domingo, 27 de abril de 2014

Vivan en paz

Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.
Romanos 12:18
Dios disfruta de hacer de sus hijos instrumentos de paz y reconciliación en medio del conflicto. Seremos más eficaces en llevar a cabo esta desafiante responsabilidad si entendemos por qué la paz es tan importante para nuestro Padre celestial.
Las tres dimensiones de la paz
Dios ama la paz. Desde Génesis hasta Apocalipsis, transmite un profundo deseo de bendecir a su pueblo con la paz y de usarlo para llevar la paz a otros. Considere estos temas recurrentes:
1. La paz forma parte del carácter de Dios, porque se lo menciona frecuentemente como el “Dios de paz” (ver Romanos 15:33; 2 Corintios 13:11; Filipenses 4:9; Hebreos 13:20; ver Jueces 6:24).
2. La paz es una de las grandes bendiciones que Dios da a quienes lo siguen (ver Levítico 26:6; Números 6:24–26; Jueces 5:31; Salmos 29:11; 119:165; Proverbios 16:7; Miqueas 4:1–4; Gálatas 6:16).
3. Dios ordena repetidamente a su pueblo que busque y siga la paz (ver Salmos 34:14; Jeremías 29:7; Romanos 14:19; 1 Corintios 7:15; 2 Corintios 13:11; Colosenses 3:15; 1 Tesalonicenses 5:13; Hebreos 12:14). Él también promete bendecir a quienes lo hagan (ver Salmos 37:37; Proverbios 12:20; Mateo 5:9; Santiago 3:18).
4. Dios describe su pacto con su pueblo en términos de paz (Números 25:12; Isaías 54:10; Ezequiel 34:25; 37:26; Malaquías 2:5).
5. Dios enseñó a su pueblo a usar la palabra paz (en hebreo, shalom, y en griego, eirene) como una forma habitual de saludo al llegar (Jueces 6:23; 1 Samuel 16:5; Lucas 24:36) y al despedirse (1 Samuel 1:17; 2 Reyes 5:19; Lucas 7:50; 8:48). Casi todas las cartas de Nuevo Testamento comienzan o finalizan con una oración por la paz (Romanos 1:7; Gálatas 1:3; 2 Tesalonicenses 3:16).
Nada revela la preocupación de Dios por la paz más vívidamente que su decisión de enviar a su bienamado Hijo para “guiar nuestros pasos por la senda de la paz” (Lucas 1:79; ver Isaías 2:4). De principio a fin, la misión de Jesús fue de pacificación. Muchos antes de que naciera, se le dio el título de “Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). A lo largo de su ministerio estuvo predicando y dando paz constantemente (Juan 14:27; Efesios 2:17). Como el supremo pacificador, Jesús sacrificó su vida para que pudiésemos experimentar paz con Dios y entre nosotros, ahora y para siempre.
Hay tres dimensiones en la paz que Dios nos ofrece a través de Cristo: paz con Dios, paz entre nosotros y paz dentro de nosotros. A muchas personas les importa poco su relación con Dios y con las personas, pero igual quieren tener paz dentro de ellas. Como verá, es imposible conocer la genuina paz interior a menos que también busque la paz con Dios y con los demás.
Paz con Dios
La paz con Dios no viene automáticamente. Todos nosotros hemos pecado y nos hemos alienado de Él (Isaías 59:1, 2). En vez de vivir las vidas perfectas que se necesitan para disfrutar de comunión con Él, cada uno de nosotros tiene un historial manchado por el pecado (Romanos 3:23). Como resultado, merecemos estar separados eternamente de Dios (Romanos 6:23a). Esas son las malas noticias.
Las buenas noticias son que “tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Al sacrificarse en lugar nuestro en la cruz, Jesús ha hecho posible que tengamos paz con Dios. El apóstol Pablo escribió:
Porque a Dios le agradó habitar en él [Cristo] con toda su plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas … haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz.
Colosenses 1:19, 20
En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes.
Romanos 5:1, 2
Creer en Jesús significa más que ser bautizado, ir a la iglesia o intentar ser una buena persona. Ninguna de estas actividades pueden borrar los pecados que ya ha cometido y seguirá cometiendo a lo largo de su vida. Creer en Jesús significa, en primer lugar, reconocer que usted es un pecador y aceptar que no hay forma en que pueda ganar la aprobación de Dios a través de sus obras (Romanos 3:20; Efesios 2:8, 9). Segundo, significa creer que Jesús pagó toda la pena por sus pecados cuando murió en la cruz (Isaías 53:1–12; 1 Pedro 2:24, 25). En esencia, creer en Jesús significa confiar que Él intercambió los historiales con usted en el Calvario; es decir, tomó su historial pecaminoso sobre Él y lo pagó en su totalidad, dándole a usted el historial perfecto de Él, lo cual abre el camino para la paz con Dios. Al creer en Jesús, aceptar su regalo de salvación por gracia, y acercarse más a Él a través del poder de su Espíritu, el estudio de su Palabra, el privilegio de la oración y la comunión de su iglesia, la paz de Él podrá llenar cada parte de su vida.
Paz con los demás
Además de darle paz con Dios, el sacrificio de Jesús en la cruz abrió el camino para que usted disfrute de la paz con otras personas (Efesios 2:11–18). Esta paz, que generalmente se denomina “unidad” (Salmos 133:1), no es simplemente la ausencia de conflictos y luchas. La unidad es la presencia de auténtica armonía, comprensión y buena voluntad entre personas. Dios nos llama a hacer todo lo que podamos para “vivir en paz con todos” (Romanos 12:18). Esta clase de paz es el resultado directo de obedecer el segundo gran mandamiento: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). Como verá, esta clase de unidad es una parte esencial de un testimonio cristiano eficaz. El resto del libro está dedicado a mostrarle cómo buscar la paz con otros cuando un conflicto ha afectado sus relaciones.
Paz dentro de usted
A través de Jesús usted puede experimentar auténtica paz dentro de usted. La paz interior es una sensación de totalidad, contentamiento, tranquilidad, orden, descanso y seguridad. Si bien, prácticamente, todos anhelan esta clase de paz, resulta esquiva para la mayoría de las personas. La auténtica paz interior no puede obtenerse directamente mediante nuestros propios esfuerzos; es un don que Dios da sólo a quienes creen en su Hijo y obedecen sus mandamientos (1 Juan 3:21–24). En otras palabras, la paz interior es un subproducto de la justicia. Esta verdad se revela a lo largo de la Biblia.
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3, Reina-Valera 1960).
“El producto de la justicia será la paz; tranquilidad y seguridad perpetuas serán su fruto” (Isaías 32:17; ver Salmos 85:10; 119:165).
“Si hubieras prestado atención a mis mandamientos, tu paz habría sido como un río; tu justicia, como las olas del mar” (Isaías 48:18).

Estos pasajes demuestran por qué es imposible experimentar paz interior si uno no busca la paz con Dios y la paz con los demás. La paz interior viene sólo de estar reconciliado con Dios a través de su Hijo, recibir su justicia y el poder para resistir el pecado, y luego obedecer los mandamientos de Dios. “Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos los unos a los otros, pues así lo ha dispuesto” (1 Juan 3:23). Por diseño de Dios, las tres dimensiones de la paz están unidas inseparablemente. Como lo expresó un autor: “La paz con Dios, la paz entre nosotros y la paz con nosotros vienen en el mismo paquete”.5 Por lo tanto, si usted quiere experimentar paz interior, debe confiar en su Hijo para ser reconciliado con Dios y debe buscar relaciones armoniosas con quienes lo rodean.



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