lunes, 3 de febrero de 2014

La superación de los obstáculos (parte 3 de 7)

Error 3
Tomar la ruta sin un mapa
Para las alianzas es normal comenzar con ambigüedades, malentendidos y desacuerdos. Una alianza es necesariamente desordenada, dado que allí la gente negocia valores e intereses. No es normal, sin embargo, que los principales errores emerjan en una fase tardía de la relación. Esto sucede generalmente por una o dos razones: Los socios no aclararon sus metas para con la alianza al principio, o bien olvidaron revisarlas y ajustarlas en el camino. El efecto global es similar a ir de viaje sin planear un destino.
Todos los ministerios buscan obtener resultados. Es la razón de ser de un ministerio. Pero con demasiada frecuencia los cristianos se inclinan a pensar: «No podemos operar con metas y objetivos. Eso es para los negocios, no para el ministerio.» Sin embargo, cuando usted le pregunta a la gente por qué hace lo que hace, las personas hablan sin detenerse sobre lo que quieren que ocurra como resultado de su ministerio. Esos resultados esperados son tan buenos como las metas de las que hablamos.
Una clave para una alianza eficaz es ser explícitos respecto de los resultados esperados. Si dichas metas están ausentes, los resultados de la alianza tienden a ser actividades que mantienen a todos ocupados pero que cubren raras veces las expectativas. Todo logro pasa inadvertido, es imprevisto y usualmente desconocido.
Remedio: establecer metas que marquen una diferencia
Establezca metas tanto para la relación como para el impacto del ministerio. Aun cuando el ministerio asociado haya señalado sus metas claramente, la alianza también deberá establecer sus metas. Por ejemplo, suponga que usted ha decidido aliarse con un ministerio que tiene como meta fundar iglesias entre un grupo humano no alcanzado. Al aliarse a ellos, usted ha adoptado la meta del establecimiento de iglesias. El resultado clave o meta de impacto de la alianza es fundar iglesias entre el grupo no alcanzado.
Se necesitan también de otras metas para mantener la unidad de la alianza y para permitir que siga avanzando en la dirección correcta. Estas metas sirven como patrones en la toma de decisiones y como mojones para controlar la dirección. Las mismas dicen además de manera implícita qué no hacer. Los cambios se adoptan más fácilmente en el servicio de metas comprendidas mutuamente. Los malentendidos inevitables pasan de los individuos a las metas.
En una alianza, no alcanza con indicar cuáles son las metas. Éstas deben ser del tipo que marcan una diferencia. Este tipo de metas refleja el propósito de la alianza. Las mismas son factibles y desafiantes, y resaltan el aspecto más trascendente del ministerio del evangelio. Las metas que marcan una diferencia definen el impacto que la alianza puede tener y que nunca podría haber sido logrado sin ellas. Son los resultados esperados los que hacen que una alianza valga la pena.



No hay comentarios: