viernes, 25 de abril de 2014

Motivos para Llegar a ser Libre de Deudas

Los cristianos de hoy en día están generalmente polarizados en dos grupos opuestos. A uno le parece que la Palabra de Dios prohíbe cualquier clase de deuda todo el tiempo (ver Romanos 13:8). Algunos de este grupo creen incluso que la deuda es pecado. El otro grupo supone que la deuda es una manera aceptable y normal de vivir que Dios usa a menudo para suplir las necesidades de su pueblo. Ninguno de estos puntos de vista es completamente correcto. Aunque la deuda no es un pecado, tampoco es una manera normal de vivir, según la Escritura. En cambio, la deuda es una herramienta peligrosa que se debe usar, si alguna vez hay que hacerlo, con extrema cautela y mucha oración debido a su potencial de esclavizar a la gente financieramente (ver Proverbios 22:7).
¿Por qué es la deuda peligrosa?
A continuación tenemos algunas razones por las cuales se necesita tratar a la deuda con extrema cautela.
La deuda hace suposiciones sobre el futuro. Cuando la gente se compromete a hacer pagos durante un período de tiempo, están suponiendo que no habrá reducciones de sueldo, ni pérdida de trabajo, y ni gastos inesperados. Esa es una suposición improbable (ver Proverbios 27:1).
La deuda rebaja los estándares futuros de vida. El dinero que se toma prestado hoy debe pagarse durante un período de tiempo con interés, lo cual significa que aquellas cosas que se compraron con crédito costarán más «mañana» que lo que costaron hoy. Por lo tanto, el estándar de vida tendrá que ajustarse para compensar el gasto agregado.
La deuda se enfoca en decisiones de falsa apariencia en lugar de decisiones de la vida real. La deuda motiva a la gente a tomar decisiones basada en la capacidad de hacer los pagos mensuales, en vez de ver si pueden pagar el costo total (precio de compra, gastos operativos, y cobros de financiación) del artículo. La deuda hace que sea demasiado fácil decir sí a los bajos pagos mensuales mientras se ignora el costo real de los artículos.
La deuda deja a la gente a la merced del poder del interés compuesto. Si los consumidores pagan el pago mensual mínimo de una deuda de $1,000 dólares a una tasa de interés del 19.8 por ciento y nunca cargar nada más a esa cuenta, llevará ocho (8) años pagar los $1,000 y pagarán $2,023 dólares por el privilegio de cargar $1,000 dólares. En algunos casos, artículos cargados a tarjetas de crédito de bancos nacionalmente aceptados pueden costar más de ocho veces el precio de compra original para cuando la deuda se cancela.
La deuda puede retrasar el plan de Dios. Dios dijo que supliría las necesidades de su pueblo. La deuda permite que las necesidades se suplan ahora, en base a medios que no son la provisión de Dios. La deuda provee gratificación instantánea, a costa de la libertad financiera, en vez de esperar el plan perfecto de Dios y su perfecto tiempo oportuno.
La deuda empaña la línea que separa lo que uno quiere, desea, y necesita. Las necesidades son compras indispensables como comida, ropa, albergue, gastos médicos, transporte, y otros. Lo que uno quiere involucra decisiones acerca de la calidad de los bienes. Comprar productos a descuento versus comprar productos estilizados, langosta versus pollo, o un auto nuevo versus un auto usado bueno, etcétera. Lo que uno desea son esas cosas que se pueden comprar sólo después de cumplir con todas las demás obligaciones y sólo si hay exceso de fondos disponibles para comprarlos. La deuda permite que los deseos se conviertan en cosas queridas y las cosas queridas se conviertan en necesidades.
La deuda fomenta el comprar por impulso y gastar en exceso. El director de finanzas de una compañía nacional de tarjetas de crédito dijo que los consumidores gastan en promedio de 25 a 30 por ciento más cuando cargan a la tarjeta que si pagaran con cheque o en efectivo y que la gran mayoría de esas compras extra son el resultado de comprar por impulso. La asunción ilimitada de deudas y las tarjetas de crédito han permitido que la gente compre inmediatamente más allá de su capacidad de pagar, sin sacrificar necesidades o lo imprescindible.
La deuda sofoca la inventiva. En una sociedad que vive por la premisa de «Yo quiero, lo que quiero, cuando lo quiero» la necesidad de ser ingenioso—remendar ropa, poner suela nueva a los zapatos, y cambiar el aceite—a fin de ahorrar dinero ya no es relevante. Es más conveniente comprar lo nuevo o cargar los servicios simplemente «poniéndolo en la tarjeta de plástico», y pagarlo más tarde, sin importar los cobros de interés o de financiación.
La deuda elimina la planificación de las finanzas de la familia. En vez de planificar para el futuro y dejar un cierto margen para errores, exceso de gastos, y cambios para dictar el desarrollo financiero futuro, la deuda elimina la necesidad de planificación para el futuro porque ya se habrá trazado la trayectoria del futuro financiero de la familia: pagar la deuda que se ha acumulado.
La deuda enseña a los hijos que el método del mundo para manejar el dinero es normal. La deuda hace que los hijos tengan un concepto superficial del uso de las tarjetas de crédito, la obtención de préstamos e hipotecas, y cumplir promesas para pagar las cuentas. Por esta razón, tenemos hijos que se graduaron de la universidad sacando préstamos para los gastos de educación y viviendo hasta el límite de sus tarjetas de crédito. Nunca consideraron pagar en efectivo por el transporte o cualquier otra cosa y han comenzado la vida adulta con tantas deudas que tienen que trabajar durante años sólo para pagar la deuda acumulada durante sus años universitarios.
Conclusión

Vivir libre de deudas es aún el plan de Dios para su pueblo hoy en día. Las bendiciones de llegar a ser libre de deudas van mucho más allá del área financiera. También se extienden al ámbito espiritual y material. Nadie que está financieramente atado puede ser espiritualmente libre. Los efectos de las ataduras financieras en las relaciones maritales son devastadores. En la actualidad el 50 por ciento de todos los que se casan por primera vez, fracasan, y la razón principal del fracaso es la incompatibilidad financiera. Por lo tanto, es para el bien de todos los cristianos que se esfuercen para estar libres de deudas.


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