jueves, 27 de marzo de 2014

Testigos de Jehová

SOCIEDAD ATALAYA DE LA BIBLIA Y TRATADOS
Charles Russell, fundador de los Testigos de Jehová. Cortesía de George Mather.

Los salones del reino se encuentran en prácticamente todas las áreas metropolitanas del mundo.
Historia. El historiador eclesiástico Sydney Ahlstrom hizo la acertada observación de que el clima teológico de Norteamérica a mediados del siglo xix era tal que dio a luz cinco movimientos distintos, todos ellos expresiones de una insatisfacción y reacción contra el desánimo del protestantismo principal que caracterizaba las denominaciones establecidas de más antigüedad:
Los casos más evidentes fueron los de personajes como Robert Ingersoll, Henry George, Edward Bellamy, Francis E. Abbot, y Clarence Darrow, quienes abandonaron la iglesia a pesar de los fuertes intereses religiosos que mostraron en ocasiones, y que se convirtieron en abogados del agnosticismo, el socialismo, la religión libre, o al menos la lucha total contra lo establecido. Más moderados pero igualmente desequilibrados estaban los liberales y evangelistas «sociales», que buscaron adaptar la fe y práctica cristiana a las necesidades más urgentes de la sociedad moderna. Un tercer grupo incluía aquellos cuyas raíces étnicas o reclamaciones particulares (o ambas) no formaban parte de la corriente protestante. Dicha categoría abarca el MORMONISMO, la CIENCIA CRISTIANA, los menonitas, los UNITARIOS, y otros movimientos divergentes. El cuarto grupo consistía en un gran movimiento interdenominacional de aquellos que reivindicaban la innovación en la religión. La mayoría de sus partidarios se sentían preocupados por el declive de la religión de antaño con su énfasis en la conversión … Ya fueran ricos o pobres, educados o analfabetos, rurales o urbanos, bautistas o presbiterianos, se sentían preocupados por el avance del liberalismo teológico y el declive del moralismo puritano. El FUNDAMENTALISMO es el nombre del movimiento que sus propios líderes adoptaron y utilizaron. El quinto y último grupo presentaba una separación más clara del PROTESTANTISMO dominante que la mayoría de los fundamentalistas buscaron.
Ahlstrom considera que el Movimiento de la Santidad, con su énfasis en la santificación y su rechazo contra la idea de gozar de la membresía eclesiástica desde el nacimiento, encaja en este quinto grupo. Un segundo elemento que el Movimiento de la Santidad incorporó fácilmente en su teología era el milenialismo radical, que experimentaba un avivamiento en Inglaterra y Norteamérica. De este cóctel de ideas surgió un movimiento que superaría a todos los otros en términos de crecimiento y éxito en el siglo xx tanto en Norteamérica como en todo el mundo. Dicho movimiento lleva el nombre de Watch Tower Bible and Tract Society (Sociedad Atalaya de la Biblia y Tratados), aunque popularmente se conoce como los Testigos de Jehová.
La historia de la Atalaya comienza con la de su fundador, CHARLES TAZE RUSSELL (1852–1916). Russell nació en Allegheny (actualmente parte de la ciudad de Pittsburgh), en Pensilvania, el 16 de febrero de 1852. Criado dentro del seno del presbiterianismo, Russell mostró un gran interés por la religión durante su adolescencia y empezó a examinar las doctrinas de su fe. A los quince años empezó a trabajar como empleado y socio en la tienda de ropa de caballero que tenía su padre. En aquel momento decidió que el congregacionalismo se adaptaba más a sus gustos teológicos. No obstante, al poco tiempo, Russell llegó a la conclusión que el congregacionalismo, como el presbiterianismo, tampoco era lo que buscaba. En particular le molestaba la doctrina CALVINISTA de la PREDESTINACIÓN y el castigo eterno. A los 17 años, Russell se apartó del CRISTIANISMO y se declaró escéptico. Como JOSÉ SMITH medio siglo antes, Russell concluyó que su confianza en los credos e iglesias humanos se había acabado. Al contrario que José Smith, Russell no afirmaba recibir visitas de un ángel celestial, ansioso de impartir nuevas REVELACIONES en contra de todas las iglesias corrompidas y apóstatas. Russell seguía en su escepticismo sobre la religión hasta el año 1870 cuando se encontró por casualidad en una reunión de un grupo que se llamaba los «Segundos Adventistas», guiado por Jonas Wendell. Más tarde Russell recordaría:
Aunque su exposición de las Escrituras no era completamente clara, y aunque distaba mucho de aquello que disfrutamos hoy, era, por la dirección de Dios, suficiente para restablecer mi debilitada fe en la inspiración divina de la Biblia …
Este grupo de Segundos Adventistas era un remanente del disuelto MOVIMIENTO MILLERITA. La GRAN DECEPCIÓN de 1844 había provocado el abandono de gran parte de los milenialistas de la causa millerita o adventista. No obstante, un grupo restante volvió a sus raíces y, en base a nuevos cálculos, anunció que Cristo volvería en algún momento entre 1873 y 1874. Estos eran parte del remanente que Russell había encontrado en 1870.
Durante los siguientes cinco años (1870–75), Russell reunió un pequeño grupo de estudiantes para un estudio bíblico que se celebraba con regularidad. Al principio, Russell coincidía con los adventistas y estaba convencido de que el Señor volvería durante el período de 1873–74. Pero, una vez más, se comprobó el error de los adventistas cuando el año 1874 llegó y se acabó sin ningún retorno visible de Cristo. En 1876 Russell conoció a N. H. Barbour, que conducía un grupo de adventistas en Rochester (Nueva York). Barbour había roto con el grupo principal de adventistas ya que, como Russell, se había convencido de que Cristo había vuelto en 1874, aunque no visiblemente, sino invisible y espiritualmente. Barbour y Russell aunaron fuerzas y comenzaron la publicación de una revista titulada The Herald of the Morning [El heraldo de la mañana].
En el año 1877 se publicó un libro titulado Three Worlds or Plan of Redemption [Tres mundos o plan de redención], en el cual los dos líderes expusieron más ampliamente su opinión de que el milenio se había iniciado en 1874.
Como podía esperarse, Russell y Barbour se separaron en 1879 a causa de un conflicto teológico respecto a la expiación de Cristo. Avanzando a su rápido ritmo personal e impulsado por un celo difícil de hallar en otros líderes religiosos, Russell inició inmediatamente la publicación de una nueva revista titulada Zion’s Watch Tower and The Herald of the Christ’s Presence (La atalaya de Sion y el heraldo de la presencia de Cristo). Como resultado, las ideas de Russell empezaron a extenderse y «en 1880, habían surgido treinta nuevas congregaciones en siete estados». Otro suceso importante en la vida de Russell ocurrió en 1879 cuando conoció y se casó con una de sus estudiantes de la Biblia, María F. Ackley. Durante los siguientes 18 años apoyó con diligencia y entusiasmo el trabajo de su marido hasta la separación de la pareja en 1897.
En 1881 Russell formó la Sociedad Atalaya de Tratados de Sion, con su esposa como la primera secretaria-tesorera. Gran parte de la financiación del grupo, sin embargo, procedía de los ingresos propios del fundador procedentes de la tienda de ropa que había mantenido durante todo este tiempo. El 13 de diciembre de 1884, la sociedad, de tan rápido crecimiento, se constituyó como sociedad legal, lo cual marcaba el comienzo oficial de la Sociedad Atalaya de la Biblia y Tratados de Sion aunque 12 años más tarde, se abandonó el uso de Sion en el nombre, dejando lo que actualmente es el nombre oficial del movimiento.
Russell comenzó en 1886 la publicación de Millennial Dawn [Aurora milenial], que posteriormente recibió el nombre de Studies in Scriptures [Estudios de las Escrituras] que llegaría a ser una serie de siete volúmenes. El primer volumen, titulado The Divine Plan of the Ages [El plan divino de las edades], representaba una continuación de las ideas milenialistas de Russell, ahora más sofisticadas debido a sus estudios en el griego y el hebreo. Russell nunca llegó a dominar los idiomas originales de la BIBLIA, aunque pudo hacer uso de los léxicos y diccionarios. El último volumen de la serie se publicó en 1917, un año después del fallecimiento del líder, y abarcaba una compilación de sus escritos.
La sociedad con sede en Allegheny (Pensilvania) creció rápidamente, con su primera delegación establecida en Londres en 1900. El éxito hizo posible la publicación de varios libros y folletos en diversos idiomas y se fundaron sociedades posteriores en Europa y una en Australia en 1904.
En 1908, Russell trasladó la sede de la sociedad a Brooklyn (Nueva York) y continuó con sus adquisiciones de propiedades en Columbia Heights (Nueva York), donde se encuentra la sede central actual.
En medio del éxito, surgieron problemas para Russell en varios frentes. Un ejemplo es el bochorno que resultaba del llamado «trigo milagroso». Russell había publicado en su revista que él vendía trigo, al precio de un dólar por libra, que tenía la capacidad de crecer cinco veces más rápido que el trigo convencional vendido en el mercado. Los beneficios se destinarían a la Sociedad de la Atalaya y a la financiación de la publicación continua de los sermones y enseñanzas de Russell. El 1 de enero de 1913, el periódico The Brooklyn Daily Eagle publicó un reportaje que le criticaba duramente y se burlaba del trigo. Russell inmediatamente formuló un pleito acusándoles de libelo, en el que reclamaba que había sido falsamente acusado. El gobierno estadounidense investigó el trigo y descubrió que, de hecho, no era milagroso sino de una clase inferior. El testimonio del gobierno en el juicio resultó en el fracaso de la demanda para Russell.
No era la primera vez que había formulado un pleito, ni tampoco era la primera vez que sufriría un fracaso embarazoso por reclamaciones fraudulentas. Medio año después del escándalo del trigo, un ministro bautista, el Rev. J. J. Ross de Hamilton (Ontario) Canadá, publicó un folleto apologético cuyo título se podría traducir como Algunos hechos sobre el supuesto «pastor» Charles T. Russell. El folleto representaba una fuerte denuncia de Russell y le acusaba de ser un pastor designado por sí mismo sin acreditaciones ministeriales, sin ordenación por ninguna entidad eclesiástica reconocida. Ross también atacó la moral y vida personal de Russell e inmediatamente, éste presentó querella por difamación. Al rechazar las acusaciones de Ross, la prueba de cargo estaba en manos de Russell para demostrar que no eran verdaderas. El punto central de su defensa consistió en su insistencia en que era un erudito familiarizado con conocimientos de los idiomas bíblicos y que estaba ordenado legítimamente para el ministerio público. En The Kingdom of the Cults, de Walter Martin, se detalla el registro oficial de las porciones del juicio que tocaban estos dos temas principales. Martin observa:
La siguiente reproducción de la trascripción del caso Russell contra Ross, relativa a la acusación de perjurio formulada contra Russell, se saca de la copia de un archivo en la sede de Brooklyn (Nueva York) y se presenta en el interés de una investigación completa.
Pregunta: (Fiscal Staunton): «¿Conoce Vd. el alfabeto griego?»
Respuesta: (Russell): «Oh, sí».
Pregunta: (Staunton): «¿Me podría decir las letras correctas si las puede ver?»
Respuesta: (Russell): «Algunas, podría tener un error en algunas».
Pregunta: (Staunton): «¿Me podría decir los nombres de las del principio de la hoja, en la página 447 que tengo aquí?»
Respuesta: (Russell): «Pues, no sé si podría».
Pregunta: (Staunton): «¿No podría decir qué letras son, verlas y saber si las conoce?»
Respuesta: (Russell): «A mi manera …» (fue interrumpido en aquel momento y no se le permitió explicarse).
Pregunta: (Staunton): «¿Tiene conocimiento del idioma griego?»
Respuesta: (Russell): «No».
Las demás preguntas de Staunton resultaron en la admisión de Russell de que nunca había sido ordenado por ningún «obispo, ministro, presbítero, concilio o cuerpo de hombres».
El perjurio público de Russell resultó ser otro factor clave en su declive. Aunque seguía como líder del movimiento, su respetabilidad entre la gente culta ya no existía. El fin vino para Russell el 31 de octubre del 1916, a bordo de un tren en Pampa (Texas). Pero la Sociedad Atalaya para la Biblia y Tratados no murió. De hecho, bajo el mandato de Russell sólo había pasado por su etapa de infancia. El liderazgo pasó al Juez JOSÉ FRANKLIN RUTHERFORD (1869–1942), que no era otro que el abogado que actuó como defensor de Russell en el pleito.
Rutherford se convirtió en el nuevo presidente de la Sociedad el 6 de enero del 1917. Ya que había servido durante un período breve como juez especial en Missouri, se le llamaba popularmente Juez Rutherford y bajo su liderazgo, se inició una nueva etapa en la Sociedad Atalaya. El juez introdujo algunos cambios e innovaciones importantes no enseñados por Russell. En primer lugar, enseñó que el mensaje especial de la Biblia era la vindicación del nombre de Dios, Jehová. Toda persona que adorase en el nombre de Jehová era un adorador verdadero. Rutherford también incorporó un programa de viva renovación en el evangelismo y proselitismo. Grabó muchos de sus sermones en fonógrafo para su reproducción para los convertidos potenciales de todo el país. Los temas de tales sermones incluían una fuerte denuncia de las iglesias denominacionales, en concreto del catolicismo romano, y la condenación venidera para todos aquellos que no aceptaban las enseñanzas de Jehová Dios y la Atalaya. Después de 1944 se abandonó el uso del fonógrafo para concentrarse más en el proselitismo mediante confrontación personal, un método introducido anteriormente por Rutherford.
El cambio más importante en la sociedad durante el liderazgo de Rutherford ocurrió en la transformación de la forma de gobierno, es decir, en el paso desde un enfoque democrático hasta un control más centralizado o, como dijo Rutherford, control «teocrático». La sede de Brooklyn (Nueva York) llegó a ser la versión Atalaya equivalente al Vaticano.
Como en el caso de Russell, surgieron problemas para Rutherford apenas acceder a la presidencia. Debido a la estricta posición que los Testigos tomaron respecto a no cumplir el servicio militar, en mayo de 1918, un tribunal de distrito de los Estados Unidos ordenó el arresto de Rutherford y otros siete miembros bajo acusación de conspiración para causar insubordinación. Los ocho fueron culpados de aquellos cargos y sentenciados a 20 años de prisión. Este suceso obligó el cierre de la sede de Brooklyn y la sociedad administró sus asuntos desde Pittsburgh durante un tiempo. Después de la guerra, en noviembre de 1918, se levantaron los cargos y los ocho fueron puestos en libertad. Rutherford abrió inmediatamente la sede en Brooklyn de nuevo y asumió el control de su «teocracia».
Pronto, la resolución de esta lucha externa con el gobierno cedió el paso a una controversia interna ya que el enfoque dominante de Rutherford provocó resentimiento por parte de algunos miembros de la sociedad. Rutherford acentuó la tensión al introducir algunas interpretaciones novedosas en el esquema profético dado por Russell. Argumentó, por ejemplo, que la batalla de Armagedón no empezó en 1914, como Russell había enseñado. También argumentó que «SATANÁS fue echado del cielo y confinado a la tierra» [mayúsculas añadidas]. El resultado fue que los seguidores leales a Russell, que querían mantener las enseñanzas puras de su mentor, rompieron en varios movimientos cismáticos. Milton Backman explica la aparición de tales grupos divergentes de la siguiente manera:
Un grupo que afirmaba haber preservado la teología básica del Pastor Russell formó la ASOCIACIÓN DE ESTUDIANTES DE LA BIBLIA, AMANECER. Otros grupos disidentes del movimiento se conocen como Movimiento Standfast, Movimiento Paul Johnson (posteriormente el Movimiento Laico de Misiones Domésticas), Movimiento de la Voz de Elías, Sociedad del Águila, e Instituto Bíblico Pastoral de Brooklyn.
Para distinguir entre los cismáticos y los seguidores de Rutherford, la sociedad adoptó el nombre de Testigos de Jehová en 1931, en una convención celebrada en Columbus (Ohio). La nueva designación se basaba en Isaías 43:10: «Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí» (Revisión 1977 de la Versión Reina-Valera).
La erupción de la Segunda Guerra Mundial en 1939 provocó la reafirmación de su posición pacifista respecto a servir en el ejército. Unos miles fueron arrestados mientras muchos otros reivindicaron tener el título de MINISTRO, eximiéndose así de alistarse. Hoekema escribe: «Es de notar que el número de los ministros de los Testigos de Jehová se duplicó entre los años 1939 y 1945 …». Además del tema del reclutamiento, los Testigos de Jehová fueron encarcelados en todo el país a causa de otros cargos, incluyendo captación ilegal y venta sin licencia, distribución de literatura y proselitismo en propiedad privada sin permiso.
La era de Rutherford finalizó el 13 de enero de 1942, con el fallecimiento del segundo presidente. Destacaban sus capacidades de organización, sus ambiciosas actividades de propaganda y sus volúmenes de escrituras, que sobrepasaban por mucho los de su predecesor.
El tercer presidente de los Testigos de Jehová, Nathan Homer Knorr (1905–77) fue elegido tan sólo cinco días después de la muerte de Rutherford. Trajo consigo un nuevo estilo, completamente distinto, de liderazgo. Ya que reconocía que la hostilidad pública se encontraba en su clímax, Knorr hizo lo posible para alterar la imagen negativa de la sociedad entre el público. No se comprometieron las doctrinas ni las convicciones respecto a las maldades del gobierno, los colegios y las iglesias aunque sí cambió el enfoque agresivo que Rutherford tenía respecto al proselitismo, al suavizar la agresión e insistir en métodos más diplomáticos y formativos. La Escuela Bíblica Galaad de la Atalaya se fundó en 1943 en South Lansing (Nueva York) para ayudar a la formación de los discípulos de los Testigos de Jehová.
Ocurrieron otros cambios importantes en la sociedad durante el liderazgo de Knorr. En primer lugar, hubo un gran aumento en la literatura editada sobre ayudas doctrinales y devocionales. La producción literaria de mayor importancia era la traducción de la Biblia al inglés moderno. La TRADUCCIÓN DEL NUEVO MUNDO apareció en 1950 en volúmenes sucesivos, con la publicación de la Biblia entera en un solo volumen en 1961. Cabe destacar que los traductores de dicha versión no quisieron divulgar sus nombres y que la versión en sí es bastante subjetiva, ya que en muchos aspectos, incorpora sutiles cambios que apoyan sus doctrinas.
Knorr también introdujo un acento doctrinal nuevo, conocido como la «Sociedad del Nuevo Mundo», que añadía adornos sobre la escatología de Russell y proponía que todo el pueblo de Jehová poblaría de nuevo las naciones de la tierra después del Armagedón.
Con Knorr al frente, la sociedad experimentó su mayor crecimiento. Con 129.000 miembros en 1942, el movimiento afirmaba tener más de 410.000 miembros sólo en los Estados Unidos en 1971. Knorr murió en 1977 y fue seguido por el cuarto presidente de la Atalaya, FREDERICK W. FRANZ, quien ha muerto recientemente (22 diciembre 1992) a la edad de 98 años. Bajo el liderazgo de Franz, la actividad misionera fue cada vez mayor, así como la producción literaria. Anualmente se editan y se distribuyen millones de copias de dos de sus publicaciones oficiales, ¡Despertad! y La Atalaya.
En febrero de 1982, el sobrino de Franz, Raymond Franz, de 59 años de edad, miembro del órgano superior de la organización, abandonó y fue excomulgado. En una entrevista concedida a la revista norteamericana Time (febrero 1982), Franz afirmó que la disciplina en la Sociedad de la Atalaya era «excesivamente severa». El más joven de los Franz cree que su excomunión de la organización fue debida, entre otras cosas, a su insistencia por basarse en la «Biblia sola» en lugar de todas las ayudas y herramientas que los Testigos están obligados a leer conjuntamente con ella. También afirmó que la estricta supervisión y control de la vida de cada testigo tiene su mayor fuerza justamente en la sede BETEL.
Enseñanzas. La teología de los Testigos de Jehová aparece introducida en el análisis histórico que figura arriba. Lo que ahora se pretende es hacer una breve presentación de las doctrinas específicas en comparación con las doctrinas convencionales y tradicionales del cristianismo.
El ingrediente esencial en la teología de los Testigos es la doctrina de la renovación escatológica de la sociedad. Jesús predicó el mensaje del «reino de Dios». Dicho reino futuro se establecerá como una teocracia donde Jehová traiga paz, restauración y la utopía al mundo. Tal paz sólo vendrá después de la batalla de Armagedón, que destruirá el orden actual.
Los motivos de profecía y cumplimiento, particularmente en los libros de Daniel y Apocalipsis, han caracterizado a los Testigos de Jehová desde los días de Russell. El fundamento para la teología de los Testigos, particularmente la teología de Russell, fue edificado en el siglo xix. Tres personas, Edward Irving (1792–1834), John Nelson Darby (1800–1882) y Cyrus Ingerson Scofield (1834–1921) fueron los primeros proponentes cristianos del DISPENSACIONALISMO, y su milenialismo fue enseñado muy celosamente por Russell. Tanto las especulaciones escatológicas de Irving como la doctrina de Darby del rapto antes de la tribulación, y la Biblia de referencia de Scofield y sus claves de interpretación contribuyeron a los movimientos milenaristas del siglo xix, principalmente dentro del cristianismo protestante. De este contexto salieron los milleritas (posteriormente los ADVENTISTAS) y los seguidores de Charles Taze Russell. Es precisamente esta esperanza escatológica la que continúa inspirando a los Testigos de Jehová a buscar ansiosamente los signos del fin del actual orden maligno.
El rechazo por parte del cristianismo tradicional sólo ha servido para fomentar su creencia de que todas las denominaciones de la «cristiandad» (la palabra se utiliza con carácter despectivo por los Testigos para describir el cristianismo corrupto) son puramente falsas y apóstatas. La Sociedad, para ellos, es la única y verdadera institución divina en la tierra, utilizada como testigo para prepararse para el final y para la venida del reino de Dios. Junto con las numerosas iglesias del cristianismo, las maldades y corrupciones del gobierno y la esclavitud económica ejercida por los negocios sobre la humanidad también se consideran objetos de la ira de Jehová y denunciados de manera feroz por la Sociedad. En consecuencia, los Testigos de Jehová toman una fuerte postura contra la cultura y el mundo.
Fiestas como la Navidad, Viernes Santo, la Pascua y los cumpleaños no se celebran ya que se consideran paganas. Además, tienen sumo cuidado en elegir sus actividades de ocio, como bailes, películas y televisión. Los miembros de la Atalaya niegan el saludo a la bandera de la nación en la que residan y niegan el participar en actividades de guerra o militares. Se enfatiza que esto es debido directamente a la convicción de la Sociedad de que Jehová traerá venganza y justicia y luchará todas las batallas solo.
Los Testigos de Jehová también observan la prohibición estricta del consumo de productos de sangre y carnes con sangre. Dicha convicción radica en las leyes alimenticias del Antiguo Testamento contenidas en Levítico 17:10–14. Los Testigos también prohíben que sus miembros reciban transfusiones de sangre, basándose en Hechos 15:20, «sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre». El cristianismo tradicional argumenta que tal interpretación del texto es errónea. James Sire señala que el tema de la sangre y la transfusión se basa en una analogía. El texto nos instruye sobre no comer sangre. Según Sire:
una transfusión de sangre no es equivalente a comerla. Una transfusión suple la necesidad del fluido vital y esencial que se ha escapado o ha llegado a ser incapaz de realizar su función vital en el organismo. La transfusión de sangre ni siquiera es equivalente a la alimentación intravenosa ya que la sangre así administrada no funciona como un alimento. El argumento de los Testigos de Jehová está basado en una falsa analogía.
Recientemente, los Testigos han recibido de la Sociedad Atalaya la orden de resistirse a todo intento de recibir transfusiones de sangre.
Las doctrinas concretas que han provocado que las denominaciones protestantes tradicionales etiquetasen a la Atalaya como heterodoxa son el rechazo de la TRINIDAD y el consecuente rechazo de la deidad y eternidad de Jesucristo, que todas las iglesias ortodoxas del cristianismo suscriben. A continuación se presenta un escueto tratamiento de ésta y otras doctrinas de los Testigos de Jehová:
Dios—Los Testigos de Jehová son unitarios respecto a su doctrina de Dios. En su publicación más popular, Sea Dios Veraz, la Sociedad se opone vigorosamente a la doctrina cristiana tradicional de la Trinidad, con la conclusión de «que Satanás es el originador de la doctrina de la trinidad». En un folleto titulado «El Verbo, ¿quién es, según Juan?», la Sociedad intenta interpretar el clásico texto cristológico del prólogo de Juan: «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (Jn. 1:1). La interpretación tradicional de dicho texto es que se trata claramente de una declaración de la deidad de la segunda persona del Dios trino, Jesucristo. Sin embargo, la Traducción del Nuevo Mundo traduce la última frase del pasaje como «el Verbo era [un] dios». El argumento de los Testigos es que la gramática del idioma griego permite la inserción del artículo indefinido un, anulando así el sentido del texto para defender la doctrina de la deidad de Cristo como el Verbo único que es Dios. A continuación se burlan de la doctrina cristiana de la Trinidad.
Y todavía los trinitarios enseñan que el Dios de Juan 1:1, 2 es sólo un Dios, ¡no tres Dioses! Así que, ¿es el Verbo sólo un tercio de Dios? Ya que no podemos calcular de forma científica que 1 Dios (el Padre) + 1 Dios (el Hijo) + 1 Dios (el Espíritu Santo) = 1 Dios, entonces debemos calcular que 1/3 Dios (el Padre) + 1/3 Dios (el Hijo) + 1/3 Dios (el Espíritu Santo) = 3/3 Dios ó 1 Dios. Además, tendríamos que concluir que el término «Dios» en Juan 1:1, 2 cambia su personalidad, o que «Dios» cambia su personalidad en una frase. ¿Es así?… Cualquier intento de racionalizar la enseñanza de la Trinidad conduce a confusión mental. Así que, la enseñanza de la Trinidad confunde el significado de Juan 1:1, 2 y no lo simplifica, ni facilita su comprensión ni lo deja más claro.
Existen numerosos argumentos de este tipo en la polémica que levanta la Atalaya. La apologética cristiana clásica responde, en primer lugar, al afirmar una creencia no en tres dioses sino en un solo Dios (Dt. 6:4). Pero Dios se manifiesta en tres distintas personalidades que son coiguales y cosubstanciales una con la otra dentro de la organización del ser divino. En segundo lugar, mientras los Testigos argumentan que la palabra «trinidad» no aparece en la Biblia, el cristianismo tradicional responde al destacar que, aunque no existe la palabra, la base del concepto sí existe. Hay muchos pasajes utilizados como evidencia (Mt. 28:19; Mr. 1:9–11; Jn 1:1–18; 2a Co. 13:14; etcétera). Los Testigos contradicen su argumento al emplear ellos mismos, por ejemplo, el término «teocracia», una palabra que tampoco aparece en la Biblia, aunque sí el concepto. El fundamento de los credos ecuménicos es su entendimiento del carácter de Dios en las Escrituras. El Credo de los Apóstoles, por ejemplo, afirma la creencia en «Dios el Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra»; creencia en el Hijo, como «que fue concebido», «nació», «padeció», «fue sepultado», «resucitó», «ascendió», «se sienta a la diestra de Dios» y «vendrá para juzgar»; y una creencia en el «Espíritu Santo» (Apéndice I). Los credos se han utilizado por razones apologéticas contra las numerosas herejías que han surgido para oponerse a la regla de fe de la iglesia. Eran particularmente útiles para la catequesis, antes de que la iglesia tuviera posesión de todo el Nuevo Testamento en forma de códice. Los credos facilitaron una confesión simple sobre el carácter de la divinidad, basada en los textos colectivos de las escrituras apostólicas. La mayor defensa de la Trinidad y la deidad y eternidad de Cristo está expuesta por el Credo Atanasio (Apéndice I).
La Atalaya ha invertido mucho tiempo en Juan 1:1, defendiendo su incorporación del artículo indefinido un para argumentar en contra de la doctrina de la Trinidad. Se ha escrito abundante literatura cristiana tradicional para responder a su argumento, tanto que sería imposible recopilarla toda en el presente artículo. Una excelente publicación es un folleto escrito por Michael Van Buskirk titulado The Scholastic Dishonesty of the Watchtower [La deshonestidad académica de La Atalaya] (1975), en que intenta señalar que los Testigos de Jehová han citado incorrectamente a los famosos eruditos del griego escritural H. E. Dana y J. R. Mantey en su clásico Manual de gramática del griego del Nuevo Testamento. Van Buskirk incluye una entrevista con el profesor Mantey, quien insiste en que la Atalaya ha citado su obra de manera errónea para forzar el uso del artículo indefinido un en Juan 1:1. Mantey cuenta que el contexto, la gramática y el uso exigen la vinculación del sujeto Dios y el atributo Verbo mediante el verbo copulativo era. Mantey afirma lo siguiente respecto a la Atalaya:
Cuando encuentran ciertos pasajes de la Escritura que parecen oponerse a su punto de vista, para gran desilusión mía, los traducen mal deliberada y engañosamente, con deliberado engaño, en algunos casos y, para mí, esto no tiene perdón. Es deshonesto y, hasta cierto punto, diabólico.
Autoridad—Los comentarios del profesor Mantey destacan una distinción muy importante respecto a la idea de autoridad dentro de los Testigos de Jehová. De hecho, la Traducción del Nuevo Mundo de la Atalaya introduce cambios importantes respecto a las traducciones convencionales de la Biblia, en varios pasajes que apoyan su propia teología, por ejemplo en Filipenses 2:6, uno de los grandes pasajes cristológicos, que siempre el cristianismo tradicional ha entendido como referencia a la deidad de Cristo. Las distintas versiones españolas lo traducen así: «el cual, siendo en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse» (Reina Valera 1977); «Quien, siendo por naturaleza (o en la forma de) Dios, no consideró la igualdad con Dios como cosa a que aferrarse» (Nueva Versión Internacional). Pero la Traducción del Nuevo Mundo dice: «who, although he was existing in God’s form, gave no consideration to a seizure, namely, that he should be equal with God» («quien, aunque existía en forma de Dios, no dio consideración a algo a lo que aferrarse, a saber, que pudiese ser igual a Dios». Además de ser sumamente enrevesada, dicha traducción invierte el significado derivado de las traducciones tradicionales. Según J. R. Mantey y otro erudito muy respetado, Bruce Metzger, tal traducción está hecha a medida de la teología de la Atalaya de Cristo como subordinado (véase más abajo).
Otro ejemplo obvio es la incorporación de la palabra otras entre corchetes en Colosenses 1:16. Mientras que la Reina-Valera dice: «Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; … todo fue creado por medio de él y para él», la Traducción del Nuevo Mundo dice: «Porque por medo de él todas las [otras] cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra, las cosas visibles y las invisibles … Todas las [otras] cosas han sido creadas mediante él y para él»). Una vez más, para apoyar la doctrina de que Cristo no ha existido eterna y conjuntamente con el Padre, sino que tuvo un principio, la Atalaya se sintió obligada a apoyar la idea incluyendo la palabra otras, aunque ni el griego ni otras traducciones lo contienen ni lo exigen. En la versión de 1961, la palabra «otras» ya aparece entre corchetes para, según los Testigos de Jehová, «aclarar el significado del texto». Claramente se trata de un reconocimiento de que falta en el texto original griego aunque, por cierto, no repudian su interpretación.
Según la Atalaya, «las Santas Escrituras de la Biblia son la regla para juzgar todas las religiones». Es verdad que los Testigos de Jehová mantienen la creencia protestante de sólo la Biblia como autoridad final. Al contrario de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (véase MORMONISMO), que complementa la Biblia con otras fuentes de autoridad (es decir, EL LIBRO DE MORMÓN), los Testigos de Jehová argumentan que la Biblia es la Palabra de Jehová Dios. Lo que parece ser un principio de autoridad tradicional, sin embargo, se erosiona rápidamente cuando su traducción está obligada a encajar con su teología en lugar de lo contrario, es decir, que la Atalaya conformara su teología a las Escrituras. Esto es lo que el profesor Mantey destacaba cuando llamó «diabólica» a dicha metodología.
Otra diferencia importante entre la Atalaya y el cristianismo tradicional respecto a la autoridad de la Biblia es que, realista y pragmáticamente, la sociedad apela en última instancia a sus propios medios y herramientas para asegurar una «correcta» interpretación y comprensión de la Biblia. Walter Martin señala que Russell, desde el principio, creía que la Biblia siempre tenía que leerse conjuntamente con sus propias notas y libros. Martin cita de «Estudios de las Escrituras» de Russell.
… No sólo vemos que la gente es incapaz de ver el plan divino cuando estudia la Biblia por sí misma; también vemos que todo aquel que deja a un lado los «Estudios Escriturales» por un lapso de dos años vuelve a caer en las tinieblas; incluso después de haberlos usado, después de haberse familiarizado con ellos, después de haberlos leído por diez años. Si al término de ellos los deja a un lado y va sólo a la Biblia, aunque por diez años haya entendido la Biblia, hemos visto que en dos años vuelve a las tinieblas. Por otra parte, todo aquel que ha leído solo los «Estudios Escriturales» con sus referencias, y no ha leído una sola página de la Biblia como tal, al término de dos años conocerá la luz porque tendrá la luz de las Escrituras.
Aunque muchos Testigos de Jehová hacen caso omiso de dichas declaraciones o incluso se avergüenzan de ellas, la organización, no obstante, todavía intenta promulgar sus doctrinas a través de varias publicaciones emitidas por su editorial.
También se les enseña a los Testigos de Jehová que todas las demás versiones de la Biblia (salvo la Traducción del Nuevo Mundo) son inadecuadas y contaminadas. Además, se les enseña que aquellas interpretaciones de la Biblia que varían respecto a la de la Atalaya son invariablemente falsas. Es sumamente difícil tener un diálogo con alguien que está convencido desde el principio de que sólo un Testigo de Jehová puede comprender las Escrituras. Esto se puede comprobar con cualquier versículo de las Escrituras que un cristiano trinitario utilice para defender la doctrina de la Trinidad o la deidad de Jesucristo o cualquier otra doctrina ortodoxa.
Jesucristo—Como se ha mencionado anteriormente, la Atalaya enseña una CRISTOLOGÍA subordinacionista, paralela a la enseñanza de Arrio (250–336 d. C.). Atanasio (296–373 d. C.) se opuso al ARRIANISMO, quien entendió que la negación de la naturaleza eterna de Cristo era equivalente a la negación de la deidad de Cristo.
… Jesús nunca habló de sí mismo como Dios ni se llamó Dios. Siempre se puso por debajo de Dios y no en un nivel de igualdad … Jesús no era el Dios cuya voluntad tenía que hacer, sino que estaba por debajo de Dios, haciendo Su voluntad.
La respuesta cristiana tradicional a esta polémica es que aunque es verdad que Jesús predicó el Evangelio del reino de Dios, también apuntó a su propia persona y obra como el foco de dicho reino (Mt. 24:30; Ap. 1:7–8).
Los Testigos de Jehová distinguen entre tres estados de la persona de Cristo: uno prehumano, uno humano y otro posthumano. Antes de nacer de María, existía como la Palabra viviente de Dios. Fue creado o nacido de Dios, pero no era Dios, quien por definición no tiene principio. En esta posición, disfrutó de superioridad sobre todas las otras criaturas. Jesús existió en su estado prehumano como Miguel, el arcángel.
En el estado humano de Jesús, los Testigos enseñan, así como el cristianismo ortodoxo, que Jesús nació de la virgen María. Pero, dado que no era Dios, no puede hablarse de ENCARNACIÓN. Nació hombre, dejó atrás simplemente su estado de espíritu prehumano y tomó una naturaleza humana. Además, los Testigos niegan con gran insistencia que Jesús tuviese dos naturalezas, humana y divina, como enseña el cristianismo tradicional. Fue en el bautismo de Jesús donde Jehová derramó sobre él su espíritu para darle poder para cumplir su misión. Jesús, en su humanidad, nació sin pecado y así permaneció.
El meollo del contraste entre el cristianismo tradicional y la teología de los testigos radica en las fundamentales diferencias de sus cristologías. Según la ORTODOXIA, la iglesia primitiva condenó el arrianismo en el Concilio de Nicea (325 d. C.) porque al conceder un lugar subordinado a Cristo la iglesia habría fallado en reconocer la validez de amplias referencias escriturales que demuestran la deidad de Cristo (Is. 7:14; 9:6; Mi. 5:2; Jn. 1:1; 5:18, 21–24; 8:58; 10:30; 17:5; Fil. 2:11; Col. 2:9; 1 Ti. 3:16; He. 1:3; 1 Jn. 5:20; y otros). Esto llevó a la formulación de la cristología calcedonia, o de las dos naturalezas, que la iglesia reconoció como la que más se correspondía con la Biblia y la regla de fe apostólica. Cristo nació como Dios encarnado (Is. 7:14; Mt. 1:23) y por eso nació completamente humano y completamente divino. ¿Cómo están relacionadas ambas naturalezas? La iglesia respondió en Calcedonia (451 d. C.) que por naturaleza de la communicatio idiomaticum (comunicación de naturalezas), la divina y la humana participan cada una 2en las propiedades de la otra. Por ejemplo, cuando la Biblia declara que la sangre de Jesús limpia de pecado (1 Jn. 1:7) significa que su sangre humana es salvífica a causa de su unión personal con la naturaleza divina. Calcedonia llegó a la conclusión de que las dos naturalezas de Cristo están tan relacionadas la una con la otra que son «inseparables», «inconfundibles», «inmutables» e «indivisibles». La Atalaya, además de apoyar el arrianismo en su negación de la eterna preexistencia de Cristo, se convierte también en proponente de la herejía ebionita al enseñar que Jesús era meramente humano.
En su estado posthumano, los Testigos enseñan que el cuerpo resucitado de Jesús no era físico. En lugar de su cuerpo, Jehová levantó a Jesús con un «cuerpo espiritual». El cuerpo de Jesús fue quitado del medio por Jehová de una forma misteriosa y desconocida. La Atalaya ha propuesto dos teorías: (1) el cuerpo se disipó en gases (se evaporó); (2) unos ángeles llevaron el cuerpo a un lugar donde será revivido como recordatorio en el futuro. El cristianismo ortodoxo, por su parte, enseña que en virtud de su unión personal (véase más arriba), las naturalezas humana y divina de Cristo permanecieron tan inseparables después de la resurrección como antes. Por lo tanto, Jesús muestra a Tomás la huella de los clavos en sus manos (Jn. 20:24–27) y come pan con los discípulos (Jn. 21:12–13; comp. Lc. 24:30–34), ofreciendo una clara prueba de que retenía su cuerpo físico.
Salvación—De lo que se ha dicho hasta aquí, se puede observar que la Atalaya enseña que Cristo pasó por tres estados de existencia. Para el cristianismo ortodoxo, esto no tiene apoyo ni base en la Escritura y comporta consecuencias de alcance con respecto a la obra de Cristo y la salvación.
Respecto a la obra expiatoria de Cristo, la Atalaya enseña que la muerte de Jesús sobre la cruz y el derramamiento de su sangre invirtieron y quitaron los efectos del pecado de Adán y de los pecados de su descendencia. El sacrificio de Jesús es un rescate que revocó el orden de muerte que inició el pecado de Adán. El Jesús humano vino como Segundo Adán y, con la ayuda del «espíritu santo», permaneció sin pecado, a diferencia del primer Adán. No tocado por el pecado, Jesús estaba libre de la culpa del pecado y de la ira de Jehová. Por tanto, era capaz de convertirse en un rescate o sustituto por los pecados del mundo. Hay algunas semejanzas y varias diferencias importantes entre el cristianismo tradicional y la Atalaya. Así como es verdad que Jesús era sin pecado y se convirtió en un rescate por muchos, la ortodoxia afirma que la ausencia de pecado de Cristo no era debida a la ayuda del Espíritu Santo sino a que Jesús en sí mismo permaneció sin pecado en virtud de la unión personal de las naturalezas humana y divina.
Para los Testigos, el rescate de Cristo y la oferta de salvación de Jehová se extiende a dos tipos de gente. Primero, la exclusiva congregación celestial formada por los 144.000, según Ap. 14:3–4. Segundo, el rescate de Jesús «tiene que abarcar más que aquellas personas que forman su esposa». Estos que se han salvado están destinados a vivir en la tierra. La cifra de 144.000 ha sido determinada por Dios. Sólo los que reúnen los requisitos específicos, los que mediante sacrificios y sufrimientos han imitado a Cristo, pertenecerán a esta exclusiva clase, también conocida como «la manada pequeña».
La SOTERIOLOGÍA cristiana tradicional no reconoce la distinción entre una clase celestial y una terrenal. Todos los cristianos reciben el perdón ganado para ellos a través del rescate de Cristo (Jn. 3:16). Segundo, el cristiano no accede a un mayor status ante Dios por medio de sus méritos y obras. Este status es concedido gratuitamente en virtud de los méritos y justicias de Cristo (Ro. 3:24; Ef. 2:8–9). Todos los creyentes estarán un día delante de Dios en el cielo (Fil. 2:9–11).
Los cristianos y los Testigos de Jehová también difieren enormemente en sus creencias respecto al alcance de la expiación. Muchas denominaciones del cristianismo enseñan que Cristo murió por todos. El calvinismo tradicional introduce la idea de la «expiación limitada», aunque hay dudas en cuanto a si el propio Calvino la mantuvo. Los testigos, por otro lado, enseñan que Cristo murió tanto por la clase terrenal como por la de los ungidos. Ninguna de ellas, sin embargo, incluye a Adán, que murió en pecado.
Los cristianos ortodoxos pueden apreciar un grado de ambigüedad en la soteriología de los Testigos en el hecho de que enseñen que uno puede creer y ser bautizado, pero el estado de ser salvo no viene hasta después de que uno se haya mostrado digno mediante la observancia de las leyes de Dios toda su vida. Por otro lado, para el cristianismo, el don de la vida eterna se concede al creyente inmediatamente y se llega a consumar en la muerte.
Espíritu Santo—La Atalaya enseña que el Espíritu Santo no es una persona divina dentro del Dios trino que afirma el cristianismo ortodoxo (Mr. 1:9–12; Jn. 14:16; Hch. 13:2, 4). El Espíritu es para los Testigos «la fuerza activa de Dios por medio de la cual cumple sus propósitos y ejecuta su voluntad». La Traducción del Nuevo Mundo sustituye en consecuencia la palabra espíritu de Génesis 1:1 por fuerza activa. Las citas del Nuevo Testamento en las que aparece el Espíritu Santo están escritas con minúsculas en la Traducción del Nuevo Mundo aunque en el griego novotestamentario aparezcan con mayúsculas. En el cristianismo tradicional se mantiene que el Espíritu Santo es una persona (Jn. 14:16–18; 16:7–14; Hch. 5:3–4). El Credo Niceno (Apéndice I) entiende que el Espíritu Santo es «el Señor y dador de la vida … que junto con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado».
Infierno—En la doctrina de la Atalaya hay una importante desviación de la tradición cristiana en su enseñanza sobre el infierno y la condenación. La Sociedad mantiene que no hay castigo eterno ni estado de eterna condenación. Mientras que el creyente se convierte en miembro de la esposa celestial o de los habitantes del reino (véase más arriba), el incrédulo que no se arrepiente sufrirá la muerte eterna. Como la IGLESIA MUNDIAL DE DIOS, los Testigos creen totalmente en el ANIQUILACIONISMO. La Atalaya llega a su posición por varias razones. Argumentan que la palabra hebrea sheol, traducida «infierno», significa literalmente «el sepulcro». Segundo, la Atalaya dice que el término griego traducido como «infierno» (gehenna), significa «destrucción eterna», no tormento eterno, cuando se usa en pasajes neotestamentarios como Mateo 5:22; 16:18; 18:9; Marcos 9:45. Además, el vocablo del griego neotestamentario hades (Mt. 11:23; 16:18; Lc. 10:15; Hch. 2:17; y otros), como sheol, significa «el sepulcro». Para los testigos, la idea de «destrucción» significa aniquilación. Esto es un error de entendimiento. El significado de la palabra «destruir» es «separar». Por ejemplo, una botella de cristal puede ser destruida (se divide en muchas piezas) pero el propio cristal no se aniquila.
El cristianismo tradicional no enseña el aniquilacionismo. El concepto cristiano es que aunque las palabras sheol y hades pueden referirse a la «tumba», y gehenna puede ser utilizada para expresar «destrucción final», el contexto en que esas palabras aparecen exige que la «muerte» se entienda no como mera extinción sino como separación. El castigo eterno para los incrédulos significa una completa y total separación de Dios para siempre (Ap. 14:10–11). Segundo, la muerte eterna en la visión cristiana tradicional significa tormento eterno. Son numerosos los pasajes bíblicos que aluden muy claramente al tormento eterno de los incrédulos (Mt. 8:11–12; Mr. 9:42–48; Lc. 13:24–28; 2 P. 2:17; Jud. 13; Ap. 19:20; 20:10).
Satanás—Como el cristianismo tradicional, la Atalaya mantiene la existencia del DIABLO, o Satanás. Su maligno propósito es mantener a la gente fuera del reino de Dios, lo que consigue con falsa enseñanza, mentiras y engaño. El importante contraste entre la ortodoxia y la Atalaya es que los Testigos enseñan que Satanás será también aniquilado como los incrédulos. Sin embargo, el contexto de Apocalipsis 20:10 nos enseña que el diablo sufrirá tormento eterno.
Humanidad—La Atalaya enseña que los seres humanos se componen de «cuerpo» y «aliento» (alma) pero que el alma no es eterna o inmortal como enseña el cristianismo. Esta es una conclusión natural de la doctrina del aniquilacionismo. En Sea Dios veraz, la Atalaya argumenta que la fuente del engaño y del error de que el alma es inmortal surgió en el engaño de Satanás en el Jardín del Edén cuando dijo a Eva: «de cierto morirás» (Gn. 3:4).
El cristianismo discrepa de la Atalaya en esta doctrina. De acuerdo con Génesis 1:26, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y, por tanto, tiene un principio. No obstante, este principio no significa que se abrogue o sea contradictoria su naturaleza eterna. Significa que la naturaleza eterna del alma es una bendición futura aún no alcanzada (1 Co. 15:53–54; 1 P. 1:4). «Cuando usamos el término «eterna» en asociación con el alma del hombre, queremos decir que el alma humana después de su creación por Dios existirá (futuro) en algún lugar en la eternidad». Amplias evidencias bíblicas ponen de manifiesto la existencia de una consciencia espiritual o eterna que sigue inmediatamente a la separación de cuerpo y alma (1 Co. 15:35–37; 2 Co. 5:1; Fil. 1:21–26). Además, para el cristiano, la inmortalidad es mucho más un proceso de transformación que un estado de mera existencia (1 Ts. 4:14–17).
Para los Testigos, la salvación consiste en creer el mensaje de Jesús y ser obediente a las leyes de Jehová. Pero sólo 144.000 pueden ser «nacidos de nuevo», lo que quiere decir que reinarán eternamente. El resto de creyentes son las «otras ovejas» de Jehová. Este último grupo no puede nacer de nuevo. Las almas de los 144.000 celestiales y de las «otras ovejas» viven, los primeros sin cuerpo y los últimos con una existencia corporal. La negación de la Atalaya de la inmortalidad del alma se refiere, sin embargo, más bien a los incrédulos que a los convertidos. Dado que el castigo eterno de Dios para el pecado es la muerte final y no el castigo eterno, el alma misma tiene que perecer.
Iglesia—Como tantos movimientos religiosos, la Atalaya se considera a sí misma la única iglesia verdadera sobre la tierra. Todas las religiones organizadas son apóstatas, y todas las iglesias denominacionales de la cristiandad son falsas y constituirán el verdadero enemigo de Dios en la batalla de Armagedón. Las iglesias falsas beben de la fuente de Satanás y enseñan falsa doctrina, tales como las expresadas anteriormente. La iglesia verdadera es la organización verdadera de Dios en la tierra, es decir, la Sociedad Atalaya de la Biblia y Tratados. Los Testigos creen que la APOSTASÍA entró en la iglesia muy poco después de la resurrección de Jesús y se aseguró un largo reinado a través de la Edad Media empezando cuando el Concilio de Nicea (325 d. C.) vindicó la doctrina de la trinidad. Aunque la REFORMA aportó algunos cambios, se retuvo demasiado de la vieja levadura, sobre todo cuando no sólo no se rechazó la doctrina de la trinidad, sino que LUTERO, CALVINO y otros reformadores la apoyaron con mayor énfasis.
La Atalaya desestima el uso del término iglesia. La Traducción del Nuevo Mundo traduce el vocablo griego ecclesia como «congregación». Sin embargo, cuando se usa la palabra congregación en la Biblia, los Testigos creen que se refiere más a los 144.000 ungidos que al cuerpo del pueblo de Jehová en su conjunto.
El cristianismo tradicional mantiene que la iglesia es la asamblea de creyentes que se reúnen en torno a las doctrinas y enseñanzas de los apóstoles (Hch. 2:41–47). La congregación es una asamblea local visible donde un cuerpo de creyentes se une para alabar y escuchar la Palabra de Dios. No se distingue un grupo ungido o santo de creyentes. Todos los cristianos son parte de la «santa y católica iglesia, la comunión de los santos» (Credo de los Apóstoles). Además, esta asamblea local visible será un día una congregación celestial. Los Testigos son culpables de incoherencia en su distinción entre la «congregación» como el grupo de los ungidos (144.000) y las «otras ovejas» como no pertenecientes a la congregación. Antonio Hoekema explica dicha incoherencia:
Aunque Apocalípsis 21:2 afirma que la ciudad santa desciende del cielo, de la presencia de Dios, adornada como una esposa para su marido (se implica que después la esposa estará sobre la nueva tierra, de modo que cielos y tierra se convierten en uno), los Testigos de Jehová afirman que la esposa de Cristo permanece eternamente en el cielo, dejando que los adherentes de la clase inferior habiten la tierra. De esta manera desafían a las Escrituras.
Desde la perspectiva de la Biblia, la iglesia es una institución unificadora, nunca defensora de divisiones (1 Co. 1:10; Gá. 3:28). La única distinción jerárquica que el cristianismo ortodoxo sostiene es la que hay entre Cristo el esposo y la iglesia como esposa (Ef. 5:21–23), o entre Cristo la cabeza (Ef. 1:22–23) y la iglesia como cuerpo (1 Co. 12:12–31).
La Atalaya enseña que en la «congregación» Jehová ha ordenado ministros particulares. Los miembros más veteranos pueden ser nombrados para servir como SUPERVISORES en las congregaciones locales llamadas SALONES DEL REINO. También se distingue entre supervisores (episkopoi) y SIERVOS MINISTERIALES (diakonoi). Cierto número de congregaciones están organizadas en circuitos con un ministro itinerante que las visita durante un corto período de tiempo (normalmente una semana). Se considera que cada miembro es un misionero. Los pioneros son los misioneros que dedican un centenar de horas al mes en realizar la obra de la Sociedad a nivel de la congregación local.
Todas las denominaciones dentro del cristianismo se conforman a alguna de las tres políticas organizacionales. La política episcopal es la jerárquica o piramidal que caracteriza la Iglesia Católica Romana, la Ortodoxa Oriental y las iglesias episcopales. Muchas denominaciones protestantes rechazan esta organización sobre la base de que Jesús nunca defendió un episcopado monárquico (Mt. 23:2–12). La política congregacional, que propugna la autonomía de cada congregación, representa el extremo opuesto y la defienden las iglesias independientes y congregacionales. La Atalaya no acepta este modelo porque cada congregación local debe ser parte de una sociedad completa. La tercera política es la llamada presbiteriana. El punto de vista presbiteriano reconoce la autonomía de cada iglesia local a la vez que mantiene un control central o sede que está para servir a la congregación local. Hay alguna ambivalencia en cuanto a qué política describe mejor a la Atalaya. En diferentes épocas de su historia, particularmente bajo el liderazgo del Juez Rutherford, la Sociedad mostró tendencias episcopales, controlada muy de cerca desde la sede central de su teocracia. La política presbiteriana representa de forma más adecuada lo que es actualmente el funcionamiento de la organización. La sede de Brooklyn sirve como centro neurálgico administrativo general. Las editoriales y escuelas bíblicas forman una parte importante de la red.
Sacramentos—La Sociedad Atalaya administra dos SACRAMENTOS, el bautismo y la Santa Cena. En cuanto al bautismo, sólo por inmersión, debe ser administrado posteriormente a la conversión. De acuerdo con Mateo 28:19, los creyentes son bautizados «en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu santo» (TNM). El bautismo lo ordenó Jesús en ese pasaje y se entiende como un signo de obediencia. El bautismo significa la muerte a la vida anterior de pecado y la resurrección a la fe y la obediencia. El bautismo de niños se rechaza consecuentemente sobre la base de que tales niños no pueden creer o arrepentirse y, por tanto, no pueden ser bautizados.
La clase ungida de los 144.000 experimenta un segundo bautismo llamado «bautismo en el espíritu santo». Basada en Apocalipsis 14, la Atalaya concluye que los ungidos son «sellados» y que el sello es el espíritu santo. Después de este grupo electo, Dios se vuelve hacia sus «otras ovejas» (Jn. 10:16), que Apocalipsis llama «la gran multitud» (compárese Ap. 7:4 con 7:9). A causa de la fe sellada por la obediencia del bautismo de agua, las «otras ovejas» serán guardadas por Dios durante los peligros de la Gran Tribulación.
Dentro de los confines del cristianismo tradicional, hay una cierta pluralidad de opiniones en cuanto al bautismo. La iglesias Católica Romana, Ortodoxa Oriental, luterana, episcopal y la mayoría de las reformadas practican el bautismo de niños basándose en una variedad de argumentos de la Biblia y de la historia de la iglesia. Muy resumidos, tales argumentos incluyen razonamientos como: (1) Los niños son parte de la creación de Dios; y dado que la Biblia afirma que toda la humanidad peca (Sal. 51:5; Ro. 3:23), toda la humanidad, incluidos los niños, necesita la gracia salvífica de Dios. (2) El pacto veterotestamentario de Dios con Abraham, que Abraham sería padre de muchas naciones, fue sellado con una marca externa, la circuncisión de todo hijo varón a los ocho días de nacer (Gn. 17). Este pacto se cumplió el Día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo fue derramado y los gentiles fueron llevados a la fe en el sacrificio redentor de Cristo. Hechos 2:38–39 afirma que la promesa (la de Dios a Abraham) era para los niños tanto como para los adultos 2:39. El signo visible del viejo pacto era la circuncisión. El signo visible del nuevo pacto es el bautismo (Hch. 2:38; Col. 2:11–12). (3) El bautismo es un sacramento porque comporta el perdón de pecados (Hch. 22:16) y los niños están en necesidad de tal perdón. (4) Muchos adultos se convierten con sus casas (Hch. 10:48; 11:14; 16:15, 32–34; 18:8; 1 Co. 1:16), que ciertamente implican la inclusión de los hijos. (5) Lutero sostuvo el argumento de que Jesús consideraba a los niños como capacitados para la fe (Mt. 19:13–15; Lc. 1:41) y que son los razonamientos del adulto los que obran contra la fe. A menudo se usan otros argumentos en una discusión más pormenorizada, pero estos cinco son los más comunes. Fue la tradición ANABAPTISTA dentro de la Reforma Radical la que excluyó el bautismo de niños por las mismas razones por las que los Testigos lo harían siglos después. La tradición anabaptista estableció el patrón para muchas denominaciones, concretamente para las del marco FUNDAMENTALISTA. Los bautistas, pentecostales, etcétera también presentan argumentos parecidos a los de la Atalaya para defender su posición sobre el bautismo para los convertidos solamente.
Sin embargo, todas las denominaciones rechazan la fórmula bautismal de la Atalaya: «En el nombre del Padre, y del Hijo, y del espíritu santo», principalmente porque la negación de la trinidad anula Mateo 28:19 de las referencias ortodoxas tradicionales.
Respecto a la Cena del Señor, los Testigos creen que fue instituida por Jesucristo como una comida recordatoria a celebrar una vez al año. Para esto se basan en la idea de que Jesús celebró la cena durante la Pascua, que es una fiesta religiosa anual. Como muchas denominaciones protestantes, los Testigos rechazan la doctrina de la presencia real y estiman asimismo como antibíblica la doctrina católica de la TRANSUBSTANCIACIÓN, que afirma que el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo durante la celebración de la misa. También en concordancia con muchas denominaciones protestantes, los Testigos creen que los símbolos del pan y el vino simbolizan el cuerpo y la sangre de Cristo.
Solo a los 144.000 se les permite participar en la Cena del Señor, sobre la base de que Jesús celebró la comida solamente con sus APÓSTOLES escogidos y de que los únicos asistentes fueron los que participarían de él eternamente en el cielo (Lc. 22:28). Aunque se niega la comida a las «otras ovejas», tienen que asistir y observar mientras la clase ungida (sean pocos o muchos en la reunión) toma parte del sacramento.
Muchas denominaciones (bautista, pentecostal, metodista, etcétera) celebran la Cena del Señor como una comida conmemorativa y creen que los emblemas son meros símbolos. Todos los cristianos, sin embargo, discrepan con la idea de que el sacramento sea sólo para una clase ungida de 144.000. Algunas denominaciones practican la comunión «cerrada», que significa que sólo los miembros de una determinada denominación pueden participar. De todos modos, no se basan para tal creencia en el concepto de unos pocos perteneciente a la clase de selectos santos celestiales, sino en las instrucciones de Pablo de que los participantes tienen que ser capaces de discernir el cuerpo y la sangre del Señor (1 Co. 11:27–29).
Tiempos del fin—Ya hemos visto que la escatología de la Atalaya brota del medio de las ideas mileniales dispensacionalistas nacidas y desarrolladas en el siglo xix. También hemos observado que el meollo de la teología de los Testigos radica en su doctrina del reino de Dios que se aproxima. La escatología de los Testigos asevera que tal reino tenía que llegar en 1914 con la caída del sistema de gobierno terrenal presente, aunque la profecía, como tantas otras, no llegó a cumplirse. Desde el año 607 a. C., en que Nabucodonosor conquistó Jerusalén, hasta el año 1914 la historia se encontraba en lo que los Testigos llaman «Tiempos de los Gentiles». En 1914 tuvo lugar una guerra celestial entre Cristo (también llamado Arcángel Miguel) y Satanás. Desde la derrota del diablo, Jesús asumió el gobierno en el cielo como Rey de Reyes. La segunda venida de 1914 no fue, por tanto, un retorno físico de Cristo a la tierra, sino la coronación de Cristo como Rey del cielo, desde donde ahora gobierna en su trono. Satanás fue expulsado del cielo (a la tierra) después de ser vencido en la guerra celestial e inmediatamente desahogó su rabia extendiendo su venganza e ira sobre la raza humana, como se evidenció con el inicio de la I Guerra Mundial (1914–18).
El período que siguió a 1914 se describe como el «Tiempo del Fin». Rutherford predicaba a menudo que «millones de los que ahora viven no morirán jamás». La urgencia de testificar para Jehová radica en el impulso para alarmar a todo el mundo de la inminencia del juicio y presentarles la oportunidad de convertirse en parte del reino de Jehová.
Los Testigos enseñan que en 1918 tuvo lugar otra importante profecía, esto es, la venida de Cristo al templo de Dios para purificarlo. Para esto se basan en las palabras de Malaquías 3:1. Las interpretaciones tradicionales de este texto se refieren a la limpieza del templo que hizo Jesús en Mateo 21:12–13. Los testigos argumentan que ese es un cumplimiento sólo parcial. La profecía se cumplió del todo en 1918.
En base a Apocalipsis 20:6, la «primera resurrección» de la clase ungida de Dios ha tenido lugar también en 1918. Esta primera resurrección fue de caracter espiritual, no física. Todas las futuras resurrecciones de los ungidos serán físicas. Dicha resurrección espiritual fue, por supuesto, invisible para la gente de la tierra. Aquellos de los 144.000 que permanecen sobre la tierra son llamados «el remanente». En la muerte se levantarán para reunirse con el resto de la clase ungida para gobernar con Jesús desde su trono desde el tiempo de la primera resurrección en 1918. Los Testigos enseñan que la batalla de Armagedón y el amanecer del milenio sucederán antes de la muerte del último de los 144.000. En 1961, durante una comida conmemorativa a nivel mundial, participaron del sacramento 13. 284 personas, lo cual significa, evidentemente, que se consideraba que al menos este número era parte de la clase ungida que permanece todavía en esta época. En la actualidad se cree que hay un remanente de al menos diez mil ungidos.
Otros detalles de la escatología de los Testigos sobre el tiempo del fin incluyen, por ejemplo, la creencia de que durante el milenio no se levantarán todos. Los que no fueron creyentes, los que lucharon contra Jehová en la batalla de Armagedón o los que no son redimibles por la gracia de Dios deben sufrir la aniquilación de sus almas (véase más arriba). La resurrección propiamente dicha está reservada para dos grupos, los justos y los redimibles. El primero experimentará la «resurrección de vida», mientras que el otro pasará la «resurrección de juicio». Estos son los que murieron en injusticia pero que mediante el juicio, recibirán una oportunidad para arrepentirse. El período de juicio es un tiempo de prueba y preparación, así los que realmente se arrepientan serán salvos y los que no lo hagan serán aniquilados en el Juicio del Gran Trono Blanco, también llamado «la segunda muerte» (Ap. 20:14). Junto con los injustos, Satanás será echado al «lago de fuego y azufre» (Ap. 20:10). Este es el estado final de los inicuos. Los Testigos hablan de tal estado como algo eterno, sólo en tanto en cuanto es una muerte que no será más acelerada y que es una muerte eterna o aniquilación en la memoria de Dios. En ese día se establecerán un nuevo cielo y una nueva tierra, y prevalecerán para siempre una perfecta paz y justicia bajo el señorío y dominio de Jehová.
La Atalaya no es la única organización que ha montado un elaborado esquema de acontecimientos basado en la Escritura para los tiempos del fin. Muchos movimientos dentro del abanico cristiano han sido influidos por el milenialismo. Los grupos adventistas ya los hemos mencionado, los evangélicos, fundamentalistas y pentecostales también han producido una abundante cantidad de literatura profética que intenta explicar los textos bíblicos que hablan sobre los últimos tiempos.
La ortodoxia tradicional se ha esforzado en evitar lo que percibe como excesos del dispensacionalismo premilenial. Durante siglos la iglesia se ha conformado con mantener su esperanza sobre la certeza de la segunda venida de Jesucristo a la tierra. Las palabras de Jesús: «estad atentos, velad [y orad]; porque no sabéis cuando es el tiempo señalado» (Mr. 13:33) ponen de manifiesto el hecho de que Dios ha reservado esa hora para él solo. Este designio divino es futuro pero no determinado por los detalles minuciosamente elaborados de los mapas de tiempos proféticos. La iglesia encarna su esperanza escatológica en las palabras del Credo de los Apóstoles: «de donde vendrá a juzgar a los vivos y los muertos».
La Atalaya ha sido objeto de muchas críticas durante todo el siglo xx a causa de sus continuos esfuerzos por asignar fechas concretas para los acontecimientos de los tiempos finales. En un principio los miembros de la Atalaya inicial creían que 1914 no sólo sería el año del retorno espiritual de Cristo (véase más arriba), sino el tiempo del fin real de todos los reinos terrenales.
Consideramos una verdad establecida que el fin de los reinos de este mundo y el completo establecimiento del Reino de Dios se cumplirá al final del año 1914.
Cuando no vino el final que se esperaba, la Atalaya publicó la afirmación: «… no hemos asegurado con toda certeza que éste [1914] fuera el año». La organización sugirió entonces 1915 como el posible año de Armagedón. El mismo Russell estaba convencido de ello. Cuando esta fecha se mostró infructuosa, se determinó 1918 como el tiempo en que irrumpirían la tribulación general y la guerra. Irónicamente, la I Guerra Mundial llegó a su fin en 1918. Sin amedrentarse, la Atalaya puso entonces 1925 como el año en que se cumplirían las profecías de los tiempos del fin. Cuando transcurrió 1925 sin problemas, la Atalaya afirmó que «algunos anticiparon que la obra del Señor acabaría en 1925, pero el Señor no dijo eso». No obstante, tras el fracaso de 1925, muchos testigos acabaron intensamente desanimados. Pero la Sociedad continuó persistiendo en sus esfuerzos por descifrar los crípticos enigmas de la profecía bíblica y concluir en una fecha para el comienzo del fin. La siguiente elección de la Atalaya fue 1975. Una vez más no ocurrieron los acontecimientos profetizados. Uno se asombra de ver cuántas fechas han anunciado la Atalaya, y algunos movimientos milenialistas dentro del cristianismo, en lugar de darse todos cuenta de que Dios ha dejado a propósito su designio futuro para su iglesia y el mundo para un tiempo que sólo Él conoce.
Desde la perspectiva del cristianismo tradicional, la Sociedad Atalaya de la Biblia y Tratados, lejos de ser «la verdadera organización de Dios en la tierra», es un movimiento herético culpable de profetizar falsamente. Verdaderamente, la Atalaya parece condenarse a sí misma desde las páginas de su propia literatura a lo largo de este siglo. Ayuda para el entendimiento de la Biblia (1971) establece los criterios para un verdadero profeta.
Los tres fundamentos para el establecimiento de las credenciales del verdadero profeta, tal como los dio Moisés, eran: el verdadero profeta tenía que hablar en el nombre de Jehová; las cosas profetizadas tenían que cumplirse (Dt. 18:20–22); y su profecía tenía que promover la adoración verdadera, en armonía con la palabra y mandamientos revelados de Dios.
Conclusión. La Sociedad Atalaya de la Biblia y Tratados continúa creciendo en los noventa a pesar del hecho de que sus predicciones respecto a los acontecimientos del tiempo del fin no han ocurrido. Las razones para tal crecimiento son varias. Muchos nuevos convertidos ni siquiera conocen lo que acabamos de contar de la historia de la organización. Segundo, muchos convertidos se añaden al salir de las filas de las principales denominaciones cristianas y tampoco están al tanto de la historia o de lo que la Biblia enseña en cuanto a materias de doctrina, fe y práctica. En consecuencia, cuando un testigo de Jehová llama a una puerta se encuentra con muchas personas que son miembros de una iglesia sólo de forma nominal. Cualquier testigo pasa por un adiestramiento para enseñar las doctrinas de la Biblia de la Sociedad. Muchos que se consideran cristianos son ignorantes e incapaces a la hora de defender doctrinas cristianas tradicionales como la trinidad, la deidad de Cristo o asuntos relevantes acerca de los últimos tiempos. Tercero, los esfuerzos proselitistas de la Atalaya son ambiciosos y extensos, pues la literatura impresa que edita desde su editorial es muy abundante. La revista bimensual La Atalaya tiene una tirada de unos doce millones. Se han distribuido más de mil millones de Biblias, libros y libretos desde 1920. La revista Despertad, también bimensual, tiene una tirada de unos ocho millones. Cualquier miembro es un misionero y está activo en el testimonio casa por casa. En cualquier parte se dedican de 15 a 50 horas semanales para el evangelismo personal y la obra misionera. Este factor explica por sí mismo el destacable crecimiento que ha experimentado la organización.
Cada congregación local se llama Salón del Reino, y se encuentran en pueblos y ciudades de todo el mundo. En Estados Unidos hay actualmente unos 730.000 miembros en 8. 200 congregaciones, comparado con los 588.000 que había en 1982. La membresía mundial es de unos 2.500.000 de miembros.
Los Salones del Reino están organizados en circuitos formados por unas 20 ó 22 congregaciones cada uno. A su vez, los circuitos se organizan, en Estados Unidos, en 22 distritos. Los distritos se constituyen a su vez en ramas.
En los círculos de la Sociedad la disciplina puede resultar muy estricta. Están sujetos a ella los miembros que muestran cierto descuido moral o han quebrantado las leyes de Jehová. El no arrepentirse puede comportar la excomunión. También se practica RETIRAR EL TRATO o DISASOCIARSE y se conocen muchos casos de miembros que rompen toda relación incluso con sus familiares por causas disciplinarias.
Frederick W. Franz, que encabezó la Atalaya hacia los noventa hasta su reciente muerte, cuenta que:
en 1989 se celebraron unas mil convenciones de «Devoción Divina» en 107 países de todo el mundo … En las convenciones se entregó el libro La Biblia ¿Palabra de Dios o del Hombre? Se diseñó un nuevo libro de 320 páginas, Respuestas eficaces para preguntas de la juventud, para proporcionar respuestas prácticas y bíblicas para las preguntas de la gente joven sobre asuntos de moral y drogas y para ayudarles a estar unidos a sus padres y a luchar contra la depresión, la soledad y los problemas escolares. En menos de un año se habían producido casi nueve millones de copias en 40 idiomas.
Franz cuenta también que en marzo de 1991 la Unión Soviética (CEI) reconoció legalmente a la Atalaya.
Las transfusiones de sangre siguen siendo un tema de gran importancia entre los Testigos. El Tribunal Supremo de los Estados Unidos dictó en 1958 que cuando un juzgado ordena la transfusión de sangre los derechos del testigo resultan esquilmados.

La sede de la organización sigue estando en Brooklyn (Nueva York), EE.UU.


No hay comentarios: