jueves, 26 de diciembre de 2013

¿Debo o no cambiar de iglesia? (parte 1 de 2)

Después de haber considerado el material presentado en este libro, usted puede llegar a la conclusión de que la iglesia donde se congrega cuenta con varias marcas de una secta. Surge entonces una pregunta lógica: ¿Debo o no cambiar de iglesia? Antes de intentar una contestación, es imperioso establecer un principio bíblico: El Nuevo Testamento enseña lealtad a la iglesia local.
Un abogado cristiano guatemalteco, preocupado por la salud de la iglesia, me dijo que actualmente existe una iglesia «ambulante» que va de congregación en congregación como un picaflor. Un grupo se ofende en una iglesia y busca otra. Otro grupo anda de un lugar a otro en una búsqueda desesperada para encontrar «la bendición». Otros cambian de acuerdo a qué grupo tiene algo novedoso. Sin embargo, los escritores del Nuevo Testamento ni una sola vez nos animan a cambiar de iglesia sino a servir, ayudar, exhortar, someterse y solucionar problemas si los hubiera. Cuando «los de Cloé» (1 Corintios 1:12) acudieron a Pablo con una lista de problemas en la iglesia de Corinto, el consejo del apóstol no fue que salieran de la congregación o formaran su propio grupo sino que les dio indicaciones sobre cómo resolver los problemas y vivir más conforme a la voluntad de Dios.
Fidelidad a los líderes
Le ruego que abra su Biblia en Hebreos 13:7–17. Este pasaje no tiene igual en cuanto a su enseñanza sobre lealtad a los líderes de la iglesia donde uno se congrega.
Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe… Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes ha de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.
(7, 17)
El escritor de Hebreos nos enseña cinco principios sobre lealtad a los líderes de la iglesia local.
1. Recordar a los líderes (v.7). En el griego original la palabra aquí traducida «acordaos» significa «contemplar intensivamente». Nos está pidiendo que apartemos tiempo para meditar sobre quienes nos predicaron el evangelio.
En el caso de los hebreos, la Palabra del Señor llegó de una sola fuente para todos. Sin embargo, en una iglesia típica de nuestro continente casi todos fuimos ministrados por diferentes personas. Por consiguiente, antes de continuar apartemos un momento para considerar a quienes se sacrificaron para ministrarnos la Palabra de Dios. Pudo haber sido un evangelista itinerante, un pastor, un maestro de la escuela dominical o un amigo.
Cuando yo era joven, un hombre llamado David abrió su corazón y su hogar para que entráramos un grupo de desordenados. Nos habló del evangelio, nos aguantó, nos enseñó amar la Palabra, nos discipuló. Como resultado de su ministerio, dos de esos muchachos hoy son pastores; dos son esposas de pastores; otro es profesor en un seminario; yo ministro con el equipo de Luis Palau; otra mujer tiene un ministerio en una misión; otra es fiel al Señor en su iglesia local a pesar de la traición de su esposo.
Pero por otro lado, ¿qué hago si descubro que la persona que me llevó el evangelio no terminó bien su carrera o no anda bien con Cristo? En realidad es lo que sucedió con nuestro mentor espiritual. Cuarenta años después de su labor con nosotros, hoy David está divorciado, distanciado de sus hijos y casado de nuevo. Después de no haberlo visto por más de treinta años, nos encontramos y fue posible para nosotros ministrarle a él.
Al margen de lo que haya pasado, siempre será posible honrarlos; y aunque sea por vía negativa, podemos aprender de las vidas de quienes se sacrificaron para darnos el evangelio.
2. Imitar la fe de los líderes (v.7). De la raíz de la palabra «imitar» en el griego surgen las palabras mímica y mimo. El segundo principio es imitar la fe de los líderes pero no los errores que hayan cometido. Pablo explica: «Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo» (1 Corintios 11:1).
3. Obedecer a los líderes (v.17). En este versículo de Hebreos 13 no encontramos la palabra más usual para hablar de «obedecer» (que sí encontramos en Romanos 13:1). En su lugar hay una palabra rica en significación que da la idea de «ser persuadido». El escritor, entonces, no habla de obediencia ciega a los líderes sino obediencia con discernimiento («no os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas» v. 9). Connota examinar la vida de líder, los mensajes que enseña y la doctrina del grupo, y una vez persuadido de que pertenece a la verdad, obedecer. Obediencia ciega es lo que caracteriza a las sectas. El escritor puritano John Owen explicó que la obediencia ciega «ha sido la ruina de las almas de los hombres».
4. Someterse a los líderes (v.17). Éste es el único lugar en el Nuevo Testamento donde se encuentra la palabra que aquí se traduce «someterse». El término era común en el griego secular para expresar la idea de sujetarse a las autoridades.
Un claro reconocimiento de la autoridad que Dios le ha dado al liderazgo de la iglesia es esencial para que haya harmonía y unidad en la congregación. En contraposición al Antiguo Testamento donde Dios reinó de una forma más directa, en la iglesia neotestamentaria Él ha optado por reinar por medio de sus líderes (presbíteros, pastores, ancianos, obispos o como se llamen). En realidad, cuando nos sometemos a los líderes nos estamos sometiendo a Dios. Sin embargo, en algunos casos los mismos líderes se han abusado de los privilegios correspondientes al liderazgo, por eso la necesidad de este libro.
5. Por qué sujetarse. El autor de Hebreos habla sin rodeos cuando instruye: Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta (RV); Procuren hacerles el trabajo agradable y no penoso, pues lo contrario no sería de ningún provecho para ustedes (13:17 VP) 
Hay cuatro motivos por los cuales debemos sujetarnos a nuestros pastores:
a) Porque ellos tienen que rendir cuentas a Dios por la vida espiritual de la grey. Note que ellos «velan por vuestras almas». Velar da la idea de estar atento, despierto, sin dormir. ¿Por qué velan?
Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad[énfasis agregado], acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.»
Hechos 20:28–31
b) Para que su trabajo sea alegre y agradable. No existe mayor gozo para un pastor que ver a sus feligreses creciendo en la fe. «No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad» (3 Jn. 4). «Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados» (Fil. 4:1).
c) Para que su labor no sea penosa ni sea una carga. La palabra griega que la VP traduce «penoso» da la idea de una carga, un gemir internamente. ¿Cuándo el pastorado se convierte en una carga? Cuando la congregación se vuelve indiferente, se opone a los pastores o entra en actitudes divisivas.

d) Para que su ministerio tenga provecho. La frase «sin provecho» viene del mundo comercial. El provecho del ministerio de los pastores está íntimamente vinculado con la actitud de sujeción de los congregantes. Su labor (enseñar, orar, velar, aconsejar, tomar decisiones, supervisar) no resultará provechosa si la congregación se queja y no se sujeta con alegría.


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