viernes, 15 de noviembre de 2013

El Líder y sus riesgos (parte 1 de 2)

Nos limitaremos a lo que Pablo dijo a ios Tesalonicenses: “Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones. Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres …” (1 Tesalonicenses 2:3–6).
En estas pocas palabras, Pablo describió por lo menos siete riesgos en el ministerio que rodeaban su exhortación, predicación y acción dentro del rebaño. El se había cuidado de hacer todo para agradar a Dios, y a causa de ello había sufrido bastante.
Con respecto a lo segundo, es decir, los riesgos que pudieran sobrevenir por las tentaciones personales que sufre el ministro, podríamos señalar lo siguiente:
1. El mal ejemplo
Un descuido puede ser usado por el enemigo para destruir el potencial espiritual y hacer fracasar al siervo de Dios. Pudiera ser alguna opinión sin madurar, o alguna ligereza en transmitir confidencias. Quizás, desprolijidad en ajustarse a la verdad o gestos que no coindicen con la vida de los santos.
Ya mencionamos en otra parte lo que le sucedió a Pedro, que habiendo sido un ejemplo en Galacia, por temor a los hombres produjo una escena de fingimiento que manchó su reputación (Gálatas 2:11–14). Pero, reprendido, aprendió la lección, y posteriormente, el mismo dice que los pastores debemos ser ejemplos del rebaño (1 Pedro 5:3).
La figura del pastor está unida a la santidad, al temor de Dios, a la conducta de veracidad, etcétera; y cuando estas cualidades esenciales se dañan, nos quedamos con la persona pero no con el liderazgo. Pablo exhortaba a los cristianos a “vivir delante de Dios” (2 Corintios 4:2; 7:12) por el respeto que significaba el llevar su nombre.
2. El ejercicio del dominio sobre los demás
Para ser líder, es necesario que los liderados estén sujetos. El peligro está en que nos olvidemos de quién es el Señor del rebaño, y comencemos a manipularlo; es decir, a usarlo para beneficio propio. Algo así como lo que hizo David cuando envió a todos a la guerra y él se quedó en Jerusalén. Después que se acostó con la mujer de Urías, se produjo un movimiento de personas para aquí y para allí a fin de que Urías muriera y el nacimiento del niño apareciera legítimo (2 Samuel 11). Pero Dios dijo: No.
Quizás, y Dios lo quiera, no lleguemos a semejantes manejos de los que están a nuestro cuidado, pero sí a realizar cosas semejantes a lo que leemos en Gálatas 6:13: “Ni siquiera los que se circuncidan cumplen todo lo que la ley dice. En cambio quieren que ustedes se circunciden, para así ellos presumir de haberlos obligado a ustedes a llevar esa marca en el cuerpo” (Dios Habla Hoy). ¿Dónde estaba el manipuleo? En que ciertos líderes sometían a sus hermanos a ritos para ganar crédito con los judíos que abogaban por este tipo de proselitismo (comp. Filipenses 3:3). ¿No podrían existir ahora quienes impongan algo a los hermanos, para quedar bien con otros o para demostrar capacidad de dominio sobre los que tienen a su cuidado?
3. La búsqueda de prestigio
El mundo está lleno de personajes que andan en busca de prestigio. Hay quienes se afanan para que todos sepan quién es el cerebro de los aciertos, y no investiguen por qué causa ocurren los fracasos.
Pero no debe ocurrir así con nosotros. En el tiempo antiguo, Dios le ofreció a Moisés, ponerlo delante de gente mejor que Israel, cuando le dijo: “Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos” (Números 14:12); pero él no quiso, porque creía que, a pesar de todo, los propósitos del Señor para él estaban unidos a ese pueblo, y oró para seguir con ellos.
Buscar prestigio propio es cambiar el objetivo del plan, y eso no puede ser correcto (Romanos 14:18). La mirada que ponemos en las apariencias estimula la aprobación humana, pero nos aleja de la mirada de Dios. La tentación de convertirnos en ídolo es tan peligrosa como caminar al borde de un precipicio.
Las ovejas tienen que ver a su pastor como alguien que sobresale por sus cualidades espirituales, el medio por el cual Cristo es exaltado en medio del rebaño. Así como un día un palo sirvió para levantar a la serpiente de bronce en el desierto, a la cual los israelitas mordidos tenían que mirar, nosotros debemos ser únicamente medios para levantar a Cristo, al cual todos tienen que ver.
CONSIDERACIONES SOBRE LOS RIESGOS

1. Seguir el modelo bíblico es comprender lo que Dios exige.
2. Si el Señor no es el Pastor, nosotros no somos sus representantes.
3. Cuando el Espíritu convoca por medio de un líder, la atracción es hacia el Señor.
4. El líder puede ganar prestigio, pero solamente Dios le confiere autoridad.


 


jueves, 14 de noviembre de 2013

Por qué es difícil salir de una secta

Miles de personas que luchan para escapar de una secta aun después de haber tomado la decisión de salir. ¿Por qué?
1. Algunos temen salir debido a lo que les pasaría a ellos y a su familia. El libro de Hebreos es una exhortación a los destinatarios a perseverar, a seguir en la gracia y a no volver a obras muertas. Los hebreos habían salido de su vida de legalismo y habían entrado en la gracia del Señor, cuando inesperadamente las cosas cambiaron. No solamente fueron perseguidos por los romanos por ser judíos, sino también perseguidos por los judíos por ser seguidores del Mesías. Seguramente lo que pasó por sus mentes fue algo como: «¿Está Dios enojado con nosotros por haber salido de la »sinagoga» (la iglesia madre)? ¡Volvamos a ella!»
Las personas atrapadas en una secta han sido instruidas para creer que «aquí» (en la secta) Dios las ama y las bendice; y «allí» (fuera de la secta) Dios no las ama y tal vez las envíe al infierno. Además, muchos creen en la eficacia de las maldiciones. Al salir de una secta, cualquier cosa insólita que les sucede los lleva a creer que es resultado de una maldición instigada por el grupo. Sin duda ese temor (de una maldición) infundado por parte de muchos sectarios es el fundamento de la decisión de no salir.
2. El apóstol (ungido, siervo, profeta o cómo se llame) se ha sentado «en la cátedra de Moisés» (Mateo 23:2), es decir ha convencido a la gente de que él mismo posee la máxima autoridad y es vocero de Dios. ¿Quién se atrevería a contradecir al vocero de Dios?
Este líder «explota necesidades universales: el ansia de parte de algo, el deseo de cierto orden y seguridad, el querer conectarse con algo más grande que uno, el anhelo secreto de hallar un padre solícito que ofrezca protección y bienestar».
3. Si la secta logra uno de sus propósitos, el interlocutor ha sido apartado de sus familiares y amigos. Este aislamiento causa que la persona esté más ligada al grupo y sea menos capaz de existir sin el grupo. Después de haber tomado la decisión de apartarse de la secta, la muchacha que cuenta su historia en el capítulo 11 permaneció otros seis meses porque «estaba sin amigos».
Un hecho notable a la lucha de quienes quieren salir de una secta lo constituyen aquellos que después de escaparse luchan para encontrar una nueva iglesia. Uno de los motivos se ilustra con la experiencia de un adolescente en México. Después de haber sido engatusado por una secta durante más de dos años, entró en razón, se dio cuenta de que el grupo estaba manipulando su vida y pudo salir. Cuando acudió a mí para pedir ayuda, andaba de iglesia en iglesia, no queriendo echar raíces en ninguna porque, decía, «ya no puedo confiar en nadie, y menos en los líderes».
Otro joven, después de haber salido de una situación similar, me explicó que tampoco se tenía confianza como para tomar la decisión de seleccionar una nueva iglesia. Confesó sentirse paralizado emocionalmente.

Cuando se juntan los varios ingredientes presentados en este capítulo: gente sincera pero crédula, la astucia de Satanás, el encanto del legalismo, las promesas de las sectas, la sagacidad del lavado de cerebro (ver capítulo siguiente), la desesperación de la gente por encontrarle sentido a la vida, la satisfacción al imaginar que uno está en presencia del «vocero de Dios», uno comienza a comprender por qué la gente entra en el mundo de las sectas y por qué simplemente no las abandonan cuando se dan cuenta de que se trata de sectas.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

Contentamiento cristiano

(Filipenses 4:11)
En todas las circunstancias de la vida, es una virtud de extraordinaria importancia. El apóstol Pablo había sufrido persecución, necesidad, hambre, cómo expresa este mismo pasaje, y a pesar de todo estaba satisfecho …
1. Significado de tal contentamiento:
a) No es insensibilidad en las tribulaciones: el apóstol sentía el aguijón en la carne, los azotes e injurias de los perseguidores, el frío y el hambre, y pedía a Dios que le librara de tales padecimientos, pero al mismo tiempo estaba satisfecho, sabiendo que era la voluntad de Dios que pasara por ellos.
b) No es satisfacción en la suficiencia: «Sé tener abundancia» (v. 12). Hay quienes no saben tenerla, porque al recibir tal bendición ambicionan más, o la malgastan en cosas vanas. Sólo los creyentes conocen el secreto de vivir en la abundancia, libres de avaricia, orgullo y ambición.
c) Es satisfacción con lo poco: tampoco era a veces que se veía obligado a trabajar haciendo tiendas para mantenerse él y sus colaboradores.
d) Es satisfacción en la prueba:
—De la necesidad.
—De la enfermedad.
—De las contrariedades morales.
Pablo decía: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil. 4:13).
2. ¿Cómo se adquiere el contentamiento?
a) No lo proporciona el corazón humano.
b) Ni las riquezas, ni altos puestos de honor (1 Ti. 6:9–10).
c) Se obtiene por un cambio de corazón que nos proporciona nuevos deseos.
d) Se acrecienta y aprende por el ejemplo de Cristo, quien por amor a nosotros se hizo pobre siendo rico, padeciendo humillación y sufrimientos porque preveía los gloriosos resultados (Fil. 2:5–10).
3. ¿Cómo se manifiesta?
a) Renunciando a los bienes mundanos por amor a Cristo (ej.: Moisés).
b) Aceptando las consecuencias desagradables que resultan de anunciar a Jesús (Hch. 16:20).
c) Cantando como Pablo y Silas en la cárcel: mostrando un rostro alegre. Salomón dice que el corazón contento tiene como un convite continuo (Pr. 15:15).
d) Esta actitud atrae a los que nos rodean: «Los presos les oían» (Hch. 16:25). El carcelero se convirtió (v. 30). ¿No sería porque les había oído cantar antes de entregarse al sueño?

e) Influye en la salud: «La piedad para todo aprovecha» (1 Ti. 4:8).


lunes, 11 de noviembre de 2013

El manejo de la dependencia

Si se va a cultivar una dependencia saludable, existen cosas que ninguna de las partes integrantes de la alianza debería hacer. A continuación se mencionan siete tabúes que deben observarse:

Las partes no deben definir las metas ni los métodos unilateralmente. Especialmente para los socios de mayor capacidad o con más recursos, esto significa no asumir que ellos saben lo que hay que hacer y cuáles son las metas. No es bueno desarrollar primero un plan para luego invitar meramente a los socios a unírsele en una etapa tardía. Si usted quiere realmente construir una alianza, pregúnteles a sus socios a qué los está llamando Dios y luego desarrolle junto a ellos un plan para llevar a cabo aquello que han discernido.

Las partes no deben basar su relación en un flujo unilateral de recursos. La complementariedad, no la asistencia, es el corazón de una alianza eficiente. La asistencia busca satisfacer las necesidades y los intereses de una de las partes. La complementariedad atañe al logro de los propósitos mutuos y a una visión compartida, y toma en cuenta los intereses y las necesidades de cada parte. Una alianza va más allá de la asistencia y se acerca a la complementariedad cuando cada una de las partes realiza contribuciones diferentes pero de suma importancia para la meta en común.

Las partes no deben permitir que el dinero se convierta en el recurso más valorado. En el próspero occidente, donde los ministerios confían en estrategias fuertes en tecnología y en capital, se procura que el dinero no sea la motivación principal, y aunque esto es bueno en principio, resulta difícil en la práctica. Desafortunadamente, esta dificultad se extiende a las alianzas misioneras. Quienes aportan capital financiero tienden a valorar desmedidamente su contribución por sobre los aportes de las demás partes. En la mayoría de los casos, los socios que aportan poco o ningún dinero confían en los socios con más recursos tecnológicos y financieros. Sin embargo, estos últimos dependen de los recursos humanos, las capacidades lingüísticas, la comprensión e intuición cultural y la pertinencia del estilo de vida de los primeros. ¿Quién puede calcular el valor de estos recursos? Si el dinero se convierte en la principal motivación, se quiebra la reciprocidad, y la responsabilidad compartida da lugar al control desequilibrado.

Las partes no deben financiar la totalidad del costo de un proyecto sin una justificación clara. Ante las enormes desigualdades económicas, los socios de mayor capacidad financiera tienen la presión inherente de ser una especie de «viejo verde rico» de los socios «necesitados». En muchos casos, las tasas de cambio favorables y el acceso al dinero les permiten a los socios de países con economías fuertes facilitar el financiamiento de proyectos. Pero tales socios han de tener en cuenta seriamente que una dependencia saludable florece sobre el fundamento de la responsabilidad compartida. Las decisiones sobre financiamiento deberían basarse tanto en lo que promueve la responsabilidad y reciprocidad como en aquello que busca lograrse. Algunos métodos útiles para lograr una responsabilidad compartida son: las subvenciones compartidas, los fondos de capitales, los proyectos únicos y el apoyo parcial.

Las partes no deben interferir en la administración de la organización del socio. Una cosa es dar consejos cuando se los piden, o incluso amonestar a un socio en caso de mala conducta. Pero otra cosa bastante distinta es entrometerse en los asuntos internos del ministerio del socio. Por ejemplo, una organización que provee apoyo a obreros de otra tiende a asumir la responsabilidad de decidir cuánto se les paga a los mismos. Pero esta es un área que debería estar bajo el control de la estructura administrativa en la cual el obrero sirve.

Las partes no deben hacer por otros aquello que pueden hacer mejor por sí mismos. Hacer esto tiene dos consecuencias serias y negativas. Una es que retrasa las posibilidades de crecimiento y desarrollo. Las alianzas, como las personas, se vuelven fuertes y eficientes solamente cuando toman decisiones, comienzan a actuar y resuelven problemas. La otra consecuencia es que baja el techo de lo que usted puede lograr. Las partes integrantes de una entidad misionera deben combinar adecuadamente las diferentes contribuciones, es decir, las capacidades, conocimientos y recursos complementarios necesarios para llevar a cabo la visión compartida.

Las partes no deben confiar en políticas de «talle universal». Las políticas pueden facilitar la toma de decisiones, pero también pueden conducir a malas decisiones. Por ejemplo, una agencia misionera intenta evitar la dependencia no saludable dando solamente cantidades muy pequeñas, tales como el 10% de la necesidad total. Esto puede ser bueno en algunas situaciones, pero perjudicial en otras. Un método mejor consiste en saber qué está en juego, identificar aquello que falta y luego determinar cuál es la mejor contribución posible bajo aquellas circunstancias.


Para algunos, la dependencia en las relaciones para la misión es considerada una condición a evitar antes que una cualidad esencial. Pero para aquellas entidades misioneras actuales que están identificando cuáles son los eslabones perdidos de sus facultades ministeriales y que procuran colaborar con otras organizaciones en calidad de pares, la dependencia ya no es más una cuestión unilateral sino la clave para la interdependencia y la reciprocidad.