miércoles, 5 de febrero de 2014

Epíteto

Esta figura (del gr. «epí» = sobre + «thetos» = puesto) se da cuando un sustantivo o un adjetivo sirven para designar algo por medio del atributo o cualidad que mejor lo caracterizan. Dicho sustantivo o adjetivo van así unidos, por aposición, al objeto o sujeto, con el propósito de amplificar el sentido por vía de distinción, explanación o descripción. Se distingue de la ampliación en que ésta implica cierto cambio, mientras que el epíteto es una adición.
Gn. 21:16. «y se fue (Agar) y se sentó enfrente, a distancia de un tiro de arco». El «tiro de arco» es un epíteto para designar una determinada distancia.
Ex. 25:25; 37:12; 1 R. 7:26; 2 Cr. 4:5; Sal. 39:5; Ez. 40:5. Un palmo se usa como epíteto para designar cierta medida.
Nm. 24:20. Aquí, la frase «cabeza de naciones» es un epíteto para designar a la primera nación que peleó contra Israel en el desierto (v. Ex. 17:8); también «perecerá para siempre» resulta otro epíteto, a la vista de Ex. 7:14, 16. Compárese con Am. 6:1.
Jue. 20:16. Aquí, «un cabello» viene a ser un epíteto para designar una delgadísima cosa. Véase también en hipérbole.
Jn. 17:3. «… que te conozcan a ti, el único Dios verdadero». El adjetivo «verdadero» no es una mera cualificación de Dios, sino un epíteto que caracteriza al «único Dios» (v. también 1 Ts. 1:9; 1 Jn. 5:20). Así se le distingue de los que no son dioses (v. 1 Co. 8:5, 6; Gá. 4:8).
Lc. 22:41. Un «tiro de piedra» es usado aquí como epíteto de una determinada distancia.

1 P. 4:3. El epíteto «abominables» cuadra aquí bien al culto a los ídolos.



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