lunes, 27 de enero de 2014

La superación de los obstáculos (parte 2 de 7)

Error 2
Prometer más de lo que usted puede dar
Probablemente ha oído historias de «turistas cristianos» que prometen los primeros cien dólares en el acto y luego esperan a que la iglesia de su país resuelva el problema del balance de un proyecto de treinta mil dólares. Sin embargo, no sólo el novato hace promesas que luego no puede cumplir. Los misioneros experimentados también pueden sobrestimar sus capacidades.
El gran premio del trabajo que yo hago es ayudar a un ministerio a lograr la independencia. Por eso, cuando me encontré con un ministerio que estaba preparado para la independencia no dejé pasar la oportunidad. El ministerio se llamaba «La Tierra Prometida» y eso era exactamente lo que era—una gran cooperativa agrícola que poseían y era dirigida por docenas de familias cristianas. Estaba bien administrada, era productiva y mostraba un gran potencial de rentabilidad. Tenía todas las condiciones para tener éxito, excepto una: necesitaba dinero en efectivo para superar una desgracia inesperada.
Los escándalos políticos habían bloqueado los fondos prometidos por el gobierno local. Sobre la promesa de subvenciones gubernamentales, el proyecto había pedido prestado dinero para la tierra y las máquinas. Cuando aparecí yo, varios meses más tarde, las subvenciones aún no habían llegado y los pagos por los préstamos se estaban llevando todo lo que la cooperativa era capaz de producir.
Más que pedir subvenciones, ellos nos pidieron que les ayudemos a buscar inversores. En ese momento, yo estaba en actividad y tenía un montón de contactos de negocios. ¿Cuán difícil podía ser encontrar unos pocos inversores? Salvo por la deuda, el proyecto habría de ser rentable. Y era sólo una cuestión de tiempo antes de que llegasen las subvenciones del gobierno.
Lo que yo no reconocía era que no sabía nada acerca de cómo conseguir inversores. Asumí que uno de mis amigos de negocios sabía cómo hacerlo y me ayudaría. Pero no funcionó de esa manera. Mis amigos me ayudaron, pero lo que hicieron no fue mucho mejor que lo que yo mismo hubiera podido hacer. No conseguimos un solo inversor. Tenía que aceptarlo: me había hecho cargo de un proyecto para el cual no estaba capacitado.
Remedio: asegurarse de prometer menos y dar más
Por un lado, usted debería dedicarse a lo que mejor le sale. Acepte solamente los proyectos que están dentro de su alcance. Por otro lado, sin embargo, dudo al dar este consejo ya que implica no intentar superarse nunca. Preferiría hacer el intento y fracasar que fracasar sin intentarlo. La pregunta es: ¿cuánto daño causará si el intento no prospera? Este es probablemente un mejor indicador de si usted debería o no aceptar el proyecto. Si el margen para el éxito es mínimo, usted puede adoptar uno de los siguientes tres métodos:
1. Discúlpese y retírese.
2. Recomiende a otra persona más adecuada para ayudar.
3. Prometa menos de lo que cree que puede dar.
Si su capacidad de realizar el trabajo es limitada, asegúrese de que su socio lo sepa y anímelo a encontrar otras opciones. Por ejemplo, el proyecto «La Tierra Prometida» no dependía de nosotros solamente. Ellos podían hablar con cualquier otra persona. Al final, nuestro fracaso no afectó al ministerio, aunque tampoco ayudó.



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