jueves, 16 de enero de 2014

Cómo testificar a personas atrapadas en una secta (parte 2 de 2)

6. No distraerse con temas de menor importancia es igualmente relevante. Una vez que la persona reciba a Cristo, dejará también estas cosas secundarias. Tener siempre en mente cúal es el propósito: presentar la verdad de Jesucristo con amor y respeto, y volver una y otra vez al mensaje central que es Jesucristo, el Salvador y Señor.
7. Estudiar las creencias del grupo en cuestión y descubrir a ciencia cierta lo que creen, y cómo presentan y defienden sus creencias. Muchos sólo están acostumbrados a exponer sus creencias, pero no preparados para una buena defensa de la doctrina bíblica (1 Pedro 3:15).
Recuerdo cuando a nuestra oficina en México llegaron dos personas propagando la doctrina de una secta. Yo había estado estudiando precisamente las creencias de ese grupo, por lo tanto estaba preparado para responderles. Recordando mi experiencia pasada con la mujer que terminó afiliándose a una secta a pesar de hablar con nosotros, me mantuve con calma frente a estas personas y las exposiciones de su dogma. Finalmente me tocó responder. Saqué la Biblia y comencé a contestar punto por punto. Vi pánico en sus ojos. Interrumpiéndome, uno exclamó: —No sé cómo contestar pero mi papá sí sabrá. Lo voy a traer para que usted pueda hablar con él.
Se fueron y nunca volvieron.
8. Durante sus contactos con un sectario, valerse del testimonio personal, de cómo usted se convirtió a Cristo. (Pablo relata su conversión dos veces en el libro de Hechos, 22:6–16 y 26:12–18.) Una manera de abrir la puerta para hablar de su propia experiencia es preguntar cómo se asoció con el grupo al que pertenece. Es imperioso que uno hable de su conversión al Señor y no de cómo comenzó en determinada iglesia o denominación. El testimonio da la oportunidad de hablar de Cristo y del plan de salvación, y demuestra que su intención es presentar a Cristo y no hacer proselitismo. Su interlocutor no podrá negarle el cambio que Cristo realizó en su vida. Además, una pregunta de esta naturaleza tiene el propósito de hacerle entender a la persona la necesidad que la llevó a la secta para entonces mostrarle que sólo Cristo satisface las necesidades más profundas del ser humano.
Nuestro consejo es que usted prepare su testimonio personal, bien fundamentado en la Biblia, de manera de presentar el evangelio en forma clara. Luego practíquelo ante su cónyuge o algún amigo.
9. Persistir (Lucas 18:1–8). Recuerdo a un hombre que acudió a Cristo después de haber estado años en una secta que, a pesar de emplear la Biblia, enseñaba que uno obtiene la salvación por obras humanas. Dios usó la amistosa persistencia de unos amigos cristianos para llevarlo a la cruz. Después de entender que la salvación es por gracia y no por «obras [humanas], para que nadie se gloríe» (Efesios 2:9), tan tocado se sintió este hombre que durante meses estudió el libro de Gálatas y en forma especial «estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud» (5:1).
10. Orar incesantemente por ellos (1 Tesalonicenses 5:17; Proverbios 24:11–12).
Continúo con la historia de los amigos de nuestro hijo que cuando fueron a vivir a otra ciudad quedaron atrapados en una semisecta. La primera vez que nuestro hijo y nuera fueron a visitarlos, conversaron mucho sobre doctrina. Joel estaba bastante preocupado, no solamente porque sus amigos estaban en una semisecta sino porque, a su juicio, hizo más mal que bien con su visita.
Cuando llegó el momento de otra visita, yo estaba en la recta final tratando de terminar este libro. Nos reunimos con Joel, Cristina y otro matrimonio, también amigos de la pareja en la secta. Oramos juntos y planeamos la estrategia a seguir. En primer lugar, decidimos que se referirían a lo que el Señor estaba haciendo en sus vidas, espiritualmente hablando en vez de discutir qué iglesia era poseedora de la verdad. La idea era hacerlos dudar demostrando que uno puede ser verdadero cristiano sin formar parte de esa congregación a que pertenecían. En segundo lugar, convinimos en que renovarían la relación con estos amigos y mostrarían un amor genuino por sus almas. El objetivo era reabrir la puerta para diálogos significativos en el futuro. Esperando la ayuda de Dios, siguieron orando y viajaron una vez más para el encuentro.
Después de aquel fin de semana, cuando estaban a punto de volver a casa, Esteban llamó aparte a Joel y le preguntó si estaría bien que le hiciera algunas preguntas pues tenía dudas sobre ciertas prácticas y doctrinas de su iglesia. ¡Habíamos logrado el objetivo!
Mi hijo y nuera intensificaron su oración por esta joven pareja. Varios meses más tarde Esteban los llamó por teléfono con una larga lista de preguntas que pensaba hacer a su pastor y quería que Joel revisara cada una para tener la seguridad de mantenerse centrado en los puntos principales. Como es común en estos casos, la esposa de Esteban no estaba convencida de que debieran causar tanto «escándalo». A ella no le importaba tanto la doctrina ni la práctica de la iglesia sino más bien no perder las amistades que había entablado en la congregación.
Las tres parejas decidieron reunirse una vez más y pasar un fin de semana hablando y orando. Joel les entregó el testimonio que he reproducido en capítulo 11, juntamente con otro material. Además yo les advertí a Joel y Cristina que el pastor los iba a estigmatizar a sus amigos como «divisores» empleando como base las palabras de Pablo en Tito 3:10. Al mismo tiempo les aseguré que ir directamente al pastor con sus dudas y preguntas no causaría ninguna división. Es lo correcto, lo bíblico. Ser divisivo sería propagar los desacuerdos en la congregación y comenzar a agrupar gente que los apoyara (cosa que Esteban no había hecho).
Una vez que la pareja regresó a su casa, leyó todo el material que Joel les había entregado. La joven todavía no estaba convencida del error y trató de disuadir a su esposo. Al día siguiente asistieron al culto y se sorprendieron de que toda la congregación ya se había enterado de su «problema». Es cuando Estaban y su esposa recordaron lo que habían leído en el testimonio de la muchacha reproducido en capítulo 11. Ella cuenta cómo el pastor podía estar al día en todo lo que sucedía en la congregación por medio de un sistema de chisme colectivo. En forma inmediata comprendieron cómo todos se habían enterado. Aquella noche la esposa de Esteban recibió una llamada de una de sus compañeras de oración para informarle que debía estar preparada para tomar ciertas «decisiones difíciles».
A la hora de la entrevista a Estaban lo esperaba no sólo el pastor sino dos personas más, Biblias en mano. El testimonio escrito que Joel le había dado había preparado a Esteban, y nada de la entrevista lo tomó por sorpresa. No solamente lo acusaron de ser causa de divisiones sino que además le dijeron que evidentemente tenía un pecado oculto, pues de otra manera no tendría dudas sobre la congregación. Durante varias horas lo acusaron de pecados secretos, de pecar contra su esposa, de tener una amante y varias otras cosas. Sin embargo, ni una vez hablaron acerca de las dudas y preguntas presentadas por Esteban.
Lo que sucedió después nadie lo había previsto. ¡Lo echaron de la iglesia!
Esteban volvió a su casa exacerbado.
Debido a los motivos explicados en el capítulo 4, llevó tiempo pero finalmente Esteban y su esposa encontraron una buena congregación donde actualmente están sirviendo al Señor.


No hay comentarios: