lunes, 24 de marzo de 2014

Principios básicos para hacer negocios (parte 3 de 6)

3. Proporcione un producto de calidad a un precio justo
El valor de los productos y de los servicios dice más al público acerca del carácter real de la companñía y su gente, que quizás cualquier otro aspecto de la vida de una compañía. El término «valor» podría definirse como la recuperación efectiva de una inversión. Pero cuando un comerciante cristiano acepta cumplir con el estándar de servicio o de productos que demanda la Biblia, el resultado final debe ser el producto de mejor calidad al mejor precio posible.

Una vez leí un artículo acerca de un doctor que dejó de cobrar honorarios fijos y decidió que permitiría a cada paciente «establecer sus propios honorarios». Cuando llegaba alguna persona a la consulta, la recepcionista le brindaba la información acerca de la modalidad de pago, a la vez que le entregaba una lista detallada de los costos que asumía el consultorio, además de otros gastos. Luego le pedía al cliente que decidiera la suma que creía justa pagar por honorarios.

No obstante, los pacientes pagaban lo menos posible porque creían que el doctor trataba de influir en ellos. A la larga, no obstante, los ingresos del doctor aumentaron en un diez por ciento por haber optado el sistema del «pago libre». Al parecer, lo que esto revelaba era que los pacientes consideraban que recibían servicios de calidad.

Otro buen ejemplo de este principio es la compañía Chic-Fil-A, Inc., con sede en Atlanta. Esta compañía, dirigida por cristianos, se precia de hacer productos de calidad. Gastan poco o nada en avisos publicitarios, y sin embargo son uno de los tres grupos de empresas de alimentos con mayor venta y crecimiento en Estados Unidos.

Chic-Fil-A cierra los domingos, en contraste con los otros negocios ubicados en la misma área comercial y pagan bien a sus empleados (hasta se hacen cargo de becas de estudio). De modo que cabe preguntarse: ¿Cómo sobreviven y hasta logran crecer? La compañía reparte muestras gratuitas de sus productos cada vez que abren un nuevo lugar de ventas. Los administradores saben que una vez que las personas los prueban volverán y se harán clientes. La mejor propaganda para un consumidor es un cliente satisfecho.

La norma de nuestra sociedad contemporánea pareciera ser: Entregar lo menos posible por el mayor precio posible. Pero esto opera sólo en determinados momentos, donde no hay mucha competencia o donde esta no existe.

Se dice mucho sobre los principios espirituales de los cristianos que están dispuestos a brindar alta calidad y precios justos. Cuando uno realmente ama a los otros, más que a sí mismo, quiere que el otro obtenga la mejor compra posible. Y de paso trae prosperidad a quien así procede.


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