martes, 21 de enero de 2014

Abiertos y dispuestos necesariamente

Vivimos en días en que los valores de la mayoría de los matrimonios son muy diferentes a los valores expresados en la Palabra de Dios, y todos aquellos que desean llevar a sus matrimonios una relación de excelencia moral y espiritual deben tomar en serio a Dios. Esa es la razón por la que creo que si usted con sinceridad anhela tener un matrimonio que disfruta de una relación conyugal al estilo divino, con valores eternos, con excelencia moral, con un enfoque eterno y no sólo temporal, debe poner en práctica el consejo divino. Si usted no anhela tener una relación adecuada con Dios creo que aun sin ser cristiano puede tener una relación conyugal adecuada.
Existen miles de parejas que sin ser cristianos tienen una relación adecuada. Sin embargo, si usted desea tener un matrimonio con un enfoque en las cosas eternas y relacionado con Dios de acuerdo a lo que dice la Escritura es imposible tenerlo sin tener a Cristo en su corazón y sin aplicar con diligencia los principios escriturales.
Si usted y su cónyuge deciden tener un matrimonio de acuerdo a los principios divinos, creo que deben hacer un serio compromiso de ajustar sus vidas al consejo divino y en una seria conversación deben comprometerse a buscar con diligencia las virtudes cristianas mencionadas por el apóstol Pedro. Descubramos algunas virtudes que ustedes como pareja deben llegar a un acuerdo de implementar en vuestro matrimonio.
La necesidad de seguir el consejo Divino
El apóstol Pendro sabía que vivir en estos últimos días no sería una experiencia placentera. Tenemos una seria presión del mundo que no desea vivir con valores absolutos, pero nosotros somos llamados a vivir de una manera diferente. El éxito de una relación matrimonial al estilo divino depende de si practicamos o no los consejos de Aquel que creó el matrimonio.
La necesidad de una adecuada relación con Dios
Todos aquellos que desean tener un matrimonio con valores cristianos, todos aquellos que desean vivir de acuerdo al consejo divino, deben en primer lugar tener una relación con Dios. Pedro dice que para vivir como Dios espera de nosotros, debemos ser participantes de la naturaleza divina. Note lo que dice el apóstol Pedro: «Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia» (2 de Pedro 1:3).
Los resultados de una adecuada relación con Dios
Cuando tenemos en nosotros el poder de Dios por haber aceptado a Jesucristo, tenemos a nuestra disposición y nos han sido dadas todas las cosas que corresponden a dos partes muy importantes de la vida del hombre. Pedro menciona que tendremos las cosas que pertenecen a la vida y la piedad.
«Las cosas que pertenecen a la vida» (versículo 3).
Son aquellas cosas que necesitamos para nuestra adecuada convivencia en el mundo. Estas cosas que nos permiten vivir como hijos de Dios en medio de la «corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia» (versículo 4).
«Las cosas que pertenecen a la piedad» (versículo 3).
Son las cosas que necesitamos para una adecuada relación con Dios. Si un matrimonio desea vivir bajo principios cristianos, si le encanta vivir siguiendo el consejo de Dios para la vida conyugal, necesita tener una relación personal con Jesucristo, necesita tener «conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia». Él es quien le dará el poder necesario para vivir una vida adecuada con Dios y con los hombres. Por esa relación, por ese conocimiento que tenemos de Él, somos participantes de «preciosas y grandísimas promesas», para que por ellas tengamos una relación adecuada con Dios y podamos vivir con santidad en medio de un mundo pecaminoso (versículo 4).
No hay nada en nosotros que nos permita anhelar lo bueno o vivir como salvados en medio de un mundo perdido. Sólo podemos hacerlo por «la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo». Por Jesucristo, Pedro nos dice que nosotros podemos tener «una fe igualmente preciosa» que la que él tenía.
Matrimonios útiles y fructíferos
Teniendo aquella fe, igualmente preciosa que la que Pedro tenía y habiéndola recibido sólo por la gracia de Dios, ahora somos nosotros los que debemos agregar estas virtudes que están disponibles para los hijos de Dios. Agregando aquellas virtudes podremos vivir una vida útil y fructífera. El versículo 8 dice: «Porque si estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto». Al contrario, dice Pedro: «El que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados» (versículo 9).
Responsabilidad: Aplicar diligencia
Los matrimonios que anhelan vivir siguiendo el consejo divino, deben agregar a su fe algunas virtudes cristianas que le permitirán vivir una vida útil y fructífera (versículos 5–7). El llamado de Pedro es a que apliquemos estas cosas «con toda diligencia» (versículo 5).
Nuestras virtudes
En el mundo y principalmente en nuestros matrimonios, en nuestras familias, aquellos que tenemos fe y que conocemos al Señor Jesucristo, no debemos vivir solamente anunciando que tenemos fe sino practicando un estilo de vida diferente por la fe que tenemos. Tener fe en Jesucristo es creer en lo que Él dijo, hizo y prometió. Creer lo que Él dijo incluye el practicar sus enseñanzas. Todo matrimonio cristiano debe agregar a aquella fe que tiene algunas virtudes descritas en este pasaje.
La virtud
Esto se refiere a la excelencia moral. Una vida virtuosa es la que tiene el hábito, la disposición de ajustarse a la ley moral. La pareja debe comprometerse a vivir una vida virtuosa. Las enseñanzas de la Biblia y el consejo divino deben prevalecer por sobre costumbres o ideas que tenemos de cómo vivir con nuestras diferencias. El consejo de la Palabra de Dios debe ser seguido y la pareja debe comprometerse a que el filtro por el cual pasarán los deseos, planes y metas será el filtro del consejo bíblico. Este es un serio compromiso para vivir una vida virtuosa.
El conocimiento
Al compromiso de vivir una vida piadosa, la pareja debe agregar un compromiso a buscar el conocimiento adecuado. Este es un conocimiento práctico, es saber cómo aplicar las enseñanzas de la Palabra de Dios, no sólo leerlas y escucharlas, sino saber cómo aplicarlas.
El dominio propio
En la conversación de compromiso que tengan como matrimonio, decidan también buscar con diligencia vivir con dominio propio. Esta es la habilidad de controlarse de tal manera que nada tenga señorío sobre sus vidas, a excepción de los mandamientos de Jesucristo. No debe tener señorío el dinero, los amigos, las opiniones de otros, ningún hábito, ningún vicio, ni el sexo. Esta es la decisión para vivir una vida equilibrada.
La paciencia
El apóstol Pedro nos exhorta a que agreguemos «al dominio propio, paciencia». Vaya que es necesaria esta virtud en la relación matrimonial. Debemos comprometernos a ser pacientes, a soportarnos mutuamente, a comprendernos mutuamente. Después de comprometernos a ser pacientes, debemos ser diligentes en vivir vidas piadosas. No somos llamados a parecer piadosos sino a vivir como piadosos. La piedad tiene muy poco que ver con lo exterior porque es una virtud interior. Es la profunda reverencia a Dios que se manifiesta en el respeto a nuestros semejantes.
El afecto fraternal
Otro importante compromiso que deben realizar es el de vivir en la relación matrimonial con un verdadero «afecto fraternal». La palabra griega es philadelphia y nos describe la preocupación de los unos por los otros. Es aprender a llevar las cargas juntos, es aprender a gozarse con quien se goza y llorar con el cónyuge que llora.
El amor
Finalmente, creo que no podrá existir una relación matrimonial sin buscar con diligencia agregar a todas las virtudes mencionadas, la virtud del amor. No me refiero sólo a los sentimientos, no me refiero a actuar por el bien del cónyuge solamente cuando se siente bien, buscar el bienestar sólo cuando así lo siente, porque el amor sobrepasa los sentimientos. El amor es un compromiso. Jesucristo dijo que no haríamos nada que cualquier persona no pueda hacer cuando hacemos el bien a los que bien nos hacen. Una persona que ama no es una persona que actúa bien cuando lo siente o cuando le hicieron bien o con lo que pueden pagarle con un bien. El amor transciende sentimientos, el amor cubre multitud de pecados y el amor sobrepasa las diferencias. Creo que un buen acróstico con la palabra amor y que describe cuál debe ser nuestro compromiso si anhelamos una relación matrimonial al estilo divino es el siguiente: Con la letra «A». Debemos tener el compromiso de Atender con dedicación las necesidades, deseos, metas, y sugerencias de nuestro cónyuge.
En segundo lugar, con la letra «M». Debe Mostrar a su cónyuge con hechos que usted le da el valor que tiene como persona amada. En tercer lugar, con la letra «O». Debemos estar dispuestos a Otorgar perdón constantemente por las fallas cometidas. En cuarto lugar, con la letra «R». Debemos Reiteradamente con palabras y acciones expresar nuestro cariño y afecto a nuestro cónyuge.

Creo que si Dios nos pone a la disposición virtudes que son excelentes para una adecuada relación con Él y nuestros semejantes y Él puede darnos, el poder, la capacidad de ser sensibles y tolerantes haríamos bien en depender de Él. Si Dios, además nos dio dos orejas, dos ojos y una boca, haríamos bien en usarlos en la proporción adecuada, es decir, observar más, escuchar más y hablar menos. Dice Salomón: «El oído que oye, y el ojo que ve, ambas cosas igualmente ha hecho el Señor» (Proverbios 20:12). Otro proverbio dice: «El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre los sabios morará. El que tiene en poco la disciplina, menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento» (Proverbios 15:31–32).



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