martes, 17 de diciembre de 2013

Las expectativas, las demandas exageradas y las diferencias

Las diferencias que existen entre los cónyuges, se ven más grandes y se tornan destructivas, cuando uno o ambos tienen exageradas demandas y exageradas expectativas.
Los humanos casi nunca estamos completamente satisfechos. Si usted ha dedicado algún tiempo a observar y escuchar las opiniones de la gente, habrá descubierto que hay gordos que quieren ser flacos, algunos flacos quieren ser gordos, y algunas personas que tienen pelo liso, lo quieren tener crespo o rizado. La insatisfacción nos motiva a demandar o a buscar algo más.
En toda área de la vida somos así. Generalmente queremos más de lo que tenemos. El caso del dinero tampoco es una excepción, pues generalmente mientras más tenemos, más gastamos y mientras más gastamos, más necesitamos, y mientras más creemos necesitar, más queremos.
Al consultar a uno de los millonarios de los Estados Unidos acerca de qué se necesita para estar satisfechos, dio una respuesta que confirma lo que intento comunicar. Él dijo que para estar satisfechos siempre se necesita un poco más de lo que actualmente tenemos. Los estadounidenses tienen un descriptivo dicho que dice: «los pastos de lejos se ven más verdes». Todos estamos de acuerdo que es real que lo que está a la distancia, lo que no está a nuestro alcance, generalmente parece mejor que lo que tenemos, por eso anhelamos tenerlo, aunque en la realidad no sea algo diferente de lo que ya tenemos, pero de lejos luce diferente.
Muchas veces tenemos algo bueno, pero buscamos aquello que tiene otro, porque a la distancia se ve mejor. Debo advertir que no estoy diciendo que no debemos tener grandes aspiraciones, sino que no es bueno vivir siempre insatisfechos.
… no es bueno vivir siempre insatisfechos.
Después de vivir en Ecuador nos trasladamos a vivir en California, y por supuesto, tuvimos que vender casi todas nuestras cosas. Entre las cosas que vendimos había un televisor de 27 pulgadas. Mientras vivíamos allá, muchos pensaban que era un televisor gigante, pero al dedicar el tiempo para poder recuperar nuestro televisor en Estados Unidos nos dimos cuenta de que era muy pequeño comparado con los de pantalla gigante que estaban a la venta y después de algunos meses todavía no lo comprábamos.
Si la verdad fuera conocida, nos daríamos cuenta que generalmente todos esperamos más de nuestros seres queridos, esperamos más de otras personas y rara vez estamos satisfechos de lo que estamos recibiendo en nuestras relaciones interpersonales. Los seres humanos queremos más, esperamos más. Queremos más cosas, esperamos más comprensión, queremos vivir más, generalmente esperamos más de lo que debemos.
He notado que nuestras relaciones interpersonales no están exentas de ser influenciadas por nuestras exageradas demandas. Nunca estamos completamente satisfechos, siempre queremos más y esta es precisamente una de las razones que nos lleva a demandar o a esperar más y sentirnos frustrados cuando no lo conseguimos. ¿Ha notado usted que mientras más esperamos de una persona en nuestras relaciones interpersonales, más grande se ven nuestras diferencias? Por ejemplo, si yo me encuentro en la necesidad de contratar una secretaria y espero que sea completamente bilingüe y descubro que ella tiene problemas con la gramática española, súbitamente una barrera mayor se presentó entre los dos. Por momentos me sentiré decepcionado de su trabajo porque yo esperaba más de lo que ella puede dar.
Todos seguramente hemos vivido aquellos momentos en que por tener exageradas expectativas y haber alcanzado bajos logros sufrimos gran decepción. Creo que todos sabemos que mientras más altas expectativas y mientras menos logros alcanzamos, mayor frustración vamos a experimentar. Permítanme ponerlo en una fórmula matemática que ilustra mejor lo que deseo comunicar:
Altas expectativas - Bajos logros = Mayor nivel de frustración.
Es decir, si yo espero 10 y logro 9, mi nivel de frustración es 1, pero si yo espero 9 y logro 3, mi nivel de frustración se ha elevado a 6. Lo mismo ocurre en las relaciones matrimoniales. A veces los niveles de expectativas son exageradamente altos y aunque nuestros logros están dentro del nivel de lo normal, todavía nos llenamos de frustración, la misma que muchas veces se manifiesta en reacciones inadecuadas que amenazan las buenas relaciones interpersonales.
Los patrones de conducta de un individuo, lo que piensa que es correcto o incorrecto, lo que esa persona cree que es bueno o malo, ha sido desarrollado desde la niñez. En algunos casos los padres tuvieron normas tan altas en sus exigencias a los hijos, que estos pensaban que nunca podían agradarles. Esos niños se acostumbraron a que sus padres siempre estaban insatisfechos porque ellos siempre querían algo más de lo que ellos podían ofrecer. (Collins, Gary, Christian Counseling: A Comprehensive Guide. [Consejería cristiana: Una guía exhaustiva], Word Books, Waco, TX, 1980, p. 119.)
Muchas veces eso es precisamente lo que nosotros los adultos hacemos. No sólo que esperamos demasiado de nuestros hijos, sino que también esperamos demasiado de nuestros cónyuges y debido a eso sufrimos frustraciones. Cuando actuamos de esta manera estamos teniendo exageradas expectativas y estamos demandando demasiado de nuestros seres queridos. La única solución que he encontrado para cambiar las normas irreales y las expectativas exageradas que nos fijamos, es una solución muy obvia. Debemos cambiar nuestras normas y expectativas.
Tienen exageradas expectativas las parejas que piensan que un buen matrimonio es aquel en que los cónyuges siempre están de acuerdo en todo. Quienes así piensan, vivirán desilusionados. De la misma manera es un error pensar que porque yo no logro lo que espero de mis relaciones interpersonales, los demás tienen la culpa. Lo que yo espero puede ser algo irreal y exagerado y al no conseguirlo puedo vivir en constante frustración y reaccionando con enojo o ira.
Algunos estudiosos han concluido que la ira y la agresión se levantan primariamente en respuesta a la frustración. La frustración es un obstáculo, puede ser un evento, una persona, o una barrera física que nos impide lograr las metas que nos hemos propuesto. Tal vez esa es la explicación a aquellos momentos de tanto enojo de algunos cónyuges al descubrir que su pareja está actuando de una forma diferente a lo que esperaba. De esa manera tenemos a alguien que ha deseado algo de su cónyuge y por no lograrlo manifiesta su frustración en actos de ira y enojo (Collins, Gary. Christian Counseling: A Comprehensive Guide, Word Books, Waco, TX, 1980, p. 104).
Una de las cosas que estimo que es absolutamente indispensable realizar, es una honesta y clara evaluación de las expectativas que tenemos y de las demandas que realizamos a nuestros cónyuges.
Hay algunas preguntas que pueden ayudarnos a establecer si nosotros somos unas de aquellas parejas que viven con exageradas demandas y expectativas y que por lo tanto estamos teniendo serios conflictos para aceptar lo diferente que es nuestro cónyuge. Por ejemplo: ¿Realmente soy justo con la otra persona? ¿Son mis demandas producto de que estoy pensando más en mí, en mis propias necesidades, sin tomar en cuenta la necesidad de mi cónyuge? ¿Estoy listo a hacer todo lo posible para ponerme de acuerdo con mi cónyuge, y buscar juntos lo que sea bueno para los dos y no solamente para uno de nosotros? ¿Hasta qué punto es mi egoísmo el que me mueve a tener grandes demandas en mi relación interpersonal? ¿Hasta qué punto mi exagerado deseo de estar cada vez más con mi cónyuge está siendo perjudicial para su desarrollo personal y como consecuencia estoy perjudicando su avance en la conquista de metas necesarias para el bienestar de la familia? ¿Realmente estoy demandando lo justo, o llegué al momento en que quiero más, porque ya no me satisface lo bueno que estoy recibiendo? ¿Son mis expectativas reales, justas, alcanzables y bíblicas?
¿Estoy listo a hacer todo lo posible para ponerme de acuerdo con mi cónyuge, y buscar juntos lo que sea bueno para los dos y no solamente para uno de nosotros?
Quisiera recordarle que demandar en exceso es como tener excesivas reglas. Pueden ser muy buenas, pero son tan numerosas que no podemos ni siquiera recordarlas todas para poder cumplirlas. Demandar en exceso es lo que hicieron los fariseos en el tiempo de Jesucristo. No todas sus demandas eran malas, y si las estudiamos detenidamente concluiremos que necesariamente no eran perjudiciales para la vida y la salud de los judíos. La mayoría de ellas eran buenas y saludables. Sin embargo, eran demandas excesivas y cuando estas demandas excesivas se realizan en el contexto de la religión, se transforman en legalismos destructivos y cuando ocurren en el contexto del hogar, éstas se convierten en excesos que coartan la necesaria libertad de cada individuo.
Si mientras lee lo que he escrito, usted encuentra que esa es su situación actual, le sugiero que tome todo el tiempo que sea necesario para conversar con su cónyuge sobre el tema. Debo advertirle que por lo general, es muy difícil llegar a un acuerdo si la pareja se encuentra en este estado. Se necesita de mucha madurez y comprensión mutua para poder hacerlo.
Tome todo el tiempo que sea necesario para conversar con su cónyuge sobre el tema.

Todo matrimonio se encontrará en algún momento en estas circunstancias y doy gracias a Dios que en nuestro matrimonio tenemos la libertad de conversar sobre el tema cada vez que es necesario. Para ustedes que honestamente piensan que tratar por sí solos el tema podría ser más perjudicial que saludable, creo que la mejor solución sería tener una plática con un consejero que les ayudará a poner sus respectivas demandas en el equilibrio adecuado.


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