miércoles, 12 de marzo de 2014

Aprobado por Dios

(2 Timoteo 2:15)
INTRODUCCIÓN: palabras escritas a Timoteo, discípulo de Pablo (véase las circunstancias especiales del joven, hijo de madre y abuela creyentes en la fe de Moisés, y de padre griego, escéptico). En su entrenamiento fue probado, incluso sufrió prisión (He. 13:23). La exhortación de Pablo, es literalmente: «procura hacerte aprobado de Dios» (ej. el afán de los estudiantes por obtener su diploma). Muy superior es el diploma celestial que:
1. Será dado sin recomendación ni soborno: sólo según los méritos del alumno (véase 2 Co. 5:10).
a) Tiene una duración eterna. Los títulos humanos sólo duran una temporada.
b) Toda la enseñanza de Cristo coincide en que la vida es una prueba y que nos conviene asegurarnos un aprobado (véase Mt. 10:42; Mr. 9:41). ¿Qué importancia tendría que todo el mundo aplaudiera, si Dios dijera no? Del Anticristo se dice: «Todo el mundo se maravillará», pero ¡ay de él! De los héroes de la fe que murieron en tiempos antiguos dice el inspirado autor de Hebreos: «De los cuales el mundo no era digno»; pero recibieron el «Bien, buen siervo y fiel …, entra en el gozo de tu Señor». Es imposible imaginarse lo que sentirá el alma en aquellos supremos momentos, por los cuales hemos vivido y sufrido algunas veces. ¿Queremos tener este aprobado?, ¿lo deseamos? Véanse las condiciones según este texto, aplicado a Timoteo y a nosotros.
2. Entrar en la escuelas de Cristo (v. 19): según la condición puesta por el propio Señor cuando respondió a sus contemporáneos que preguntaron: «¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios?» (Jn. 6:28). Ciertas carreras están cerradas para los pobres o de mente débil, pero Cristo recibía y recibe a todos, porque ama a todos, es el Maestro por excelencia (Jn. 6:37 y 13:13).
3. Hacer buen uso de la palabra de verdad (v. 15): lo esencial para todo alumno después de un buen maestro son los libros de texto. La Sagrada Escritura es nuestro libro, escrito por instrumentos humanos, pero sin errores en el sentido espiritual. La característica de los cristianos evangélicos es que conocen la Biblia, así lo afirman los mismos sacerdotes católicos; pero no se trata sólo de conocer, sino de vivir. La expresión «que corta bien la Palabra de verdad» es una figura algo rara, pero muy gráfica; se refiere al sastre que sigue la línea trazada por el yeso. Nuestra vida es la tela, la Palabra de Dios el yeso que debemos seguir, el Espíritu Santo el artista que lo dibujó. Debemos cortar nuestra conducta y carácter según la línea trazada por el Espíritu Santo en todo el N.T. (Ro. 12).
4. Aplicación absoluta y completa: Pablo toma como ilustración el servicio voluntario de los romanos; la abstención no se refiere a los medios honrados de ganar el pan (2 Ts. 3:10). El mismo Pablo a temporadas no pudo dar todo su tiempo a la obra (Hch. 18:3). y no es que fuera mal soldado, sino, al contrario, procuraba en todo agradar a su Señor Pablo dice que Cristo no se agradó a sí mismo, justo es que nosotros le agrademos a Él.
5. Sinceridad en los procedimientos (v. 5): las reglas de los juegos en los deportes modernos pueden servir de ejemplo. En el deporte de la eternidad leemos: «Tú amas la verdad en lo íntimo» (etimología de la palabra sinceridad. Sincera o sin fingimiento o disimulo); como se hacía para borrar los defectos de las estatuíllas que se vendían en los mercados, pero el calor derretía la cera y volvían a aparecer).
6. El divino objetivo del alma creyente: evitar las penas del infierno es el primero y principal para muchos cristianos, pero no es el objetivo de Dios, sino el primer paso para formar almas regeneradas y dignas del Cielo. Es un plan de Dios desde la eternidad (véase Ro. 9:29; Ef. 1:4). Es algo como lo que procura el fundidor, hasta que ve su imagen misma reflejada en el metal que está acrisolando. Dios está fabricando pequeños Cristos (Ro. 8:29; 1 Co. 15:49). Como dice el gran predicador Pegny: «Dios prueba, para aprobar». No hay prueba sin objeto; pero Dios mismo viene en nuestra ayuda, como fue en el caso de Pedro (Lc. 22:31). El Señor intercede (Ro. 8:34) y actúa en nuestras vidas (anécdota: el pintor novel ayudado por su maestro cuando él dejaba el cuadro por la noche). 
Así el Señor endereza nuestros errores y nos habilita si le dejamos obrar, es el Maestro por excelencia.

CONCLUSIÓN: Dios haga que al final de nuestra vida podamos oír un «Bien, buen siervo y fiel», o por lo menos como Jesús dijo de María «Ésta ha hecho lo que podía» (Mr. 14:8).

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