jueves, 31 de octubre de 2013

Tres pruebas de una verdadera iglesia

Una y otra vez en su libro, Juan resalta tres pruebas principales para «probar los espíritus». Las tres deben estar presentes para que determinado grupo sea considerado auténtico. No es suficiente que un grupo exhiba una o aun dos de estas marcas sino que, según el apóstol Juan, las tres juntas dan la pauta de una verdadera iglesia. Al mencionar estas pruebas, es importante distinguir entre una iglesia separatista —o tal vez un poco rara— y una secta. Además, ciertas iglesias o grupos comienzan bien pero paulatinamente se convierten en sectas y lo manifestarán en alguna de las tres áreas. Las tres pruebas son la teológica, la moral y la social.
1. La prueba teológica. Esta prueba tiene que ver mayormente con Dios Hijo, Jesucristo. Me gustaría poder afirmar que las otras dos automáticamente surgen de la prueba doctrinal (como si doctrina correcta siempre llevara a comportamiento correcto) pero no es necesariamente cierto. Todos conocemos a personas o grupos enteros cuya doctrina es intachable y sin embargo hay frialdad, chismes, rencor, amargura y hasta odio hacia otros hermanos en Cristo. Esto no significa que la doctrina no sea importante porque nadie puede ser un verdadero cristiano sin creer que Cristo es lo que la Biblia declara que es. Sin embargo, simplemente asentir una declaración doctrinal ortodoxa nunca equivale a conocer al Salvador. «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:20).
Las preguntas para probar al grupo teológicamente son: ¿Quién dicen ellos que es Jesucristo? Según esa doctrina, ¿qué debe hacer uno para ser salvo? (Hechos 16:30). Juan declara que el verdadero cristiano tiene que confesar al Hijo (1 Juan 2:23). Confesar literalmente significa estar de acuerdo o decir la misma cosa. Si el grupo que investigamos cree la verdad, deberá decir acerca de Jesucristo lo mismo que la Biblia declara sobre Él: que Cristo es Dios (Col. 2:9), que murió por nuestros pecados (Ro. 4:25), que la salvación se encuentra solamente en Él (Hechos 4:11–12) y es un regalo de Dios (Ro. 6:26) pero no consecuencia de obras humanas (Tit. 3:5).
En las sectas existen varias maneras de «negar al Hijo». La primera manera es negar directamente en su doctrina escrita que Jesús sea el único Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador del mundo. Es lo que hacen los Testigos de Jehová. Otra manera de «negar al Hijo» es negar la eficacia de la obra de Jesucristo en la cruz. Una forma de hacerlo es la enseñanza de un sistema de obras para alcanzar y mantener la salvación. Numerosas sectas nuevas imaginan que uno tiene que hacerse digno de la salvación realizando obras humanas. Es notable que Jesús afirma:
«… no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento» 
(Mateo 9:13)
Otra forma común de negar al Hijo, es agregar obras humanas al plan de la salvación: Cristo + otra cosa. Una iglesia cerca de casa alega que uno no es salvo si no se bautiza en esa iglesia. En un caso extremo, una mujer nos escribió atribulada porque su iglesia la había puesto bajo disciplina pues estaba en peligro de «no heredar el reino de Dios» porque llevaba un vestido verde, un color prohibido por el pastor. Es sólo un ejemplo de no confiar en Cristo para la salvación sino en algo externo, en un sistema de obras humanas.
Sin embargo, existe otra manera más sutil de negar al Hijo. Muchas sectas al principio intentan convencer al interesado de que su doctrina es ortodoxa, mientras por otro lado ocultan su doctrina de la salvación —algo que a menudo hacen los mormones. Sólo cuando uno alcanza «cierto nivel» descubre los grandes secretos de lo que en verdad es esa falsa doctrina. 
«Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató…» 
(2 Pedro 2:1)
2. La prueba moral. La confesión de que Cristo es el Hijo de Dios, el Mesías, el Ungido es tanto una verdad inalterable como algo práctico y personal en la vida de una persona. Con relación a la prueba moral, Juan nos exhorta: «Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él» (1 Juan 2:29). La membresía en la familia de Dios se hará evidente porque el creyente se va conformando más y más a la imagen del Hijo de Dios (Ro. 8:29). Por otra parte, la doctrina falsa conducirá a comportamiento hipócrita y vida falsa: «Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan…» (Tit. 1:16).
La prueba moral, entonces, consiste en preguntar: ¿Es gente santa? ¿Hay obediencia a la Escritura o acaso obediencia a una creciente lista de mandatos humanos? Existe una investigación adicional que uno puede hacer: Estudiar la vida de los fundadores y actuales líderes del grupo o iglesia. ¿Vivieron o viven una vida de santidad bíblica?
En cuanto a sus amigos y conocidos ya involucrados, pregúntese cómo les ha afectado la asistencia a este grupo en sus relaciones con Dios. ¿Los hace más conforme a la imagen de Cristo? La parte que ellos tienen con el grupo, ¿hace que Cristo sea más y más indispensable o los hace cada vez más subordinados a la iglesia? ¿Dan gloria a Dios, a un hombre o al grupo? Finalmente, preguntémonos sobre la actitud que ellos tienen hacia la Escritura. ¿Los induce a pasar tiempo en la Biblia de una manera práctica, o simplemente a memorizar ciertos pasajes que apoyan las creencias del grupo sectario?
No nos confundamos cuando al entrar en un grupo extraño una persona comienza a estudiar la Escritura más que antes. Al cambiar de ciudad por razones del empleo, unos amigos buscaron y hallaron una congregación cerca de su nueva casa. Era admirable el nuevo celo y el tiempo que pasaban estudiando la Biblia. Sin embargo, notamos una diferencia nada positiva en sus actitudes. Rehusaban llamarse «cristianos» para no ser confundidos con cualquier otra iglesia. Ahora eran «discípulos». Valiéndose de Stg. 5:16 insistían en que los fieles confesaran sus pecados a otros miembros de la iglesia, algo que alimenta un sistema de chismes que permite a los líderes controlar al grupo. Sus cultos incluyen mucha confesión de pecados los unos a los otros, hasta las cosas más insignificantes como «Te pido perdón por no haberte saludado esta mañana cuando entré».
Advertidos por estas señales y algunas otras, indagamos acerca de su estudio bíblico que nos había parecido tan admirable. Resultó ser que lo hacían para agradar al líder de su grupo de discipulado y para no perder la salvación. El motivo de hacerlo para mantener comunión con Dios, para conocer a Dios de manera más profunda o para estar conformados a la imagen de Cristo, no había pasado por sus mentes. Finalmente notamos que estudiaban sólo las porciones de la Biblia proporcionadas por los líderes de la iglesia.
3. La prueba social. El tercer elemento que debe existir en la vida de un creyente o grupo con la verdad es la palabra ágape, el amor de Dios (1 Juan 2:9–11; 4:7–8). La esencia básica de este amor se encuentra en 1 Juan 3:16: 
«En esto hemos conocido el amor, en que él [Jesús] puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos»
Es evidente que yo no puedo redimir a alguien muriendo por él porque yo también soy pecador. Jesucristo es el único que puede efectuar la redención eficaz. Sin embargo, existen mil maneras en que puedo «poner mi vida» por los hermanos.
Consideremos el siguiente versículo: 
«Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?» 
(1 Juan 3:17)
Si alguien tiene una necesidad (una verdadera necesidad, no un mero deseo) y yo tengo lo que ese alguien necesita —ya sea tiempo, comida, dinero, transporte, un talento, una habilidad, u otra cosa —debo hacer lo posible por suplir esa necesidad.
La prueba social entonces es: ¿Existe esta clase de amor en el grupo? Usemos discernimiento al investigar este tema en particular. Ciertos grupos tienen la apariencia de «amor» y hablan mucho de ello, pero tal amor no está de acuerdo con la verdad de la Biblia; por otra parte, el amor de Dios siempre va de la mano de la verdad (Ef. 4:15). En realidad ese amor de las sectas es un «amor» egocéntrico y superficial, o son actos de caridad a fin de ganar el favor de Dios (o apaciguar la ira divina). No aman a su prójimo como a sí mismos (Gá. 5:13–14) y no se cumple lo que Cristo manda en Mateo 5:44 en cuanto a bendecir a los que nos maldicen, hacer bien a los que nos odian y orar por quienes nos hacen daño. Todo lo contrario, maldicen a quienes perciben como enemigos.
A veces escuchamos al ex miembro de una secta declarar que en nuestras congregaciones no ha podido encontrar las mismas amistades profundas que gozaba en la secta. Por un lado eso demuestra una gran falta en nuestras iglesias, la necesidad de profunda koinon entre los hermanos en Cristo.1 Por otro lado, a veces no será posible igualar «la calidez y el cariño» que sentían en la secta sin violar principios bíblicos.
En cierta instancia, por ejemplo, una dama que vino a nuestra congregación confesó inquieta que anhelaba entablar amistades tal como tenía antes. En la secta a la que había pertenecido, todos vivían en la misma calle. Criaban a los chicos en conjunto. Dormir con la esposa de otro no era considerado pecado con tal de que no lo hicieran por pura pasión. Incluso al líder se le permitía acostarse con la mujer de su antojo. Esta clase de relaciones «profundas» no se puede ni se debe igualar.
En otro caso, un hombre finalmente decidió apartarse del grupo sectario pero su esposa, por temor al infierno, decidió quedarse. Le aconsejaron a la esposa que se divorciara de él por ser «apóstata». Conclusión: para continuar con el matrimonio el hombre tendría que volver a la secta —y lo hizo.

Otra pregunta que toma en cuenta la prueba social es ¿existe en ese grupo amor al cuerpo de Cristo en general? ¿Se anima a los feligreses a participar en eventos con otras iglesias evangélicas, o hay una tendencia a condenar a los demás grupos? Por otra parte, ¿hay amor por los inconversos? ¿Está la iglesia participando en la gran comisión con conversiones a Cristo (Mateo 28:18–20), o está haciendo proselitismo entre miembros de otras iglesias?2 La Gran Comisión a la iglesia es «hacer discípulos» (Mateo 28:19–20), ser testigos de Cristo (Hechos 1:8), ser embajadores de Cristo (2 Corintios 5:20), predicar la Palabra (Ro. 10:14–15; 2Timoteo 4:2) a fin de convencer a los que no conocen al Salvador en forma personal a que se conviertan a El. Jamás es separar a los creyentes de sus iglesias haciéndolos dudar de su salvación afirmando que su grupo es el único con la verdad.



miércoles, 30 de octubre de 2013

El Litote

Es una figura (del griego litotés = llaneza o sencillez) por la que alguien o algo es disminuido con el fin de poner en alto a otra persona u otra cosa. En esto se diferencia de la figura llamada tapéinosis, pues en esta última lo que se disminuye es con el fin de enfatizar su propia grandeza o importancia. En la litote, por tanto, nuestra atención se centra, no en la pequeñez de la cosa disminuida, sino en la grandeza de aquello con lo que es puesta en contraste.
Gn. 18:27. «Y Abraham replicó y dijo: He aquí que ahora he tomado sobre mí hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza.» Abraham se humilla aquí y, aludiendo a la creación del hombre del polvo de la tierra (Gn. 2:7), da a entender mucho más de lo que expresa, pues se pone en contraste con el Altísimo y Santísimo Dios al que se dirige. Dios mismo usa esta figura en 1 R. 16:2; Sal. 113:7, etc. Véase en Sinécdoque.
Nm. 13:33. «y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos». Ésta es una litote de incredulidad. Para ganar crédito ante el pueblo, exageran la talla de los anakim o gigantes de Canaán; y, para ello, tratan de empequeñecer su propia estatura. El lenguaje de la fe usa una figura muy diferente (comp. con 14:9, ya estudiado en las elipsis).
1 S. 24:14. «¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga?» Como si dijera: «Estás haciendo lo que es completamente indigno de un rey, al perseguir a alguien tan inocuo como un perro muerto (comp. con 1 S. 17:43; 2 S. 3:8; 9:8;16:9) y de tan poco valor como una pulga, que es menguada caza para un regio cazador» (1 S. 26:20).
Esd. 9:8. «Y ahora por un breve momento ha habido misericordia de parte de Yahweh nuestro Dios.» Para poner de relieve la grandeza de la gracia de Dios, Esdras habla de «un breve momento», no para compararlo con la gravedad de las transgresiones de ellos, la cual es expresada en los vv. 6 y 7, sino con la extensión temporal, tanto de los pecados como de los castigos sufridos desde los tiempos de Senaquerib. Véase Neh. 9:32 y Esd. 6:22, donde Ciro, «el rey de Babilonia» (v. 13), es llamado el rey de Asiria, después de absorber los reinos de Media, Persia y Asiria, con lo que el antiguo opresor ha llegado a ser, por la gracia de Dios, el amigo de Israel.
Sal. 22:6. «Mas yo soy gusano, y no hombre.» Aquí, como en los demás lugares, esta figura denota mucha mayor profundidad de humildad y de aflicción que lo que las palabras pueden expresar (v. Job 25:6; Is. 41:14). Cuanto mayor es la humillación, tanto mayor es el contraste con Su glorificación, pues el mismo que en el Salmo 22 es «gusano y no hombre» es «Yahweh mi pastor» en el Salmo 23, y «el Rey de la gloria» del Salmo 24. Así que, en estos tres salmos tenemos: En el 22, al «Buen Pastor» en su muerte (Jn. 10:11); en el 23, al «Gran Pastor» en su resurrección (He. 13:20); y en el 24, al «Supremo Pastor» en su gloria (1 P. 5:4 «arkhipoímenos»).
Is. 40:15. «He aquí que las naciones le son como la gota de agua en un cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que las islas le pesan como una mota.» Pero aun así fracasa el lenguaje en expresar la distancia abismal entre lo finito y el infinito. Por eso, el v. 17 añade: «Como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas como naderías y vaciedad.»
Mt. 15:26. «No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.» No sólo no está bien, sino que es una crueldad, el privar del alimento a los propios hijos. Véase también bajo la figura llamada hipocatástasis.
Mt. 18:14. «Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.» ¡No, no es su voluntad! Más aún, ¡es contrario a su voluntad! La voluntad de Dios incluye mucho más: Predestinación (Ef. 1:5); regeneración (Jn. 1:13; Stg. 1:18); liberación de la maldad del mundo (Gá. 1:4); santificación (1 Ts. 4:3; He. 10:10); preservación final, resurrección y vida eterna (Jn. 6:39–40).
Mt. 22:3. El original dice textualmente: «y no querían venir». Con esto se nos da a entender, no sólo que rehusaron venir, sino que lo hacían en virtud de un propósito determinado y constante de su corazón.
Lc. 17:9. «¿Acaso le da las gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.» Como diciendo: «Estoy seguro de que no le dará las gracias.» La concisión de la frase da a entender que ni siquiera merece detenerse en dar razones.
Ro. 10:19. «Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo» (lit. con un no-pueblo,—ouk éthnei—; se trata de pueblo gentil). Si se compara con 1 P. 2:10, se nota el contraste: «… los que en otro tiempo eráis no-pueblo» (gr. laós = el pueblo de Dios). Esta construcción reduce a «cero» la cosa a la que afecta (comp. con Am. 6:13: «os alegráis por lo que es nada»). Eso éramos nosotros los gentiles: «no-pueblo de Dios». Pero, por Su gracia, se forma «un pueblo» de entre todas las naciones (v. Hch. 15:14; Ap. 5:9; 7:9), el cual existirá eternamente.
1 Co. 15:9. «Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles.» dice esto a fin de engrandecer la gracia de Dios (v. 10). Mientras que, cuando defiende su ministerio, puede decir: «y pienso que en nada he sido inferior a los más eminentes apóstoles» (2 Co. 11:5. V. también 12:11–12).
Ef. 3:8. El griego dice textualmente: «A mí, que soy el más menor de todos los santos» (es decir, de todos los creyentes). Un año más tarde, Pablo dará muestras de su crecimiento espiritual al avanzar un paso más y afirmar: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero» (1 Ti. 1:15). ¡El primero en la fila de los pecadores! ¡El último en la fila de los santos! ¡Qué humildad tan extraordinaria!
Flm. 11. «el cual (Onésimo) en otro tiempo te fue inútil». Esto es, te causó perjuicio. Pablo usa el adjetivo «inútil», para que resalte mejor la siguiente «utilidad» de Onésimo, haciendo un juego de palabras con el nombre del esclavo de Filemón, ya que «Onésimo» significa «útil, provechoso, beneficioso».

He. 9:12–13. «sangre de machos cabríos … de becerros … de toros …». Aquí la figura litote sirve para rebajar la importancia de los sacrificios de la Ley, a fin de que resalte mejor el gran sacrificio del Calvario, al cual apuntaban aquéllos.


martes, 29 de octubre de 2013

¿Prueban la evolución?

Los pequeños monstruos de las cuevas
Recientemente algunos científicos descubrieron un mundo de pequeñas criaturas nunca antes conocidos. Una cueva en Rumania fue abierta y reveló arañas vampiros, moscas sin alas, alacranes de agua que producen tubos para respirar bajo agua, y animalitos (sanguijuelas) que chupan lombrices enteras como chupar un espagueti. Los reporteros proclamaban el descubrimiento como evidencia para la evolución. ¿Lo es?
Las arañas vampiros son siempre arañas; las moscas sin alas son siempre moscas; los alacranes y sanguijuelas siempre son reconocibles como alacranes y sanguijuelas.
No, los pequeños monstruos de la cueva no prueban la evolución. Sólo prueban la «reproducción según su género y especie» - como lo dice Génesis.
Los científicos son dados a presentar cualquier forma de cambio como prueba de la evolución. Pero la evolución no es cualquier cambio; es el surgimiento de nuevas categorías de seres vivos. Las criaturas de la cueva no representan nuevas categorías. Son simplemente modificaciones de categorías existentes.
Los que creemos en la creación hecha por Dios aceptamos esta clase de modificaciones dentro de las especies. El mismo Dios que creó los animales «según su género y especie» también debe haberlo creado con la capacidad para adaptarse - si no, estos géneros no hubieran durado mucho tiempo.
Carlos Darwin comenzó mal con su teoría de la evolución hace más de un siglo cuando incluyó la adaptación como evidencia de la evolución. Fue un error cometido en reacción contra la posición del «creacionismo» (los que creen en la creación hecha por Dios según la Biblia). Muchos «creacionistas» en aquel entonces enseñaban que los seres vivos nunca cambiaban en nada. Para Darwin aún las adaptaciones pequeñas mostraban evidencia para la evolución.
Los creacionistas de aquel entonces también enseñaban que ninguna especie se había extinguido. Para Darwin la extinción de especies también contaba como evidencia para la evolución.
Los creacionistas enseñaban que los seres vivos fueron creados en el lugar geográfico en que se encuentran hoy. Las jirafas fueron creadas en el África, búfalos en Norteamérica, Llamas en Sudamérica. Por lo tanto, las migraciones de animales también contaban para Darwin como evidencia de la evolución.
Hoy, por supuesto, ninguno de estos factores afectan el debate sobre la evolución. Las teorías anteriores de los creacionistas dependían más de la filosofía griega, que enseñaba que las especies eran eternas. Pero los creacionistas de hoy somos guiados más por las escrituras.
Dios dice en el libro de Génesis que creó cada animal según su «género» - no creó todas las especies. Esta frase «según su género» sugiere que el límite entre géneros es definido por la reproducción: un «género» es un grupo que puede reproducirse entre sí.
“Adaptación” y “evolución” son cosas distintas
Toda la familia de gatos - desde gatos de casa hasta leopardos y tigres - forman una cadena que constituye un sólo «género». Lo mismo con los perros, desde las mascotas de casa hasta lobos y chacales.
Y podemos testificar de la gran diversidad que puede suceder dentro de los géneros creados. Los perros domesticados alcanzan desde el pequeño Chihuahua hasta el San Bernardo gigante - pero nunca dejan de ser más que perros.
Cuando Darwin hizo su viaje famoso a las islas Galápagos descubrió pájaros (pinzones) y tortugas que variaban un poco de isla en isla. Creía que había descubierto el proceso de la evolución en moción. Pero los pinzones siempre eran pinzones - no se hicieron otra especie de pájaro - y las tortugas siempre eran tortugas.

Hoy usted y yo podemos darle vuelta a la tortilla con respecto a Darwin. Lo que sus pinzones realmente muestran - igual a los pequeños monstruos de Rumania - es que los cambios siempre suceden dentro de los límites de los géneros creados. Igual como lo dice Génesis.