sábado, 31 de mayo de 2014

Hupomone

(ὑπομονή)
LA VIRTUD VARONIL
Hupomone es una de las palabras más nobles del NT. Normalmente, se traduce “paciencia” o “resistencia”, pero, como veremos, es casi imposible encontrar un vocablo que exprese toda la plenitud del significado de hupomone. Esta palabra no es muy común en el griego clásico, donde se usa respecto de la duración de un trabajo fatigoso que un hombre está realizando porque le obligan. También se usa respecto del sufrimiento que ocasiona la punzada del dolor moral, del shock de guerra y de la venida de la muerte. Y se da el caso interesante de utilizar esta palabra con relación a la facultad de una planta para vivir bajo circunstancias duras y desfavorables. Tanto en el griego posterior como en la literatura judía del período intertestamentario, hupomone es utilizada con mucha frecuencia. Así, por ejemplo, se usa en IV Macabeos para significar ese “poder de permanencia espiritual” que capacita a los hombres para morir por su Dios.

El nombre hupomone se usa treinta veces en el NT, y el verbo correspondiente, hupomonein, unas quince. Como hemos dicho, la traducción normal del nombre es “paciencia”, y el verbo significa “soportar”, “resistir”, pero, cuando examinemos detalladamente sus usos, descubriremos ciertas verdades magníficas que nos serán de auténtica inspiración.

(I) Hupomone se emplea frecuentemente en conexión con la “tribulación”. La tribulación produce paciencia (Ro. 5:3). El cristiano debe probarse a si mismo en mucha “paciencia” y en las “aflicciones” (2 Co. 6:4). Los tesalonicenses son encomiados por su “paciencia” y fe en las “persecuciones” y “tribulaciones” (2 Ts. 1:4). El cristiano debe ser paciente (hupomonein) en la “tribulación”. Esta forma de usar la palabra es especialmente frecuente en el Apocalipsis, que es el libro característico del mártir (Ap. 1:9; 3:10; 13:10).

(II) Hupomone se utiliza en conexión con la “fe”. La prueba de la fe produce “paciencia” (Stg. 1:3). Hupomone perfecciona a la fe.

(III) Hupomone es usada en conexión con la “esperanza”. La tribulación engendra “paciencia”, y la paciencia engendra experiencia y, la experiencia, “esperanza” (Ro. 5:3). La “paciencia” y la consolación producen “esperanza” (Ro. 15:4, 5). En 1 Ts. 1:3 se alaba la “constancia” de la “esperanza” de los tesalonicenses.

(IV) Hupomone está relacionada con el “gozo”. La vida cristiana lleva en sí el distintivo de la “paciencia” y de la longanimidad con gozo (Col. 1:11).

(V) Hupomone está relacionada, más que con alguna otra cosa, con la gloria y la grandeza futuras. Las referencias son demasiado numerosas para citarlas todas (Lc. 21:19; Ro. 2:7; He. 10:36; 12:1; 2 Ti. 2:10, 12; Stg. 1:12; 5:11).


Ahora ya estamos en condiciones de ver la esencia y característica de esta gran virtud que es hupomone. No es la paciencia del que se sienta y agacha la cabeza con derrotismo, presto a soportar hasta que pase la tormenta que se avecina sobre él. Es el espíritu que puede sobrellevar las cargas por su esperanza inflamada, no por simple resignación; no es el espíritu del que se sienta donde le pilla la tragedia, dispuesto a soportar estáticamente, sino el que conlleva la adversidad porque sabe que está siguiendo un camino que conduce a la gloria; no es la paciencia del que aguarda ceñudamente el fin, sino del que espera radiantemente un nuevo y mejor amanecer. Esta clase de paciencia, fruto de la esperanza, ha sido llamada “constancia viril bajo la desgracia”. Siempre se ha dicho que tiene el trasfondo de andreia, i.e., de coraje. Crisóstomo dice que hupomone es “raíz de todos los bienes, madre de la piedad, fruto que nunca se pudre, fortaleza inexpugnable, puerto que no sabe de tormentas”. La llama “reina de las virtudes, fundamento de las acciones justas, paz en la guerra, calma en la tempestad, seguridad contra los complots”, y ni la violencia del hombre ni los poderes del mal pueden dañarla. Es la cualidad que mantiene a un hombre firme contra los elementos. Es la virtud que puede transmutar en gloria a la desgracia más grande, porque, más allá del dolor, ve la meta. George Matheson, que quedó ciego y fracasó en amores, escribió una oración en la que confiesa que todavía le quedaban fuerzas para aceptar la voluntad de Dios, “no con muda resignación, sino con santo gozo; no sólo sin murmurar, sino con un cántico de alabanza”. Unicamente hupomone puede capacitar a un hombre para reaccionar así. 



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