jueves, 28 de noviembre de 2013

¿Es una secta…? – El líder

Pues el que preside la comunidad está encargado de las cosas de Dios, y por eso es necesario que lleve una vida irreprochable. No debe ser terco, ni de mal genio; no debe ser borracho, ni amigo de peleas, ni desear ganancias mal habidas.
(Tito 1:7 VP)
Muchas iglesias comienzan siendo parte de la corriente cristiana evangélica, pero gradualmente se alejan de la doctrina de Cristo. En los próximos tres capítulos presentaremos una lista de preguntas que ayudan a discernir si una iglesia tiene el potencial de convertirse en secta, comenzando con el líder del grupo.
1. ¿Es humilde el líder? (Santiago 4:6, 10). Los líderes sectarios anhelan los lugares de honor y los aplausos de los hombres. Los fariseos, los primeros sectarios en el Nuevo Testamento, son buenos ejemplos: 
«¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas» 
(Lc. 11:43)
«¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?» 
(Juan 5:44)
«Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios» 
(Juan 12:43)
La Palabra de Dios, en cambio, toma precauciones para que los dirigentes en la iglesia no se hagan caudillos ni usurpen la autoridad de Cristo como Maestro y Guía: 
«Pero ustedes no deben pretender que la gente los llame maestros, porque todos ustedes son hermanos y tienen solamente un Maestro. Y no llamen ustedes padre a nadie en la tierra, porque tienen solamente un Padre: el que está en el cielo. Ni deben pretender que los llamen guías, porque Cristo es su único Guía» 
(Mateo 23:8–10 VP)
Para que no haya dudas, Cristo mismo describe al verdadero líder: 
«El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» 
(Mateo 23:11–12)
2. ¿Es el líder irreprensible? (1 Timoteo 3:2). Muchos líderes sectaristas mantienen dos normas de conducta diferentes, una para la congregación y otra para sí mismos; es decir que son hipócritas. Por un lado predican que sus feligreses deben vivir una vida severa (que en realidad es una carga)1, pero por otro lado ellos se conceden ciertas libertades. Es más, hemos visto que ciertas sectas permiten o por lo menos toleran que el líder viva en pecado, y de alguna manera lo justifican.2
El pecado más visible, aunque no el único, es la inmoralidad sexual. Cuando era joven y recién convertido y estaba tratando de ubicarme en el panorama denominacional, con unos amigos visitamos las reuniones presididas por un hombre que encajaría dentro de las nuevas sectas contemporáneas —a pesar de ser entonces los años 50. Noche tras noche nos maravillábamos de las promesas que hacía al público si éste tan sólo daba su dinero. Hablaba mucho del ayuno y la oración, empleando su persona como modelo. Vendía porciones de su antigua carpa con la promesa de que la persona que se arrodillara sobre el pedazo de carpa y orara allí, recibiría siempre las contestaciones deseadas. Vimos a la concurrencia como hipnotizada, entregando hasta las llaves de su automóvil. Nos preocupamos por las ofrendas, que duraban hasta una hora.
Una noche estábamos de pie en la fila junto con los crédulos que esperaban una bendición del «ungido de Dios», cuando una de las muchachas en nuestro grupo que asistía por primera vez no aguantó más y protestó expresando en voz alta lo que todos pensábamos: —¡Es un fraude!
Uno de los asistentes del ungido nos miró, y con un guiño replicó: —Sí, pero es un buen fraude.
Desilusionados, decidimos esperar hasta que terminaran todas las actividades para poder conversar con el «ungido». Los cultos duraban hasta seis horas, y por lo tanto el hombre no salía hasta las dos de la madrugada. Para nuestro horror, esperando a la salida había prostitutas para cada uno de la comitiva del predicador (y por cierto para él mismo). Años más tarde este supuesto ungido de Dios murió solo en un hotel a causa de cirrosis al hígado por haber bebido demasiado. Murió con 10.000 dólares en efectivo en su bolsillo.
Conviene repetir que, según el apóstol Pablo, el verdadero líder será «irreprensible» (1 Timoteo 3:2). En el original griego, «irreprensible» significa «que no se puede agarrar». No significa que será perfecto, pero no dará motivos para acusaciones.
3. ¿Tiene el líder que dar razón de sus acciones a un grupo de hombres piadosos —junta de ancianos o como se llame? Una de las señales más evidentes de que algo anda mal es escuchar de los labios de un líder: «Yo doy razón de mis acciones solamente a Dios». Judas explica que una de las marcas de los falsos maestros es que «rechazan la autoridad» (Jud. 8). Pablo agrega que los engañadores son «rebeldes» (Tit. 1:10 VP). El Nuevo Testamento siempre habla de «ancianos», es decir en plural (Hechos 20:17; 1 Timoteo 5:17; Tit. 1:5; 1 Pedro 5:1) a fin de que se ayuden mutuamente. Salomón explica: «Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo» (Pr. 27:17).
Esta clase de líder cada vez se va aislando más, no tiene verdaderos amigos, se vuelve preponderante, recalcitrante y cada día se desvía más de la verdad. Cristo tuvo que lidiar con esta clase de «caciques» y anunció: «En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos» (Mateo 23:2). La cátedra de Moisés era una silla en la sinagoga reservada para el maestro que enseñaba la ley de Moisés. Aquí la expresión se refiere a aquel que asume el lugar de Dios. Es notable que la Biblia aclara que los escribas y fariseos «se sentaron» por sí solos; nadie los puso allí.
Después de estudiar la vida de 600 pastores y líderes cristianos, los autores Clinton y Stanley descubrieron que una de las cinco características principales de quienes llegaban bien al final de su carrera es que se relacionaban con personas que influenciaban su vida para bien, como así también con mentores capacitados.3 Ni el «llanero solitario» ni el hombre orquesta encajan dentro del cuadro bíblico. El caso de un famoso evangelista que cometió pecado sexual es una escuela de principios enseñados por vía negativa. Es posible analizar su vida y ministerio y aprender valiosas lecciones. Uno de los factores contribuyentes a su repentina caída fue la falta de autoridad espiritual en su vida y ministerio. Aun cuando su denominación se interpuso para ponerlo bajo disciplina, él la rechazó alegando que Dios le había dicho que debía seguir adelante.
Es preocupante cuando el líder no da razón de sus acciones a nadie ni es responsable ante un grupo de hombres espirituales. Recientemente quedó al descubierto inmoralidad en casi todo el liderazgo de cierta semisecta. Al indagar más, resultó ser otro caso de un autoproclamado profeta cuyo cuerpo de ancianos eran solamente sus familiares y amigos íntimos.
4. ¿Se jacta el líder de tener una «unción especial»?  La frase «unción especial» se usa inocentemente para referirse a que el Espíritu Santo ha dotado a cierto predicador de manera especial. Sin embargo, es más común adaptarla para que connote «algo» que un líder posee y los demás cristianos todavía no tienen o ni siquiera podrían tener.
Pensemos en la popular frase de nuestros días «no hay que tocar el ungido de Dios». Es lo que declaran personas que temen el juicio divino si intentan cuestionar al líder de una congregación. Consideremos lo que dice la Biblia.
Pablo explica que todo cristiano recibe la unción del Espíritu Santo cuando entra en el reino de Dios: 
«Y el que nos confirma con vosotros es Cristo, y el que nos ungió, es Dios…» 
(2 Corintios 1:21)
Al lidiar con los gnósticos que alegaban haber recibido una nueva luz o unción, el apóstol Juan asegura a todo cristiano: 
«Pero vosotros tenéis unción del Santo, y todos vosotros lo sabéis» 
(1 Juan 2:20 BLA)
 En el Antiguo Testamento la palabra «ungido» se refería a personas apartadas para una tarea especial (Lv. 16:32; 1S. 16:6–13; 2S. 1:14; Is. 61:1). Ungido es un término basado en la práctica de ungir con aceite de oliva al que era escogido y consagrado como sacerdote o rey. Sin embargo en ningún momento la práctica comunica la idea de que no se puede confrontar al líder cuando éste cae o vive en pecado. Notemos que Natán «tocó» al ungido de Dios cuando confrontó a David por ser asesino y adúltero (2 Samuel 12:1–14). De igual manera, el sumo sacerdote Azarías junto con otros 80 sacerdotes enfrentó al rey Uzías cuando éste entró en el santuario para quemar incienso (2 Crónicas 27:16–21). Abigaíl previno a David, el ungido de Dios, para que en su enojo no matara a un hombre (1 Samuel  25). Pablo reprendió a Pedro «en su propia cara, porque lo que estaba haciendo era condenable» (Gálatas 2:11 VP). Los cristianos de Tiro avisaron a Pablo «por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén» (Hechos 21:4). Ninguno recibió castigo por intervenir.
La expresión «ungido de Dios» también se encuentra en 1 Crónicas 16:22 y se repite en Salmos 105:15. En las dos ocasiones incluye a todo el pueblo de Dios como ungido; no se refiere a un individuo. El Nuevo Testamento enseña que todo cristiano es un sacerdote (1 Pedro 2:4–10) con iguales privilegios y responsabilidades. Nunca debemos escabullirnos de la responsabilidad de «probar los espíritus» y discernir, confrontar, avisar, prevenir, aconsejar, restaurar, animar, exhortar, y alentarnos los unos a los otros (He. 10:25) incluyendo, cuando sea necesario, a quienes Dios ha puesto por líderes.
5. ¿Admite el líder cuando está equivocado? ¿Está dispuesto a recibir sugerencias de los miembros de la iglesia? Es mala señal cuando el líder es inaccesible e intocable. Es notable que Pablo trabajaba en equipo y nunca estaba lejos de la ayuda espiritual de sus consiervos.
Por cierto que los líderes de la iglesia deben procurar cumplir la visión que Dios les ha dado, y evitar desviarse ante cada capricho de la tía Mabel o el tío Martín, y también es cierto que los feligreses deben sujetarse y obedecer a sus líderes (Hechos 20:27–30; He. 13:17; 1 Pedro 5:1–5). Sin embargo, autocolocarse en un pedestal distante de los miembros de la iglesia es rehusar la ayuda y la sabiduría de la congregación y negar que el Espíritu Santo ha dado dones a todo el cuerpo de Cristo a fin de servir a los demás (1 Pedro 4:10).
En una oportunidad Luis Palau tuvo que predicar a 2000 pastores en un congreso. En la primera fila del auditorio estaba uno de los más destacados predicadores de los últimos cincuenta años. Después del mensaje este predicador corrió a donde estaba Luis, lo abrazó y le susurró al oído: —Estoy enfermo y solo, ansioso de compañía y comunión. Oro por todo el mundo y nadie ora por mí.
En su iglesia se había construido una «torre» donde él podía subir para orar a solas. De esa manera, y en forma simbólica, el hombre se estaba distanciando de la gente. Llegó a tal extremo que no tenía amigos íntimos. Nadie sabía de su enfermedad ni de su soledad. Nadie podía exhortarlo, animarlo ni confortarlo. ¡Qué tragedia!
6. ¿Vive el líder libre del «amor al dinero»? Pablo aclara que «raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores» (1 Timoteo 6:10). Como ya indicamos, muchos líderes de sectas o semisectas viven vidas hipócritas. Al investigar el origen de los problemas, en la mayoría de los casos todo comenzó con amor al dinero; incluso muchos se estaban haciendo ricos.
Pedro instruye a que el líder bíblico no sirva a la iglesia «por ambición al dinero» (1 Pedro 5:2 VP). Uno de los requisitos de los líderes de la iglesia es ser «desinteresados en cuanto al dinero» (1 Timoteo 3:3 VP). Pablo condena a los avaros (1 Corintios 6:10) e instruye a la iglesia a «ni comer» con ellos (1 Corintios 5:11). El apóstol menciona que los sectarios enseñan falsa doctrina «para obtener ganancias mal habidas» (Tito 1:11 VP) y que usan la religión «[para] una fuente de riqueza» (1 Timoteo 6:5 VP). ¿Las consecuencias? 
«…los que quieren hacerse ricos caen en la tentación como en una trampa, y se ven asaltados por muchos deseos insensatos y perjudiciales, que hunden a los hombres en la ruina y la condenación» 
(1 Timoteo 6:9 VP)
Para nosotros lo que Pablo dice al pastor Timoteo nos sirve de advertencia: «Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas» (1 Timoteo 6:11 BLA).

Evidentemente existe un creciente problema que nuestras congregaciones deben resolver: no pagar lo suficiente a sus pastores. Sin embargo otra cosa es que el líder se haga rico a expensas de los miembros de la iglesia.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Acción de gracias

PASADO PRESENTE Y FUTURO
(Salmo 68:19; 116:12)
INTRODUCCIÓN:
—Idea del mensaje de Charles Dickens, Cántico de Navidad. 
—Tres días especiales entre muchos otros me son entrañables: Navidad, Pascua, y el Día de Acción de Gracias.
—No basta con mirar hacia atrás o hacia adelante, debemos mirar arriba. La acción de gracias glorifica a Dios.
1. Acción de gracias: pasado …
a) Miremos a la historia de nuestros países y demos gracias por aquellos que introdujeron el Evangelio en nuestras naciones.
b) Mirando atrás, doy gracias a Dios porque nací normal, física y mentalmente, y con capacidad para entender las cosas espirituales.
c) Mirando atrás, agradezco a Dios por:
—Un hogar cristiano.
—Alguien que me amó y se preocupó por mi alma.
—Por la iglesia que oró por mí.
—Los amigos que me ayudaron a crecer espiritualmente.
d) Mirando atrás, doy gracias por:
—El Señor Jesucristo, que me amó como para morir por mí.
—El Padre Celestial, que dio a su Hijo.
—El Espíritu Santo, que ha sido mi Guía: «¡Gracias a Dios por su don inefable»!
2. Acción de gracias: presente …
a) Doy las gracias por estar vivo, y por tener mis cinco sentidos:
—Por tener oportunidades para hacer el bien.
—Por dejar que mi luz brille por Cristo.
—Por poder vivir de una manera que agrade al Señor.
b) También doy gracias porque el Señor me enseña a ser agradecido:
—Porque puedo sentir la presencia de Dios conmigo y en mí.
—Su mano sobre mí, y Su voz hablándome constantemente.
c) Tanto le debo al Señor, ¿Cómo podría pagarle?
—Le debo más de lo que he recibido (la ley de la siembra y la siega).
—Doy prueba de mi agradecimiento poniendo todo mi ser a Su servicio, teniendo un hogar cristiano, ayudando a mi iglesia, a la comunidad, etc.
—Debo a Dios mi todo, mi corazón, mi fortaleza, mi alma, mente, cuerpo, aun mi vida.
3. Acción de gracias: para el futuro …
a) Ante mí yace el futuro:
—No sé lo que me depara: peligros, persecuciones, tentaciones, pruebas, etc.
—Pero a través de todas ellas, debo dar gracias.
b) Porque fui agradecido en el pasado, porque soy agradecido hoy día, tomaré valor. Dios me cuidará:
—Estoy agradecido por la fe que me ayuda y me fortalece para vivir.
—Estoy agradecido por la fe que tengo en Sus promesas para el futuro: «No se turbe vuestro corazón …» (Jn. 14:1). «No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino» (Lc. 12:32). «… Pero tened ánimo, yo he vencido al mundo» (Jn. 16:33). «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Co. 12:9).
CONCLUSIÓN: sí, Él me dará la victoria en todas las cosas. Seguiré adelante en la batalla. Haré todas las cosas en Cristo, quien me fortalece. De manera que:
—La acción de gracias del cristiano siempre triunfa activamente.
—No satisfechos con lo que ha sido, ni con lo que es, sino que con una mirada hacia adelante, anticipamos lo que ha de ser.

—La verdadera acción de gracias es vivir para Dios y prepararse debidamente para encontrarse con Él en el futuro. Demos gracias a Dios.

martes, 26 de noviembre de 2013

Juntos pero no unidos: Elegir la incapacidad

Decidir estar juntos sin disfrutar de la unidad, sólo por no estar dispuesto a buscar soluciones, es un acto de necedad, o tal vez no tienen conocimiento, o las herramientas para lograrlo, o sencillamente no tienen la capacidad.
Algunas personas optan por una opción diferente, pero no mejor que la anterior. Estas personas consideran que las diferencias son demasiado grandes como para poder vivir una vida normal, pero no tan grandes como para terminar completamente la relación matrimonial. Ellos deciden seguir viviendo juntos, pero cada uno hace sus decisiones y elige sus actividades.
Generalmente, cuando son matrimonios con hijos, los padres se resisten a dejar en ellos las marcas de un divorcio. Los cónyuges no soportan sus diferencias, siguen juntos, aunque lo hacen exclusivamente por los niños y tratan de buscar alguna forma de matrimonio que le proporcione a los hijos una buena imagen, pero en la práctica no existe ese matrimonio normal.
Incluso, pueden dormir en la misma cama y de vez en cuando, si la necesidad apremia, tener una relación corporal que culminará con un hombre satisfecho físicamente, una mujer que una vez más se siente como un objeto y que generalmente aparentará satisfacción sexual, pero en realidad es un acto que odia cada vez con mayor intensidad. En esta opción, los cónyuges viven como un matrimonio normal, pero buscan la mayor independencia posible. Estas parejas deciden manejar sus asuntos económicos en forma independiente y unen sus intereses sólo en lo que es indispensable.
Lamentablemente, en este tipo de relación, cada uno está calculando su involucramiento. Incluso, las amistades comienzan a ser diferentes y los cónyuges comienzan a frecuentar lugares distintos.
Hay intentos de acercamiento que son inmediatamente frenados si descubren que su cónyuge puede pensar que está mostrando una imagen de debilidad. Ambos desearían volver a ser un matrimonio normal, pero el temor a ser abusado y el orgullo por no demostrar que está cediendo son una buena combinación de impedimentos de la restauración de la relación conyugal.
Poco a poco la pareja va perdiendo las cosas que tenían en común. Ya no hay preguntas acerca de lo que hicieron durante el día, ni acerca de adónde fueron, aunque se molestarán grandemente si llegan a enterarse de que el cónyuge está haciendo algo que considera inadecuado.
Estos matrimonios viven en la incertidumbre. No saben qué vendrá mañana. Se van perdiendo todas las cosas comunes. No pueden invitar amigos, no pueden hablar de temas comunes, las conversaciones son cortas y calculadas y los movimientos son tan planificados como en un juego de ajedrez. Las comidas en que coinciden están matizadas por el ruido de las cucharas en el plato y la televisión encendida.
De vez en cuando una conversación con los niños, aunque cada uno de los cónyuges cambiará el tema a su entera discreción y los niños conversarán con uno o con otro dependiendo de quién tenga el turno en el diálogo. La independencia que parecía saludable para poder vivir con sus respectivas diferencias se va convirtiendo en aislamiento, en soledad extrema. Es en estas circunstancias que comienza a hacerse real el dicho que dice: «es mejor estar solo que mal acompañado», u otro dicho que dice: «con esos amigos, para qué enemigos».
Para los matrimonios que se encuentran viviendo esta realidad, las diferencias se ahondan, no se suavizan, la independencia los aleja, no los acerca, el matrimonio se va destruyendo, no construyendo. Vivir así no es buscar una solución, sino más bien seguir una opción errónea.
Vivir así no es buscar una solución.
Algunos dicen «no hay mal que dure cien años», pero también debemos decir «que no hay racional que lo aguante». Esa no es vida, ni para los cónyuges, y peor para los hijos. Si usted cree que está haciendo un bien a sus hijos, le advierto que les hará más mal que el bien que ha pensado hacerles. Como una forma de provocar la reflexión de las personas que han decidido vivir de esta manera, quisiera presentarles algunas interrogantes: ¿Recuerda usted como placenteros aquellos momentos en que tuvo la oportunidad de ser testigo de algún conflicto entre sus padres? ¿Sintió alegría, contentamiento, tuvo seguridad, certidumbre, mejoró sus calificaciones en la escuela? ¿Piensa usted, ahora que es un adulto, que fueron provechosos aquellos momentos en que por los conflictos que existieron entre sus padres tuvo la oportunidad de aprovecharse de pedir dinero a cada uno de ellos, solamente porque ellos estaban enojados? ¿No es cierto que se puso más llorón, y mucho más sentimental cuando en su hogar existían conflictos? ¿No recuerda ahora que hizo cosas tontas, sin saber que estaba tratando de llamar la atención? ¿No es cierto que bajó sus calificaciones y sintió que el temor y la incertidumbre por momentos consumían su corazón de niño?
Mi pregunta final es: ¿Por qué cree que sus hijos no sufrirán lo mismo, ahora que ustedes son adultos y tienen conflictos? ¿Y qué le hace pensar que ellos no tendrán marcas en su personalidad por la inseguridad que como padres les están proveyendo?

Si pudiera escuchar sus respuestas sé que estarían de acuerdo conmigo: de que el mismo peligro, grande o pequeño que usted vivió, es el que están viviendo sus hijos. Quienes determinan vivir de la manera descrita, no han hecho nada más que elegir una parálisis progresiva y poco a poco irán perdiendo control de sus vidas y de sus matrimonios. Cada vez tendrán más impedimentos para hacer lo que anhelan, y de esa manera la relación conyugal morirá lentamente, aunque parte de ella ya está absolutamente muerta.


lunes, 25 de noviembre de 2013

La rendición de cuentas (parte 1 de 4)

Independientemente del tipo o tamaño del ministerio, en toda alianza se necesita de la rendición de cuentas. Ésta es el fundamento para salvaguardar la credibilidad y erigir la confianza. Los socios con claros sistemas de rendición de cuentas se encuentran mejor equipados para atender a los errores y malentendidos inevitables de las alianzas interculturales.

Desde luego que la rendición de cuentas no es ninguna panacea. La misma no excluye la confusión transcultural, ni elimina el pobre desempeño, ni supera los conflictos personales. No obstante, aunque la rendición de cuentas no puede asegurar una alianza libre de problemas, sí puede mantener la estabilidad en la relación.

La rendición de cuentas es fácil de entender, pero difícil de implementar. Para usarla eficientemente, las partes deben asumir un compromiso en común frente a la misma, comprender claramente de qué cosas deben dar cuenta, y tener un conjunto de directrices en común.
Generar un compromiso hacia la rendición de cuentas
Hay tres pasos a dar en la generación de un compromiso en común hacia la rendición de cuentas:

Primero, verifique su modo de pensar acerca de la rendición de cuentas. Por algún motivo, tendemos a concebirla como una calle de mano única. La rendición de cuentas es algo que obtenemos, no algo que damos. Haga esta prueba y fíjese si usted cae en esta trampa: ¿En qué pensó al leer el título de este capítulo? ¿Acaso lo primero que pensó fue: «Esto es sobre cómo hacemos para que los que reciben nuestro apoyo económico nos rindan cuentas»? Rara vez he escuchado a alguien preguntar cómo hace uno mismo para rendir cuentas ante un ministerio asociado. Siempre consiste en cómo hacer que la otra persona dé cuentas. Por eso, el primer principio es que la rendición de cuentas es como una calle de mano doble. Esta es la diferencia entre la alianza y el paternalismo.

Segundo, hable de la rendición de cuentas con las demás partes. La necesidad de rendir cuentas es reconocida tan ampliamente que tendemos a asumir que todos la entienden. Para evitar este error, plantéela como tema de discusión hacia el comienzo de la alianza. Comience preguntándole a las partes qué significa para ellos la rendición de cuentas. Si pertenecen a distintas culturas, debata cómo funciona en la cultura de ellos y cómo opera en la suya. Examinen juntos las siguientes preguntas:
¿Cuál es el propósito de la rendición de cuentas?
¿Cómo se la practica usualmente?
¿Cuáles son los beneficios de la rendición de cuentas?
¿Cómo se abusa de la misma?


Tercero, escriban una definición conjunta y un propósito de la rendición de cuentas. Después de que hayan llegado a algún acuerdo, definan la rendición de cuentas y señalen su propósito para la alianza. Este ejercicio lo conducirá naturalmente a identificar aquello de lo cual usted dará cuentas.