jueves, 2 de enero de 2014

¿Debo o no cambiar de iglesia? (parte 2 de 2)

Fidelidad a la Palabra de Dios
En el mismo contexto, el escritor de Hebreos nos exhorta a ser leales a la doctrina bíblica:
«No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia» (13:9). Para poder ser fiel a lo que enseña la Biblia es necesario:
1. Dejar doctrinas extrañas (v.9). El sentido del griego de «no dejarse llevar por doctrinas extrañas» es suspender algo ya comenzado. Evidentemente la comunidad de la fe ya había sido infiltrada con enseñanzas extrañas, por lo cual el autor está llamando a los creyentes a regresar a la verdad. Las doctrinas extrañas son una plaga de todas las sectas.
2. En su lugar, afirmar la gracia (v.9). La gracia es Dios obrando en el corazón por medio del Espíritu Santo y conformando al creyente a la imagen de Cristo. Si uno se fortalece con la gracia no andará tras doctrinas erróneas.
Sin embargo, muchos me han preguntado por qué son tan atractivas las doctrinas extrañas. Una variedad de características las hacen llamativas, fascinantes y a la larga seductoras. Las doctrinas extrañas ofrecen cambios rápidos en la vida. En esta sociedad de comida instantánea, televisión en vivo, comunicación rápida, es entendible que la gente busque cambios instantáneos. En segundo lugar, las doctrinas no bíblicas ofrecen una vía corta a Dios. ¿Quién no desea tener una vida más cerca de Dios? En tercer lugar, siempre (de una manera explícita o bien implícita) las nuevas doctrinas cuestionan la verdad de que el corazón puede ser afirmado sólo con gracia. Como ya hemos visto, la gracia obra en el ser interior mientras las doctrinas extrabíblicas, como no vienen de Dios, se ven obligadas a obrar en el hombre exterior, es decir en algo más visible, y terminan apelando al ego del ser humano.
Cuándo cambiar de iglesia
Después de apreciar la importancia que el Nuevo Testamento asigna a la fidelidad hacia la iglesia local y a la doctrina bíblica, volvemos a la pregunta de cuándo resulta apropiado cambiarse de iglesia. No es fácil contestar la pregunta ni hacer una lista específica que se aplicable a cada persona. Sin embargo, intentaremos ofrecer pautas que con oración y la ayuda del Espíritu Santo, uno puede utilizar para luego tomar una decisión.
1) Es nuestra convicción que uno debe comenzar con lo que la iglesia enseña sobre la doctrina de la salvación. Sería provechoso repasar el capítulo 3, en forma específica lo referente a la prueba teológica. Si determinado grupo no enseña la doctrina de Cristo, entonces no constituye una iglesia verdadera y es hora de dejarlo. ¡Hay que abandonar la iglesia si ésta es apóstata!
La excepción es cuando Dios llama al individuo a quedarse para evangelizar. Sin embargo, es imperioso que lo vea como campo misionero y no como un lugar para «comunión». Para poder ministrar en un grupo así, es imprescindible mantener comunión con otro grupo, un grupo verdadero donde uno goce de comunión, reciba edificación —un lugar donde pueda «recargar las pilas». Tenemos amigos que recibieron a Cristo mientras asistían a una congregación que no enseña la doctrina de Cristo. Sin embargo, no han salido porque están seguros de que Dios los ha llamado a ministrar a los centenares que están allí atrapados. (Cabe mencionar que estuve presente en el bautismo de cinco personas que han podido sacar de dicho grupo.) Nuestros amigos están conscientes del peligro, por lo tanto mantienen comunión con una iglesia bíblica donde, durante los días de semana, se reúnen para orar, cantar y estudiar la Palabra de Dios.
2) En segundo lugar, recomendamos un cambio si la iglesia lo está obligando a pecar. En el caso del grupo documentado en capítulo 11, los miembros se vieron obligados a mentir y a vivir vidas falsas a fin de atraer a personas nuevas. En un caso más extremo, durante una etapa para ganar a nuevos miembros, la Familia de Dios empleaba con el sexo opuesto lo que llamaban «pesca con flirteo», un método que no descartaba las relaciones sexuales con aquel a quien se quería atraer al grupo.
3) En tercer lugar, es hora de cambiar de iglesia cuando para obedecer los dictámenes del grupo uno es obligado a desobedecer la Palabra de Dios. No nos referimos a interpretaciones de la Escritura que son de importancia secundaria, sino a cuando, por sujetarse a la iglesia, uno tiene que cerrar ojos a la clara enseñanza de la Biblia. Hemos visto que a veces las «profecías» son aceptadas por encima de la Biblia. En otros casos la palabra del líder es recibida por encima de la Palabra de Dios. Existen claras enseñanzas escriturales con relación a la familia, pero lamentablemente ciertos grupos exigen a sus feligreses no cumplir con las responsabilidades familiares para ser fiel a la iglesia. Si ése fuere el caso, sería hora de buscar otra iglesia.
4) Es hora de salir cuando el pecado es tolerado, cuando no se administra disciplina bíblica. No me refiero a los «pecados culturales» o a cosas dudosas cuando hay diferencias de opiniones sino a casos cuando el liderazgo tolera el pecado agudo en la congregación. Peor todavía es cuando se tolera el pecado en el liderazgo. Siempre habrá pecado en los miembros de todas las iglesias del mundo, pero es cuestión de qué se hace frente al pecado.
El otro lado de la moneda, y quizá más común en las sectas y semisectas, es cuando existe una disciplina sofocante, cuando se castiga a quienes no obedecen al pie de la letra los muchos mandamientos impuestos por el grupo.
Según la información ofrecida en este libro, habrá también otros motivos que compelan a una persona o a una familia a buscar otra congregación. Sin embargo, creemos firmemente que nunca es bíblico dejar una iglesia para eludir disciplina verdadera, para esquivar responsabilidades, para no consultar con los ancianos, para seguir con la costumbre de cambiar cada dos años, o porque uno se ofendió. Aun cuando alguien llegue a la conclusión de que es hora de irse por uno de los motivos mencionados más arriba (o por otra razón), es imperioso ir directamente a los líderes para intentar resolver el conflicto (Mateo 18:15–17). Le aseguro que si se trata de una secta no logrará absolutamente nada, y este paso verificará que ha tomado la decisión correcta.
Conclusión

Una vez que haya llevado a cabo las pruebas mencionadas y cuando haya tomado su decisión sobre el grupo, recuerde que con palabras terminantes Juan nos indica cómo tratarlos: «Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina [la doctrina de Cristo], no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras» (2 Juan 9–11).



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