jueves, 13 de marzo de 2014

Budismo

LOS BUDISTAS
Imágenes de Buda pueden encontrarse en muchos lugares por todo el mundo, como ésta en una tienda de Hawai. Cortesía de Verlyn D. Verbrugge.

Uno de los budistas contemporáneos más célebres es el Dalai Lama, un budista tibetano. Aquí aparece dando una conferencia en Madison (Wisconsin). Sus seguidores creen que es Dios encarnado. Cortesía de Jack M. Roper/CARIS.
Historia. El budismo fue fundado por Gautama (563–483 a. C.). Los relatos de su vida están repletos tanto de hechos como de añadidos. A los 29 años, renunció a su derecho legítimo al poder político, dejando a su esposa e hijos para convertirse en mendigo, yendo de un lugar a otro en busca de la verdad (véase la GRAN RENUNCIA). Pasó algún tiempo probando con el BRAHMANISMO aunque le desilusionó totalmente. Poco después, se ocupó en un período de intensa meditación y recibió la ansiada ILUMINACIÓN que le concedió el título del BUDA. Gautama pasó el resto de su vida de viaje, enseñando la religión o, mejor dicho, la filosofía que atraería multitud de adeptos en los siglos posteriores.
En el año 245 a. C., un concilio de 500 monjes budistas recogió las tradiciones orales de más de tres siglos y las recopiló por escrito en la lengua Pali. Dichas escrituras reciben el nombre del TRIPITAKA.
El budismo se extendió rápidamente bajo el liderazgo de ASOKA (274–236 a. C.), quien envió misioneros a Siria, Egipto, Macedonia e incluso hasta Birmania y Ceilán. En aquellos tiempos el budismo era básicamente un movimiento unificado, no obstante, como suele ocurrir cuando un líder militar de gran poder fallece, hay división entre sus seguidores, quienes forman sus propias facciones y el imperio de Asoka no fue una excepción. Poco después de su muerte se produjo una división geográfica y filosófica, dando lugar a dos sistemas de pensamiento: el TERAVADA al sur, que mantenía el idioma Pali, y el BUDISMO MAHAYANA al norte, donde la literatura y el idioma eran sánscritos. Estas dos facciones principales siguieron fragmentándose hasta formar las múltiples sectas que constituyen el budismo de la actualidad.
En sentido estricto, el budismo no es una religión, si se define la religión como creencia en una deidad divina o sobrenatural que tiene como constituyentes vitales la oración, los sacrificios y los conceptos sobre la vida futura. Gautama no rechazó la existencia de deidades pero sí negó su utilidad para la vida cotidiana. El budismo, por lo tanto, ha sido llamado la religión del ateísmo práctico. Sin embargo, Nancy Wilson Ross ha señalado con acierto que es incorrecto etiquetar al budismo como ateísmo en el sentido puro del término.
Las enseñanzas budistas respecto a la verdadera naturaleza del alma, o yo, pueden responder en parte a la acusación de que es una forma de ateísmo. En realidad, el budismo no es más ateo que teísta o panteísta. La acusación de ateísmo apenas se puede esbozar respecto a un Maestro que afirmaría del universo, o del cosmos, en su totalidad: «Hay un no nacido, un originado, un no hecho, un no compuesto. Ojalá, mendigos, que no hubiera escape del mundo de lo nacido, lo originado, lo hecho y lo compuesto».
El budismo ha tenido un fuerte impacto en los Estados Unidos (y el mundo occidental), particularmente en la Costa del Pacífico. El primer templo budista de Norteamérica se edificó en 1898 en San Francisco (California). En 1942, las Iglesias Budistas de Norteamérica contaban con 100.000 miembros. Hasta la fecha (1990), se estima que hay 270.000 budistas en los Estados Unidos. Se formó, además, un movimiento aparte conocido como BUDISMO NICHIREN SHOSHU de Norteamérica, que resultaba atractivo a muchos americanos no asiáticos. Otra modificación del budismo que ha tenido y tiene un considerable impacto en los Estados Unidos, como Nichiren Shoshu, ha sido reconocida como una denominación distinta en el budismo ZEN. Cada movimiento cuenta con ramas en muchas ciudades importantes de todos los Estados Unidos.
Enseñanzas. Como los brahmines, Gautama abrazó la idea de la REENCARNACIÓN. La salvación consiste en el escape final del ciclo de renacimientos. No obstante, rechazó otros conceptos hindúes como el SISTEMA DE CASTAS y la validez de las escrituras védicas.
Una idea central en el pensamiento oriental es la noción de que AVIDYA (la ignorancia) es la raíz de todo lo malo. El budismo asume plenamente este concepto. Gautama descubrió una manera de liquidar la ignorancia muy singular y distinta de todos los enfoques formulados hasta su día. Después de considerar los rigores del ASCETISMO, por un lado, y el hedonismo sin rienda por el otro, como medios factibles para alcanzar la autodisciplina y el control, rechazó ambos por su incapacidad para destruir lo que es fundamental a la naturaleza humana, es decir, la pasión y el deseo. Su filosofía queda definida en las CUATRO NOBLES VERDADES:
1. El sufrimiento es universal.
2. El sufrimiento es causado por los deseos.
3. La eliminación del sufrimiento se produce por la eliminación de los deseos.
4. Es necesario seguir un camino para conseguir esto (para acabar con la sucesión de nacimientos).
El camino propuesto por Gautama se compone de ocho puntos conocidos popularmente como la «ÓCTUPLE SENDA»: (1) recta visión, (2) recta intención, (3) recta palabra, (4) recto obrar, (5) recto modo de vida, (6) recto esfuerzo, (7) recta atención, y (8) recta meditación o concentración. Si uno sigue dichos principios, se convertirá en ARHAT. Una vez eliminada la ignorancia, el budista está libre para entrar en el NIRVANA. El KARMA se rompe y el ciclo de renacimientos se termina.
El budismo también distingue entre cinco modos de ser: (1) los «budas» o aquellos que han llegado a ser budas; (2) BODHISATIVAS (budas futuros); (3) budas pratyeka, es decir, aquellos que han buscado iluminación personalmente pero que todavía no han pasado tan grandes conocimientos a otros; (4) aryas (los que ya están en el camino hacia el nirvana); y (5) prithagjanas, la mayoría de los discípulos, que no aspiran a las altas metas de los arhat.
Además de cumplir los requisitos de la Óctuple Senda, el monje budista que aspira a ser un seguidor verdadero y fiel de Gautama sigue los diez mandamientos que prohíben: (1) el asesinato; (2) el robo; (3) la fornicación; (4) la mentira; (5) las bebidas alcohólicas; (6) comer durante los tiempos señalados para la abstinencia; (7) el baile, canto, y toda forma de entretenimiento mundano; (8) el uso de perfumes y atavíos de adorno; (9) dormir en camas que no estén en el suelo; y (10) aceptar limosnas de oro o plata.
A continuación se presenta una comparación y contraste del budismo con el cristianismo respecto a Dios, el pecado, la salvación, el futuro y la moralidad.
Dios—En radical contraste con el cristianismo, el budismo no admite la noción de un Dios personal que es a la vez INMANENTE y TRASCENDENTE. En lugar de un Dios consistente en una personalidad con tres facetas (Trinidad), la noción budista de Dios es más un proceso de transformación. Tradicionalmente la iglesia cristiana ha clasificado a los budistas como ateos (véase más arriba). La apologética cristiana clásica se ha moderado en los tiempos modernos con una actitud mucho más tolerante y liberal. El sello del cristianismo influido por el existencialismo y el idealismo especulativo ha resultado en un cambio a un paradigma más amplio en los últimos 150 años. La presencia de una cosmología científica moderna ha provocado un repensamiento por parte de muchos teólogos, tanto católicos como protestantes, de toda la doctrina de la existencia de Dios. El resultado ha sido una actitud de tolerancia y apertura, posición que Hans Küng articula claramente:
actualmente la perspectiva cristiana del budismo enfatiza la información en lugar de la denuncia, la complementariedad en lugar del antagonismo, el diálogo en lugar del proselitismo, el «hablar de Cristo con gente de otras creencias» en lugar de «ganar inconversos para Cristo».
Aunque los cristianos más conservadores rechazan los paradigmas modernistas, también desean mantener un diálogo activo con budistas y fieles de otras confesiones. Sin embargo, para las iglesias que sólo abrazan las doctrinas tradicionales del cristianismo, simplemente no cabe lugar para cuestionar la existencia de Dios.
Pecado—El pecado para el budista es un concepto conocido como TANHA. La palabra a menudo se traduce como «lascivia» y significa toda la lascivia o deseo que surge en la vida de cada uno. El cristianismo no enseña que todo deseo sea pecaminoso; sólo el deseo que se centra en servirse a uno mismo viola las leyes morales de Dios. El cristianismo mantiene que el pecado es «original» y «real», es decir, que es parte íntegra de la naturaleza y acciones de cada persona. La raza humana se concibió en pecado y rebelión activa contra el Dios viviente.
Existe una marcada similitud entre cuatro de los diez mandamientos del pensamiento budista y cuatro de los Diez Mandamientos del JUDAÍSMO y el cristianismo. Ambos prohíben robar, matar, fornicar y mentir. Pero romper ayunos obligatorios, bailar o dormir en una cama elevada no constituyen una violación de la ley moral de Dios en la BIBLIA y, por lo tanto, no son pecados. Para el budista, todos y cada uno de los deseos resultan en pecado, mientras el pensamiento cristiano señala que es pecado no desear lo justo (amar a Dios, amar a su prójimo, etcétera).
Salvación—Para el budista, la salvación tiene dos áreas de énfasis. En primer lugar, consiste en la liberación del ciclo de renacimientos, o sea, «dejar de existir». «Mediante la destrucción de la sed (tanha), se destruye el Apego. Mediante la destrucción del Apego, se destruye la Existencia» (Vinaya Pitaka). En segundo lugar, la salvación también se considera como el cultivo del carácter y de la estatura ética en esta vida mediante el cumplimiento de la ley y una obediencia diligente a la Óctuple Senda. La salvación debe alcanzarse por el budista mismo sin ninguna ayuda externa. «Por uno mismo se hace lo malo. Por uno mismo se sufre. Por uno mismo el mal queda sin hacer. Por uno mismo se purifica la persona. He aquí, ningún hombre puede purificar a otro».
El contraste entre budismo y cristianismo se muestra aquí muy evidente. En contraste con la idea budista de la autoconsecución de la salvación, el cristianismo enseña que Dios envió a su único Hijo, Jesucristo, al mundo, para vivir una vida sin pecado, morir en una cruz y resucitar de entre los muertos para terminar la obra de expiación y proclamar la victoria sobre la muerte. El cristiano no busca dentro de sí mismo para la salvación, sino que mira hacia afuera, en fe, hacia Cristo. El tercer artículo del Credo de los Apóstoles resume en pocas palabras la doctrina cristiana de la salvación: «Creo en … la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo, y la vida eterna. Amen». Efesios 2:8–9 afirma: «Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe; y esto no proviene de vosotros, pues es don de Dios; no a base de obras, para que nadie se gloríe». La iglesia, por lo tanto, está compuesta de la «comunión de los santos», es decir, todos aquellos que han creído que mediante la fe han recibido perdón de sus pecados, y que han sido bautizados. Al final del mundo habrá la «resurrección de los muertos». El cuerpo se levantará de la tumba como cuerpo incorruptible.
Esta noción es opuesta a la doctrina budista de la salvación en varios puntos. En primer lugar, como hemos mencionado anteriormente, para el cristiano la salvación se encuentra en la persona y obra de Jesucristo, mientras para el budista uno alcanza la salvación a través de esfuerzos personales y celoso seguimiento de la Óctuple Senda. Segundo, para el cristiano la muerte representa el preludio al traslado inmediato hacia la presencia de Dios. No es así en el pensamiento budista, donde la muerte constituye sólo una parte en un ciclo o serie de muertes y renacimientos. Tercero, la idea de una resurrección corporal, parte fundamental de la doctrina cristiana, no se halla en el sistema budista. El cuerpo se ve como un vaso que meramente contiene lo permanente y queda atrás en tanto que uno va creciendo y acercándose a la desaparición del ciclo de reencarnaciones.
Los budistas Mahayana y Theravada difieren en sus ideas acerca de la salvación y de la vida futura. Los budistas Mahayana creen que un buda, que ellos denominan BODHISAT, vive actualmente en un reino celestial y espera encarnarse en forma humana. Dicha figura es el objeto de su oración y devoción. Es curioso que, en este punto, el budismo presenta un estrecho paralelismo con el cristianismo en ciertos aspectos. Se cree que el bodhisat ha acumulado un tesoro de méritos que se emplearán para aquellos que dirigen su fe hacia él. Del mismo modo, son el mérito y la justicia de Cristo los que justifican al pecador que confía en él por fe. Segundo, el bodhisat viene a la tierra encarnado, como hizo Jesús. Finalmente, la creencia en un reino celestial en la religión del llamado ateísmo práctico puede sonar algo paradójico, pero es ciertamente un punto en el que convergen el budismo y el cristianismo.
Moral—La moral budista se ha desarrollado como una reacción contra el hinduismo. En protesta contra el SISTEMA DE CASTAS y su ordenación de la sociedad en clases superiores e inferiores, el budismo propuso una ética de igualdad. En lugar de conductas y ritos externos, se concibe como un énfasis en el estado interior del alma. Igual que en el cristianismo, el amor se convierte en principio fundamental de la conducta ética y moral del budista. No obstante, carece de una ética de amor dirigido hacia Dios. El amor es el medio para superar el odio y toda clase de maldad.
Otro contraste a destacar entre el budismo y el cristianismo es la mezcla que hace este primero de las leyes morales y ritos ceremoniales. La enseñanza de que es malo matar o robar está al mismo nivel que el mandamiento de abstenerse de dormir en una cama elevada del suelo o de ayunar durante ciertos períodos de tiempo. Para el cristiano, las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento se han abolido en Cristo (Col. 2:20–23). Para el cristianismo, Cristo es el fundamento sobre el que se construye toda la moral, y cuando se quebrantan los mandamientos y se comete un pecado, el creyente tiene un recurso en el arrepentimiento y la absolución por medio de Cristo, quien se sacrificó en expiación por el pecado (1 Juan 1:9). Dicho recurso no existe para el budista.
Los budistas Mahayana, como se ha mencionado anteriormente, creen en la existencia de un bodhisat celestial a quien se deben dirigir las oraciones; sin embargo, no existe el concepto de la expiación con derramamiento de sangre por el pecado. Para el budista que no observa las leyes morales y ceremoniales sólo hay dos alternativas. Una es el deseo de guardar las leyes y seguir los Ocho Pasos, lo cual representa una contradicción ya que el deseo mismo está prohibido. Así pues, la alternativa que queda es la de permanecer en la indiferencia ética, que es el camino más noble para el budista.
Conclusión. Existen muchos sistemas de budismo, igual que hay muchas denominaciones dentro del cristianismo. Los dos grupos más importantes, los budistas Mahayana y Theravada, están divididos geográficamente entre Asia del Norte y Asia del Sur. El budismo, al contrario que el cristianismo, es una religión no misionera, lo cual significa que sus esfuerzos de hacer proselitistas son mínimos. No obstante, ocupa la cuarta posición entre las grandes religiones mundiales, detrás del cristianismo, el ISLAM, y el hinduismo, contando con más de 311 millones de adeptos.
El budismo ha disfrutado de un resurgimiento de popularidad en los últimos años. Se puede citar el ejemplo del gobierno de Camboya que, en el año 1989, reconoció al budismo como la religión oficial del estado. Simultáneamente, los budistas Theravada y BUDISMO NICHIREN SHOSHU extendieron sus enseñanzas en Singapur. Por otro lado, no todos los países han recibido tan bien a los monjes budistas. Se han levantado persecuciones contra los budistas en Sri Lanka a causa de manifestaciones antigubernamentales protagonizadas por sus monjes. La China sigue con su persecución del budismo en su intento de extender la Revolución Cultural.
La desintegración de la Unión Soviética y posterior suavización de la persecución religiosa ha afectado tanto al budismo como al cristianismo. Se pueden encontrar templos budistas en construcción en las ciudades de Moscú, San Petersburgo, y otras poblaciones localizadas dentro de la antigua Unión Soviética, que además celebró en julio de 1991 los 250 años de budismo como religión reconocida en Rusia.
Respecto a otros lugares, en noviembre del 1990, se descubrió una estatua de unos diez metros del Buda en Baltimore, en el estado norteamericano de Maryland, como muestra del deseo de diplomáticos y empresarios japoneses de mejorar las relaciones entre ambos países. En octubre del mismo año se celebró la XVII Conferencia General de la Comunidad Mundial de Budistas en Seúl (Corea Del Sur).

La sede norteamericana de las Iglesias Budistas de Norteamérica se encuentra en el 1710 de Octavia St., San Francisco (California) 94109. EE.UU.


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