubrió pájaros (pinzones) y tortugas que variaban un poco de isla en isla. Creía que había descubierto el proceso de la evolución en moción. Pero los pinzones siempre eran pinzones - no se hicieron otra especie de pájaro - y las tortugas siempre eran tortugas.

Hoy usted y yo podemos darle vuelta a la tortilla con respecto a Darwin. Lo que sus pinzones realmente muestran - igual a los pequeños monstruos de Rumania - es que los cambios siempre suceden dentro de los límites de los géneros creados. Igual como lo dice Génesis.

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