viernes, 18 de octubre de 2013

Baal, el dios de la tormenta


  Baal, palabra semítica que significa “señor” o “dueño”, era el dios principal que adoraban los cananeos en la época en que Israel entró a la tierra prometida. La cabeza nominal del panteón cananeo era El quien era considerado el padre de los 70 elim o dioses.

La popularidad de Baal se debió indudablemente a su asociación con los diversos aspectos de la fertilidad humana, animal y vegetal. Como el “jinete de las nubes”, Baal era identificado con Hadad, el dios semítico de la tormenta.

La adoración de Baal tendió a localizarse de tal manera que cada comunidad adoraba al Baal local. Esto dio lugar al concepto de Baalim, forma plural usada para denotar la multiplicidad de los altares e ídolos de Baal. Estos incluían a Baal-peor (Nm. 25:3, 5); Baalzefón (Nm. 33:7) y Baal-hazor (2 S. 13:23).

El culto de Baal era dirigido por sacerdotes que guiaban a ritos licenciosos en los campos o en los lugares altos. El vino, el aceite y los primeros frutos y primogénitos de las manadas eran traídos a los sacerdotes en los altares. Las comidas y danzas rituales formaban parte de las ceremonias que tuvieron tanta atracción para los hebreos desde el tiempo de su entrada a Canaán hasta la destrucción de Jerusalén (587 a. de J.C.).

Cerca del altar a Baal, un árbol o poste sagrado era erigido a la diosa Astoret. Estos son los postes cúlticos de Astoret, la contraparte femenina de Baal. Pilares de piedra cúlticos (masseboth) de Baal también formaban parte del patrón cúltico.

En Baal-peor (Nm. 25:1–5), Israel participó en los ritos de prostitución religiosa que caracterizaban el baalismo. Esta conducta se continuó después de la entrada a Canaán, donde la idolatría fue la causa de las humillaciones de Israel frente a sus enemigos durante el tiempo de los jueces (Jue. 2:11–14).

Una crisis en la historia de Israel tuvo lugar durante el reino de Acab, cuando la esposa del rey, Jezabel, intentó suprimir la adoración del Dios de Israel y colocó a Baal como el dios de la nación. Jezabel era hija de Itto-baal, el sacerdote-rey de Tiro, un devoto de Melchart, el Baal de Tiro. La fidelidad de Elías a Dios y su exitoso desafío a los sacerdotes de Baal en el monte Carmelo (1 R. 18) derrotó los propósitos de Acab y Jezabel.

Una crisis similar ocurrió en el reino de Judá cuando Atalía, hija de Jezabel y esposa del rey Joram, quiso asegurar el trono para sí misma al matar “toda la descendencia real” (2 R. 11:2). El joven príncipe Joás fue librado y la piadosa Josaba lo guardó en el templo hasta que tuvo edad suficiente para ser presentado al guardia real quien lo proclamó rey. Atalía fue muerta y el baalismo sufrió una derrota.

Los profetas Oseas (2:8) y Amós (5:26) denunciaron el baalismo como un acto de deslealtad al Dios de Israel. Josías efectuó una reforma que incluyó la destrucción de las imágenes de Baal arrojándolas al valle del Cedrón y quemándolas (2 R. 23).

Aunque el baalismo era un peligro para Israel y Judá hasta la época de la cautividad, el exilio babilónico fue considerado como un castigo por su apostasía. La misión de Israel como testigo de Dios fue creciendo en énfasis en los años posteriores al exilio. Baal es mencionado solamente una vez en el Nuevo Testamento y esto en el contexto en el que el Antiguo Testamento lo cita (Ro. 11:4).

Se conoce el baalismo a través del estudio de la literatura épica de Ugarit que data del siglo XV a. de J.C. Las excavaciones de las ciudades palestinas han traído a luz muchas imágenes de Baal y de sus deidades femeninas correspondientes.
BAAL, el dios de la tormenta, está representado sosteniendo un garrote en su mano derecha y una lanza en su mano izquierda. La lanza se extiende hacia arriba en forma de un árbol o un rayo estilizado. Encontrado en Ras Samra en 1932. Cortesía del Louvre.


jueves, 17 de octubre de 2013

Alianzas cristianas en los negocios


¿Qué es una alianza?

«Una alianza eficiente.»
Suena bien, pero ¿qué es lo que queremos decir realmente con alianza? Para asegurarnos de que todos tengamos la misma interpretación, comencemos con una definición: Una alianza es una relación complementaria motivada por un propósito común y sostenida por una disposición a aprender y a crecer juntos en obediencia a Dios.
Con esta definición en mente, veamos cómo se aplica este concepto en la práctica.
Un hermano como aquél
Un hombre salía de un negocio cuando vio a un joven dando vueltas alrededor de su auto nuevo. Sospechando del chico, le preguntó:
—¿Qué estás haciendo?
—Estoy estudiando este auto—respondió el chico.
—Sí, seguramente—pensó el hombre. De modo que comenzó a interrogar al chico.—¿Qué tipo de auto es este?—preguntó.
—Un Mercedes Benz modelo 1999.
—¿De qué color?
—Bordó metalizado.
Después de unas preguntas más, el hombre se dio cuenta de que el muchacho sabía de lo que estaba hablando, de modo que comenzaron a charlar. El chico le preguntó cuánto había pagado por el auto. El hombre le respondió:
—Nada. Tenía una necesidad y mi hermano me lo regaló.
—Ojalá … —comenzó a decir el chico.
—¿Tuvieras un hermano como ese?—interrumpió el hombre.
—No—dijo el chico—. Ojalá yo fuese un hermano como aquél.
Para los que estamos—o pretendamos estar—en alianza con otros ministerios, nuestra pasión movilizante debería ser llegar a ser «un hermano como aquél». Debemos esforzarnos por compartir nuestros recursos para complementarnos, a fin de ser capaces de ayudar a los siervos de Dios alrededor del mundo. De este modo, podremos construir juntos la iglesia de Jesucristo en las regiones menos cristianas del mundo.
La alianza verdadera puede resumirse en una palabra: hermandad. Si podemos lograr una hermandad genuina, podremos tener éxito en nuestras alianzas. Pero a pesar de que la hermandad es tanto una consecuencia de nuestra identidad en Cristo como una expresión del amor cristiano, la misma no se logra fácilmente. En la aldea global actual, tenemos que aprender a tratarnos unos a otros como verdaderos hermanos y hermanas mientras aprendemos asimismo a obedecer a Dios y a promover el evangelio. ¡Esta es verdaderamente una responsabilidad! Y por último, la hermandad nos lleva a hacernos preguntas muy prácticas sobre el hecho de compartir el poder, recursos y responsabilidades.
Aliarse es riesgoso
La historia del chico y el Mercedes Benz tipifica lo que todos deseamos poder hacer por nuestros hermanos y hermanas en los lugares difíciles del mundo. Si está en nuestro poder dar lo que nuestro hermano o hermana necesita, lo daremos felizmente por causa del evangelio. Pero la historia también desata algunas preguntas inquietantes.
¿Qué es lo que me hace creer que mi hermano necesita un Mercedes Benz? ¿Sé lo que necesita porque él me lo pidió? ¿O le regalo un Mercedes porque yo pienso que eso es lo que necesita? Supongamos que mi hermano gana el equivalente a $6.000 al año. ¿Cómo va a mantener un Mercedes de $60.000? Mi intención es ser generoso, pero mi generosidad se transforma en una carga para él.
Tener algo para compartir es maravilloso. Regalarle al hermano lo que necesita cuando lo necesita es aun mejor. Pero debido a que no siempre es evidente qué es lo que el otro necesita, dar puede ser un asunto peligroso.
Los que estamos aliados con ministerios que necesitan de nuestra ayuda, enfrentamos un peligro constante y sutil. No es principalmente la dependencia, aunque este es el riesgo por el cual se nos critica con más frecuencia. Tampoco es el paternalismo, aunque sí caemos en eso con más frecuencia que la que estamos dispuestos a admitir. No, es algo más difícil de tratar que cualquiera de estos dos riesgos.
La pregunta más desafiante
La pregunta más desafiante es la siguiente: ¿Hemos contribuido al autodesarrollo de las capacidades propias de nuestros socios? La manera más segura de evitar la dependencia es prestarle mucha atención al desarrollo. También es la mejor protección contra el paternalismo. Al enfocarnos en el desarrollo, estamos obligados a preguntarnos si nuestra participación hace a nuestros hermanos y hermanas más capaces para servir a Dios según sus dones y su llamado. ¿Estamos ayudándolos a desarrollar sus capacidades o estamos simplemente aliviando sus necesidades?
¿En qué consiste una buena alianza?
Las alianzas más duraderas son las complementarias. Una alianza complementaria es la asociación de dos o más cuerpos autónomos que han formado una relación de confianza y llevan a cabo expectativas acordadas. Realizan esto compartiendo dones y habilidades complementarias para alcanzar una meta en común. Una alianza complementaria es entonces una relación de interdependencia y de compromiso compartido.
Una alianza complementaria requiere de al menos tres condiciones previas:
En primer lugar, las organizaciones deben ser autónomas al aliarse. Antes de formar la alianza, cada ministerio debe tener su propio gobierno e identidad. La independencia es un requisito para la interdependencia. Considere, por ejemplo, las diferencias entre la relación de alianza de una entidad misionera encomendadora con una iglesia hija (producto de su labor) y la existente entre dos organizaciones independientes de antemano. La primera debe pasar primero por un proceso de separación y de independencia antes de que pueda avanzar hacia la interdependencia. Por otro lado, la segunda puede empezar a desarrollar una interdependencia.
En segundo lugar, debe haber compatibilidad en las creencias doctrinales fundamentales y en los valores del ministerio. En general, esta condición previa vela por sí misma. Pocas veces las personas de creencias teológicas significativamente diferentes establecen alianzas de carácter íntimo. Pero también debe haber una concordancia en las prioridades del ministerio. Si, por ejemplo, un socio enfatiza el ministerio holístico, esto debería ser más que un interés momentáneo para el otro socio. Si no lo es, pronto habrá un conflicto.
En tercer lugar, cada socio debe conocer y estar dispuesto a intercambiar recursos y fortalezas complementarios. A menos que cada uno de los socios tenga algún atributo que el otro necesita, no habrá nada que intercambiar. Las organizaciones se alían precisamente porque a cada una le falta algo que la otra puede ofrecerle. Las fortalezas de una organización compensan las debilidades de la otra, hecho que hace que los socios saquen mayor provecho de sus respectivas capacidades, recursos y oportunidades. Una alianza que no se traduzca en un beneficio significativo para cada socio no perdurará.


miércoles, 16 de octubre de 2013

Cómo Controlar los Gastos


por Crown Financial Ministries

Gastar es un Hábito
¿Perfora el dinero un agujero en su bolsillo? ¿Le da remordimiento de comprador después que ha gastado su dinero?
Si esto suena conocido, ¿cómo puede usted controlar sus gastos a fin de que pueda comprar las cosas que necesita ahora y ahorrar para las cosas que necesitará en el futuro?
Para cambiar los hábitos de gastar, la gente debe primero entender cómo se forman los hábitos y las maneras en que se puede cambiar el comportamiento con respecto a los gastos.
En esencia, deben identificar las fugas de gastos que dan satisfacción inmediata pero que no ayudan a alcanzar las metas financieras y, en cambio, reemplazarlas con una conducta deseable hacia los gastos que quizás no sea inmediatamente gratificante pero que permitirá que se logren las metas financieras.
Cómo Cambiar el Hábito
Lucas 16:11 dice: «Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?»
La gente necesita aprender a manejar la cosa más pequeña que Dios ha puesto bajo su autoridad: su dinero. Por lo tanto, si se siguen las pautas que están a continuación, les ayudarán a controlar los gastos.
1.   Establezca la autodisciplina. Ponga todos los gastos bajo el control de Dios. Al hacerlo, los individuos se convierten en administradores de las finanzas de Dios y todos los gastos entonces deben de verse desde la perspectiva que tome en cuenta si él se complacería de la compra. Con la guía de Dios, se puede romper cualquier mal hábito.
La gente necesita aprender a reconocer el impulso que los coloca en una situación difícil de realizar gastos. Cuando van de compras, pueden evitar los problemas con los gastos producidos por ese impulso al tener un propósito para ir de compras, un límite de tiempo, y un plan escrito.
Por lo tanto, necesitan hacer una lista antes de ir de compras y apegarse a ella.
Además, deben restringir el número de veces que van a la tienda o centro comercial y nunca ir de compras cuando estén con hambre o deprimidos.
2. Cuánto se estira el dinero generalmente depende de qué tanto la gente quiere algo. Como tal, necesitan estar en control del dinero, bajo la dirección de Dios, al limitar lo que hacen, en lugar de que el dinero los esté controlando.
Una vez que los gastos se hayan puesto bajo control, debe haber una determinación de la cantidad que se necesite gastar cada mes en cada área de un presupuesto implementado; y, ya que la idea básica detrás de la preparación del presupuesto es ahorrar dinero con anticipación para los gastos conocidos y desconocidos, debe haber un compromiso para apegarse al presupuesto.
Si la gente está teniendo problemas en que las entradas igualen las salidas, necesitan cortar algo de las salidas. Como tal, deben fijarse en sus presupuestos de manera realista y ver dónde pueden empezar a hacer recortes.
Un presupuesto es un plan de dinero. Con él, la gente puede organizar y controlar sus recursos financieros, establecer y alcanzar metas, y decidir por adelantado cómo va a funcionar el dinero para el bienestar de la familia.
En consecuencia, puesto que cada compra debe considerarse teniendo en cuenta el presupuesto establecido, se debe evitar la compra impulsiva de cualquier artículo que no esté en el presupuesto, especialmente si se va a necesitar que se compren esos artículos con una tarjeta de crédito.
3. La gente necesita rendir cuentas a otras personas durante un período específico de tiempo por todo lo que gastan. Eclesiastés 4:9, 10 dice: «Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante».
Si se rinden cuentas, la gente estará más inclinada a ser cautelosa con sus hábitos de gastos, tendrán una actitud de ver ahora, y comprar más tarde.
De modo que, compare antes de comprar y aprenda a decir no. Mantenga un registro de gastos y compras y comparta esto con el compañero al que le rinde cuentas.
4. Establezca una lista de las cosas que quiere comprar. Cuando la gente sienta tener la necesidad de comprar algo que no está en el presupuesto, deben ponerlo en la lista. Deben esperar siete días y encontrar dos precios adicionales por el mismo artículo, para asegurarse de estar haciendo una buena compra.
Si aún quieren el artículo después que ha pasado una semana, habrán pensado en ello y probablemente estarán obteniendo el mejor precio por ese artículo. Sin embargo, ellos aún así no lo deben cargar a la tarjeta de crédito.
Finalmente, la gente puede tener sólo un artículo de la lista a la vez, de modo que si encuentran nuevas cosas que «quieren» durante la semana, tendrán que decidir entre ambas.
Conclusión
Una buena manera de reducir las deudas es desarrollar la disciplina en los hábitos gastadores. Eso puede incluir el quitar cualquier seguridad que quizás se pueda usar en casos de emergencia: tarjetas de crédito u otras vías de préstamo.
Al comprometerse a no acumular deudas, la gente comienza a hacer retroceder el proceso que produjo la deuda. Entonces, pueden desarrollar un presupuesto equilibrado que controle los gastos y les permita permanecer dentro de los parámetros de sus recursos financieros.



martes, 15 de octubre de 2013

¿Qué es una secta?


Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad…
(Hechos 20:29–31)

Hace poco leí en los titulares de uno de los diarios de mayor circulación en Buenos Aires: «Invasión de las sectas». Al leer el artículo me di cuenta de que para el autor en «las sectas» estábamos incluidos nosotros, los cristianos evangélicos. En el primer siglo de nuestra era los judíos consideraban a Cristo y a sus seguidores como una secta. El tema de las sectas es tan candente que durante una cruzada en Brasil, el evangelista Luis Palau se vio obligado a explicar por televisión la diferencia entre una secta y una verdadera iglesia. No es fácil definir la palabra «secta». Una prominente revista secular, después del suicidio de 39 miembros de una secta explicó: «La línea divisoria entre religión y secta, entre fe y fanatismo, a menudo es difícil de trazar». El diccionario Espasa Calpe define secta como «conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideología», pero al agregar los sinónimos incluye «herejía».

En este libro consideramos que una secta es un grupo (generalmente sincero) que ha dejado la verdad enseñada en la Biblia y ha ido tras una doctrina extraña y/o un líder con mucho carisma. La secta se compone de elementos doctrinales y sociológicos. Para lograr sus propósitos termina manipulando y controlando a los feligreses.

Al exponer las marcas distintivas de las sectas, veremos que hay iglesias que no son sectas propiamente dichas pero exhiben una o más de las características; todavía no son sectas pero están en peligro de abusar de sus miembros y de convertirse en sectas.

Antes de entrar en el tema específico, es importante para el lector comprender lo siguiente:

1) La iglesia nunca estará libre de falsos profetas. «Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor…» (2 Pedro 2:1). No nos sorprendamos de que las sectas estén creciendo, pero al mismo tiempo estemos alertas. En la Biblia también hallamos exhortaciones como: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces» (Mateo 7:15); «Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo» (Filipenses 3:2); «…algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrina de demonios» (1 Timoteo 4:1); «Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz» (2 Corintios 11:14).

2) Según el apóstol Juan, la proliferación de las sectas falsas es una señal de que la última hora está cercana. «Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo» (1 Juan 2:18).

3) Al referirse a las sectas, la prensa (y hasta algunos gobiernos) en Latinoamérica tiene en mente a todos los grupos que no pertenecen a la religión tradicional. Prueba de ello es que en muchos diarios aparece una lamentable traducción al español del nombre de la secta «Heaven’s Gate» como «Puerta al Cielo». Numerosas iglesias evangélicas se llaman «Puerta del cielo» o «Puerta al cielo». Los enemigos del evangelio lo han aprovechado para probar que el movimiento evangélico es una secta. El resultado es que al criticar a las sectas falsas por sus necedades y conductas extremas (un ejemplo es la malversación de fondos), incluyen a todos los cristianos evangélicos. Por eso es crucial que la iglesia misma sepa cómo distinguir entre una secta y una verdadera iglesia bíblica.

4) Este libro sólo incluye sectas que son derivaciones del verdadero cristianismo, y no hace referencia a otras religiones (por ejemplo el budismo, el hinduismo, etc.).