miércoles, 4 de diciembre de 2013

Anábasis

Esta figura, que significa «subida», tiene lugar cuando un escrito o un discurso va aumentando su fuerza o su énfasis. Cuando la figura afecta únicamente a palabras, no al sentido, se llama clímax (ya estudiado). Cuando la gradación es de más a menos, se llama catábasis (la estudiaremos a continuación de la anábasis). Cuando la gradación no es un mero aumento de vehemencia o énfasis, sino que nos conduce de cosas terrenales a celestiales, de cosas mundanas a espirituales, etc., la figura se llama anágoge, que significa «guiar hacia arriba». Ejemplos de anábasis:
Sal. 1:1. «Bienaventurado el varón que
no anduvo en consejos de malos,
ni estuvo en camino de pecadores,
ni en silla de escarnecedores se sentó.»
Aquí tenemos una triple anábasis, relacionada con paralelismo:
(1)

Primero, los malos en su mente (consejo).
Después, los pecadores, que no sólo piensan, sino que obran, mal.
Tercero, los burladores, que se glorian en su impiedad y escarnecen a los que obran bien.

(2)

Primero está seguir el mal consejo.
Después, adoptar la conducta de los malos.
Tercero, hacer causa común (asentarse) con los perversos.

(3)

Los primeros representan a los «gentiles» de Sal. 2:1—.
Los segundos, a los «pueblos» (¿tribus de Israel?) de Sal. 2:1b.
Los terceros, a los «reyes de la tierra» de Sal. 2:2.

Hch. 4:27 nos da el cumplimiento: (1) Herodes y Poncio Pilato; (2) los gentiles; (3) el pueblo de Israel.
Sobre el salmo 1, v. también en paralelismo, ya estudiado.
Sal. 7:5 «Persiga el enemigo mi alma y alcáncela;
huelle en tierra mi vida,
y mi honra ponga en el polvo.»
Sal. 18:37–38. «Perseguí a mis enemigos y los alcancé,
y no volví hasta acabarlos.
Los herí de modo que no se levantasen;
cayeron debajo de mis pies.»
Is. 1:4. «¡Oh gente pecadora,
pueblo cargado de maldad,
raza de perversos,
hijos depravados!»
Ez. 2:6. «Y tú, hijo de hombre,
no les temas,
ni tengas miedo de sus palabras,
aunque te hallas entre zarzas y espinos,
y moras con escorpiones;
no tengas miedo de sus palabras,
ni temas delante de ellos,
porque son casa rebelde.»
¿Por qué esta anábasis? Para dejar bien claro que, cualquiera sea la oposición que se nos haga, hemos de hablar y proclamar la palabra de Dios, ya sea que los hombres la escuchen o no la escuchen (vv. 5, 7), y no hemos de alterar el mensaje por complacerles. Tampoco hemos de distribuir versiones de la Biblia que hagan decir al texto lo que mejor se adapte al gusto de la gente, sino lo que más se ajuste a la letra y al sentido del original.
Dan. 9:5. «Hemos pecado,
hemos cometido iniquidad,
hemos obrado perversamente,
hemos sido rebeldes,
y nos hemos apartado de tus mandamientos y de
tus ordenanzas.»
Hab 1:5. «Mirad entre las naciones,
y ved,
y asombraos,
porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os cuente, no la creeréis.»
Zac. 7:11–12. «Pero no quisieron escuchar,
antes volvieron la espalda,
y taparon sus oídos para no oír;
y pusieron su corazón como el diamante …»
Con esta anábasis, se pone de relieve la causa primordial del trágico cautiverio tras la desolación de Jerusalén.
Zac. 8:12. «Porque habrá simiente de paz;
la vid dará su fruto,
y dará su producto la tierra,
y los cielos darán su rocío;
y haré que el remanente de este pueblo posea
todo esto.»
1 Co. 4:8. «Ya estáis saciados,
ya estáis ricos,
sin nosotros reináis.»
Véase también en asíndeton.
1 Jn. 1:1. «Lo que era desde el principio,
lo que hemos oído,
lo que hemos visto con nuestros ojos,
lo que hemos contemplado,

y palparon nuestras manos …»

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