martes, 18 de marzo de 2014

Misceláneas Tentaciones (parte 2 de 3)

Las Diferencias Entre los Hombres y las Mujeres
Vivimos en una cultura igualitaria que aborrece distinciones “injustas” de toda clase. Aunque esta postura pareciera evidente a la mentalidad moderna, se le opone completamente a la biblia. Si Dios nos ha creado con ciertas diferencias y distinciones, y cierto que lo ha hecho, desdeñamos a esas distinciones por nuestra cuenta y riesgo. En particular eso se aplica en cuanto a las diferencias entre los hombres y las mujeres.
Sin embargo, al hacer distinciones entre clases de gente, es necesario generalizar para definir las clases. Por lo tanto, debemos probar la legitimidad de algunas formas de generalizar. En Tito 1:12, Pablo declara lo siguiente: “Uno de ellos, su propio profeta dijo: ‘Los Cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos.’ ” Así, Pablo generaliza diciendo que los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Pablo se siente libre para hacer esta generalización, aunque no sea cierto en cada caso. Uno de los propios profetas de los cretenses evidentemente no fue un mentiroso, porque sus palabras aquí son ciertas. Este profeta en particular era una excepción a la regla, pero la generalización permanece legítima.
Cuando hacemos generalizaciones sensatas no implica que somos irracionales. Miramos el mundo y observamos que diferentes clases de personas tienden a comportarse conforme a ciertos modelos. Al hacer la observación, podemos tratar de entender cuales diferencias vienen de Dios y cuales diferencias son pecaminosas y se tienen que cambiar. Las características distintivas de los cretenses que mencionó Pablo eran pecaminosas, y Pablo escribía para que Tito dirigiera su ministerio con el fin de que ellas se cambiaran.
También podemos generalizar de los hombres y las mujeres, los maridos y las esposas. Por ejemplo, los hombres son más altos que las mujeres (y claro que no siempre). Sin embargo, la generalización es legítima. Pero, debiéramos entender y alegrarnos de las diferencias bendecidas entre los hombres y las mujeres. Aunque hay unas diferencias que tienden a causar reacciones pecaminosas uno al otro.
Algunas de las diferencias tienen que ver con los papeles que Dios les asignó a los hombres y las mujeres. Por ejemplo, un martillo y una llave inglesa son diferentes, pero las diferencias no son arbitrarias. Alguien inventó tanto el martillo como la llave, cada cual para su propio uso. Las diferencias entre ellos son diferencias de diseño. Del mismo modo, los papeles diferentes asignados tanto a los hombres como a las mujeres explicarán muchas de las diferencias. Tales diferencias pueden manifestarse de muchas maneras.
Por ejemplo, supongamos que el marido llega a casa del trabajo, y se le ocurre (aún a él) que muy posiblemente su esposa no tuvo un día particularmente bueno. Pues, él le pregunta si algo le pasa, y ella le dice que no le pasa nada. Con esto ella quiere decir que son tantas las cosas que están mal que no es posible señalar una sola, y además, cualquier tipo podría ver que algo está mal. Pues, él dice, “Que bueno. Por un momentito creía que algo estaba mal,” y se marcha a ver las noticias. Por supuesto, más tarde descubre su grave error – tienen una gran riña. Ella cree que él se debía haber dado cuenta que en realidad algo estaba mal, y él mantiene que le preguntó y pues, ella respondió que no le pasaba nada. Los hombres y las mujeres tienen distintas maneras de hablar el castellano. Cuando nos falta traducir apropiadamente nuestras palabras y pensamientos, seguramente vamos a tener problemas.
Como he mencionado antes, los hombres y las mujeres están orientados en forma diferente (1 Cor. 11:19). Pero una de las maneras fundamentales en que nos expresamos nuestra orientación es mediante el lenguaje. Si las parejas no toman en cuenta las varias aplicaciones del castellano, van a tener problemas muy serios en comunicarse. Pero, si toman aquello en cuenta, y lo vienen a entender, pueden gozar de sus diferencias. De otra manera, tales diferencias serán una gran fuente de tentación. La equivocación de lo que el otro quiere decir invita al pecado de mal juzgar motivos. Y cuando mal juzgamos motivos, impedimos nuestra comunión. La Biblia enseña que el amor “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor. 13:7). El amor no saca conclusiones precipitadas, ni trata de adivinar los motivos del corazón de la otra persona. En cualquier clase de conflicto, es muy fácil equivocarnos con respecto a los motivos de la otra persona, y muy rara vez tener la razón.
Los hombres y las mujeres también razonan en forma diferente. A veces la esposa está muy turbada por alguna causa, y el marido se cree que debe sermonearla por qué todo sucedió así. Pero, por mas agudos que sean los dones analíticos de él, no le servirán en esa situación. En ese momento, ella no necesita información – necesita un abrazo. El debe decirle que todo saldrá bien, y al hacer eso, entonces debe callarse la boca. Esto no quiere decir que sus capacidades analíticas no son útiles. Más tarde él puede venir a ella diciéndole que estaba pensando y orando sobre lo que sucedió ayer, y que tiene algunas ideas para evitar este problema la próxima vez, y ella estará muy agradecida.
Las diferencias de razonar se manifiestan en otras maneras también. Las mujeres aparentemente tienen mentes de vía múltiple y pueden saltar desde una vía a la otra sin fullar. Parece que los hombres normalmente tienen mentes lineales y de una sola vía. Una vez mi esposa y yo íbamos de coche a mirar casas; veíamos una que nos interesaba, y hablábamos de ella por un tiempo. Tres días después Nancy continuaba nuestra conversación donde la habíamos dejado, sin absolutamente ningún antecedente; huelga decir que yo no sabía de lo que hablábamos. Al mismo tiempo, qué extraño es la manera en que las mujeres hablándose una a la otra de esta forma, no se confunden. Las mujeres son mucho más flexibles en la manera en que se relacionan las unas a las otras. En sus mentes todas las cosas están conectadas. A los hombres se les hace más fácil desconectar un tema del otro. Consecuentemente, si a una mujer le molesta alguna cosa en cualquier área de la vida, es más fácil que esa cosa surja en otra área completamente diferente. Y el marido se confunde porque está tratando de comprender cómo se fueron de un tema al otro.
Por lo tanto, las mujeres deben tener cuidado de no dejar que vayan aumentando las molestias por algunos tres meses, para luego explotar. Tan pronto como ella resiste la tentación de pecar por causa de alguna molestia, se debe fijar en presentarlo a su marido a la primera oportunidad. Si ocurre pecado manifestándose como problema de actitud (uno se comporta molesto), pues las disculpas se tienen que hacer inmediatamente. Si ocurre tentación de molestarse, se debe renunciar y tratar con ella a la primera oportunidad para que se pueda aprovechar del bien.
También muchas mujeres desean que sus maridos hagan cosas comprensivas con espontaneidad, y no porque alguien les enseñó así. Tomemos el ejemplo de un marido que compra flores para su esposa – los hombres no harán tales cosas con espontaneidad. Si ello parece ser espontáneo, pues significa que se le enseñó bien y desde joven. Si un hijo se cría correctamente y su padre le enseña a hacer tales cosas para su madre, cuando se vaya a casar, pues ello será espontáneo para él. El debe tratar de aprender la espontaneidad, y ella debe aprender a dejar que lo aprenda.
La Abdicación y la Deuda
Ni sea prestador, ni tome prestado;
Pues se pierde tanto préstamo como amigo,
Y tomar prestado desfila el buen desempeño …
Shakespeare
Aunque Dios ha establecido al marido como el gerente de la familia, muchos maridos cristianos en las nupcias han asumido la designación, sin asumir las correspondientes responsabilidades y obligaciones.
Dios nos ha creado varón y hembra; por lo tanto, tal abdicación de parte de los hombres es contrario a como somos creados. Así pues, esta desobediencia de parte del marido en el hogar genera una culpa fundamental y muy profundo. Y cuando los hombres se sienten culpables, y no buscan al Señor con arrepentimiento, siempre buscarán algún otro modo de expiar la culpabilidad por sus obras. Si no confían de corazón en el pago de Cristo por el pecado, su reacción natural será la búsqueda de alguna manera de ofrecer un pago ellos mismos. Aparte de fe en el Gran Sacrificio por las culpas, los hombres inventarán y multiplicarán otros varios sacrificios. Estos sacrificios alternativos por la culpa a menudo son financieros, y en un mundo de crédito fácil, se le hace fácil al marido culpable de abdicar, meterse en serios problemas financieros.
El problema es doble. Primero, los maridos que han abdicado su gerencia, también por lo general tendrán la tendencia a abdicar en cuanto a los límites financieros para la casa. Por consiguiente, permiten que sus esposas gasten más de lo que la familia puede sostener; esto es parte del problema mayor de la abdicación. Ya que el marido teme decir que no en cualquier asunto de la casa, obviamente vemos que él no puede decir que no en los asuntos financieros.
Pero el segundo aspecto de este problema es aún más serio. Los maridos a menudo incitan a sus esposas que gasten más de lo que la familia puede sostener. Este es el resultado del marido tratando de disculpar su culpabilidad. Cuando el marido no está atendiendo a la necesidad espiritual de su esposa del liderazgo firme, fácilmente puede caer en la alternativa de darle cositas en su lugar. Y en este mundo de crédito amplio, resulta que los maridos dimitentes pueden creerse proveedores mucho mejores de lo que realmente son.
Cuando el marido dimitente le da la tarjeta de crédito a su esposa, y la envía a gastar más de lo que tienen, las compras de ésta son el símbolo apropiado de la relación con su marido – provisión de la nada. Pero en todo caso, cuando las cosas se compran con fondos no existentes, es muy posible que haya un corazón de hurto. Sin embargo, Dios aún gobierna al mundo; los rateros y tunantes llegarán a la esclavitud. Sigue cierto que lo que se siembra, se cosecha.
La Biblia enseña que “el que toma prestado es esclavo del prestador” (Prov. 22:7), y que los cristianos no deben hacerse esclavos (1 Cor. 7:23). Muchos hombres han llegado a esta condición de servidumbre a sus prestadores fuera de la casa, porque ya habían llegado a esa misma posición dentro de ella.
Efectivamente, los maridos piadosos sirven a sus esposas, pero lo hacen con la autoridad del amor sufrido y la autonegación. El verdadero labrador es gerente que se entrega a sí mismo para su esposa y familia con autoridad. Nuestro Señor Jesús tenía semejante corazón de siervo, pero eso no le quitaba su autoridad; más bien era el cimiento de ella. La servidumbre que resulta de la abdicación es algo completamente diferente.
Ejercer responsabilidad como cabeza de la familia requiere diligencia, labor, y valor. La Biblia enseña que la capacidad de dirigir el hogar responsablemente es un requisito previo para el liderato de la iglesia. “Pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?” (1 Tim. 3:5). Así como la responsabilidad en el hogar prepara a un hombre para la responsabilidad en otro sitio, la irresponsabilidad dentro del hogar ocasionará irresponsabilidad fuera de ella – en este caso, a los acreedores.
El problema se tiene que resolver en su origen. Es demasiado fácil lamentarse de los recibos – como si fueran el resultado de algún fenómeno astrológico. Pero no los son; son el resultado de la irresponsabilidad financiera de malgastar. Y en esta situación, se malgasta mucho dinero porque se dedica muy poca diligencia a la gerencia. Como en el caso de todo el pecado, la solución queda en el arrepentimiento delante de Dios, y la confesión de ese asunto para con aquellos que fueron afectados por este pecado. En este caso, el marido debe confesar su abdicación a Dios como pecado, y debe tener una conversación seria con su esposa sobre su falta de ser un marido en verdad gerente para ella. Pero esto solo no basta.

El marido no conocerá ningún cambio permanente hasta que se ponga a estudiar la Palabra de Dios – toda ella. Muchos ojean las páginas de la Biblia, como si estuvieran haciendo selecciones en un bufet. Pero nuestra responsabilidad es instruirnos en todo el consejo de Dios (Hech. 20:27). Para cabezas de familia, es claro que este estudio tiene que incluir el tema de la deuda y las finanzas. Sin embargo, muchos Cristianos responden que desean soluciones bíblicas de sus problemas, pero que no tienen tiempo para estudiar la Biblia. Esto no es nada más que tontería rebelde. Todos nosotros, seamos como seamos, tenemos que vivir y morir conforme a la Palabra.



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