domingo, 18 de enero de 2015

Hipérbole o exageración

Esta figura (del griego «hypér» = sobre + «bolé» = el hecho de arrojar), se llama así porque añade al sentido una especie de exageración, con la que se aumenta o se disminuye considerablemente algo, más allá de lo que se da a entender literalmente. Ejemplos:
Gn. 2:24. «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer.» Esto no significa que un hombre tenga que abandonar completamente a sus padres y desentenderse de ellos (lo mismo digamos de Mt. 19:5).
Gn. 41:47. «En aquellos siete años de abundancia, la tierra produjo a montones», dando a entender que un grano de trigo, por ejemplo, produjo un montón de granos, lo cual es una expresión hiperbólica de la abundancia de la cosecha. Igualmente, en el v. 49.
Gn. 42:28. La frase central dice textualmente: «Entonces se les salió el corazón», que es una bella forma de expresar el sobresalto.
Ex. 8:17. «… todo el polvo de la tierra se volvió mosquitos en todo el país de Egipto»; es decir, dondequiera había polvo, se convertía en mosquitos.
Dt. 1:28. «… las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo». Es una hipérbole para describir la altura de las murallas. Véase también Dt. 9:1, etc.
Jue. 5:4, 5 expresa bellamente, por medio de imágenes hiperbólicas, la majestad de Dios guiando a Israel en dirección a la Tierra Prometida.
Jue. 20:16. «… todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban». Así se describe la enorme destreza de los benjamitas en el uso de la honda.
1 S. 5:12. «y el clamor de la ciudad subía al cielo»; con ello se describe la enormidad de los gritos. 1 S. 7:6. Comparando este lugar con Sal. 6:6; 119:136; Jer. 9:1; Lam. 3:48, 49, es más que probable que la frase: «sacaron agua y la derramaron delante de Yahweh, y ayunaron aquel día» sea una expresión hiperbólica de la intensidad del llanto y de la lamentación del pueblo.
1 S. 25:37. «… y desmayó su corazón en él (Nabal), y se quedó como una piedra», con lo que se expresa el pánico de Nabal al oír lo que le refería su mujer.
1 R. 1:40. «… que parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos»; con esto se describen los saltos de alegría del pueblo.
1 R. 10:5. La última frase dice así en el original: «y no hubo más espíritu en ella»; es decir, se quedó sin aliento, del asombro que le produjo todo lo que vio en la corte de Salomón.
2 Cr. 28:9. «y vosotros los habéis matado con un furor que ha llegado hasta el cielo», con lo que se expresa la intensidad del furor.
Esd. 9:6. «… y nuestros delitos han crecido hasta el cielo».
Neh. 8:4. La frase primera dice textualmente: «Y el escriba Esdras estaba sobre una torre de madera»; es decir, sobre una especie de púlpito muy elevado.
Job 29:6. «Y la piedra ( = la tierra rocosa) me derramaba ríos de aceite»; es decir, tenía sobreabundancia de toda clase de bienes. V. también 20:17 y Miq. 6:7.
Job 39:19. «… ¿Vestiste tú su cuello de crines ondulantes?» Bella imagen para describir las crines del caballo. La versión del hebreo raʿmah por «trueno» o «relincho» no tiene base ninguna, pues significa «melena que se sacude u ondula», aunque metafóricamente, y en diferente contexto (Sal. 104:7), se traduce por «trueno», a causa de la ondulación de su sonido, como un temblor prolongado.
Sal. 107:26. «Suben a los cielos, descienden a los abismos.» Con esta hipérbole, se describe la violencia de una tormenta.
Pr. 23:8. «Vomitarás la parte que comiste»; es decir, te pesará grandemente haber recibido beneficios de tal anfitrión.
Is. 5:25 y 42:15. Las hipérboles contenidas en estos lugares tienen por objeto poner de relieve la tremenda ira y los severísimos juicios de Dios contra su pueblo.
Is. 14:13. «… Subiré al cielo». Con esta frase se describe la soberbia satánica del rey de Babilonia, y la del propio Lucifer.
Is. 57:9. «… y los hiciste bajar hasta la profundidad del Seol». Así se expresa la indignidad de Acaz, rey de Judá, al enviar embajada a Tiglat-pileser, rey de Asiria, para que le ayudase contra el reino del norte, diciéndole: «Yo soy tu siervo …» (2 R. 16:7 y ss.).
Jer. 1:19; 15:20. «Y harán guerra contra ti» (lit.). Se usa esta expresión, propia de ejércitos, no de individuos, para dar a entender cuán hostil sería la oposición de los malvados contra el mensaje de Dios.
Jer. 4:29. Todo el versículo está lleno de hipérboles, las cuales tienen especial fuerza expresiva en el original hebreo.
Jer. 51:9. Con las últimas frases de este versículo, semejantes a las de Ap. 18:5, se expresa la magnitud del pecado de Babilonia y del juicio que va a hacerse sobre ella.
Jer. 51:53. «Aunque suba Babilonia hasta el cielo»; es decir, por mucho que se encumbre a sí misma.
Lam. 2:1. «… Derribó del cielo a la tierra el esplendor de Israel». Así se describe la degradación de Sión desde la altitud de la gloria de la que había caído.
Lam. 2:11. «… Mi hígado se derrama por tierra …». Con esta hipérbole se describe el profundo pesar del profeta por la desolación de Sión.
Ez. 27:28. «Al estrépito de las voces de tus marineros temblarán las olas.» Aun cuando, al hablar de ciudades, el último vocablo significa «suburbios» («arrabales» en la antigua Reina-Valera. Nota del traductor), hablando del mar, como es aquí el caso, significa «olas» (comp. Is. 57:20). La figura expresa aquí el gran terror de los defensores de Tiro en el día de su destrucción; tan grande, que hasta las olas del mar chasquearán con violencia ante los gritos angustiosos de los marineros de Tiro.
Dan. 9:21. «… Gabriel … vino a mí volando con presteza» (lit. «con fatiga»); es decir, con tanta rapidez que se fatigaba, lo cual es una clara hipérbole.
Mt. 11:23. «Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida.» Sin embargo, la lectura más probable es: «Y tú, Capernaúm, ¿acaso serás levantada hasta el cielo? (gr. me héos ouranoú hypsothései?). En todo caso, queda la hipérbole.
Mt. 21:13. «Mi casa será llamada casa de oración; mas vosotros la estáis haciendo (lit.) cueva de ladrones.» Con esta hipérbole, el Señor pone de manifiesto lo afirmado por Dios en Mal. 3:8: «… vosotros me robáis».
Lc. 14:26. «Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, etc.»; es decir, si no los estima ni obedece menos que a mí. En este sentido se usa el verbo aborrecer en lugares como Gn. 29:31; Ro. 9:13. Otras palabras usadas hiperbólicamente en la Biblia son:
«Enojo», por desagrado, como en Dt. 3:26;
«Salvar», por preservar, como en Job 2:6 (lit.);
«Perder la vida», por estimarla como cosa secundaria, como en Mt. 10:39; 16:25; Mr. 8:35; Lc. 9:24; 17:33, a la luz de Ap. 12:11.
«Corromper», por perjudicar, como en Rut 4:6.
«Robar» (despojar), por recibir salario, como en 2 Co. 11:8.
Lc. 18:5. «… no sea que viniendo de continuo, me fastidie (lit. me golpee)». Esto se aplica literalmente a los hombres, pero es una hipérbole si se aplica a Dios (v. en antropopatía).
Jn. 3:26. «… y todos vienen a él». Ésta es una exageración de los discípulos de Juan, provocada por los celos.
Jn. 12:19. «… Mirad, el mundo se va tras él». De esta manera expresaban su enojo los enemigos de Jesús, al ver las multitudes que seguían al Maestro.
Stg. 3:6. «Y la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad». Así se expresa la abundancia de iniquidad que sale de las malas lenguas, aun cuando podemos preguntarnos si «kósmos» = mundo, no será aquí, como en 1 P. 3:3, «adorno», es decir, una forma de conseguir, por medio de paliativos, que lo que es pecaminoso aparezca como cosa inocente, etc.
Stg. 4:1. «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?» El vocablo «guerra» se usa hiperbólicamente cuando se trata de disusiones agrias o luchas en la vida social, como en Jer. 1:19; 15:20 (véase arriba).
Otros ejemplo de hipérbole pueden verse en 2 S 17:13; 2 R. 19:24; Job 40:18; Is. 14:14; 34:3, 4, 7; Ez. 26:4; 32:5, 6, 7, 8; Am. 9:13; Nah. 2:3; Gá. 4:15.
Particular atención merecen los ejemplos de hipérbole relacionados con comparaciones y con suposiciones o hipótesis. Así, para expresar un número muy grande, se hace frecuentemente una comparación con las arenas del mar y con el polvo de la tierra (véase en modismo). Así: en Gn. 13:16; 22:17; 28:14; 1 R. 4:20; 2 Cr. 1:9: He. 11:12, al hablar de la descendencia de Abraham.
En Jue. 7:12, con referencia a los madianitas.
En 1 S. 13:5, hablando de los filisteos.
En 1 R. 4:29, sobre la anchura de corazón de Salomón.
En Job 29:18, sobre los días de la vida del hombre.
En Sal. 78:27, con referencia a las codornices en el desierto.
En Is. 29:5, a las muchedumbres de los enemigos de Jerusalén. Jer. 15:8, sobre las viudas de Judá.
Otras comparaciones pueden verse en:
2 S. 1:23. De Saúl y Jonatán dice David que eran «más ligeros que águilas» y «más fuertes que leones». V. también Jer. 4:13 y Lam. 4:19, para expresar gran velocidad.
1 R. 10:27. «E hizo el rey que en Jerusalén la plata llegara a ser como piedras.» V. también 2 Cr. 1:15; 9:20.
Job 6:3. La queja y el tormento de Job «pesarían—dice—más que toda la arena del mar».
Job 41:18. Aquí se dice del Leviatán (probablemente, el cocodrilo), que sus estornudos hacen saltar destellos de luz.
Hab. 2:5. «… ensanchó como el Seol su alma», para expresar su gran codicia y rapacidad.
Lam. 4:7, 8. Aquí se expresa el tremendo contraste entre lo que era antes Sión y lo que es cuando el profeta dice esto.
Ejemplos de hipérboles relacionadas con hipótesis o suposiciones:
Sal. 139:8, 10. Son suposiciones que muestran la admirable omnipresencia de Dios.
Pr. 27:22. Para expresar la necedad de un insensato incorregible.
Abd 4. Para enfatizar la certeza del inminente juicio de Edom (comp. con Jer. 49:16 y Mt. 21:23, ya citados arriba).
Mr. 8:36; Lc. 9:25. Para expresar el contraste entre la mayor ganancia de este mundo y la ruina de la propia persona.
1 Co. 4:15. Para señalar la diferencia entre ayos y padres.
1 Co. 13:1–3. Aquí hay muchas hipótesis hiperbólicas, para poner de relive la suprema importancia del amor sobre todas las demás gracias y dones espirituales.
Gá. 1:8. Es inconcebible que un ángel del cielo predique un Evangelio espurio, pero la hipótesis sirve para mostrar la importancia del verdadero Evangelio.
1 R. 20:10. Para expresar la jactancia de Ben-adad.
Mt. 5:29. «Y si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti …» Lo mismo en el v. siguiente. Debe quedar claro que el Señor no manda que nos mutilemos, sino que son expresiones hiperbólicas para dar a entender con cuánta diligencia debemos evitar y apartar de nosotros todo cuanto nos sea ocasión de pecar.
Lc. 10:4. «… y a nadie saludéis por el camino». El Señor se refiere a los saludos y cumplidos ceremoniosos y prolijos que eran frecuentes entre los orientales (y todavía lo son, incluso entre los occidentales).
Jn. 21:25 es también una manifiesta hipótesis hiperbólica.
Ro. 9:3. «Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos …» Esto es una suposición, no sólo hiperbólica, sino imposible, puesto que un genuino creyente no puede ser separado de Cristo (v. Ro. 8:35–39, y comp. con Ex. 32:32–33).
Jud 23. «… aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne». Es una prohibición hiperbólica de tener contacto con lo que contamina espiritualmente.

En las afirmaciones del Señor Jesús vemos con frecuencia expresiones que parecen hiperbólicas, pero no lo son en realidad. Por ejemplo: Mr. 16:15.


No hay comentarios: