miércoles, 25 de diciembre de 2013

Significado de la Navidad

(Lucas 2:14)
INTRODUCCIÓN: la Navidad celebra no sólo el nacimiento del Niño de Belén, sino también el nacimiento del espíritu de buena voluntad entre los hombres. «Paz en la Tierra» es el don del mismo Salvador recién nacido. «Buena voluntad entre los hombres» es el resultado de la buena complacencia de Dios para con los hombres.
1. La Navidad, entonces, atestigua no sólo la encarnación de una Persona, sino la encarnación de una idea también: la Persona da a la Tierra una clara concepción de Dios. La idea viene a ser la expresión de la actitud de Dios hacia los hombres. El nacimiento del Hijo de Dios en el mundo fue también el nacimiento de la idea de la paternidad de Dios a los hombres.

2. La Navidad trae un recordatorio anual de Dios, tan íntimo como el hogar, y tan trascendente como los Cielos: desde aquella hora en Belén, hasta esta hora los hombres han andado y vivido en una intimidad espiritual con ese Santo Espíritu por el cual Cristo vino a tomar forma humana. Al mismo tiempo, los hombres han quedado sobrecogidos de una temerosa admiración en la presencia del mismo Dios santo. Belén trajo al mundo el cumplimiento de aquellas antiguas y gloriosas promesas incorporadas en el nombre «Emmanuel», «Dios con nosotros». Cuando los ángeles cantaron su primer canto de gozo en la Navidad a los oídos atentos de los hombres, cuyos corazones fueron levantados por el coro celestial, ellos trajeron por primera vez la expresión clara de la realidad de que Dios está no sólo arriba de nosotros y más allá de nosotros y sobre nosotros, sino que él está con nosotros. Quizás el sueño más santo del hombre y el propósito más alto y santo de Dios se encuentran en el hecho tan definitivamente declarado en la Escritura: «Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo» (2 Co. 6:16; Lv. 26:12).

3. Sin el Niño de Belén y la idea que Dios trajo al mundo por medio de Él, todos los hombres de todas las razas y todos los tiempos hubieran vivido en medio de un universo incomprensible y terrible. A lo mejor la fe hubiera sido una clase de fatalismo que resistiría a las fuerzas que nosotros no podríamos cambiar ni escapar. Cada nube tempestuosa era grande y espantosa. Cada temblor de tierra o volcán era el furor de un poder invisible y hostil. Principados y potestades, fuerzas de malas personalidades estaban en todas partes en el pleamar del pensamiento humano, mientras Dios estaba muy lejos, invisible, intangible, inaudito, temible a causa de su distancia, terrible a causa de su poder, y desconocido en medio del misticismo y misterio de las limitaciones y supersticiones humanas.

4. Pero Cristo nació en Belén, y los ángeles cantaron su canto a los pastores que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado. Así que, con el nacimiento del Niño y el canto de los ángeles, vino dentro de los corazones de los hombres el estímulo de una esperanza eterna, la inspiración de todas las visiones celestiales, la sinfonía de toda vida con la divina, y la consecuente y asistente fuerza para cada lucha junto con la recompensa por todos sus trabajos». Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Ro. 8:31). Si yo puedo andar por las variables escenas y experiencias de la vida con la confianza y seguridad de que Dios habiendo tomado la forma de hombre y habitando entre los hombres, y habiendo sido tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado—es ahora poderoso para ser un fiel y simpatizante Sumo Sacerdote, y que no es un Dios que esté tan lejos que no pueda simpatizar con nuestros padecimientos, yo no debo temer al mundo. Si mis ojos una vez han visto la luz que Dios ha hecho brillar en el rostro de Jesucristo, ya no debo nunca jamás temer a las tinieblas que tantas veces obscurecen mi senda. Ya una vez seguro de que él vino y que ahora cumple su promesa, «He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo», ningún alma jamás estará realmente solitaria.

5. Por lo tanto, la Navidad es más que una permanente realidad completada: es una perpetua realidad proyectada desde la eternidad, y es una realidad perenne que puede entrar en toda experiencia. Dios está con nosotros.

6. La idea de la Navidad no es menos sobrenatural que el mismo nacimiento virginal: el canto de los ángeles es tan celestial como la residencia de los ángeles. El agitar de sus alas y el sonido de sus voces se unen en melodías para traer a la Tierra un canto antifonal del Cielo. Por medio del Niño de Belén el tiempo se convierte en gloriosa eternidad. La Navidad invierte la filosofía de la vida de «obtener» en «dar». Convierte la carga de la vida en alas de fe y esperanza. La Navidad transforma la vida, de tinieblas, en una vida resplandeciente.

7. La Navidad marca un momento cuando en la Tierra el hombre entró en compañerismo con el gran Compañero: es el gran día de la humanidad, floreciendo en una fragante flor de santidad y amor para disipar el pecado.
CONCLUSIÓN: todo esto debe llevar algún significado para cada uno de nosotros. No podemos medir la Navidad por los árboles que han sido adornados, ni por lo concurrido de las fiestas, ni por los coros que se han cantado en la madrugada, o por el intercambio de felicitaciones y obsequios. La Navidad puede ser, y en verdad deberá ser nuestro tesoro o nuestra tragedia. Mal interpretada, ella será para ti sólo un sueño de placer que se desvanece. Bien comprendida, ella vendrá a ser para ti el oloroso ungüento que llena la casa de tu vida con la fragancia de una fe permanente en Uno que siempre está presente con nosotros: «Dios en nosotros», el Salvador, Redentor y Señor. Porque el corazón de la Navidad es Cristo y Cristo ha nacido para ser nuestro Salvador. Mientras los ángeles cantaban, los magos del oriente adoraban y daban sus dones. Podrás cantar con los ángeles y adorar con los magos del oriente sí, como) pecador, recibes a tu Salvador, Cristo Jesús, el Señor. ¿No quieres hacerlo hoy mismo? En respuesta a su Don de dones, el amor de Dios que excede a todo conocimiento, obrando una transformación por medio de la expiación efectuada por Cristo en la cruz del Calvario, ¿no deseas dar a él tu amor, tu vida, en una gozosa y completa rendición para hacer su voluntad? Y desde ahora y para siempre la paz de Dios será derramada en tu corazón, y serás contado entre aquellos hombres de buena voluntad en los cuales Dios se complace.

«Pero el ángel les dijo. No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, era la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor». «¡Gloria a Dios en las alturas, y en la Tierra paz, buena voluntad para con los hombres!» (Lc. 2:10, 11, 14).

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