jueves, 7 de noviembre de 2013

Por qué la gente acude a las sectas

Nos quedan algunas preguntas espinosas. ¿Por qué tanta gente acude a las sectas cuando «todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia…» (2 Pedro 1:3)? ¿Cómo es posible que gente sincera crea lo que en realidad es una mentira? ¿Por qué quienes están en una secta no se dan cuenta y simplemente salen de ella? Para contestar estas preguntas es necesario tomar en cuenta varias cosas:
1. Nunca olvidemos el poder y la astucia del enemigo de nuestras almas. Después de estudiar todos los pasajes relacionados con el diablo,1 llegué a la conclusión de que Satanás pasa la mayor parte de su tiempo en engaños y mentiras (Juan 8:44). Satanás es el creador de las sectas; presenta una religión que niega la eficacia de la muerte de Jesucristo y la sustituye por un camino que apela al ego humano; cuestiona la salvación de los fieles y los acusa haciéndolos sentir culpables (Apocalipsis 12:10); edifica grupos falsos que en realidad son «sinagoga de Satanás» (Apocalipsis 2:9). Además Apocalipsis 12:9 declara que él «engaña al mundo entero». Y «no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz» (2 Corintios 11:13–14 BLA).
2. La secta proporciona a la persona un (falso, por cierto) sentido de la vida. Daniel Jerusalimiec, profesor del Seminario de Fe en Buenos Aires explica:
«Puede ser que estas personas han encontrado la hermandad y el compañerismo que la iglesia no supo proporcionar. Una secta sabe integrar rápidamente a un nuevo miembro haciéndolo sentir aceptado entre ellos. De esta manera, el nuevo integrante encuentra una sensación de seguridad y una organización que cuida de él. Más aun, la secta le ofrece una vida radicalmente diferente que le presenta un desafío atractivo. Esto le da “sentido a la vida”. En este nuevo grupo él empieza a sentirse valorado, [y] ya no le importa si es ridiculizado por sus vecinos o amigos pues él ahora ha encontrado dirección a la vida que nadie antes pudo proporcionarle.»
3. Últimamente en la mente de muchos «éxito» equivale a »grande». En varios sitios de América Latina las sectas —no las importadas sino los grupos cultivados en casa— son los grupos más numerosos y cuentan con miles y miles de seguidores. La conclusión lógica es que porque es algo grande tiene que estar favorecido por Dios, o que porque hay mucho dinero Dios está bendiciendo. ¡Cuidado! Durante el tiempo del profeta Elías más personas seguían a Baal y a Asera que a Jehová. Jesús afirma: 
«…ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan» 
(Mateo 7:13–14)
4. La persona escuchará testimonios asombrosos de cómo el grupo ha cambiado la vida de alguien, cómo ha sanado a un niño, o cómo Dios ha contestado oraciones. Por eso no siempre es fácil detectar los peligros de participar en una secta. No nos dejemos cautivar por testimonios y aparentes milagros porque «se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun a los escogidos» (Marcos 13:22). El Señor advirtió: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad»(Mateo 7:22–23).
Además, después de un «lavado del cerebro» la persona no se dará cuenta de su situación pues el proceso habrá alterado su manera de pensar.
5. Gran parte de quienes recurren a las sectas es gente crédula, que sinceramente busca cómo apaciguar la ira de Dios por sus fracasos y pecados, cómo aliviar su culpa y cómo hallar una vida mejor. Las sectas prometen todo esto y más todavía: sanidad física, financiera y emocional; la divulgación de «misterios» antes ocultos y ahora revelados al «ungido»; prometen ser la única iglesia que verdaderamente sirve a Dios; aseguran una unción especial, cosas por el estilo. Todo eso cautiva, seduce, hipnotiza y finalmente atrapa a muchos. Pablo advierte al joven pastor Timoteo que debe seguir predicando la Palabra de Dios porque «vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas [mitos, BLA]» (2Timoteo 4:3–4). El mito, por definición, es algo inventado por los hombres. Puede ser algo bien pensado, bien enunciado, impactante y que inspira fe, pero sigue siendo algo inventado por la mente humana. Los cristianos somos personas de la verdad, de la Biblia.
6. Para muchos es más sencillo dejar que otro (los líderes del grupo) tome las decisiones y que les digan qué creer y qué hacer. La secta ofrece una manera visible (externa) de medir la espiritualidad. El legalismo es externo y demanda obediencia a reglamentos humanos. Una mujer atrapada en una secta me confesó una vez: —Yo sé que ando bien con Dios porque no corto mi cabello, no voy al cine…
Ella había pedido hablar conmigo porque estaba molesta con el predicador Luis Palau por haber predicado que las relaciones sexuales fuera del matrimonio siempre son pecaminosas. La mujer estaba separada de su esposo y disfrutaba de una o dos aventuras sexuales al año «solamente con gente buena». Me dijo que Dios no la condenaría porque ella cumplía los mandamientos humanos que me había mencionado arriba (entre otros). Sin embargo, vivir por la gracia del Señor es algo interno y requiere responsabilidad, discernimiento, dominio propio y una relación íntima con Dios.

Para muchos es difícil comprender por qué la gente queda atrapada en una secta falsa. Sin embargo, sumando los seis aspectos ya citados, posiblemente sea más fácil apreciar y compadecerse de la situación de los prisioneros espirituales.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Epexégesis

Esta figura (del gr. «epí» = sobre + «ex» = de + «hégesis» = acto de guiar) consiste en la repetición llevada a cabo con objeto de explicar algo. Hay tres clases de epexégesis: 1) exergasia, cuando lo que se añade sirve para desarrollar lo que se ha dicho antes; 2) epimoné, cuando lo que se repite sirve para hacer más profunda la impresión causada por afirmaciones anteriores; y 3) hermeneia, cuando lo que se repite hace la función de interpretar lo que precede.
1) Ejemplos de exergasia:
Sal. 17:1. «Oye, oh Yahweh, una causa justa;
está atento a mi clamor.
Escucha mi oración hecha de labios sin engaño.»
Sal. 18:1–2. «Te amo, Yahweh, fortaleza mía.
Yahweh, roca mía y castillo mío, y mi libertador;
Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;
mi escudo y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.»
Sal. 35:1–3. Véase su estructura:
a1. «Pleitea, oh Yahweh, con los que contra mí contienden;
b1. Pelea contra los que me combaten.
a2. Embraza el escudo y la coraza (o: pavés) y levántate en mi ayuda.
b2. Blande la lanza, cierra contra mis perseguidores;
a3. di a mi alma: Yo soy tu salvación.
b3. Sean avergonzados, etc.» (vv. 4-8).
En a1, a2 y a3, tenemos oración por él mismo (defensiva); en b1, b2 y b3, oración contra sus enemigos (ofensiva). En ambos casos, hay un desarrollo progresivo.
Jon. 2:2 (Biblia Hebrea, v. 3). Véase en estructura alternante:
a. «Invoqué en mi angustia a Yahweh,
b. y él me oyó;
a. Desde el seno del Seol clamé,
b. y oíste mi voz.»
Véase ahora el v. siguiente (3; en la BH, 4), en introversión:
c. «Me echaste a lo profundo,
d. en medio de los mares,
d. Y me rodeó la corriente;
c. todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.»
Aquí, en a y a tenemos la aflicción de Jonás; en b y b, la atención que Dios le prestó; en c y c, la profundidad del mar en su conjunto; en d y d, el movimiento de las aguas en torno de Jonás.
Zac. 6:12–13. «… Así dice Yahweh de las huestes:
He aquí el varón cuyo nombre es el Retoño,
el cual retoñará de su lugar,
y edificará el templo de Yahweh.
Él edificará el templo de Yahweh,
y él llevará las insignias reales,
y se sentará y dominará en su trono,
y habrá un sacerdote junto a su solio;
y consejo de paz habrá entre ambos.»
La figura es realzada aquí por medio del polisíndeton.

2) Ejemplos de epimoné:
Zac. 1:3–6 es considerado bajo esta figura, ya que la repetición del verbo «volverse» tiene por objeto profundizar en el hecho de que todo lo que el pueblo está padeciendo se debe únicamente a su negación a escuchar las palabras de Yahweh.
Mt. 7:21–23. También esta porción tiene por objeto hacer más profunda la impresión de que para nada sirven los dones espirituales sin la obediencia cordial a la voluntad de Dios.
Mt. 12:31–32. Aquí, la verdad afirmada en el v. 31 es ampliada en el v. 32, para dejar bien claro lo tremendo del pecado contra el Espíritu Santo (v. 24), al atribuir a contubernio con con Satanás el poder ejercitado por el Señor en la expulsión de demonios (véase c. 28).
Mt. 15:18–20. Después de afirmar que «lo que sale de la boca, sale del corazón; y eso es lo que contamina al hombre», el Señor pasa a explicar qué cosas son las que salen del corazón y, por tanto, son las que realmente contaminan al hombre; «pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre».
Mr. 7:20–23. También aquí, el hecho solemne, afirmado en el v. 20, es puesto de relieve en los vv. siguientes, a fin de que se imprima con fuerza en la mente y en el corazón de los oyentes.
Jn. 21:15–17. La triple restauración de Pedro tiene por objeto asegurarle que su anterior triple negación no le separaba del ministerio pastoral y que, a pesar de haber caído, la oración de su gran Abogado había sido escuchada para que la fe de Pedro no fallara (v. Lc. 22:32).
Col. 2:14–15. En esta porción, el glorioso resultado de la muerte de Cristo es puesto de relieve mediante la enumeración detallada de sus triunfos.

3) Ejemplos de hermeneia:
Sal. 7, donde el v. 13 (BH, 14) es una explanación del v. 12 (BH, 13).
Sal. 77:19. Después de decir: «En el mar te abriste camino …», se da, como una interpretación, lo de: «Y tus pisadas no dejaron rastro.»
Is. 1:22–23. Aquí, después de las palabras: «Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado con agua», se da la interpretación: «Tus príncipes, rebeldes y compañeros de ladrones …»
Is. 34:6. Lo que en la 1.a parte del v. se dice de la «espada» de dios, se explica en la 2.a parte del mismo versículo. Is. 44:3. También aquí, la segunda parte del versículo nos ofrece la interpretación de la primera parte.
Is. 51, donde el versículo 2 interpreta el sentido del versículo 1.
Os. 7:8–9. El v. 9 nos da la interpretación del v. 8.
Am. 3:8. Primeramente tenemos lo del «rugido del león»; después, la interpretación: «Si habla Adonay Yahweh, ¿quién no profetizará?»
Mt. 6:24; Lc. 16:13, donde la 2.a cláusula nos explica la 1a:
A. «Nadie puede servir a dos señores,
B. a. porque o aborrecerá al uno
b. y amará al otro,
B. b. o se adherirá al uno
a. y menospreciará al otro.
A. No podéis servir a Dios y a Mamón.»
Aquí, A interpreta lo de A, mostrando que los dos amos son Dios y Mamón; mientras que, en B y B, se da una doble razón en la forma de la figura epánodo (Véase en su lugar).
Jn. 7:39. Este versículo es añadido para interpretar lo dicho en el versículo 38.
2 Ti. 4:6. Lo de «yo ya estoy siendo derramado» (como una ofrenda de libación) es explicado en lo de «el tiempo de mi partida es inminente».
Además, todos los lugares en que el propio texto sagrado dice: «lo cual, siendo interpretado, es …» entran dentro de esta figura que llamamos hermeneia.

Existe una figura, llamada batología (que significa «repetición vana»—v. Mt. 6:7—, donde ocurre el verbo), la cual nunca ocurre en la Biblia con respecto a Dios, sino sólo en boca de incrédulos, como puede verse en 1 R. 18:26; Hch. 19:34, etc.


martes, 5 de noviembre de 2013

Humanos y pecadores inevitablemente

Mientras no reconozcamos con seriedad que somos humanos y que lo que nos incita al pecado es nuestra naturaleza pecaminosa, seguiremos teniendo exageradas expectativas y nunca podremos tener una relación conyugal exitosa.
Es necesario reconocer que aunque existen muchas diferencias, algunas amenazantes y otras hermosas, existe una similitud fundamental y es que ambos somos humanos y tenemos una naturaleza pecaminosa.

No se olvide que ambos son humanos, por lo tanto, están sujetos a fallas a pesar de las buenas intenciones que tengan. Es humano fallar y como humanos tenemos limitaciones que nos impiden lograr todas las cosas que nosotros quisiéramos. Somos humanos con emociones frágiles. Somos cambiantes aunque no queramos, porque nuestras emociones también son cambiantes aunque no queramos.

Los seres humanos no morimos iguales que cuando nacemos, al contrario, vamos cambiando con el paso del tiempo. Somos variables en nuestras determinaciones y por lo tanto, es de humanos sabios reconocer sus limitaciones.

No se olvide también que ambos son pecadores, que ambos comparten una naturaleza pecaminosa que les incita a buscar la gratificación de la carne, y aunque por momentos, ésta desea cosas perfectamente adecuadas, hay momentos en que también se rebela. El problema que tenemos es que esta constante compañera cuyo nombre es naturaleza y cuyo apellido es pecaminosa, generalmente desea las cosas que son permitidas por Dios, pero las quiere obtener fuera del tiempo y los límites que Dios ha estipulado.

Permítame compartir algunos ejemplos. Es perfectamente normal desear las relaciones sexuales. Es anormal no desearlas. Dios nos permite disfrutarlas y seremos beneficiados por ello; pero para que sea beneficioso y signifique una realización para los cónyuges, deben realizarse en el tiempo adecuado, y dentro de los límites que Dios ha establecido. No antes del matrimonio y no fuera del matrimonio.

Sin embargo, luchamos con esa tendencia a hacer las cosas a nuestra manera. Esa misma naturaleza que nos lleva a romper los límites, o a irnos a los extremos, también luchará para que en nuestra relación matrimonial adoptemos posiciones extremas e irreconciliables. Esta naturaleza pecaminosa nos incitará a que nos aprovechemos de las libertades para tener actitudes que no edifican sino que al contrario, destruyen lo hermoso de la relación matrimonial.

Recuerden que aun con todos los esfuerzos que hagamos por vivir con nuestras diferencias, tenemos una naturaleza pecaminosa que lucha dentro de nosotros para que hagamos precisamente aquello que no queremos, inclinación pecaminosa que nos motivará a que hagamos aquello que desagrada a quien creó el matrimonio. Pablo dice: «Porque lo que hago no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago… Y yo sé que en mí, esto es en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero sino el mal que no quiero, eso hago… ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?»


Es necesario que como pareja recuerden esto, porque a pesar de la buena determinación que tomen tendrán una constante batalla. Recuerden que no será efectivo tomar una sola vez la determinación de aprender a vivir con nuestras diferencias y luego olvidarnos porque ésta es una decisión que debe aplicarse cada día, momento a momento y sobre todo en los momentos de mayor dificultad.


lunes, 4 de noviembre de 2013

Astrología, ¿ciencia o religión?

«La culpa no está en las estrellas, sino en nosotros mismos».
SHAKESPEARE
Basta con preguntar a las personas en nuestro entorno para darnos cuenta que todo el mundo conoce su signo del Zodíaco, incluso aquellos que no sienten por la astrología la más mínima curiosidad. La astrología «posee el aura de una ciencia y el misticismo de una religión». Confundida con la astronomía (que es una ciencia exacta que estudia las magnitud, el movimiento y las distancias de los cuerpos celestes), significa literalmente, en griego, «la palabra» (logos) de «las estrellas» (astra). Pretende ser el estudio de las reacciones de la vida a las vibraciones planetarias por el horóscopo: «el instante, el día o la hora» (hora) que se examina y se observa (skópeo).

La astrología se basa en las constelaciones del Zodíaco, un circuito imaginario que agrupa en doce regiones la esfera celeste, por las que el Sol, la Luna y los planetas se mueven alrededor de la Tierra. Se pretende así que toda persona esta bajo un signo astrológico, desde el mismo día de su nacimiento. Pero la realidad astronómica actual muestra que las constelaciones del Zodíaco eran y son, por lo menos catorce, divididas en una veintena de constelaciones, que no giran alrededor de la Tierra.

Su culto es tan antiguo como el espiritismo, pero no debemos pensar que gozaba por ello de igual prestigio en todas las épocas. Los caldeos de Babilonia, después de haberla tenido en alta estima, la desecharon finalmente como una mera superchería, pero del imperio medo-persa se traslada a Grecia con Alejandro Magno, donde fue desarrollada por Ptolomeo. Platón ridiculiza la astrología y Aristóteles se burla de ella, pero Tácito y Cicerón la condenan, aunque se practicaba tanto en China como en la India, llegando en la Edad Media al Islam.

Tal y como observa un divulgador científico como Martin Gardner, «nuestra época dista de ser ilustrada. Hoy probablemente la fracción de personas inteligentes que creen en la astrología es mayor que en la Europa del siglo XIII». Estamos ante una industria multimillonaria que llena páginas y columnas de periódicos, revistas, libros, consultorios teléfonicos y hasta máquinas tragaperras. El hombre actual, tan desprovisto de sentido y seguridad como el antiguo romano durante la caída de su imperio, se vuelve a la astrología y la brujería, en una confusión y aturdimiento, que le hace ir a la deriva.
¿Ciencia?
A los astrólogos les gusta recordar que la astrología y la astronomía tienen un origen común, aunque la astrología era la teoría y la astronomía la observación. No obstante muchos siguen confundiendo los términos. Un grupo de 258 astrónomos y astrofísicos españoles dio a conocer un manifiesto a la opinión pública en mayo de 1990, mostrando su preocupación por el creciente aumento de la aceptación popular de las supersticiones astrológicas. Esta declaración sigue el ejemplo de 186 científicos norteamericanos que firmaron un documento parecido en 1975, que incluía los nombres de 20 Premios Nobel, que tomaron la idea de una iniciativa semejante de la Sociedad Astronómica alemana en 1949.

Los astrólogos no sólo ignoran los asteroides y los cometas, sino el importante hecho de la procesión de los equinoccios por la que el zodíaco ha cambiado en realidad un signo entero (ya que desde la época de los griegos han pasado veinte siglos, en los que el eje de la Tierra no ha dejado de girar). Por lo que los Libras en realidad son Virgos, o los Escorpiones, Libras … De hecho, los signos astrológicos no son, en realidad, más que una forma disfrazada de rebautizar a los meses del calendario, comenzando en este caso por el 21 de marzo (Aries) en lugar del 1 de enero. Así en el antiguo calendario chino, el año, mes, día y hora de nacimiento están expresados por ocho carácteres, que se comparan con ocho rasgos de la persona.

Se habla de planetas cuya naturaleza es mala. Así se supone que Urano causa la muerte por catástrofes repentinas, Neptuno asesinatos, Saturno golpes y caídas, Marte heridas y quemaduras. Otros tendrían sin embargo una influencia beneficiosa (generalmente Júpiter, Venus, el Sol y la Luna). Y «desde luego que la Luna interviene en el fenómeno de las mareas, pero nada tiene eso que ver con que su supuesta influencia le sea favorable o desfavorable en el futuro a un bebé recién nacido». Los mellizos, nacidos bajo condiciones planetarias idénticas, no sólo tienen personalidades distintas, sino que viven situaciones completamente diferentes.

El contenido de los horóscopos, gracias a su enorme imprecisión, permite la libertad de descifrarlos tal y como uno quiera. El lector proyecta así sus deseos y experiencias, sometiendose así a un orden cósmico impersonal, que hace de la astrología una religión. De esta manera el yo se elimina, junto con la libertad personal, por la que el individuo se convierte en un juguete de mecanismos planetarios, permitiendo que sea otro el que tome en realidad las decisiones por ti: el astrólogo.
¿Religión?
La astrología tiene mucha relación con la religión. En las antiguas civilizaciones se usaba para intentar averiguar los signos de la voluntad divina a traves de los astros, y en consecuencia el destino del hombre. Los sacerdotes se transmitían en unos libros secretos la experiencia adquirida en su observación. Michel de Nostradamus (1503–1566) fue un medíco judío francés convertido al catolicismo romano, que halló una eficaz cura contra la peste bubónica. Se hizo famoso por su libro Centurias (1555), que comprende unas series de estrofas de cuatro versos, escritos en francés y latín, que pretende predecir el futuro hasta el año 2000 a.C., incluida su propia muerte y la del rey francés Enrique II en 1559. Su lenguaje es extraño y oscuro, sin orden lógico ni cronológico. Pocas veces se dan fechas, pero según el autor, intencionadamente.

Hubo mucho interés con el cambio de milenio por las profecías de personajes como Nostradamus, igual que sucedió con el Comentario a Apocalipsis del Beato de Liébana al final del primer milenio. El diseñador francés de origen español Paco Rabanne temía la destrucción de París el verano de 1999, por lo que ordenó a todos sus empleados que abandonaran la ciudad el 11 de agosto, cuando un eclipse de Sol se hizo visible desde el norte de Francia. Su libro 1999—El Fuego del Cielo describe este cataclismo de acuerdo a una visión que tuvo de joven, en la que gente ardía y no se apagaba, aunque se lanzaran al Sena. Muchos ven en Nostradamus otros muchos acontecimientos recientes como la guerra en Kosovo, la tensión entre la OTAN, Rusia y China, o los conflictos entre la India y Pakistán. Pero ¿de dónde saca Nostradamus estas predicciones?
En el prefacio de sus profecías Nostradarnus reconoce a Dios como la fuente de todo poder; por lo tanto, Dios debe inspirar a un hombre antes de que éste pueda entender el futuro. El astrólogo usando las palabras del Salvador verdadero, advierte que no se echen las perlas a los puercos. También reconoce que el hombre no puede conocer los tiempos y sazones que Dios ha reservado únicamente para su propio conocimiento. Pero Nostradamus se aparta de las Escrituras judío cristianas al creer que Dios quiere gobernar el destino del hombre en la Tierra por medio de la influencia de estrellas y constelaciones.
La Biblia condena la astrología con firmeza, tanto en la ley (Dt. 18:10–12) como en los profetas (Is. 47:12–14). La Escritura muestra a los astros desde el principio como criaturas de Dios, y al desmitificar el cielo, libra al hombre de un porvenir determinado por las estrellas. La astrología, lejos de dar seguridad acerca de nuestro destino, nos hace totalmente dependientes, en una sumisión ciega a las fuerzas de la naturaleza, cuando nuestro dueño y nuestro guía no son las estrellas, sino aquel que nos ha creado. Ahora te toca a ti decidir en quién quieres confiar: ¿en Dios o en las estrellas?


Mantener una concepción mágica del mundo puede tener trágicas consecuencias. La influencia de los planetas no puede determinar la conducta de nadie, ¡pero su horóscopo sí! Hace que la culpa no sea nuestra, sino ¡de las estrellas! El peligro de la astrología, incluso considerada como una especie de juego que uno se cree sólo a medias, es que el consumidor de horóscopos acaba respondiendo en su determinismo a lo que supuestamente le predicen los astros. La predicción se convierte así en una profecía que se cumple a sí misma, ya que acaba influyendo en mayor o menor medida en el comportamiento del individuo, la opinión que uno tiene de sí mismo, su poder de iniciativa y, a la larga ¿cómo no? ¡su destino!…