martes, 19 de noviembre de 2013

Sorprendentes elecciones de seres humanos inteligentes

Un matrimonio va camino a la destrucción cuando los cónyuges prefieren solamente la satisfacción de sus metas personales, en vez de buscar con determinación cumplir las metas matrimoniales. Eso no sólo es ser poco inteligente, sino que también es vivir destructivamente.
Mientras más vivo y más estudio acerca de los problemas humanos, más me sorprenden las elecciones que algunos realizan. Son realmente sorprendentes las opciones que la gente prefiere. Nunca dejo de asombrarme de las erróneas determinaciones que toman algunas personas, sobre todo en aquellos momentos cruciales en que están tratando de decidir el futuro de su matrimonio. Son sorprendentes los caminos que la gente usa para intentar salir de sus conflictos.
Analicemos algunas de las decisiones que algunos cónyuges toman cuando se dan cuenta de que tienen una forma tan diferente de ver la vida que no encuentran armonía en su relación matrimonial.
Juntos, pero a mi manera:
La determinación de la tiranía y la pasividad
a. La tiranía
Es la determinación para satisfacer sus propias necesidades y desconsiderar las necesidades de su cónyuge.
Cuando las diferencias han llegado a un punto crítico en que están produciendo agravio, algunos deciden como lo haría un tirano. Determinan que las cosas en ese hogar se deben hacer como él o ella quiere, cuando quiere, y como quiere. Cuando un matrimonio vive en esta situación, el otro cónyuge lo máximo que logra es lanzar sus opiniones al aire, pero casi siempre producen, en quien ha decidido actuar como un tirano, una reacción de enojo. Cuando esta es la situación conyugal, nada bueno está ocurriendo.
Los hombres que tratan a sus hijos mayores como a niños y a sus esposas como a hijas, o hasta peor cuando las tratan como a sirvientas, están destruyendo paulatinamente su familia. Estas personas actúan como un dictador que cansado de que otros opinen de forma diferente y que otros puedan controlar parte o todo lo que él controla, decide someter a la fuerza a todos los que piensan diferente a él, y permite que sólo se le acerquen todos aquellos que le apoyan en su proceder.
Los dictadores son aquellos que no soportan las diferencias y que después de tratar de cambiar a todos los que le rodean para que lleguen a pensar como él, y al darse cuenta de que es imposible, deciden iniciar su tiranía.
Lamentablemente esa es la situación que viven muchos hogares. Esto generalmente ocurre cuando uno de los cónyuges se siente amenazado por las diferencias y debido a que nota que es imposible cambiar a la otra persona, decide actuar como un tirano.
Hombres y mujeres pueden decidir esto y los que así deciden, no sólo vivirán personalmente frustrados, sino que traerán frustración a todos los que le rodean creando en ese hogar un ambiente de constante discordia. Lamentablemente muchas de estas personas no son capaces de darse cuenta de lo que están haciendo, ni admiten que su comportamiento produce angustias a pesar de que los demás intentan comunicárselo.
Debido a este rechazo a ver su realidad o a esta inhabilidad de percibir o de comprender el dolor que experimentan los demás, a veces estas personas sufren menos que aquellos a quienes están causando graves heridas con su comportamiento, pero son grandes agentes de opresión y angustia en su familia. En estas circunstancias es indispensable la ayuda del consejero que podrá ayudarle a darse cuenta de lo destructivo que es su comportamiento y de las consecuencias que tanto él como los que le rodean pueden sufrir. Referente a esto Martín Lutero dijo una gran verdad. Dijo que la necedad, o que ser terco, es una enfermedad que no afecta tanto al que la tiene como a los que lo rodean.
b. La pasividad
Es la determinación a no involucrarse. Este es el mal necesario de los mediocres. Aunque es lamentable también es real que algunos eligen una actitud de absoluta pasividad. Muchas personas determinan ser pasivos porque se sienten impotentes y prefieren permanecer con una actitud de aceptación de la situación que viven, a pesar del futuro desagradable que les espera. Ellos son los que pierden toda esperanza de encontrar solución y deciden aceptar lo que venga. Algunas personas que han decidido actuar como pasivos, lo hacen porque creen que perderán mucho más al enfrentar el problema que seguir huyendo de él.
Es triste hablar de aquellos que por voluntad propia han decidido ser pasivos, pero es mucho más dolorosa la situación de quienes son sometidos y obligados a tomar una actitud de pasividad por los cónyuges tiranos que están gobernando la relación.
En mi concepto, están equivocados todos aquellos que eligen seguir viviendo de la misma manera. Los tiranos y los pasivos, cada vez que enfrentan un problema, producto de que alguien tiene una forma diferente de ver la vida, se enojan, discuten, vuelven a conversar, vuelven a herirse, vuelven a reconciliarse y así siguen hasta la próxima instancia.
Los tiranos son aquellos que han decidido vivir como ellos creen que es mejor, le duela a quien le duela, y le guste a quien le guste. La única razón por la que mantienen un cónyuge a su lado, es porque éste ha sido sometido, ha decidido ser pasivo o simplemente acepta la dolorosa situación que vive y ha determinado vivir como un robot al lado de alguien que ha elegido ser un dictador en vez de vivir como un cónyuge amoroso.
La decisión de hacer las cosas a su manera sin tomar en cuenta los deseos y anhelos de sus protegidos, aunque sea una persona muy responsable que está supliendo con diligencia las necesidades económicas, es la elección típica de un tirano o de alguien que cree que es el único maduro, responsable de todos los inmaduros que han sido puestos bajo su cuidado. En realidad ellos no quieren tanto un hogar, sino que más bien prefieren actuar en el hogar como si fueran profesores de su jardín de infantes llamado familia.
Me he dado cuenta de que la decisión que han tomado algunas mujeres de permanecer bajo el dominio de un cónyuge que presenta características de un tirano, en algunos casos ha sido producto de la inmadurez, la inseguridad, la impotencia o la absoluta dependencia económica, física y emocional en que se encuentra el cónyuge sometido. La determinación a vivir en estas condiciones nunca traerá buenos resultados. Lamentablemente existe una gran posibilidad de que tarde o temprano terminen divorciándose, si es que el cónyuge sometido, en algún momento despierta a la realidad y hace esfuerzos por romper las cadenas de esclavitud y excesiva dependencia que le han anulado.
Vivir en estas condiciones nunca traerá buenos resultados.
A quienes así viven les puedo asegurar una vida de constantes amarguras, conflictos interpersonales y discusiones, si es que todavía su cónyuge tiene algo de dignidad y valentía para de vez en cuando enfrentarlo.
Al que decide vivir como un tirano también puedo asegurarle una vida de amarguras, aunque algunas veces para quien se ha acostumbrado a vivir de esa manera, ese estilo de vida puede parecerle normal.

Sin embargo, para el cónyuge que se encuentra esclavizado, coartado de sus libertades, quien no tiene voz que pueda ser escuchada, opinión que pueda ser declarada, ni metas, ni anhelos que quieran ser considerados, lo único que puedo garantizarle es algo que no puede ser llamado vida sino una constante amargura. La persona que vive en estas circunstancias vivirá como si estuviera muriendo lentamente, como si se desangrara poco a poco. En esas circunstancias la vida está llena de tristezas y la persona oprimida derrama constantes lágrimas a escondidas para evitar mostrar su dolor, mantiene con su pareja conversaciones en monosílabos para evitar la cercanía y se toma ciertas libertades a hurtadillas, pero vive una vida de doble personalidad. Callada, ocupada, seria e introvertida cuando está presente su cónyuge y conversadora, más alegre y extrovertida cuando está con otras personas en ausencia de su cónyuge.



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