miércoles, 16 de abril de 2014

Salmos de Clamor

¿Se ha sentido alguna vez atrapado en un problema grave, sin salida? ¿Recuerda la desesperación que le invadió en esa ocasión? Encontramos ese mismo sentimiento en los salmos de clamor, pero también hallamos en ellos cuatro pasos que podemos seguir cuando oramos para librarnos de la angustia.

¿Qué son los Salmos de Clamor?
Hay salmos que consisten casi por completo de alabanzas. Los de clamor también incluyen loores a Jehová, pero no es su elemento principal. Están compuestos a causa de la angustia, expresan el dolor del salmista y sus ruegos para que el Señor intervenga y lo libre de ella.
En cierto sentido, estos salmos se parecen a nuestras oraciones. En ellas nosotros presentamos peticiones. Sin embargo, éstas son muy variadas, y aunque a veces se tratan de situaciones agobiantes, con mayor frecuencia tienen que ver con pormenores de la vida cotidiana o ministerio. En cambio, los salmos de clamor no mencionan semejantes detalles. Más bien, piden una sola cosa: liberación de una angustia abrumadora.
   


Peticiones en oraciones normales

Peticiones en salmos de clamor

Número

Varias

Una sola

Temas

Pormenores

Liberación de angustia

Con frecuencia, se encuentran algunos elementos parecidos en los salmos de clamor. En el llamado introductorio, el salmista se dirige a Jehová. Expresa su angustia, muchas veces relacionándola con Dios (“no me has respondido”), con el enemigo y con el salmista mismo. Su petición es un clamor que pide liberación de la angustia. En medio de su desesperación, el salmista confiesa su confianza en que el Señor lo salvará. En el voto de alabanza, promete alabarlo públicamente cuando reciba la liberación. El voto puede ir acompañado de la razón que lo produjo, o un resumen del motivo del loor prometido.

Elementos comunes en los Salmos de Clamor

1. Llamado introductorio a Dios
2. Angustia: causada por Dios, el salmista y el enemigo
3. Petición de liberación
4. Confesión de confianza en Dios
5. Voto de alabanza
6. Razón por el voto de alabanza

Algunos salmos expresan el clamor de un individuo. Incluyen a los salmos 3–5, 7, 10, 13, 17, 22, 25–28, 31, 35, 38, 39, 41–43, 51, 54–57, 59, 61, 63, 64, 69–71, 77, 86, 88, 94, 102, 108, 109, 120, 130, 140–143. En otros, se plasma el clamor del pueblo de Jehová: Salmos 12, 44, 58, 60, 74, 79, 80, 83, 85, 90, 123, 137.
SALMO 13: UN SALMO DE CLAMOR INDIVIDUAL
Salmos 13:1–2
¡PENSEMOS!


Lea todo el Salmo 13. ¿Cuál es su propósito principal? ¿Cuáles de los elementos comunes de los salmos de clamor están presentes? ¿Cómo difiere este salmo de los de alabanza general que hemos estudiado? (Salmos 103, 113, 136)


¿Cuál es el tema principal de los vv. 1–2? ¿Qué frase se repite cuatro veces? ¿Qué nos comunica?


¿Con quién relaciona el salmista su angustia del v. 1? ¿Con quiénes la relaciona en el v. 2? ¿Qué tiene cada uno que ver con su angustia? ¿Debemos acusar a Dios como lo hace el autor en el v. 1?


La desesperación del poeta se manifiesta desde las primeras palabras. La repetición cuádruple de “hasta cuando” da a entender que ya no aguanta más. Se dirige a Jehová con mucha franqueza, acusándolo de no poner atención a su angustia (v. 1).
El tercero y cuarto “hasta cuando” introducen los otros dos causantes del sufrimiento: el salmista mismo (no puede dejar de pensar en su problema) y su enemigo (v. 2). De manera que David tiene un triple problema: cómo conseguir el socorro divino, cómo manejar sus emociones y cómo evitar que su enemigo le venza.
Toma el primer paso para resolver sus problemas en estos dos versículos: Confiesa a Jehová sin ambages su desesperación. Sus palabras del v. 1 nos pueden parecer irreverentes. ¡Cómo se atreve hablar así a Dios! Por otro lado, son sinceras. Expresan lo que verdaderamente siente.
Con Dios, nosotros debemos tener la misma confianza. Cuando oramos, es ilógico ocultar nuestros sentimientos verdaderos detrás de una pantalla de piedad hipócrita. ¿Acaso Dios no sabe todo lo que realmente pensamos y sentimos? El primer paso para buscar liberación de la angustia es ser sinceros con Dios acerca de nuestra desesperación. Sin embargo, este es sólo el primer paso. No podemos quedar satisfechos con una actitud quejumbrosa.
¡PENSEMOS!


¿Cuando usted ora, plantea a Dios sus problemas más agudos? ¿Tiene la confianza para decirle lo que realmente siente, incluso sus sentimientos negativos hacia él? ¿Se da cuenta que su angustia es causada no solamente por sus enemigos, sino también por su propia reacción mental y emocional a su situación?

Salmos 13:3–4
¡PENSEMOS!


¿Cuál es el tema principal de estos versículos? ¿Qué tan serio era el problema del salmista? A la luz del v. 3b, ¿cuál era su aflicción? Según el v. 4, ¿por qué quería que Jehová le librara de su angustia?


Habiendo dado expresión a su angustia, el salmista toma el segundo paso para resolver su problema: pide a Jehová socorro. El v. 3 sugiere que padecía de una enfermedad grave. En aquellos tiempos, la ciencia de la medicina se había desarrollado poco, y la posibilidad de morir por una enfermedad era mucho mayor que hoy día.
David tuvo muchos enemigos políticos, aun dentro de Israel. Por años, Saúl y sus seguidores intentaron matarlo (1 Samuel 18–30; 2 Samuel 2:8–3:6), y cuando ya era rey, varios pretendientes quisieron quitarle el trono (2 Samuel 15–18, 20). Cuando compuso este salmo, David sabía que algún enemigo suyo se alegraría por su muerte (v. 4), en parte tal vez por odio, pero seguramente también porque vería una oportunidad de aumentar su propio poder. El vocablo hebreo que se traduce como “resbalara” sería mejor verterlo por “cayera”. Aquí no se refiere a un desliz moral o espiritual, sino a la muerte.
¡PENSEMOS!


¿Padece usted de alguna enfermedad peligrosa? A la luz del v. 3, ¿qué debe hacer al respecto? ¿Es capaz Dios de sanarle aun de una enfermedad incurable? Si su problema es otro, ¿es capaz el Señor de resolverlo también?


¿Está alguien tratando de “moverle el tapete”? ¿Se alegraría alguien de que usted cayera? A la luz de los vv. 3–4, ¿qué debe pensar usted acerca de semejante persona?

Salmos 13:5
¡PENSEMOS!


¿Cuál es el tema principal del v. 5? ¿Qué contraste hay entre las actitudes de los vv. 1 y 5? ¿Cuál será la causa de este cambio?


De repente, el salmista cambia de tono. En lugar de la acusación del v. 1, ahora expresa su confianza en que Jehová lo librará de su aflicción. En vez de temer que sus enemigos se alegren (v. 4), espera su propia alegría. Aquí “tu salvación” no se refiere a la salvación eterna del pecado, sino a la liberación de la enfermedad y del enemigo. Esta expresión de confianza en Dios es el tercer paso que toma David para resolver su problema.
¿A qué se debe este cambio de actitud? Jehová no le ha sanado todavía de su enfermedad. Tampoco ha quitado a su enemigo. Sin embargo, ha comenzado a obrar en el tercer causante del sufrimiento mencionado en los vv. 1–2: el autor mismo. Los sentimientos que lo agobiaban en el v. 2 ahora dan paso a la meditación sobre la hésed de Jehová, su fidelidad misericordiosa (ver la explicación de este vocablo en el capítulo 3, pág. 28). Tal vez David haya recordado algunas experiencias en las cuales Dios había manifestado esa lealtad (comp. Salmos 77:7–15). Sea como fuere, de alguna manera durante la oración misma, el Señor transformó la desesperación de David en esperanza.
Este cambio es el más importante que se opera cuando oramos. Aun cuando el enemigo todavía esté acosándonos (v. 2c) y el rostro de Jehová todavía no se haya manifestado a nuestro favor (v. 1), es necesario confiar en él (v. 5). Esa confianza se la debemos confesar, aun antes de ver su respuesta a nuestro clamor.
¡PENSEMOS!


¿Alguna vez su actitud quejumbrosa cambió mientras usted oraba? ¿A qué se debió ese cambio?


¿Confiesa usted su confianza en Dios aun antes de recibir respuesta a su oración? ¿Actualmente está pidiendo al Señor que lo libre de alguna angustia? ¿Le ha dicho que confía en su fidelidad y misericordia a pesar del sufrimiento?

Salmos 13:6
¡PENSEMOS!


¿Qué promesa hace el salmista en este versículo? ¿Qué razón da?


El v. 6 podría interpretarse como una continuación de la expresión de confianza en Dios. En ese caso, el salmista estaría diciendo que está seguro de que no morirá, sino que vivirá para cantar de nuevo a Jehová.
Sin embargo, a la luz de pasajes semejantes en otros salmos de clamor, el v. 6 ha de ser un voto. David promete que cuando recupere su salud, contará públicamente el bien que Jehová le ha hecho (ver los votos semejantes que aparecen en Salmos 22:22, 25; 26:12b; 35:17–18; 50:14–15; 56:12–13; 116:17–19). Tan seguro está de que Dios le salvará de su aflicción, que comienza a alabarlo, hablando de la obra divina en tiempo pasado, como si ya se hubiera realizado: “me ha hecho bien”.
En nuestras oraciones, raras veces añadimos a la petición una promesa de alabar a Dios. Cuando le presentamos nuestras necesidades, naturalmente pensamos en el beneficio que esperamos recibir de su respuesta. Pero, ¿con qué frecuencia pensamos en lo que él desea recibir? ¿Prometemos dar a conocer ante nuestros semejantes la forma en que él resuelve nuestros problemas? Este voto bíblico es el cuarto paso que debemos seguir en nuestra oración de clamor a Dios. Y, por supuesto, cuando Dios nos responde, debemos cumplir la promesa.
¡PENSEMOS!


¿Tendrían sus oraciones más poder si prometiera a Dios alabarle públicamente por su respuesta? ¿Ha hecho usted semejante promesa en su oración? ¿La ha cumplido?


En su próxima oración de angustia, siga los cuatro pasos que hemos descubierto en el salmo 13.

PASOS PARA LIBRARNOS DE LA ANGUSTIA

1. Exponer a Dios cómo nos sentimos (vv. 1–2).
2. Pedirle liberación de la angustia (vv. 3–4).
3. Expresar nuestra confianza en él (v. 5).

4. Prometer alabarle públicamente por su respuesta (v. 6).


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