lunes, 31 de marzo de 2014

Principios básicos para hacer negocios (parte 4 de 6)

4. Respete a sus acreedores
Los acreedores comerciales incluyen tanto a quienes prestan mercaderías, como a quienes prestan dinero. Muy a menudo, en nuestros ambientes de negocios, los proveedores se tratan como una fuente para operar capital sin tener que pagar interés. Cuando los negocios caen, es normal retrasar el pago a los proveedores para equilibrar la reducción en las ventas.

Una cosa es si la situación está fuera de su control. Pero otra muy diferente si sólo se aprovecha de una forma barata de operar porque viola un principio bíblico. Proverbios 3:27–28 sugiere lo siguiente:
No te niegues a hacer el bien a quien es debido,
Cuando tuvieres poder para hacerlo.
No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve,
Y mañana te daré,
Cuando tienes contigo qué darle.
Un cristiano procede engañosamente cuando sigue pidiendo productos y otras mercaderías donde ya existen cuentas vencidas sin pagar. Esto le resultará difícil de aceptar, pero imagínese que usted es el proveedor. ¿Le gustaría que una persona le pida mercadería con la promesa de pagar después, cuando la misma ha demostrado que está perdiendo dinero y no está en condiciones de pagar? ¿O le gustaría que un cliente se retrase en pagar la mercadería, en lugar de pedir dinero mediante un préstamo a interés con el cual comprarla?

Realizaba un seminario a un grupo de hombres de negocios y mencioné de paso que no se actúa bien cuando nos retrasamos en los pagos a los proveedores porque los clientes a su vez se demoran en pagar. Uno de los asistentes me interrumpió y dijo:
—¿Quiere decir que si no pago mis cuentas porque a mí no me pagan es pecado?
—No, no es eso lo que quiero decir—le contesté—. Sólo es pecado cuando sabe que es malo y persiste en hacerlo.
—¿Pero qué pasaría si por pagar a todos mis proveedores pierdo mi negocio?—preguntó en un tono desafiante.
Utilicé la respuesta habitual que suelo dar en esas circunstancias:
—¿Hablamos de una situación real o hipotética?
—¿Qué quiere decir?—preguntó mientras comenzaba a ver mi lado en el asunto.
—Y bien, si pagar a sus proveedores significara realmente perder el negocio mientras que de no hacerlo sobreviviría, le sugiero que se comunique con los proveedores y les permita decidir al respecto. Estoy seguro de que la mayoría desearía ver que su negocio prospere en lugar de que fracase.
—Bueno, no se trata de que mi negocio fracase—admitió—. Pero tal vez causaría la quiebra de otra persona.
—Es cierto—coincidí con él—. Si esa es la situación, esa otra persona debería saber que existe esa posibilidad. Dios no nos responsabiliza con lo que no podemos hacer, sino tan solo de lo que está a nuestro alcance. Pero si la decisión es puramente económica, es decir, si es sólo porque es más barato financiar el capital adeudándose más bien con el proveedor que con el banco, no es correcto.

Esa misma persona comentó más tarde durante el seminario:
—Ustedes me han convencido que debo pedir los fondos prestados para pagar a mis proveedores a tiempo. Mi compañía puede absorber fácilmente los intereses. Sólo dilataba el pago a mis proveedores porque mi contador me aconsejaba que los “apretara” lo más que pudiera.

La integridad es algo muy difícil de hallar en nuestra generación, sobre todo cuando se trata del dinero de otros. Un cristiano, que quiere tener un testimonio creíble de su fe, debe al menos llenar este estándar mínimo. Recuerdo la nota que recibí de una de las compañías fabricantes de papel más grandes de Estados Unidos. Decía simplemente: «Gracias por la integridad que mostró en pagar sus cuentas a esta compañía».

Pensé que en realidad era notable que lo hicieran, porque mi compra total del año anterior no había sido más que unos diez mil dólares, lo cual apenas representaba una fracción de sus ventas totales. De modo que decidí hablar con el gerente y preguntarle el porqué de la nota.

«Lo que llevan a cabo con su organización cristiana me demuestra que es una de las pocas que nos paga sus cuentas a tiempo y siempre», me dijo. «Soy cristiano como ustedes, pero lamento decir que algunas de las estafas vinculadas a iglesias y otras actividades cristianas, se han vuelto un motivo de ridículo en nuestras reuniones de directorio».

Es realmente digno de reflexionar en que el presidente de una compañía haya sido objeto de mofas por sus colegas debido al fracaso de las organizaciones administradas por cristianos en lo que respecta a pagar sus cuentas a tiempo. ¡No es de extrañar que muchas personas prefieran no negociar con cristianos!



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