martes, 7 de enero de 2014

Aprender a sacar beneficios de nuestras diferencias

Dios nos hizo diferentes para que nos ayudemos mutuamente y no para que tengamos conflictos constantemente. Seguro que podemos vivir con nuestras diferencias, siempre y cuando determinemos disfrutar de nuestra relación matrimonial con amor y con gran paciencia.
Las cosas que marchan juntas, a menudo son muy diferentes. Desde las más sencillas hasta las más complicadas. Cosas tan sencillas como los duraznos con crema, el aceite con el vinagre, lo blanco con lo negro son muy diferentes, pero pocos dudarán de la excelente combinación que hacen. Tendemos a casarnos con personas realmente diferentes. En la etapa del noviazgo generalmente somos atraídos a los caracteres opuestos, pero lamentablemente en muchos casos, después de la ceremonia nupcial y después de poco tiempo de matrimonio, las mismas cosas que nos atrajeron, son las que nos tienden a separar.
Quisiera que entienda que uno de los más grandes gozos del matrimonio lo logramos cuando aprendemos a amar a alguien diferente. Uno de los grados de mayor madurez en la vida matrimonial lo alcanzamos cuando estamos dispuestos a aceptar y apoyar las diferencias que son características propias y específicas de cada persona, características que si no son desarrolladas por esa persona no logrará su esperada realización. La vida nos enseña que es posible obtener beneficios de las diferencias. En realidad, por eso Dios nos hizo diferentes, para que nos beneficiemos, no para que nos ataquemos. Cada persona trae al matrimonio fortalezas que a menudo y dependiendo de la actitud de los cónyuges, sirven para complementar las debilidades del otro. Por supuesto, que no todas las diferencias son fáciles de manejar, a veces demandan mucho esfuerzo, comprensión y sacrificio, pero con sabiduría la pareja encontrará formas que les permitirá tener un buen equilibrio.
He pensado que los matrimonios son como una pareja de bailarines. Todos nosotros tenemos que actuar en la vida. Nuestro perfecto entrenador nos está observando. Él no es un malvado que busca destruirnos o que lleva en su mano un látigo y que está dispuesto a darnos latigazos cuando fallamos. No, Él está allí para deleitarse en nuestra armonía, para observarnos cuidadosamente y tomar notas de nuestra desarmonía.
Por momentos perdemos el ritmo, y Él está pendiente cuando cometemos errores, Él sabe cuando no queremos seguir actuando con la dedicación necesaria, cuando intentamos hacer lo que nosotros queremos sin tomar en cuenta a nuestra pareja y queremos danzar solos. A veces estamos tan metidos en la danza de la vida que inconscientemente vamos perdiendo la armonía con nuestra pareja, o a veces somos tan audaces que deliberadamente decidimos bailar solos. Él observa con paciencia y dedicación nuestros errores porque luego buscará, de acuerdo a su gran sabiduría, la forma de corregirnos, de enseñarnos, de meternos dentro de una disciplina, para que no volvamos a cometer los mismos errores.
A través de su Palabra, Él está listo a darnos instrucciones para que cada vez aprendamos a movernos mejor en el escenario con el ritmo, la belleza y la armonía que son indispensables para una actuación emocionante y genuina.
Por cierto, por momentos he sentido que a veces sus correcciones duelen, pero Él sabe que no aprenderemos de otra manera. En determinados momentos Él usa formas que no me agradan, pero lo real es que Él usa los métodos más efectivos de enseñanza aunque no estemos de acuerdo con ellos. Esta pareja de bailarines se mueve al mismo ritmo, siguen la misma armonía, por momentos sus movimientos son tan similares que parece que solamente uno de ellos estuviera danzando y que a uno de ellos sólo le acompaña una sombra. A veces, cada uno realiza movimientos libres, pero lo hacen con mucho cuidado y están comprometidos a esforzarse para no perder la armonía. La pareja no está actuando con absoluta espontaneidad, aunque hay movimientos espontáneos. No son movimientos rutinarios y aburridos pese a que tienen que seguir la rutina que fue diseñada por su entrenador. No son los dos los que tienen el liderazgo, ni tampoco son los dos los que hacen lo que quieren. Hay un líder pero van juntos en armonía. El ritmo está en ellos, se mueven con naturalidad, sintiendo en cada movimiento la música que su entrenador ha escogido, porque la música es parte de ellos y porque ambos siguen la misma música.
El ritmo está en ellos, se mueven con naturalidad, sintiendo en cada movimiento la música que su entrenador ha escogido, porque la música es parte de ellos y porque ambos siguen la misma música.
Creo que no he encontrado mejor descripción de lo que debe ser la relación matrimonial que ésta que alguna vez leí en algún libro. Esta es la mejor forma que he podido encontrar para describir un matrimonio cristiano que intenta cumplir su tarea con honestidad y dedicación, que ha decidido dedicar su actuación a su entrenador. Esta es una pareja adecuada en la que sus miembros, ambos, no sólo uno de ellos, ambos decidieron estar sometidos a aquel que sabe lo que necesitamos. En esta pareja ambos aportan cosas diferentes. Ella belleza, ternura, suavidad, fortaleza, liderazgo, seguridad. No es una pareja que compite el uno contra el otro, ambos están para aportar de sus fortalezas y apoyarse en sus debilidades. Es una pareja que no surge de la noche a la mañana sino de largas horas de práctica, de caídas, de aciertos, de fallas, de accidentes, de errores, de éxitos y que siguen porque saben que no lo han alcanzado todo y que de la única manera que pueden seguir juntos es sirviéndose, apoyándose, sometiéndose mutuamente, trabajando juntos con mucho amor y paciencia, cada día y hasta el término de sus vidas. Este es el modelo adecuado de una pareja cristiana que ha aprendido a bailar con su pareja, que ha aprendido a valorizar las diferencias y sacar el mejor provecho de ellas para el beneficio mutuo. Ellos saben que el público y sus discípulos los observan, ellos saben que sus hijos, su familia, los amigos y el mundo están mirando su actuación y esperan seguir su hermoso ejemplo.
Es una pareja que no surge de la noche a la mañana sino de largas horas de práctica, de caídas, de aciertos, de fallas, de accidentes, de errores, de éxitos …

Seguramente usted se está preguntando: ¿Qué es lo que necesitamos entonces para tener éxito como pareja, para realmente vivir como matrimonios?



No hay comentarios: