jueves, 3 de abril de 2014

Islamismo

EL ISLAM
Mahoma predicando su dictrina.

Santuario de la Kaaba en La Meca, lugar de peregrinaje de todo musulmán.

Historia. «No hay dios sino ALÁ y MAHOMA es su profeta». Esta repetida frase de los MUSULMANES es la matriz teológica de la más joven de las religiones mundiales y, sin embargo, la segunda más importante en términos de fieles, después del CRISTIANISMO.
El fundador del Islam fue el profeta Mahoma, nacido aproximadamente en el 570 d. C. en LA MECA. Hay pocos relatos de la infancia de Mahoma. Criado por su tío y su abuelo como pastor, el joven Mahoma llegó más tarde a ser un conductor de camellos en la ruta comercial entre Siria y Arabia. A los 25 años se casó con una viuda rica, Jadiya. Antes de su matrimonio había sido empleado por ella, que era 15 años mayor. La relación con ella le elevó a una posición de prominencia y a tener un lugar entre la clase rica de La Meca.
Mahoma había tenido encuentros con el JUDAÍSMO y el cristianismo en las rutas comerciales y durante los 15 años siguientes observó el degenerado estado religioso y moral entre sus compatriotas. A menudo se retiraba a una cueva en el Monte Hira, en las afueras de La Meca, donde dedicaba mucho tiempo a una profunda meditación. Esto era posible, desde luego, porque tenía menos necesidad de trabajar con la caravana de camellos gracias a la gran riqueza de su esposa. Durante uno de esos retiros, en el año 610, Mahoma, ahora con 40 años, contó que había sido visitado por el ángel Gabriel, que le mandó «rezar en el nombre del Señor que había creado al hombre de un coágulo de sangre». El mensaje que recibió más tarde llegó a ser la esencia del CORÁN. Con la aprobación de su esposa y sus amigos, Mahoma llegó a creer que había sido nombrado profeta, llamado a sacar a su pueblo de la decadencia moral, la superstición y el POLITEÍSMO.
Mahoma empezó a predicar que había un solo dios y que su nombre era Alá. Alá era la deidad suprema entonces familiar entre los pueblos beduinos del norte de Arabia. A medida que se iba moviendo por La Meca proclamando que sólo Alá era Dios excluyendo a todas las demás deidades, iba encontrando una encarnizada oposición. Algunos de sus paisanos creyeron que estaba poseído por un JINN (un espíritu demoníaco). El propio Mahoma lo creyó así al principio, pero llegó a estar cada vez más convencido de que realmente era un profeta escogido de Alá y concluyó que la oposición que experimentaba no era diferente de la que enfrentaron Jesús y Moisés.
Poco después de la primera visión, Gabriel volvió a aparecerse a Mahoma para traer más revelaciones. Siguió la oposición, pero a un nivel mucho más peligroso. Su mensaje estaba en contradicción con el politeísmo de sus compatriotas y, mucho más importante, iba en contra del hedonismo y de la creencia general de aquella época de que la obtención de riqueza era la mayor prioridad en la vida. No obstante, Mahoma no encontró un fracaso total, pues ganó para su causa a unos setenta seguidores.
Cabe destacar que el pueblo árabe, especialmente las tribus beduinas, mantenían un estricto provincialismo. Consideraban que no tenían que rendir cuentas, ni tener obligación, ni mostrar interés alguno en ninguna persona fuera de sus propios círculos tribales. Los seguidores iniciales de Mahoma fueron etiquetados como «débiles», término que significaba que procedían de fuera de la tribu de Quraysh. Mahoma proporcionó una identidad a estos marginados sociales.
Los historiadores ofrecen diferentes razones para la oposición que sufrió Mahoma. Algunos argumentan que su fuerte crítica contra la idolatría amenazaba el mercado. La opinión más generalizada es que, dado que los de La Meca estaban empezando al menos a escucharlo y a respetar profundamente su carácter y su sabiduría, se temió que el profeta pudiera un día llegar a tener una prominencia política, situación que amenazara el poder establecido existente.
Jadiya murió en el año 619. Una repentina retirada de apoyo del clan que había respaldado a Mahoma puso al profeta en peligro y le obligó a huir a la ciudad vecina de Taifa. Al no encontrar un seguimiento adecuado allí, se aseguró la protección de otro clan y volvió a La Meca, donde conoció y se casó con una viuda llamada Sauda. Inmediatamente después de este matrimonio, Mahoma entró en poligamia al casarse con Ayesha, hija de ABU BEKR, quien sería el sucesor del profeta como CALIFA principal del Islam. Mahoma se casó más adelante con otras siete mujeres.
En el 620, Mahoma inició una relación y unas negociaciones con clanes de la ciudad de Medina, a unos 500 kilómetros al norte de La Meca. Dos años más tarde, en lo que los musulmanes llaman la HÉGIRA, Mahoma abandonó La Meca debido a la creciente persecución contra su causa fijó su residencia en Medina con los nuevos clanes con los que había llegado a asociarse.
La experiencia del profeta en Medina dio comienzo a un nuevo período en la historia musulmana. Después de establecerse en su nueva casa, Mahoma organizó incursiones ofensivas, o razzias, contra las caravanas que viajaban a La Meca. Las primeras razzias dieron pocos resultados, pero con el tiempo tuvieron éxito. Con apoyo creciente, Mahoma representaba ahora una seria amenaza para La Meca. Los judíos que vivían en Medina alzaron un grito de oposición contra Mahoma, sobre todo porque había osadamente afirmado ser el verdadero profeta de Alá. Defraudado por el rechazo de los judíos, Mahoma instruyó a sus seguidores para mirar hacia La Meca al orar, en lugar de hacia Jerusalén, que había sido la práctica tradicional. Hasta hoy los musulmanes miran a La Meca al orar, un hecho que en sí mismo es un viejo y permanente símbolo de la hostilidad entre judíos y árabes.
Ocho años en Medina fueron suficientes para que Mahoma atrajese importantes fuerzas tras su causa. Desde el 624 al 630, sus seguidores atacaron y conquistaron pueblos de las regiones alrededor de Medina. En el año 628 intentó hacer un peregrinaje a La Meca con 1. 600 seguidores. Los clanes de La Meca estaban decididos a esperar a Mahoma e impedirle entrar en la ciudad. Él y sus hombres fueron detenidos en Al Hudaybiyah. Después de unos días críticos, cesaron las tensiones y se firmó un tratado entre Mahoma y La Meca. Parte del acuerdo fue que los musulmanes pudiesen peregrinar a la ciudad al año siguiente, el 629. El poder de Mahoma crecía de día en día y el estado de cosas social, económico y moral de La Meca estaba en claro declive. El Tratado de Al Hudaybiyah se rompió en el 629, a causa de las complejas guerras posteriores entre clanes. Finalmente, en enero del 630, Mahoma, acompañado de 10.000 hombres, marchó hacia La Meca. Se encontró con algunos de los dirigentes de la ciudad, que se le rindieron sin apenas resistencia. Dado que decretó una amnistía general y más tarde un generoso perdón para todos sus antiguos enemigos, muchos de los habitantes fueron ganados para su causa y muchos le siguieron en sus futuras campañas.
Aunque no se había convertido toda La Meca al Islam, Mahoma dejó la ciudad limpia de sus cientos de dioses paganos, estableciendo una religión monoteísta. Sus razzias le llevaron progresivamente a convertirse en la figura religiosopolítica más poderosa de Arabia. Consiguió formar una federación de tribus árabes que, con el tiempo, conquistarían los imperios persa y bizantino, extendiéndose a través del norte de África y Bizancio.
Mahoma murió en el año 632, apenas dos años después de la conquista de La Meca. Surgió inmediatamente la cuestión de quién le iba a suceder como califa principal. Abu Bakr, suegro del profeta, asumió el puesto hasta su muerte, dos años después. Omar, otro de sus suegros, fue el tercer califa y así se estableció la larga sucesión de califas a lo largo de la historia musulmana.
 Hacia el año 750, el Islam había llegado hasta China, el Océano Índico, y por el oeste hasta Marruecos y la Península Ibérica. Durante los ocho siglos siguientes continuó ampliando los límites de su expansivo imperio. En el tiempo de la Reforma, los musulmanes turcos otomanos, encabezados por su famoso SULTÁN Suleimán el Magnífico, estaban a las puertas del Sacro Imperio Romano, empujando hacia la capital, Viena. Los cristianos contemplaban la expansión del Islam con gran temor. Alguien consideró el fenómeno como «una llama que crece diariamente, atrapando todo lo que tiene cerca para crecer aún más».
Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, trató de unir a católicos y LUTERANOS contra su enemigo común, los turcos. Un siglo antes, los portugueses y los españoles habían conseguido expulsar el Islam de la Península Ibérica, estableciendo el catolicismo como religión suprema. En una era de fanatismo religioso, es bien conocido aunque lamentable el hecho de que cristianos y musulmanes derramaran mucha sangre entre ellos, y que también ambos organizaron continuos ataques contra los judíos.
Durante y después del siglo xvi, el Islam sufrió un declive en su influencia y carácter ético. Esto se debió en parte al surgimiento de sultanes corruptos no dedicados a la propagación o dirección de la teología musulmana sino más bien al hedonismo y al interés en ellos mismos. Otra razón para dicho declive fue el firme rechazo de los musulmanes de aprender de los occidentales. Con su aire de arrogancia y superioridad, los musulmanes dieron la espalda a la Europa cristiana, pasando por alto las grandes riquezas que los europeos estaban adquiriendo a través de las rutas comerciales y haciendo caso omiso de los grandes avances culturales y científicos realizados durante el Renacimiento. En cuanto a las rutas comerciales, los imperios musulmanes eran principalmente «imperios terrestres». Los europeos, especialmente los portugueses y españoles, usaron las rutas marítimas para establecer puentes comerciales y culturales que en su momento llevaron al descubrimiento y conquista de las Américas.
La expansión del Islam durante sus primeros 1.000 años vio una división entre tres imperios separados. El primero era el Imperio Otomano, formado principalmente por turcos. Como ya se ha dicho, fueron los turcos los que avanzaron presionando hacia occidente en el siglo xvi. El segundo era el Imperio Mongol, que se estableció en la India y estaba integrado sobre todo por árabes musulmanes que llegaron a la India bajo la dirección de Akbar en el años 1500. Akbar estaba intensamente interesado en la religión. Después de construir el famoso Salón de la Adoración, intentó mezclar eclécticamente facetas del pensamiento hindú con el Islam. Sin embargo, el interés de Akbar resultó ser demasiado intelectual para la gente de la India, y su «Fe Divina», como se llamaba, no obtuvo nunca un gran apoyo. El tercer imperio musulmán era el Imperio Safavid de Persia, lo que hoy es Irán e Iraq. Esta dinastía, como la Mogul, se estableció también en el año 1500, bajo Safavid. En el reinado de Abbás I, entre 1587 y 1629, el imperio persa creció en poder y prominencia.
Musulmanes shiíes. Los shiíes son una de las dos mayores SECTAS del Islam. Al morir Mahoma surgió una disputa en cuanto a quién sería el legítimo sucesor del profeta. Los shiíes, o «partisanos», creían que Alí, suegro de Mahoma, era el legítimo heredero. Esta secta fue muy pequeña hasta que la popularizó Safavid en Persia. Actualmente, los shiíes constituyen aproximadamente el 10% del mundo musulmán, pero son ciertamente los más visibles y renombrados de todos los grupos musulmanes. Los líderes shiíes reciben el nombre de IMÁN. Los imanes mantienen una autoridad espiritual extrema sobre los individuos, procurando mantener una interpretación estrictamente fundamentalista y ferozmente autoritaria del Corán. El ejemplo más obvio de esto en los tiempos modernos fue el gobierno desarrollado en los ochenta por el AYATOLÁ Jomeini (1900?–1989). Llegó al poder en 1979 tras derrocar al Sha Reza Palevi. De forma similar a lo ocurrido en el Sacro Imperio Romano de la Europa medieval, donde los papas de Roma ejercían un completo poder político y religioso sobre la mayor parte de Europa, el ayatolá se convirtió en el soberano espiritual y jefe político de Irán, agrupando a todos los shiíes en torno a un estricto cumplimiento de la ley islámica. El principio de esa larga década de ostentación del poder vino caracterizado por la retención de un grupo de rehenes americanos durante 444 días, y antes de morir volvió a llamar la atención internacional al emitir amenazas de muerte contra Salman Rushdie, autor de Versos satánicos, que Jomeini y los shiíes consideraban blasfemo contra el Corán.
Musulmanes sunitas. La mayoría, el 90% de los musulmanes son sunitas. Al contrario que los shiíes, los sunitas son considerados la corriente tradicionalista principal en el mundo musulmán. Aceptan a los primeros cuatro califas (Abu Bakr, Omar, Othman y Alí) como legítimos sucesores de Mahoma. Desde el punto de vista político, los sunitas son radicalmente diferentes de los shiíes. Mientras éstos consideran el gobierno como institución divina de Alá e intentan establecer así una teocracia sobre la tierra, los primeros creen que la fe musulmana debe vivirse en el contexto de los gobiernos terrenales existentes. Por regla general, los sunitas son más tolerantes con la diversidad y, por tanto, más capaces de adaptarse a las diferentes culturas del mundo.
Los musulmanes sunitas y shiíes se han perseguido mutuamente con dureza a lo largo de los siglos. Su odio no es distinto del de las amargas guerras que han plagado el cristianismo, sobre todo cuando tras la REFORMA católicos y protestantes escogieron dirimir muchas de sus diferencias con la espada.
Enseñanzas, Creencias, Prácticas. A pesar de las amplias diversidades étnicas y culturales entre los musulmanes, ambas sectas comparten los puntos teológicos básicos, lo que sirve para unirlos.
Todo el pensamiento musulmán se resume en el SHAHADA: «No hay Dios sino Alá, y Mahoma es su profeta». Este lema se usa en todas las facetas de la vida musulmana.
El libro sagrado del Islam es el Corán (escrito Qur’an en muchos textos). Los musulmanes creen que el Corán es la REVELACIÓN que Alá dio a Mahoma, quien transfirió este divino conocimiento a sus escritos. Aunque no existen escritos del propio Mahoma, los primeros seguidores del profeta reunieron sus dichos a través de la tradición oral. El Corán se compone de 114 capítulos llamados suras. Cada sura se divide a su vez en cuatro secciones: (1) el título; (2) el basmalah, o la oración «En el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo»; (3) una mención del lugar donde fue revelada la sura, La Meca o Medina; y (4) fawatih, cartas a las que se atribuye algún significado oculto. La teología básica del Corán se discute más adelante. Los musulmanes lo consideran sobre todo como la autoridad principal en materia de fe. Donde calla el Corán, la sunna o tradición generalmente aceptada tiene la autoridad. Cuando las costumbres ampliamente aceptadas no dicen nada, las costumbres individuales o ADET tienen precedencia.
Se exige el cumplimiento de cinco deberes fundamentales, conocidos como los CINCO PILARES, a todo fiel del Islam:
1. La recitación diaria de la shahadah. Todo musulmán debe citar este credo correctamente al menos un vez en la vida. En la práctica, muchos musulmanes lo dicen muchas veces al día.
2. Las oraciones prescritas, llamadas salat, deben pronunciarse cinco veces al día mirando hacia La Meca. Las horas del día son por la mañana, al mediodía, a media tarde, tras el ocaso y antes de dormir. Dichas oraciones sirven al creyente como un recordatorio permanente de que la shahada es verdad.
3. Dar limosnas, llamadas askat. Mientras el Antiguo Testamento requería de los judíos la ofrenda del diezmo, el 10%, de todos los bienes acumulados, el musulmán da una cuadragésima parte de su ingreso, aproximadamente un 2, 5%. Las limosnas se dan espontáneamente a los pobres, los que no tienen hogar o para cualquier necesidad que se considere importante.
4. Un período de ayuno, conocido como sawm. Se observa durante el mes de RAMADÁN, que es el noveno mes lunar del calendario musulmán, mes en el que se cree que Mahoma recibió la revelación del Corán. Mahoma ayunó durante su periodo de sagrada dispensación, por lo que creyó que sus seguidores también tenían que hacerlo.
5. La HAJJ, o peregrinaje a La Meca que se requiere de cada musulmán al menos una vez en la vida. La hajj aumenta enormemente las oportunidades de salvación y recuerda al fiel la gran devoción que debe a Alá.
Además de los cinco pilares, otras facetas importantes de la vida musulmana son la abstinencia total de bebidas alcohólicas y de cualquier forma de juego. El islam practica la circuncisión de los varones y, además, éstos son considerados superiores a las mujeres. Según el versículo del Corán: «Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres porque los ha hecho a ellos superiores a ellas …» (Sura 4:34). Como sucede en muchos círculos cristianos de la actualidad, los roles de la mujer se encuentran en fase de redefinición. Tradicionalmente, se exigía a las mujeres musulmanas que se cubran el rostro con un velo, llamado purdah. Aunque la práctica de usar el velo se ha abandonado en muchas partes del mundo musulmán, se ha reinstaurado en Irán desde la llegada al poder de Jomeini, y en otros puntos donde se impone el fundamentalismo. El Corán permite la poligamia, consintiendo que un musulmán tenga hasta cuatro esposas. La mayoría de musulmanes, sin embargo, tiene en la actualidad relaciones monogámicas, aunque la estructura patriarcal permanece intacta.
Los musulmanes son básicamente igualitarios en cuanto al racismo. El sencillo MONOTEÍSMO del Islam tuvo mayor aceptación en los países africanos, por ejemplo, que el cristianismo. El racismo nunca ha caracterizado al Islam, debido mayormente al celo musulmán para convertir a toda la humanidad para la causa de Alá. No obstante, el racismo no ha escapado de todas las expresiones del Islam. Histórica y culturalmente, se desarrolló entre los negros musulmanes americanos un intenso racismo como reacción a la severa discriminación de los blancos hacia los negros. Estos han llegado a conocerse como los Musulmanes Negros, o más oficialmente, COMUNIDAD DE ALÍ ISLAM EN OCCIDENTE. Pero estas SECTAS se han desarrollado a través de circunstancias históricas no propias del carácter del Islam.
Los puntos doctrinales concretos enseñados por el Corán y fundamentales para todos los musulmanes son los siguientes:
Dios—Muchos grupos religiosos no son muy claros en cuanto a su entendimiento de la doctrina de Dios. No es así con el Islam, que mantiene un estricto monoteísmo. Los musulmanes atacan intensamente la doctrina cristiana de la TRINIDAD, acusando a los cristianos de adorar a tres dioses. El Corán afirma:
Así que creed en Alá y Sus apóstoles y no digáis, Tres. Reprímete de hacerlo y será mejor para ti. Alá no es sino un Dios. (Sura 4:171)
El Corán declara que el propio Jesús considera blasfemo ser elevado al nivel de la deidad. Los cristianos encuentran gran dificultad para articular claramente la doctrina de la trinidad ante los musulmanes porque el Corán, para los musulmanes de revelación divina, enseña que el cristianismo es politeísta y por muchas evidencias que se presenten de lo contrario no se les puede convencer de otra cosa. Para un musulmán, incluso la consideración de los misterios de la doctrina cristiana de Dios es una muestra de desconsideración para el santo Corán. Josef van Ess reflexiona:
Comparado con el trino Dios de los cristianos, el Dios de los musulmanes es realmente un Dios sin misterio; o, más bien, su misterio no está en su naturaleza, sino en sus acciones, en la imprevisible forma en que dirige la humanidad o ha establecido ciertas obligaciones en su ley.
El cristianismo tradicional también afirma mantener un monoteísmo claro. La shemá hebrea que declara: «Oye, Israel: Jehová es nuestro Dios, Jehová uno es» (Dt. 6:4), es una cita constante en los púlpitos cristianos. El Credo Niceno establece claramente «Creo en un Dios, el Padre Todopoderoso» (véase Apéndice I). El Credo Atanasio añade:
Y la fe católica es esta, que adoramos a un Dios en tres personas y tres personas en un Dios, sin confundir las personas ni dividir la substancia … Pero la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es toda una. (Apéndice I)
El gran misterio de la fe cristiana, que intentan expresar adecuadamente las formulaciones de los credos, está en la unidad esencial de Dios en la disposición divina de tres personas separadas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Para el Islam, Dios no participa de ninguna asociación. Pero el Nuevo Testamento, aunque no contiene la palabra «trinidad», ha implicado tal doctrina en muchos pasajes en forma fuerte y consciente (Mt. 28:18–20; Mr. 1:9–11; Jn. 1:1; 2 Co. 13:14; etcétera).
Tanto los cristianos como los musulmanes se deleitan en pasajes del Corán como:
¡Alabad a Dios, Señor de todos los mundos, el Compasivo, el Misericordioso, Rey sobre el Día del juicio! Sólo a Él adoramos y sólo a Él clamamos por ayuda. (Sura 1)
Pero con todo lo que este pasaje habla de Dios como misericordioso, el Corán no se refiere a Alá en tales términos personales. Mientras Juan 3:16 habla de Dios como quien «de tal manera amó … al mundo para que todo aquel que cree en él, no perezca, sino que tenga vida eterna», el Corán alude a Alá como en ocasiones caprichoso. Algunos apologetas cristianos han señalado que Alá parece desapasionado y arbitrario e incluso obsesionado con llenar el INFIERNO: «Si el Señor hubiera querido habría hecho a todos los hombres de una religión; … pero para esto los ha creado; porque la Palabra del Señor se cumplirá: Verdaderamente llenaré el infierno de genios y hombres» (Sura 11:119).
El Islam tradicional ha considerado que Alá tiene completa soberanía sobre la vida de los suyos, quienes han de responder inclinándose en pasiva resignación ante su voluntad. Muchos musulmanes de hoy día están empezando a reconsiderar la cuestión del determinismo y su relación con la responsabilidad humana ante Alá. El cristianismo ha tenido mucha lucha en torno a esta cuestión durante siglos, especialmente en las teologías de pensadores prominentes como Agustín, Tomás de Aquino, MARTÍN LUTERO y JUAN CALVINO.
Jesucristo—Los musulmanes tienen una alta consideración de Jesucristo como profeta. En el Corán, Jesús aparece para anunciar la venida de Mahoma con las palabras: «Un profeta vendrá detrás de mí» (Sura 61:6). Los musulmanes consideran a Moisés y a Jesús como verdaderos profetas de Alá, pero el mayor de sus profetas es Mahoma.
Dicha idea no es aceptada por el cristianismo tradicional. La fe cristiana se centra en la persona y obra de Jesucristo tal como se pone de manifiesto en los escritos del Nuevo Testamento y se resume en los artículos segundos de los Credos Apostólico y Niceno (Apéndice I). Para el cristianismo, Jesús es el Hijo de Dios y Dios Hijo encarnado, nacido de una virgen, que cumplió la voluntad de Dios al morir en la cruz como sacrificio substitutorio y expiatorio por el pecado. Por su parte, los musulmanes rechazan radicalmente estas ideas como supersticiosas, blasfemas y paganas. Para el Islam, Jesús era completa y totalmente humano. El Corán afirma que todos aquellos que consideran a Jesús divino (refiriéndose a los cristianos) son «infieles», para los cuales está reservado un infierno especial (laza). Es bastante curioso que el Corán hace alusión a los milagros de Jesús y a su ausencia de pecado, pero no en virtud de su divinidad. Jesús recibió tal poder y capacidad mediante Alá para ser un siervo y precursor.
Algo que sorprende es el rechazo que muestran los musulmanes hacia el hecho de que Jesús hubiese sido crucificado: «… en realidad no lo mataron, ni lo crucificaron; sólo se les mostró una semejanza de ello» (Sura 4:157). La Biblia enseña lo contrario, que Jesús fue, sin lugar a dudas, crucificado. Los primeros sermones cristianos de Hechos (2:14–40; 3:12–26; y otros) destacan no sólo la muerte de Cristo y su posterior resurrección sino también la necesidad de su muerte. Pablo insistía vehementemente en la importancia de la crucifixión (1 Co. 2:2). Negarlo, como hace el Islam, es negar el mismísimo sentido de expiación por el que Cristo vino al mundo.
Espíritu Santo—El Espíritu Santo es mencionado en el Corán y en el Nuevo Testamento como el parakletos (Consolador). Mientras el cristianismo enseña que el Espíritu Santo es la tercera persona de la divina trinidad, el Islam considera al Espíritu como el divino instrumento de Alá.
Humanidad—El Corán enseña que la raza humana fue creada tal como se describe en el relato de Génesis sobre Adán y Eva. Los seres humanos son superiores a los ángeles porque están dotados de un intelecto superior. Además, han ganado el lugar de más alto respeto y dignidad de toda la creación. El propósito principal de la humanidad es obedecer y servir a Alá. Pero en yuxtaposición con la nobleza de la humanidad se encuentra su naturaleza pecaminosa y débil. El pecado principal de la humanidad es el orgullo. El orgullo, definido como amor a uno mismo, conduce al deseo de participar de la naturaleza de Dios. Siempre se ha observado que los musulmanes rechazan la doctrina de la trinidad porque implica la asociación del Jesús humano con Dios. Cualquier confusión entre Creador y criatura es pecado (SHIRK). El principal fin de la humanidad es la adoración al único verdadero Dios y rezar la shahadah para hacerle recordar que es simplemente su criatura.
El cristianismo coincide con el Islam en muchos de estos puntos. De hecho, el propósito primordial de la humanidad es servir a Dios y obedecer a su voluntad tal como está expresada en la ley divinamente revelada. La caída del hombre de la gracia fue el resultado del orgullo. El comer del fruto prohibido en el huerto (Gn. 3) fue provocado por el deseo de la humanidad de ser como Dios. El cristianismo rechaza la confusión entre Creador y criatura.
Las dos religiones mundiales difieren con respecto a su doctrina en cuanto al punto de cómo la humanidad consigue una correcta relación con Dios/Alá después de la Caída. Para el cristianismo, lo que importa es el arrepentimiento del pecado y la fe en la expiación realizada por Jesucristo (véanse las secciones sobre pecado y salvación más adelante). Para el Islam, lo que cuenta es el cumplimiento de todo lo prescrito en el Corán y de los cinco pilares.
Pecado—El Islam enseña que SATANÁS, o SHAYTÁN/IBLIS, cayó del cielo cuando no se conformó a la voluntad divina al negarse a reconocer la posición de honor de Adán. La actividad principal de Satanás, corroborada en el Corán y en la BIBLIA, es atormentar y engañar al hombre para alejarlo de Dios. Como ya hemos apuntado, el pecado principal para ambas religiones es el orgullo, que resulta en la incredulidad (kafir).
Salvación—Según el Corán (Sura 10:109), el musulmán que tenga la esperanza de escapar de la ira de Alá y de los atormentadores fuegos del infierno tiene que esforzarse con diligencia para cumplir los requisitos expuestos en los cinco pilares. Dios ha levantado profetas a lo largo de la historia para llamar a la gente al arrepentimiento.
El foco central de la SOTERIOLOGÍA para el cristianismo está en la persona y obra de Jesucristo. El rasgo sobresaliente de la salvación cristiana radica en que la obra de Cristo al morir en la cruz es la expiación todosuficiente por el pecado, aparte de las justicias u obras de los hombres. Este énfasis paulino sobre la «justificación por gracia a través de la fe» aparte de las obras de la ley (Ef. 2:8–9) ha sido reavivada repetidamente a través de la historia de la iglesia cristiana. Agustín, Lutero, Calvino, Karl Barth y las más populares formas de EVANGELICALISMO y FUNDAMENTALISMO han alzado continuamente el estandarte de la «sola gracia» con respecto a la salvación. Tradicionalmente, las iglesias cristianas han denunciado al Islam como otra religión basada en la justicia de obras legalistas. El Corán, por su parte, afirma claramente que la salvación está centrada en los esfuerzos y obras.
En el día del juicio, aquellos cuyas balanzas pesen más con buenas obras serán felices; pero aquellos cuyas balanzas no pesen serán los que pierdan sus almas y permanecerán en el infierno para siempre. (Sura 23:104–5)
Para el cristianismo, la salvación depende solamente de la obra de la segunda persona de la trinidad. El médula del asunto se expone claramente en el libro de Hebreos, que argumenta que tiene que haber expiación por sangre y que la había en el Antiguo Testamento, cuando el SUMO SACERDOTE ofrecía la sangre de los animales sacrificiales sobre el altar y ante el PROPICIATORIO de Dios (He. 9:7). Pero este sacrificio era insuficiente porque lo realizaba un sumo sacerdote que necesitaba él mismo expiar sus propios pecados así como los del pueblo; en segundo lugar, este sumo sacerdote humano tenía que ofrecer dicha expiación cada año. Pero Dios puso fin a esta imperfección al ofrecer a su propio Hijo, Jesucristo como sacrificio perfecto, hecho una vez para siempre (9:24–28). Cuando fue completada esta obra sacrificial, este Gran Sumo Sacerdote se sentó en la presencia de Dios (10:12), sellando su obra para siempre. Esto es por lo que el cristianismo tradicional ha rechazado las afirmaciones de Mahoma de ser el verdadero profeta de Dios, y mucho menos el mayor de todos los profetas de Dios. Al confiar en las obras de Cristo, el Gran Sumo Sacerdote, el cristiano puede disfrutar ciertamente de la salvación que un musulmán nunca puede ver segura. «Alá llevará al error a quien él quiere y ha puesto en el camino recto a los que él quiso» (Sura 6:39). «Nadie puede guiar a los que Alá ha hecho descarriarse …» (Sura 13:33). El musulmán es totalmente consciente de estas referencias del Corán para no descansar nunca en la certidumbre de la salvación eterna, o recibir seguridad de palabras de consuelo como «ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Ro. 8:1).
El cristianismo moderno, especialmente el CATOLICISMO ROMANO, ha experimentado recientemente un claro cambio de actitud con respecto al Islam. El dicho tradicional católicorromano extra ecclesiam non salus (fuera de la iglesia no hay salvación) ya no es la posición oficial de Roma desde el Concilio Vaticano II. El artículo 16 de la Constitución Dogmática de la iglesia afirma inequívocamente:
Finalmente, aquellos que no han recibido el evangelio están relacionados de varias formas con el Pueblo de Dios. En primer lugar está el pueblo a quien fueron dados los pactos y las promesas y de quien nació Cristo en la carne (comp. Ro. 9:4–5). A causa de sus padres, este pueblo permanece como preferido de Dios, porque Dios no se arrepiente de las dádivas que otorga ni de los llamamientos que emite (comp. Ro. 11:28–29).
Pero el plan de salvación también incluye a los que reconocen al Creador. En el primer lugar entre estos están los musulmanes, quienes, profesando mantener la fe de Abraham, junto con nosotros adoran al único y misericordioso Dios, que en el tiempo del fin juzgará a la humanidad. Y Dios Mismo no está lejos de los que en sombra e imágenes buscan al Dios desconocido, porque es Él quien da a todos los hombres la vida y el pan y cualquier otro don (comp. Hch. 17:25–28), y que como Salvador quiere que todos los hombres sean salvos (comp. 1 Ti. 2:4).
Éstos también pueden alcanzar la salvación eterna, los que desconocen el evangelio de Cristo o Su Iglesia, no por su propia culpa, y que sinceramente buscan a Dios y, movidos por gracia, se esfuerzan por sus obras en hacer su voluntad tal como se les da a conocer a través de los dictados de su conciencia. Y la divina Providencia no niega la ayuda necesaria para la salvación a quienes, sin culpa de su parte, no han llegado a un explícito conocimiento de Dios pero se esfuerzan por vivir una vida buena, por su gracia. Toda verdad o bondad encontrada entre ellos es vista por la Iglesia como una preparación para el evangelio. Ella ve tales cualidades como dadas por Quien alumbra a todos los hombres para que finalmente puedan tener vida.
La mención de los musulmanes en esta declaración evidencia la destacadamente tolerante y abierta postura que la Iglesia Católica Romana ha asumido. El Consejo Mundial de Iglesias también ha adoptado una actitud muy abierta y liberal, aunque algo más ambigua, hacia el Islam y las religiones no cristianas con respecto a la salvación. La ortodoxia tradicional, sin embargo, no se ha rendido ante tales tendencias modernas. Todas las reformulaciones son básicamente reformulaciones de las directrices expuestas en los credos ecuménicos (véase Apéndice I).
Conclusión. Como cualquiera de las religiones mundiales, el Islam está lleno de facciones, divisiones y pluralidad. Las diferencias entre el estricto fundamentalismo de los shiíes y los más indulgentes y tolerantes sunitas ya ha sido mencionada. La más rígida y conservadora de todas las sectas musulmanas es la Wahhabi Árabe Saudí, fundada en el siglo xviii. El SUFISMO representa otro importante movimiento en el mundo musulmán y lo tratamos aparte, así como la Comunidad Mundial de Alí Islam en Occidente. Las diferencias culturales varían según el país. La falta de una estructura de autoridad centralizada explica este fenómeno en parte.
En el año 1989 el Islam en EE.UU. ya contaba con aproximadamente cinco millones de seguidores. El Corán está creciendo en popularidad y ha sido traducido al inglés moderno. El famoso músico Cat Stevens se convirtió al Islam en 1977 y ahora se llama Yusuf Islam. El gran jugador de baloncesto Kareem Abdul-Jabbar es otro convertido popular. Se han formado grandes comunidades musulmanas en las principales áreas metropolitanas del país. El condado de Orange, en California, por ejemplo, posee unos 20.000 creyentes. Parte de su atractivo ha sido su simplicidad. Es mucho más fácil abrazar el concepto de una religión cuyo monoteísmo no está envuelto en una rúbrica de misterio sino expuesto sencillamente. Pero su sencillez se convierte en algo paradójico cuando se contrasta con la doctrina islámica de una deidad completamente trascendente.
El Islam continúa creciendo también en otras partes del mundo. África y Europa han sido el escenario de la construcción de muchas MEZQUITAS. Asia tiene la más numerosa población de musulmanes. Cuando en 1991 estalló la guerra en el Golfo Pérsico se centró mucha atención en el mundo musulmán. La televisión educativa y medios de amplia cobertura dedicaban horas a explorar los contrastes entre el Islam y Occidente, y realmente son contrastes importantes. La disolución de la Unión Soviética también ha llevado la atención del mundo hacia el Islam. Después de la derrota de Irak en la guerra, las tensiones entre sunitas y shiíes se han exacerbado.

Es curioso que Salman Rushdie, autor de un renombrado libro independiente, Versos satánicos, afirmó haberse convertido al Islam a finales de 1990. Sin embargo, el ayatolá de Irán no ha liberado a Rushdie de la sentencia de muerte decretada sobre él, incluso a pesar de haber prohibido la posterior publicación de su libro. La reacción de Rushdie fue seguir de nuevo con su publicación.


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